Tratado sobre los vampiros

Augustin Calmet · Capítulo 21 de 66

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Tratado sobre los vampiros

Capítulo 18

 

Revinientes de Inglaterra

 

GUILLERMO DE MALMESBURY [46] dice que en Inglaterra se creía que los malvados volvían después de su muerte, y que el demonio, que los dominaba y dirigía, los restablecía en sus propios cuerpos: nequam hominis cadaver post mortem daemone

agente discurrere[47].

Guillermo de Newbridge, que floreció en la segunda mitad del siglo XII, cuenta que en su tiempo se vio en Inglaterra, en el territorio de Buckingham, a un hombre que se apareció corporalmente, como si estuviese vivo, a su mujer durante tres noches consecutivas, y luego a otros allegados suyos. No se evitaban las aterradoras visitas más que vigilando y armando ruido cuando advertían que pretendía aproximarse. Incluso se apareció a diversas personas durante el día. El obispo de Lincoln reunió para discutir de ello a su consejo, que fue de la opinión que en Inglaterra a menudo habían sucedido cosas semejantes, y que el único remedio del mal del que se tuviese constancia consistía en quemar el cuerpo del reviniente. La opinión no fue del gusto del obispo, al que le pareció cruel; por lo que escribió una cédula de absolución, que pusieron sobre el cuerpo del difunto, al que encontraron en el mismo estado que si hubiese sido enterrado ese mismo día; después de lo cual no se volvió a oír hablar más del asunto.

El autor de esta narración añade que esta clase de apariciones parecerían increíbles, si no se hubiesen visto varios ejemplos en su propio tiempo, y si no se conociese a diversas personas que daban fe de ellas.

El mismo Guillermo de Newbridge dice, en el capítulo siguiente, que habían enterrado en Berwick a un hombre que salía todas las noches de la tumba para causar grandes desórdenes en el vecindario. Se decía incluso que se vanagloriaba de que no cesaría de inquietar a los vivos hasta que no lo hubiesen reducido a cenizas. En consecuencia, escogieron a diez jóvenes audaces y vigorosos, que lo desenterraron y cortaron su cuerpo en pedazos, que después arrojaron a la hoguera para reducirlo a cenizas; pero, habiendo dicho uno de ellos que el fuego no podría consumirlo mientras no le hubiesen arrancado el corazón, le abrieron con una estaca una abertura en el costado, por la que le sacaron el corazón, antes de prender fuego a la hoguera en la que luego fue consumido por las llamas, sin que volviese a aparecerse en lo sucesivo.

Asimismo los paganos creían que los cuerpos de los difuntos no estaban ni en reposo ni a cubierto de las evocaciones de la magia mientras no hubiesen sido consumidos por el fuego o se hubiesen descompuesto bajo tierra:

 

Tali tua membra sepulchro.

talibus exuram Stygio cum carmine sylvis,

ut nullos cantata magos exaudiat umbra, [48] decía en Lucano una maga a un alma que estaba evocando.