Tratado sobre los vampiros
Capítulo 46
Singular ejemplo de un reviniente de Hungría
EL EJEMPLO MÁS NOTABLE [145] que cita Rauff es el de un tal Pedro Plogojovits, que llevaba enterrado diez semanas en un pueblo de Hungría llamado Kisolova. El hombre se apareció por la noche a algunos de los habitantes del lugar cuando dormían, y les apretó de tal modo la garganta que murieron en 24 horas. Así perecieron nueve personas, tanto viejos como jóvenes, en el espacio de ocho días.
La viuda del mismo Plogojovits declaró que su marido había venido a pedirle sus zapatos después de muerto, lo que la horrorizó de tal modo que se marchó de Kisolova para irse a vivir a otra parte.
Estas circunstancias determinaron a los habitantes del pueblo a desenterrar el cuerpo de Plogojovits para quemarlo, y poder librarse así de sus acechanzas. Se dirigieron al oficial del emperador, que mandaba sobre el territorio de Gradisca en Hungría, y al cura de este lugar, para que les permitiesen exhumar el cuerpo de Plogojovits. Tanto el oficial como el cura pusieron muchas dificultades para conceder el permiso; pero los campesinos declararon que, si les rechazaban que pudiesen desenterrar el cuerpo, que en ese caso ya no dudarían que se trataba de un vampiro (pues así es como llaman a los revinientes o redivivos) y que entonces se verían obligados a abandonar el pueblo y a irse a vivir donde pudiesen.
El oficial del emperador que escribió la relación del hecho, viendo que ni con promesas ni con amenazas podía detenerlos, se trasladó con el cura de Gradisca al pueblo de Kisolova, y, habiendo hecho exhumar a Pedro Plogojovits, encontraron que el cuerpo no exhalaba ningún mal olor; que aparecía entero y como con vida, excepto la punta de la nariz que estaba marchita y reseca; que le habían crecido los cabellos y la barba; y que, en lugar de las uñas que había perdido, le habían vuelto a salir otras nuevas; que, bajo la piel primitiva, que parecía como muerta y blancuzca, aparecía otra nueva, sana y con buen color; los pies y las manos estaban tan enteros como se podía desear en un hombre bien vivo. Advirtieron también sangre bien fresca en la boca, que el pueblo creía que el vampiro había chupado a los hombres a que había causado la muerte.
Habiendo examinado diligentemente el oficial del emperador y el cura todas estas cosas, y habiendo concebido el pueblo que estaba presente una renovada indignación, y estando cada vez más persuadidos que era la verdadera causa de la muerte de sus compatriotas, corrieron en seguida a buscar una estaca bien puntiaguda, con la que le atravesaron el pecho, del que salió cantidad de sangre fresca y bermeja, lo mismo que por la nariz y por la boca, y hasta por la parte del cuerpo que el pudor no permite que se nombre. A continuación los campesinos echaron el cuerpo a la hoguera y lo redujeron a cenizas.
El señor Rauff[146], del que tenemos estas particularidades, cita a diversos autores que han escrito sobre la misma materia, y referido ejemplos de muertos que han comido en la tumba. Cita en particular a Gabriel Rzaczinoki en su Historia de las curiosidades naturales del reino de Polonia, impresa en 1721 en Sandomir.