Tratado sobre los vampiros
Capítulo 23
Otros ejemplos de excomulgados expulsados del seno de la
tierra santa
SE VEN TODAVÍA en la historia otros diversos ejemplos de cuerpos de muertos excomulgados expulsados del seno de la tierra santa; por ejemplo, en la vida de san
Gotardo, obispo de Hildesheim[68], se refiere que, habiendo excomulgado el santo a ciertas personas por su rebeldía y sus pecados, éstos, a pesar de la excomunión, no dejaron de entrar en la iglesia y de permanecer en ella contraviniendo la prohibición del santo, mientras que los mismos muertos que llevaban allí enterrados varios años, y que habían sido allí puestos sin que les levantasen la excomunión, le obedecían, se levantaban de sus tumbas y salían de la iglesia. Después de la misa, el santo, dirigiéndose a los rebeldes, les reprochó su dureza de corazón, y les dijo que esos muertos se levantarían contra ellos en el día del juicio. Al mismo tiempo, saliendo de la iglesia, dio la absolución a los muertos excomulgados, y les permitió volver a entrar y reposar en sus tumbas como antes. La vida de san Gotardo la escribió uno de sus discípulos, canónigo de su catedral; y el santo murió e14 de mayo de 938.
En el segundo Concilio de Limoges[69] en 1031, en el que se encontraron gran número de obispos, abades, sacerdotes y diáconos, se refirieron los ejemplos que acabamos de citar de san Benito, para mostrar el respeto que se debe tener por las sentencias de excomunión pronunciadas por los superiores eclesiásticos. Entonces el obispo de Cahors, que estaba presente, contó una cosa que le había sucedido poco tiempo antes. «Habiendo muerto en la excomunión un caballero de mi diócesis, no quise acceder a las súplicas de sus amigos, que me rogaban vivamente que le diese la absolución; quería que sirviese de ejemplo, para que los otros fuesen temerosos de ello. Sin embargo, unos soldados o gentilhombres (milites) lo enterraron, sin mi consentimiento y sin presencia de ningún sacerdote, en una iglesia dedicada a san Pedro. A la mañana siguiente encontraron el cuerpo fuera de la tierra, que había sido arrojado desnudo lejos de allí, mientras que su tumba permanecía intacta, sin ninguna señal de que la hubiesen forzado. Los soldados o gentilhombres (milites) que lo habían enterrado, habiendo abierto la fosa, no encontraron más que el sudario en que lo habían envuelto; lo enterraron pues de nuevo, y cubrieron la fosa con una enorme cantidad de tierra y de piedras. Al día siguiente encontraron de nuevo el cuerpo fuera de la tumba, sin que apareciese ninguna señal indicativa de cómo había llegado hasta allí. Lo mismo sucedió hasta cinco veces. Al fin lo enterraron como pudieron, lejos del cementerio, en tierra profana; lo que llenó a los señores de la vecindad de un terror tan grande que vinieron todos ellos a pedirme la paz». He aquí un hecho revestido de todas las circunstancias que pueden hacerlo incontestable.