Con la música a otra parte

Tamara Marin · Capítulo 35 de 52

Páginas del PDF

Con la música a otra parte

33. Siempre ha sido así

Victoria

La conversación con Leo me dejó tocada. Me hubiese gustado sentarme con él en un bar y poder explicarle cómo me sentía y el motivo por el que terminé tomando aquella decisión, aunque probablemente eso hubiese sido mucho más difícil.

Tuve claro desde el principio que con Leo lo único que podría tener sería una aventura. Sin embargo, él resultó no ser tal y como yo pensaba y quizá, si las cosas fueran de otra manera, hubiéramos tenido alguna oportunidad.

Aunque la realidad era que esa noche había quedado para cenar con Luis en lo que sería nuestra primera cita desde que volvimos.

Me arreglé con esmero, pues, a pesar de que aún continuaba algo resentida con él, en el momento que decidí volver lo hice porque de verdad pensé que podríamos tener otra oportunidad.

Cuando estuve lista salí de mi cuarto y me topé con José en el pasillo.

—¿Adónde vas tan guapa, hermanita?

—He quedado con Luis. —Aún no les había explicado a mis hermanos la decisión que había tomado.

—¿Para qué? —preguntó extrañado.

—He decidido volver con él.

—Sabes que yo no soy de meterme en la vida privada de nadie y mucho menos de dar consejos, pero eres gilipollas.

—Sí, ya lo veo. Muchas gracias. Por cierto…

—No hay de qué.

Y sin decir nada más se metió en su cuarto y cerró la puerta tras de sí, dejándome con la palabra en la boca.

Yo salí y esperé a Luis en la calle.

En cuanto el coche paró fui directa hacia él. Lo último que quería era que entrara en mi casa. Tampoco les había comentado nada a mis padres y no me apetecía tener que dar explicaciones en esos momentos.

—Estás preciosa. —Hacía mucho tiempo que Luis no me decía algo así y me resultó extraño y algo forzado.

—Gracias. ¿Adónde vamos? —Insistió en que sería una sorpresa y no tenía ni idea de dónde me llevaba.

—Ya lo verás.

Media hora después estaba sentada en el bar donde íbamos casi todas las semanas durante el tiempo que estuvimos juntos. Un bajón importante se apoderó de mí. No era exactamente eso lo que imaginaba cuando me comentó que se trataba de una sorpresa.

—Me ha parecido bonito venir aquí. Es un sitio muy nuestro.

—Ajá. —Fue todo lo que dije a modo de respuesta.

No me extrañó cuando, al acabar de pedir, coincidimos con unos amigos nuestros que acabaron sentados a nuestra mesa. A pesar de que lo pasé bien, me daba la sensación de que Luis y yo estábamos mejor cuando había más gente a nuestro alrededor.

Dos horas más tarde, cuando salíamos de allí y caminábamos hacia el coche, él dijo algo que me desconcertó.

—Lo he pasado genial, me ha encantado cenar contigo.

—Bueno, en realidad, no es que haya sido una cena muy íntima.

—Como todas nuestras salidas. Somos una pareja muy social y nos gusta estar con gente. Siempre ha sido así.

Me paré a pensar que tenía razón. No lograba recordar la última vez que Luis y yo habíamos hecho algo solos, a no ser que fuera en nuestro piso.

El momento raro de la noche llegó cuando detuvo el coche frente a la casa de mis padres y se acercó a mí para besarme. Él y yo nos habíamos besado infinidad de veces a lo largo de todo el tiempo que estuvimos juntos, no lograba entender por qué aquel beso me resultó tan diferente.

Supuse que porque después de que me dejara di por hecho que no volveríamos a hacerlo, o quizá porque yo había estado toda la noche tensa, como si debiera demostrarle algo a Luis o a mí misma. La cuestión fue que cuando nuestros labios se juntaron no sentí absolutamente nada.

Era normal, Luis y yo no acabábamos de conocernos, no podía pedir que sus besos despertaran cosas en mí como me había pasado con Leo. Todo el mundo sabe que el inicio de una relación es diferente y que a medida que pasan los años se enfría.

Entonces, ¿por qué me sentía así? ¿Por qué de lo único que tenía ganas era de irme de allí y encerrarme en mi habitación? ¿Y por qué no lograba quitar la imagen de Leo de mi cabeza?

OceanofPDF.com

Un mes y medio después

OceanofPDF.com