Con la música a otra parte

Tamara Marin · Capítulo 43 de 52

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Con la música a otra parte

41. Jefe de seguridad

Victoria

Estaba sentada en el sofá de Leo esperando a que terminara de guardar sus cosas para irnos a Madrid cuando oí cerrarse la puerta de la calle.

Solo había una persona que tuviera copia, así que sonreí al ver entrar a Héctor, pero la sonrisa se me quedó congelada al comprobar la preocupación que transmitía su cara.

—¿Qué te ha pasado, Héctor? —pregunté, y vi que Leo, al oírme, salió del cuarto y caminó hasta pararse junto a mí.

—¿Héctor? —indagó Leo con preocupación.

—A mí no me pasa nada, pero necesito que me hagáis un favor los dos.

—Tú dirás.

—Me gustaría quedarme esta semana aquí y te agradecería que me dejaras traer a alguien a tu casa.

—No es propio de ti pedirme algo así, por lo que imagino que tendrás tus razones. Por mí no hay problema, le diré a Rubén que me acompañe y se haga cargo de nuestra seguridad durante la semana que estemos fuera.

—Ya he hablado con él —zanjó Héctor.

—Veo que has pensado en todo. Pero ¿por qué has dicho que tenías que pedirnos un favor a los dos? ¿Qué tiene que ver Victoria con que mi jefe de seguridad quiera tomarse una semana de vacaciones? —intentó bromear Leo.

—Te aseguro que no son vacaciones. Lo que iba a decirle a Victoria es que no quiero que nada de lo que os cuente ahora salga de aquí. Porque a quien voy a traer a esta casa es a tu hermana Jimena.

—¿¡A mi hermana!? Pero ¿por qué? —Un miedo irracional me atravesó la espalda. La expresión de Héctor no presagiaba nada bueno.

—Necesito tenerla vigilada. —Fue todo lo que dijo, y a mí me dio la sensación de que se estaba callando lo más importante.

—Vale. Pero hay algo más. Cuéntamelo, por favor, Héctor, se trata de mi hermana —supliqué.

—Lleva semanas recibiendo amenazas. —Me levanté de golpe del sillón.

—Hay que ir a la policía —farfullé con nerviosismo.

—Tu hermana no quiere ni oír hablar del tema. Dice que seguramente será algún seguidor cabreado y puede que tenga razón, pero me quedo más tranquilo si la mantengo vigilada durante un tiempo.

Su explicación no me convenció lo más mínimo, sin embargo, conocía lo terca que podía llegar a ser Jimena y sabía que no daría su brazo a torcer.

—Por mí no hay problema, ya lo sabes, y si necesitas algún hombre más, o lo que sea, solo tienes que decírmelo —propuso Leo.

—Creo que podré con ella —quiso bromear Héctor, a pesar de que se le veía preocupado. Eso solo hacía que mi miedo aumentara, porque Héctor no es de los tíos que se asustan con facilidad—. Solo espero seguir vivo cuando regreséis.

—Imagino que ella no quiere que sepa nada y que, aunque me lo has contado, no puedo llamarla —dije dirigiéndome a Héctor.

—Me ha rogado que no diga nada a nadie de su familia, no quiere preocuparos.

—Maldita cabezota. ¿Y cómo la has convencido para traerla aquí? —

pregunté, sin dar crédito a que mi hermana hubiera accedido a algo así.

—En realidad, ella aún no lo sabe. —La sonrisa que acompañó a esa frase fue abrasadora.

—Te deseo suerte, amigo —dijo Leo.

—Te aseguro que voy a necesitarla.

—¿Estará bien? —pregunté preocupada.

—Victoria, llevo siendo jefe de seguridad infinidad de años, no dejaré que le pase nada malo. Te lo prometo.

Las palabras de Héctor lograron tranquilizarme.

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