Con la música a otra parte

Tamara Marin · Capítulo 11 de 52

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Con la música a otra parte

9. La invitación

Victoria

Se me había acumulado el trabajo. Entre lo alterada que resultó mi vida personal en las últimas semanas, el traslado a casa de mis padres y no habituarme a trabajar allí, no me quedaba de otra que hacerlo más horas para poder ponerme al día.

Debía llamar a mi hermana para preguntarle una cosa sobre el último evento al que había asistido y, como si me leyera la mente, el teléfono sonó en ese preciso instante.

—Justo estaba pensando en ti —dije al descolgar.

—No vas a creerte lo que nos han propuesto. —Estaba convencida de que las siguientes palabras de mi hermana no iban a gustarme.

—¿El qué? —pregunté con reserva.

—¿Te acuerdas de que me había tocado una semana acompañando a Leo en su gira?

—Sí, lo recuerdo. —Se me erizó la piel.

—Pues quiere que tú también nos acompañes. Es genial porque de esa manera podrás actualizar todas mis redes en vivo y en directo. —Jimena era un amor, siempre pensando en los demás.

—Eso va a ser imposible, tengo mucho trabajo atrasado. —Cerré los ojos porque sabía que mi querida hermana no iba a entenderlo.

—Pues te lo llevas. Tienes la suerte de que puedes trabajar desde cualquier sitio.

—Ya, pero es que… —No me dejó terminar.

—Es una oportunidad única para mi trabajo. —Y dicho esto me colgó el teléfono. ¡Me colgó! Tampoco entendí por qué me indigné tanto, si siempre

terminaba de esa manera las conversaciones. Estaba claro que ella tenía que decir la última palabra. Pero es que en aquella ocasión me estaba obligando a hacer algo que de verdad no me apetecía lo más mínimo.

Me levanté de la silla y caminé de un extremo a otro de la habitación, debía serenarme. No podía mandar a la mierda a Jimena, ya que era mi mayor fuente de ingresos. Porque, aunque trabajaba para otras personas, con ella era con quien más dinero ganaba.

—¿Qué te pasa, hermanita? —Me sobresalté ante las palabras de José.

—¿A ti no te han enseñado a llamar a la puerta? —protesté enfadada y sabiendo que, si no me tranquilizaba, José pagaría el cabreo que yo tenía con Jimena.

—Estás en casa de los papás, aquí eso no existe. Ni siquiera puedo hacerme una paja tranquilo sin temer que entre mamá y me pille.

—¡Aggg, calla! Demasiada información —protesté, haciendo aspavientos con las manos.

—Solo respondía a tu comentario. Venga, ¿qué ha hecho Jimena esta vez?

—¿Cómo sabes que ha sido ella?

—Porque pocas personas tienen esa habilidad para sacarnos de quicio.

—Quiere que me vaya una semana de gira con el cantante ese. Por lo visto nos ha invitado a las dos —le expliqué, intentando que entendiera mi exasperación. No resultó.

—Pero eso es genial, te vendrá bien para que te conozca mucha más gente y podría darte un buen empujón laboral.

—Lo sé, pero tengo un montón de trabajo acumulado.

—¿Y qué más? —preguntó alzando una ceja. Qué bien me conocía el muy capullo.

—No sé qué quieres decir… —respondí con una indirecta, solo para ganar tiempo.

—Lo sabes perfectamente. Hay algo más.

—Es que ese cantante me cae fatal.

—Bueno, eso suele pasar con los famosos. Mira a tu hermana, y ni siquiera es que lo sea. Se cree una tableta de chocolate y no llega a Lacasito. —Sonreí ante la ocurrencia de mi hermano—. Pero no dejes que eso te nuble y aprovecha la oportunidad. Leo es uno de los cantantes más famosos del momento y a ti se te da bien lidiar con personas insoportables.

—Ni que lo digas —bromeé mirándolo con intensidad y esperando que se diera por aludido.

—Yo soy encantador y los dos lo sabemos.

—Por eso tienes una cola de mujeres en la puerta de casa. Porque destilas encanto —dije con ironía.

—Puedo asegurarte que mujeres no me faltan, ni hombres tampoco.

—Fanfarrón.

—Ya…

Mi hermano salió de mi habitación y yo lo seguí con la mirada. Sabía que tenía razón. Mis dos hermanos eran muy guapos, aunque muy diferentes en todo. Tanto físicamente como en manera de ser. Mientras que Darío era castaño con los ojos color miel —como yo—, José era moreno y con los ojos casi negros. Darío era responsable y chapado a la antigua en casi todo. Buscaba una relación tradicional y duradera con la mujer adecuada, aunque, como se lo siguiera pensando con Aitana, iba a envejecer solo. Era bastante introvertido y le costaba tomar la iniciativa; para muestra un botón.

José creía en el amor libre y, tal y como decía, él se enamoraba de la persona independientemente de su sexo. Era inmaduro, extrovertido y tenía más morro que todos nosotros juntos. Aunque para sus cosas también era bastante reservado, porque no teníamos ni idea de en qué trabajaba. Por mucho que preguntáramos e insistiéramos, no soltaba prenda. Estaba claro

que el trabajo lo hacía desde casa y que el horario era flexible, ya que la mayoría del tiempo se tocaba los hu…

Tampoco habíamos conocido jamás a una pareja suya. Era obvio que tenía mucho éxito y algunas de las veces que salíamos juntos lo vi marcharse acompañado. Sin embargo, nunca había subido a nadie a casa.

En fin, que sabía que mi hermano tenía razón, así que acabé mandándole un mensaje a Jimena y diciéndole que aceptaba la semana de gira junto a ella y el cantante. ¡Yuhuuu!

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