Con la música a otra parte

Tamara Marin · Capítulo 41 de 52

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Con la música a otra parte

39. Hacer las cosas bien

Leo

Desde que se lo propuse, cuando la vi en aquella fiesta, supe que llamar a Victoria no era la idea más acertada. No me llevaría a ningún sitio y lo único que conseguiría sería volver a salir herido, pero mi parte más masoquista no me dejó opción y al final sucumbí a ella.

Lo cogió al segundo tono.

—Hola, Victoria. ¿Qué tal?

—Pues me pillas saliendo de un bar. ¿Sabes qué? —preguntó, y por la manera de decirlo supe que estaba sonriendo.

—Sorpréndeme —respondí, contagiándome de su alegría.

—Que mi hermano Darío nos ha reunido de urgencia y por lo visto él y mi amiga Aitana van a casarse. Bueno, si ella acepta, claro.

—Pues será mejor esperar a ver qué tiene qué decir Aitana.

—Estoy segura de que en cuanto vea el anillo no podrá ni responder de la llorera que le entrará. Lleva toda la vida enamorada de él.

—Entonces tenéis mucho que celebrar.

—Sí, así es.

—Oye, me preguntaba si te apetecería venir a comer a mi casa. Queda descartado tomar un café en cualquier sitio, ya sabes, por aquello de que soy una superestrella y esas cosas —mi vello se erizó cuando oí la carcajada de Victoria— y voy un poco justo para reservar en un restaurante.

—De acuerdo, dame tu dirección y voy para allá.

Estaba nervioso. Menuda idiotez. Victoria no era más que una amiga que venía a comer a mi casa. Una amiga por la que mi corazón se aceleraba

cada vez que la veía, pero que tenía pareja y que me había dejado claro que entre ella y yo no habría nada más.

Cuando tenía tiempo libre disfrutaba cocinando, aunque no le había preguntado a Victoria si el pescado le gustaba. Esperaba que sí, o tendría que hacerle unos macarrones con tomate.

Héctor bajó de la habitación que ocupaba cuando vivíamos allí, listo para marcharse.

—Puedo esperar a saludarla o tengo que largarme ya —soltó con toda la mordacidad que fue capaz de usar.

—Puedes hacer lo que quieras.

—No sé, como te ha faltado tiempo para echarme…

—¡No te he echado! Solo te he dicho que quería que nos dejaras solos.

—¿Y dónde ves tú la diferencia? —preguntó cruzándose de brazos.

No pude responder porque el timbre sonó y me dirigí a abrir. Unos segundos después aparecía Victoria y yo tuve que recordarme que debía respirar y que ella era una mujer con pareja.

—Hola, Héctor. ¿Qué tal estás? —saludó acercándose a mi amigo y dándole dos besos.

—Estupendamente. Os dejo, que he quedado —respondió él con una media sonrisa en la boca.

—Que vaya bien.

Héctor se despidió de Victoria con un abrazo y cuando cerró la puerta mis nervios aumentaron.

—Espero que te guste el pescado, porque no tengo plan B, a no ser que prefieras unos macarrones con tomate.

—Me encanta el pescado.

—He puesto la mesa en el jardín, hace un día fantástico. Ven, que te enseño dónde es.

Salimos y me encantó ver la cara de asombro de Victoria. La casa era maravillosa, pero el jardín era mi lugar favorito. De hecho, estaba en negociaciones con el dueño para adquirir esa propiedad. Me gustaba mucho pasar tiempo allí cuando las giras me lo permitían. Esa casa y esa ciudad me aportaban la paz que necesitaba.

—Esto es precioso.

—Sí. —Se me quedó en la punta de la lengua decirle que con ella allí aún lo era más, pero logré callarme a tiempo—. Siéntate, que traigo el vino y la comida.

—Te ayudo —se ofreció.

—Eres mi invitada, insisto. Yo me encargo.

Cuando estuvimos los dos sentados y la comida estuvo servida, hablamos de cosas triviales. Victoria tenía la virtud de que todo resultara fácil. Aunque había un tema flotando por allí que no me permitía sentirme del todo cómodo.

Por eso en un comentario que ella hizo mis alarmas se activaron.

—¿Sigues viviendo en casa de tus padres? Creí que te habrías mudado con él… —pregunté extrañado.

—¿Con Luis?

—Sí. —Me seguía costando pronunciar su nombre.

—Luis y yo ya no estamos juntos. Fue un error volver con él. Nuestra relación estaba terminada, por mucho que nos empeñáramos en que no fuera así.

¿Sabéis lo que se siente cuando lleváis mucho tiempo caminando por una montaña empinada cargando con una mochila llena de piedras y de pronto podéis dejarla en el suelo, sentaros y respirar? Pues así me sentí yo ante las palabras de ella.

—Intenté explicártelo en la fiesta, pero no pude. Tampoco sabía si te interesaría —continuó hablando ella.

—Pues debiste decírmelo —exigí, pese a que una enorme sonrisa se había pintado en mi cara.

—Lo siento, parece que contigo nunca hago las cosas bien —se excusó ella.

—No tienes que disculparte por nada. —Con el subidón que tenía, no pude evitar coger su mano, que reposaba sobre la mesa, y continué hablando sin pensar mucho lo que decía—. Victoria, desconozco si es el mejor momento y ni siquiera sé si es lo adecuado, pero me he cansado de dar vueltas a algo que deseo y me da la sensación de que si pospongo más esto acabaré volviendo a perderte. Lo que trato de decirte es que me gustaría que saliéramos juntos.

—¿Salir cómo? —preguntó desconcertada.

—Yo solo conozco una manera de salir juntos. —Amplié mi sonrisa.

—Sí, pero ¿quieres decir sin salir con nadie más?

—¿Estás tratando de decirme algo? —inquirí borrando casi por completo la sonrisa y algo mosqueado.

—No, yo no, pero ¿qué me dices de la mujer del otro día en los premios?

Entonces lo entendí y suspiré aliviado.

—Ella es una las cantantes que me acompañan en la gira y su marido uno de los músicos —aclaré—. Mira, Victoria, soy un tanto chapado a la antigua y más en este mundo de locos en el que me muevo, por eso cuando salgo con una mujer no me gusta hacerlo con otras y espero lo mismo de ella.

Noté la duda en su mirada y me arrepentí de haber intentado correr tanto. Estaba claro que no era lo que Victoria necesitaba en esos momentos.

Y había antepuesto lo que yo quería a lo que era mejor para ella.

—Hagamos una cosa mejor —añadí con rapidez—. Durante las semanas que estaré por aquí, podemos quedar para comer o para lo que nos apetezca

hacer, sin estar con otras personas. Y ya iremos viendo lo que pasa.

Una preciosa sonrisa se dibujó en su rostro y supe que esa vez sí había hecho las cosas bien.

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