El glamour

Christopher Priest · Capítulo 44 de 62

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El glamour

Capítulo XIII

Tú supiste que había visto a Niall; no podía ocultártelo. Intenté dar poca importancia a lo que había hecho, pero no podía esconder mis ropas desgarradas ni los magullones. Al final admití que me había golpeado y que el problema no estaba resuelto. Creo que habría estado preparada para que tú también te enfadases, pero estabas tan alterado como yo. Nos quedamos toda la mañana en el hotel de Malvern discutiendo sobre Niall, pero siempre de acuerdo con tus términos, no los míos.

Abandonamos el hotel después de comer temprano y nos dirigimos a Gales. Niall estaba en el coche, sentado atrás en silencio.

Nos detuvimos en el camino para comprar gasolina, y durante unos minutos estuve sola en el coche con Niall.

—Le hablaré mañana —dije.

Silencio.

—¿Estás ahí, Niall?

Me había vuelto a mirar la mitad vacía del asiento de atrás, pero tampoco esta vez pude verlo. Fuera ronroneaba la bomba del combustible, unos dígitos electrónicos de color naranja centelleaban al sol. Tú estabas agachado sobre el tapón del tanque y vuelto hacia la bomba a unas pocas pulgadas detrás de Niall. Viste que te miraba y esbozaste una sonrisa. Cuando apartaste los ojos, dije:

—Es lo que querías… Mañana se lo diré a Richard.

Niall no respondió, pero yo sabía que estaba allí. Su silencio me intimidaba; probablemente lo hacía a propósito; abrí la portezuela y salí del coche. Me apoyé en el ala de delante mientras le pagabas al cajero.

Llegamos a la aldea de Little Have, en la costa extrema occidental de Dyfed. Era un lugar pequeño y bonito, ahora atestado de visitantes, junto a una larga costa rocosa. Al caer la tarde caminamos por la playa para ver la puesta de sol; luego fuimos al pub local antes de volver al hotel.

Había ahora una cierta distancia entre nosotros. Tú no comprendías por qué yo había querido ver a Niall, ni por qué, después de que me pegara, yo no renunciaba a él de una vez por todas. Sabía que estabas ofendido, desconcertado y enfadado. Yo estaba desesperada por repararlo todo. Lo que pretendía Niall, hablarte de mí invisibilidad, era una probable solución: él quedaría satisfecho y tú entenderías mi actitud.

Pero la cuestión me tenía agotada. Quería tiempo para ordenar las cosas, de modo que todo lo que yo dijera respondiera a mis necesidades y no sólo fuera un modo de apaciguar a Niall. Decidí decírtelo a la mañana, pero entretanto tenía otros planes.

Cuando estuvimos de nuevo en nuestra habitación, me deslicé al cuarto de baño. Aunque mi período continuaba, me puse el diafragma para detener temporalmente la sangre.

En la cama, quisiste hablar otra vez de Niall, pero desvié la conversación. En ese momento no había nada que yo pudiera arreglar con palabras. Te abracé, te besé, traté de excitarte. Al principio te resististe, pero yo sabía lo que quería. Hacía calor otra vez y estábamos tendidos sobre las sábanas; la vieja cama doble crujía al movemos. Respondiste por fin, y sentí que mi propia excitación aumentaba. Quería hacerte el amor con más entusiasmo que nunca, y te besé y te acaricié con gran intimidad; amaba tu cuerpo, tu solidez, la dureza de tus curvas.

