Con la música a otra parte
31. No lo sabes a ciencia cierta
31. No lo sabes a ciencia cierta Victoria
Me levanté con resaca, no tanta como la última vez que salí con José, pero sí la suficiente como para necesitar un ibuprofeno.
Fui a la cocina, me lo tomé y después recé para que el baño estuviera libre y poder darme una ducha.
Mis hermanos aún dormían, así que tuve suerte. Estaba secándome cuando mi teléfono empezó a sonar. Me lo había dejado en mi cuarto, así que me lie una toalla y fue hacia allí.
Era Luis.
—Hola, preciosa. ¿Qué tal la resaca?
—Mejor que otras veces, no voy a engañarte.
—Me aseguré de que no mezclaras durante toda la cena. Te sienta fatal.
—¿Querías algo? —No era por sonar brusca, pero el pelo me estaba chorreando y quería secármelo.
—Sí, Andrés celebra una barbacoa en su casa y me ha pedido que te llame por si te apetece venir.
—No creo que sea buena idea… —Era una idea nefasta.
—¿Por qué? Irán todos y tienen ganas de verte.
—Si tuvieran tantas ganas me habrían llamado para quedar, y, francamente, debo acostumbrarme a estar lejos de ti.
—Sí, de eso quería hablarte. Pero no quiero hacerlo por teléfono. Vente a comer y luego damos una vuelta y charlamos.
Sabía que lo mejor era negarme, intuía lo que Luis quería decirme y no sabía si realmente era lo que yo deseaba. En cambio, acepté la propuesta.
Había algo que me hacía volver a él, a pesar de haberme dejado. Era como
si aún pudiera salvar lo nuestro, como si necesitara confirmar que el haberme apartado de su vida fue un error por su parte.
—De acuerdo —dije finalmente, aunque no pude evitar que la imagen de Leo se cruzara en mis pensamientos.
—Perfecto. Te paso a buscar en un par de horas.
—Hasta entonces.
—Adiós, cariño. —Y ese apelativo cariñoso me mató un poco.
Estaba a punto de levantarme cuando el teléfono volvió a sonar. Creí que se trataba de Luis, que se había olvidado de decirme algo, pero me equivoqué.
Era Aitana.
—Con la que pillaste anoche, creí que dormirías hasta mañana —le solté en cuanto descolgó.
—Cállate, que no sé por qué me dejas beber tanto si sabes que me sienta fatal.
—¡¿Yo?! Pero si eras tú la que parecía que ibas a morir de deshidratación.
—Llegué a casa fatal y a las tantas, menos mal que tu hermano ya dormía.
—Ni que fuera tu padre.
—No es por eso… Es porque anoche me besó. —Ahí ya tenía toda todita mi atención, por lo que me quedé muda—. Victoria, ¿me has oído? —
añadió, supongo que para comprobar que seguía al teléfono.
—Sí, pero no sé qué decirte. Me hace mucha ilusión que vayas a ser mi cuñada, qué quieres que te diga.
—Lo que quiero es que dejes de decir chorradas. Eso lo primero. Y lo segundo es que el único motivo por el que tu hermano me ha besado es porque le he dicho que paso de él. Es como el perro del hortelano; ni come ni deja comer.
—¿Le has dicho eso? —Teniendo en cuenta que Aitana jamás le había confesado a Darío lo que sentía por él, estaba perpleja con que le aclarase que había pasado página.
—Sí, le dije que iba a empezar a comportarme como él y a acostarme con quien me viniera en gana.
—Haces bien, pero eso no quita que yo esté convencida de que mi hermano siente algo por ti, lo que pasa es que quizá no se ha dado cuenta hasta que ha visto que te perdía.
—Pues ahora que se joda. —Aitana debía de estar bastante mosqueada para hablar así. A mí me entraron ganas de aplaudir, la verdad—. Lo que no puedo hacer es parar mi vida por él cuando se ha pasado años sin siquiera darse cuenta de que existo.
—Créeme, mi hermano es muy consciente de tu presencia en todo momento. —Últimamente lo había observado y jamás perdía de vista a mi amiga.
—Sí, ya. Oye, cambiando de tema, ¿tú qué tal con Luis? Porque no estuviste casi en la cena.
—Bien, justo acaba de llamarme, quiere hablar conmigo.
—Ajá.
—¿Eso qué quiere decir? —pregunté, a la defensiva.
—Nada, ya eres mayorcita para saber lo que haces. Solo voy a decirte algo: nunca te había visto tan contenta como cuando volviste de la semana que pasaste con Leo.
—Sí, pero debo ser realista. Leo está en una gira que durará meses. Él dice que es egoísta por su parte pedirme que lo espere, sin embargo, las dos sabemos lo que hacen los cantantes en esas giras.
—No lo sabes a ciencia cierta.
—Yo podría decir lo mismo de los sentimientos de mi hermano hacia ti.
—Vale, vamos a dejarlo estar y que pase lo que tenga que pasar.
Frases como esa nunca presagian nada bueno.
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