Criptonomicon

Neal Stephenson · Capítulo 49 de 106

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Criptonomicon

Peph

A: root@eruditorum.org

De: enano@siblings.net

Asunto: Re(8) ¿Por qué?

Resumamos lo que sé hasta ahora: dices que preguntar «¿por qué?» es parte de lo que haces para ganarte la vida; no eres un académico, y te dedicas al negocio de la vigilancia. Tengo problemas para formarme una imagen clara.

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(etc.)

FIN DEL BLOQUE DE FIRMA ORDO

A: enano@siblings.net

De: root@erutiorum.org

Asunto: Re(9) ¿Por qué?

Randy,

Nunca dije que yo, personalmente, me dedicase al negocio de la vigilancia. Pero conozco gente que si se dedica a él. Antes en el sector público y ahora en el privado. Seguimos en contacto. Radio macuto y demás. Hoy en día, mi implicación en estas cosas se limita a tontear con nuevos sistemas criptográficos como hobby.

Bien, volviendo a lo que considero el tema central de nuestra conversación.

Supusiste que era un académico. ¿Estabas siendo sincero o era puramente un intento de «pillarme»?

La razón por la que lo pregunto es que yo, de hecho, soy un hombre del clero, así que considero naturalmente que mi trabajo es preguntar «¿por qué?». Asumía que eso te resultaría bastante evidente. Pero debí tomar en consideración que no eres de los que van a la iglesia. Es culpa mía.

La idea convencional es pensar en los sacerdotes presidiendo bodas y funerales.

Incluso las personas que van regularmente a la iglesia (o sinagoga, o lo que sea) se duermen durante los sermones. Eso es debido a que las artes de la retórica y la oratoria pasan por momentos difíciles y, por tanto, los sermones no suelen ser muy interesantes.

Pero hubo una época en la que lugares como Oxford y Cambridge existían casi exclusivamente para crear sacerdotes, y su trabajo no consistía sólo en presidir bodas y funerales sino también en decir cosas que incitasen a la reflexión a un montón de personas varias veces por semana. Eran los puntos de venta al detalle de la profesión filosófica.

Todavía considero que ésa es la función principal del sacerdote, o al menos la parte más interesante del trabajo;de ahí mi pregunta, que, no puedo evitar comentar, sigues sin contestar.

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(etc.)

FIN DEL BLOQUE DE FIRMA ORDO

—Randy, ¿qué es lo peor que ha sucedido nunca?

Una pregunta muy fácil de contestar cuando estás alrededor de Avi.

—El Holocausto —dice Randy obedientemente.

Incluso si no conociese a Avi, el espacio que les rodea le daría una indicación. El resto de Epiphyte Corp. ha regresado ya al Foote Mansion para preparar las hostilidades con el Dentista. Randy y Avi están sentados en un banco de obsidiana negra plantado sobre la tumba común de millares de nipones en el centro de Kinakuta, viendo los autobuses de visitantes que van y vienen.

Avi saca un pequeño receptor GPS de la cartera, lo conecta y lo coloca sobre una piedra frente a ellos, donde tendrá una línea libre al cielo.

—¡Correcto! ¿Y cuál es el más alto y mejor propósito al que podemos consagrar nuestra existencia?

—Eh... ¿incrementar el valor accionarial?

—Muy gracioso —dice Avi molesto. Está desnudando su alma, lo que hace rara vez. Además, está en medio del proceso de catalogar otro lugar de holocausto con h minúscula, añadiéndolo a sus archivos. Está claro que apreciaría algo de puta solemnidad—. Hace unas semanas visité México —

sigue diciendo Avi.

—¿Buscando un lugar donde los españoles mataron a un montón de aztecas? —pregunta Randy.

—Contra eso estoy luchando exactamente —dice Avi, todavía más irritado—. No, no buscaba un sitio donde masacraron a un montón de aztecas. ¡Los aztecas pueden irse a tomar por el culo, Randy! Repite conmigo: los aztecas pueden irse a tomar por el culo.

—Los aztecas pueden irse a tomar por el culo —dice Randy con entusiasmo, atrayendo miradas de desconcierto de un guía nipón.

—Para empezar, me encontraba a cientos de millas de Ciudad de México, la antigua capital azteca. Me encontraba en los límites del territorio controlado por los aztecas. —Avi coge el GPS de la roca y comienza a pulsar teclas, indicándole que almacene la latitud y la longitud en la

memoria—. Buscaba —siguió diciendo Avi— el emplazamiento de la ciudad de Nahuatl que fue atacada por los aztecas siglos antes de que apareciesen los españoles. ¿Sabes qué hicieron esos cabrones de los aztecas, Randy?