Rodamos de modo que quedaste sobre mí y me acariciabas con las manos y la lengua. Levanté las rodillas, preparada para ti… pero al parecer cambiaste de opinión y rodaste a un lado. Sentí tus manos que me atraían contra ti, apretando mis hombros sobre tu pecho. Te quería dentro de mí, pero tus manos tiraron de mis nalgas alejándome y retorciéndome torpemente las caderas. Nos estábamos besando boca a boca y yo no entendía qué querías hacer. Tus dedos se hundían en la carne de mis caderas alejándome de ti. Entonces me di cuenta de que tus dos manos estaban palpándome los pechos ¡Otras manos me tenían agarrada por detrás tirándome de las caderas! De pronto, con una brusca intromisión, fui penetrada desde atrás. Un vello púbico me cosquilleaba las nalgas. Yo jadeé, volví la cabeza, sentí una barbilla sin afeitar contra la curva de mi cuello y unas rodillas empujaron las mías hacia adelante. El peso del hombre me apretó contra ti, y una de tus manos se deslizaba hacia mi entrepierna. Te aferré la muñeca para impedir que descubrieras lo que ya estaba allí, y llevé tu mano a mis labios, desesperada. El empuje sexual de Niall contra mí era violento y me hacía jadear, ultrajada. Tú te excitabas cada vez más y querías penetrarme. Tenía que detenerte de alguna manera, de modo que para apartarme del hombre detrás de mí, lo empujé con la cadera en un esfuerzo desesperado por librarme y al mismo tiempo te tomé en la boca. Niall cambió de posición: se arrodilló entre mis piernas con la mano bajo mi abdomen. Sus movimientos se hicieron más urgentes y puso la otra mano sobre mi cabeza y tiró de mis cabellos haciéndome daño y hundiendo más mi boca sobre ti. Empecé a ahogarme. Tú estabas de espaldas con los brazos apartados de mí mientras la violación proseguía. Yo apenas podía respirar, pero daba codazos hacia atrás y hacia arriba, intentando apartar a Niall. Logré quitar mi boca de ti, pero Niall empujaba mi cara sobre tu entrepierna. Te oí gruñir de placer, mientras Niall martillaba implacablemente contra mí. Sentí que él llegaba al éxtasis y que gruñía resoplando. Pronunciaste mi nombre con una voz que me reclamaba. Niall se echó sobre mí, y conseguí apartarlo, pero era incapaz de quitármelo de adentro. Estaba todavía allí, poseyéndome de manera monstruosa, empujándome sobre ti. Pronunciaste mi nombre otra vez con deseos de hacer el amor. Me las compuse para volver la cara y mirarte: tenías los ojos cerrados, la boca abierta. Yo quería quitarme a Niall de adentro, pero estaba apretada debajo de él. Los codazos que le asestaba no daban ningún resultado; continuaba respirando frenéticamente junto a mi oído. Sentí que se ablandaba dentro de mí, e hice otro esfuerzo con las caderas, incorporándome. Esta vez logré sacármelo de adentro, pero todavía estaba allí y me agarraba con fuerza. Le volví a asestar un codazo y entonces me soltó. Tan pronto como pude me arrastré hacia ti, apretándome contra tu pecho, con mi cara sobre la tuya. Me besaste con pasión y me abrazaste. Podía sentir a Niall en la cama junto a nosotros; una parte de su cuerpo me presionaba el costado.

Me penetraste por fin e hicimos el amor. No hubo placer en él para mí, sólo alivio de que fueras tú y no Niall. Como estaba en cuclillas sobre ti, nos estábamos mirando. Yo mantenía la cara rígida, pues sabía que si trataba de responderte, revelaría mis sentimientos. Todo lo que podía hacer era mover mi cuerpo junto con el tuyo, esperando que eso bastara. Niall estaba todavía allí; podía sentir el calor de su cuerpo contra mi pantorrilla.

¿Cómo podías no darte cuenta? ¿Era Niall tan profundamente invisible para ti que no podías oírlo, ni olerlo, ni sentir su peso sobre la cama, ni reaccionar ante las violentas contorsiones a las que me había obligado?

Tan pronto como terminaste, me tendí a tu lado y nos cubrimos con las sábanas. Susurré que estaba cansada, y yacimos abrazados en la oscuridad. Esperé y esperé mientras tu respiración se hacía más regular y te quedaste dormido. Cuando estuve segura de que no te molestaría, me deslicé fuera de la cama y fui al cuarto de baño. Me duché tan silenciosamente como pude, frotándome y limpiándome.

Cuando volví, la habitación olía a humo de tabaco francés.