Con la música a otra parte

Tamara Marin · Capítulo 9 de 52

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Con la música a otra parte

7. No es mala idea

Leo

Por mucho que insistí en acompañarla a su casa, Victoria se negó en redondo, así que me fui directo a la mía. Siempre que iba a Málaga alquilaba la misma. Me encantaba.

Tenía que descansar porque en pocos días empezaba la gira y me esperaban meses agotadores. Pero, cuando llegué a mi casa, mi intención de irme directo a la cama se vio truncada. En uno de los asientos de mi enorme sofá me esperaba Héctor.

—Vaya, vaya, no solo no has necesitado que acuda en tu rescate, sino que has alargado la cena más de lo habitual.

—Sí, reconozco que se ha hecho tarde.

—¿No tendrá nada que ver con eso que la chica fuera un bombón y no se pareciera en nada a lo que estás acostumbrado?

—No lo sabes tú bien.

—Lo de que es una preciosidad sí, tengo ojos en la cara.

—Ya, eso es obvio. Lo que quiero decir es que resulta que la fan no era ella, sino su hermana.

—Sí, lo sé. Al dejaros en el restaurante he llamado a Miguel para explicarle que ya estabas con ella y me ha comentado que había habido un cambio de última hora —explicó Héctor, y yo pensé que mi representante ya podía haberme contado algo a mí, que era el implicado. Sin embargo, no dije nada de eso y continué hablando de ella.

—Creo que a Victoria ni siquiera le gusta mi música. —Me dejé caer en un sillón que había enfrente de Héctor.

—Eso sí que es interesante.

—Puedo asegurarte que no hay nada en ella que no lo sea. Ha sido como un soplo de aire fresco. Además de que no se ha cortado un pelo en ponerme en mi sitio cuando ha sido necesario.

—Cuéntamelo —pidió Héctor reclinándose hacia atrás.

—No te imaginas cómo se ha tomado que haya pedido la cena por ella.

—Mi amigo soltó una carcajada.

—¿Y desde cuándo haces tú eso?

—Desde que he descubierto que salta a la mínima y que me encanta que me plante cara. —Sonreí recordando cómo se puso en cuanto se percató de que yo había pedido por ella.

—Pues espero que lo pasaras bien, porque, por lo que has dicho, si el premio lo ganó la hermana, supongo que será ella la que se venga con nosotros la semana de gira.

—Menuda mierda —me quejé resoplando.

—En cuanto he llegado me he puesto a indagar sobre las dos y tengo que decirte que Jimena, la hermana, es aún más guapa que ella, pero estoy seguro de que no va a gustarte tanto.

—Victoria me ha sorprendido, y no solo por su físico —confesé, pues era verdad que había disfrutado mucho de su compañía.

—Ya me he dado cuenta. Normalmente no sueles alargar tanto este tipo de cenas.

—¿Cómo es la hermana? —pregunté, por cambiar de tema.

—Solo te diré que es una de esas influencers de moda. —Héctor dijo las últimas palabras con cierto desprecio—. Y por lo que he podido comprobar tiene pinta de estirada.

—Lo que me faltaba. La prensa se volverá loca. Una cosa es que me acompañe una desconocida y otra que lo haga alguien como ella, que compartirá hasta el último detalle en las redes.

—Siento decirte que llevas razón, es de las que lo cuelga absolutamente todo. Aunque hay fotos que vale la pena ver. Mira esta. —Héctor colocó su móvil frente a mi cara con la imagen de una mujer rubia en bikini. Sí que era guapa, sí—. Solo le falta compartir con quién se acuesta —escupió mi amigo.

—Es muy guapa. Pero Victoria también lo es, aunque lo que más me ha gustado de ella es que me ha tratado como a una persona normal, y no te imaginas el tiempo que hacía que eso no me pasaba.

—Me hago una idea.

—Por eso sigo diciendo que quiero que sea ella quien me acompañe —

insistí con tozudez—. Tenemos que hacer algo; si ha sido Victoria quien ha cenado conmigo esta noche, debe ser ella la que se venga de gira.

—No creo que puedas obligar a alguien a que te acompañe durante una semana.

—No, está claro que no, pero pienso jugar todas mis cartas para que así sea.

—Se me ha ocurrido que podrías extender la invitación y pedirles que se vengan las dos. Creo que es lo mejor, porque, si le dices a Victoria que sea ella la que te acompañe, a la hermana puede sentarle mal y lo último que necesitamos es una polémica, con alguien como ella, en las redes sociales.

—No es mala idea. —De hecho, me parecía una idea estupenda. Solo faltaba que las dos aceptaran.

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