Randy usa las manos para limpiarse el sudor de la cara.

—¿Algo inenarrable?

—Odio la palabra «inenarrable». Debemos narrar esos actos.

—Narra entonces.

—Los aztecas hicieron veinticinco mil prisioneros de Nahuatl, se los llevaron a Tenochtitlán y los mataron en un par de días.

—¿Por qué?

—Una especie de festival. El fin de semana de la Super Bowl o algo así.

No lo sé. Lo importante es que cometían continuamente cabronadas como ésa. Pero ahora, Randy, cuando hablo de acontecimientos como el Holocausto en México, ¡me ofreces esa mierda sobre los desagradables y cabrones españoles! ¿Por qué? Porque se ha distorsionado la historia, ése es el porqué.

—No me digas que vas a tomar partido por los españoles.

—Como descendiente de personas expulsadas de España por la Inquisición, no me hago ilusiones con respecto a ellos —dice Avi—, pero, en sus peores actos, los españoles eran un millón de veces mejores que los aztecas. Quiero decir: realmente habla muy mal de los aztecas el hecho de que cuando los españoles aparecieron por allí y lo destrozaron todo, las cosas mejoraron un montón.

—¿Avi?

—Sí.

—Estamos sentados aquí, en el Sultanato de Kinakuta, intentando construir un refugio de datos mientras nos defendemos de un cirujano bucal convertido en lanzador de opas hostiles. Tengo asuntos urgentes en Filipinas. ¿Por qué estamos hablando de los aztecas?

—Te estoy dando un discurso enardecedor —dice Avi—. Estás aburrido. Eso es peligroso. La cosa de los Pinoygramas fue genial durante un tiempo, pero ahora ya está en marcha, es un negocio que ya no ofrece nueva tecnología.

—Cierto.

—Pero la Cripta es extremadamente genial. Tom, John y Eb se están volviendo chiflados y todos los Adeptos al Secreto me bombardean con currículos. La Cripta es exactamente lo que te gustaría estar haciendo ahora mismo.

—Cierto una vez más.

—Pero incluso si estuvieses trabajando en la Cripta, las consideraciones filosóficas te estarían reconcomiendo... consideraciones con respecto al tipo de personas con las que te ves implicado, que podrían ser nuestros primeros clientes.

—No puedo negar que tengo dudas filosóficas —le dice Randy. De pronto se le ha ocurrido una nueva hipótesis: Avi es realmente root@eruditorum.org.

—En lugar de eso, estás tendiendo cables en las Filipinas. Es un trabajo que, por los cambios de los que supimos ayer, es básicamente irrelevante para nuestra misión corporativa. Pero es una obligación contractual pendiente, y si se la asignamos a alguien menos importante que tú, el Dentista podría demostrar incluso ante un jurado de idiotas californianos con cerebro de tofu que estábamos fingiendo.

—Bien, gracias por dejarme tan claro por qué debo ser tan infeliz —

dice Randy tolerante.

—Por tanto —sigue diciendo Avi—, quiero que sepas que allí no te estás limitando a fabricar placas de matrículas. Y más aún, que la Cripta no es un esfuerzo completamente inmoral. En realidad, somos partícipes muy importantes en lo más importante del mundo.

Randy dice:

—Me preguntaste antes cuál era el más alto y mejor propósito al que podemos consagrar nuestra existencia. Y la respuesta evidente es «evitar futuros Holocaustos».

Avi ríe sombrío.

—Me alegra que para ti sea obvio, amigo mío. Empezaba a pensar que yo era el único.

—¿Qué? No seas tan petulante, Avi. La gente conmemora continuamente el Holocausto.

—Conmemorar el Holocausto no es, no no no no no, lo mismo que luchar por evitar futuros holocaustos. La mayoría de los que conmemoran son unos lloricas. Creen que si todo el mundo se sintiera mal por los pasados holocaustos la naturaleza humana se transformaría mágicamente y en el futuro nadie querría cometer un genocidio.

—Asumo que no compartes ese punto de vista, Avi.

—¡Piensa en Bosnia! —se mofa Avi—. La naturaleza humana no cambia, Randy. La educación es inútil. La gente más educada del mundo se puede convertir en aztecas o nazis así. —Chasca los dedos.

—¿Y la esperanza está en?

—En lugar de intentar educar a los potenciales perpetradores de holocaustos, debemos intentar educar a las víctimas en potencia. Al menos ellos prestarán algo de atención.

—¿Educarles cómo?

Avi cierra los ojos y agita la cabeza.

—Oh, mierda, Randy, podría hablar durante horas... incluso tengo un plan de estudios preparado.

—Vale, nos ocuparemos de eso más tarde.

—Definitivamente será más tarde. Por ahora, lo principal es que la Cripta es de la mayor importancia. Podría coger todas mis ideas y almacenarlas en un único receptáculo de información, pero casi cualquier gobierno del mundo impediría su distribución entre sus ciudadanos. Es esencial construir la Cripta para que PEPH pueda ser distribuido por todo el mundo.

—¿PEPH?

—Paquete de Educación y Prevención del Holocausto.

—¡Oh, dios mío!

—Ése es el verdadero propósito del trabajo que estás realizando —dice Avi—, y por tanto te exhorto a que no pierdas la fe. Cuando te aburras de fabricar matrículas en Filipinas, piensa en PEPH. Pienso en lo que esos campesinos de Nahuatl habrían podido hacer a esos cabrones de los aztecas si hubiesen tenido un manual de prevención de holocaustos... una guía de tácticas de guerrilla.

Randy permanece sentado y meditando durante un rato.

—Debemos ir a comprar algo de agua —dice al fin—. Acabo de perder un par de litros aquí sentado.

—Podemos volver al hotel —dice Avi—. Básicamente he terminado.

—Tú has terminado. Yo ni siquiera he empezado —dice Randy.

—¿Empezar qué?

—Explicarte por qué no hay ni una posibilidad de que llegue a aburrirme en las Filipinas.

Avi parpadea.

—¿Has conocido a una chica?

—¡No! —responde Randy malhumorado, lo que significa, evidentemente, sí—. Venga, vámonos.

Entran en un 24 Jam cercano y compran agua en unas botellas azuladas de plástico del tamaño de un ladrillo de ceniza. Vagan, tragando el agua, por entre calles cubiertas por carritos de comida de sabroso olor.

—Hace unos días recibí un correo de Doug Shaftoe —dice Randy—.

Desde su barco, vía teléfono por satélite.

—¿En abierto?

—Sí. Siempre le insisto en que se busque Ordo y cifre sus correos, pero no lo hace.

—Es muy poco profesional —se queja Avi—. Necesita ser más paranoico.

—Es tan paranoico que ni siquiera se fía de Ordo.

El ceño de Avi se relaja.

—Oh. En ese caso, vale.

—Su correo contenía un chiste estúpido sobre Imelda Marcos.

—¿Me llevas de paseo para contarme un chiste?

—No, no, no —dice Randy—. El chiste era una señal convenida de antemano. Doug me dijo que me enviaría un correo conteniendo un chiste de Imelda si sucedían ciertas cosas.

—¿Qué cosas?

Randy bebe un rápido trago de agua, toma una buena bocanada de aire y se serena.

—Hace más de un año, mantuve una conversación con Doug Shaftoe durante esa fiesta extraordinaria que dio el Dentista a bordo del Rui Faleiro.

Quería que contratásemos a su empresa, Semper Marines Services, para realizar el sondeo para tender todos los demás cables. A cambio, me ofreció parte de los tesoros hundidos que encontrase mientras realizase el sondeo.

Avi se detiene de golpe y agarra la botella de agua con ambas manos como si temiese que fuese a caerse.

—¿Tesoros hundidos, como jo-jo-jo y una botella de ron? ¿Piezas de seis? ¿Ese tipo de cosas?

—Piezas de ocho. La misma idea básica —dice Randy—. Los Shaftoe son cazadores de tesoros. Doug está obsesionado con la idea de que hay montones de tesoros escondidos por toda Filipinas.

—¿Dónde? ¿Galeones españoles?

—No. Bien, en realidad, sí. Pero no es eso lo que busca Doug. —Él y Avi han empezado a caminar de nuevo—. En su mayoría es mucho más antiguo, cerámica de juncos chinos hundidos, o mucho más reciente, oro de guerra japonés.

Como Randy esperaba, la mención del oro de guerra japonés causa una gran impresión en Avi. Randy sigue hablando.

—Los rumores dicen que los nipos dejaron un montón de oro en la zona. Se supone que Marcos recuperó un gran alijo escondido en un túnel...

de ahí sacó todo su dinero. La mayoría de la gente opina que Marcos tenía algo así como cinco o seis mil millones de dólares, pero gente en Filipinas cree que recuperó más de sesenta mil millones.

—¡Sesenta mil millones! —Avi pone rígida la espina dorsal—.

Imposible.

—Mira, puedes creer los rumores o no, no me importa —dice Randy—.

Pero como parece que uno de los administradores de Marcos va a depositar fondos en la Cripta, es el tipo de cosas que deberías saber.

—Sigue hablando —dice Avi, deseando de pronto saber más.

—Vale. La gente ha ido corriendo por las Filipinas desde la guerra, cavando hoyos y dragando el fondo marino, intentando encontrar el oro de guerra japonés. Doug Shaftoe es una de esas personas. El problema es que realizar un reconocimiento completo con sonar de Sidescan de toda la zona es bastante caro; no puedes hacerlo a ver qué sale. Vio la oportunidad cuando aparecimos nosotros.

—Comprendo. Muy inteligente —dijo Avi aprobador—. Realizaría el reconocimiento que nosotros necesitamos de todas formas para poder tender los cables.

—Quizá un poco más de lo estrictamente necesario, siempre que estuviese ahí fuera.

—Correcto. Ahora recuerdo el correo furioso de las arpías de la diligencia exigible del Dentista porque el reconocimiento costaba demasiado y llevaba demasiado tiempo. Creen que podríamos haber contratado a una compañía diferente y obtener los mismos resultados con mayor rapidez y menos dinero.

—Probablemente tenían razón —admite Randy—. En todo caso, Doug quería que llegásemos a un acuerdo para darnos a nosotros un diez por ciento de lo que encontrase. Más, si quisiésemos avalar las operaciones de recuperación.

De pronto, Avi abre los ojos como platos y traga una buena bocanada de aire.

—Oh, mierda —dice—. Quería que el Dentista no se enterase.

—Exacto. Porque el Dentista acabaría quedándose con todo. Y dada la peculiar situación doméstica del Dentista, eso implica que los Bolobolos acabarían enterándose de todo. Esos tíos matarían con alegría por quedarse con el oro.

—¡Guau! —dice Avi, agitando la cabeza—. ¿Sabes?, no quiero parecer uno de esos judíos chapados a la antigua que salen en las películas almibaradas. Pero en momentos como éste, todo lo que puedo decir es «Oy, gevalt!».

—No te conté el negocio, Avi, por dos razones. Una de ellas es que nuestra política general es no cotillear sobre esos asuntos. La otra razón es que habíamos decidido contratar a Semper Marine Services de todas formas, por sus propios méritos, así que la propuesta de Doug Shaftoe era irrelevante.

Avi medita sobre la situación.

—Corrección. Era irrelevante, siempre que Doug Shaftoe no encontrase ningún tesoro hundido.

—Cierto. Y di por supuesto que no lo encontraría.

—Te equivocaste en esa suposición.

—Me equivoqué en esa suposición —admite Randy—. Shaftoe ha encontrado los restos de un viejo submarino nipón.

—¿Cómo lo sabes?

—Si encontraba un junco chino me enviaría un chiste sobre Ferdinand Marcos. Si encontraba algo de la Segunda Guerra Mundial, sería sobre Imelda. Si era un barco de superficie, trataría de los zapatos de Imelda. Si era un submarino, sobre sus hábitos sexuales. Me envió un chiste sobre los hábitos sexuales de Imelda Marcos.

—Bien, ¿respondiste formalmente en alguna ocasión a la propuesta de Doug Shaftoe?

—No. Como he dicho, no era relevante, íbamos a contratarle de todas formas. Pero luego, después de que se firmasen todos los contratos, cuando estábamos preparando los detalles del reconocimiento, me dijo lo de ese código relacionado con los chistes de Marcos. Comprendí que creía que por haberle contratado habíamos dado un sí implícito a su propuesta.

—Es una forma curiosa de hacer negocios —dice Avi, arrugando la nariz—. Uno pensaría que hubiese sido más explícito.

—Es ese tipo de hombres que cierra tratos con un apretón de manos.

Todo basado en el honor personal —dice Randy—. Una vez que planteó la propuesta, no la retiraría.

—El problema de esos hombres honorables —dice Avi— es que esperan que todos los demás se comporten de forma igualmente honorable.

—Cierto.

—Así que ahora cree que somos cómplices en el plan de ocultar al Dentista y los Bolobolos la existencia del tesoro hundido —dice Avi.

—A menos que se lo contemos directamente.

—En cuyo caso traicionaríamos a Doug Shaftoe —dice Avi.

—Traicionando cobardemente al ex SEAL que combatió durante seis años en Vietnam y que tiene muy buenas y tenebrosas conexiones por todo el mundo —añade Randy.

—¡Maldición, Randy! Pensé que iba a hacerte alucinar contándote lo de PEPH.

—Así fue.

—Y ahora vas y me cuentas esto.

—La vida es un espectáculo complejo y todo eso —dice Randy.

Avi piensa durante un minuto.

—Bien, supongo que en el fondo se limita a quién nos gustaría tener de nuestro lado en una pelea tabernaria.

—La respuesta sólo puede ser Douglas MacArthur Shaftoe —dice Randy—. Pero eso no implica que consigamos salir vivos del bar.

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