Criptonomicon
Gólgota
E l teniente Ninomiya llega a Bundok unas dos semanas despues de Goto Dengo, acompañado por varios cajones de madera aporreados y desechos.
—¿Cuál es su especialidad? —pregunta Goto Dengo, y el teniente Ninomiya responde abriendo uno de los cajones para mostrar un teodolito de topógrafo envuelto en lino limpio y graso. Otro cajón contiene un sextante igualmente perfecto. Goto Dengo se queda boquiabierto. La reluciente perfección de los instrumentos es una maravilla. Pero incluso más maravilloso es que le enviasen un topógrafo sólo doce días después de que lo hubiese pedido. Ninomiya sonríe al observar la expresión del rostro de su nuevo colega, mostrando que ha perdido la mayoría de sus dientes delanteros excepto uno, que resulta ser en su mayoría oro.
Antes de que pueda realizarse cualquier operación de ingeniería, es preciso reconocer todo ese espacio salvaje. Es preciso preparar mapas detallados, hay que preparar cartas de las líneas divisorias de agua, hay que analizar la tierra. Durante dos semanas, Goto Dengo ha estado paseándose por ahí con una tubería y un almádana tomando muestras de terrero. Ha identificado rocas del fondo del lecho, ha estimado el flujo de los ríos Yamamoto y Tojo, ha contado y catalogado los árboles. Ha recorrido con dificultad la jungla y ha plantado banderas en los límites aproximados de la Zona Especial de Seguridad. Durante todo ese proceso se ha estado preocupando ante la posibilidad de tener que realizar el reconocimiento topográfico él mismo, empleando herramientas primitivas e improvisadas.
Y de pronto, aquí tiene al teniente Ninomiya con sus instrumentos.
Los tres tenientes, Goto, Mori y Ninomiya, pasan unos días examinando el terreno plano y semiabierto que se extiende alrededor del río Tojo inferior. El año, 1944, está resultando seco por el momento, y Mori no quiere edificar sus barracones militares sobre un terrero que se convertirá en un pantano después de la primera lluvia. No le preocupa la comodidad de los prisioneros, pero al menos le gustaría asegurarse de que no se los lleva la corriente. La configuración del terreno también es importante para establecer los campos de fuego entrecruzado que serán necesarios para acabar con cualquier motín o intento de fuga masiva. Hacen que los pocos soldados de Bundok recojan estacas de bambú, luego las emplean para señalar las posiciones de carreteras, barracones, vallas de alambre de espino, torres de guardia y unos pocos emplazamientos de morteros cuidadosamente elegidos desde los que los guardias podrán llenar de metralla la atmósfera de cualquier parte del campo.
Cuando el teniente Goto lleva al teniente Ninomiya a la jungla, trepando por el valle inclinado del Tojo, el teniente Mori debe quedarse atrás, según las instrucciones del capitán Noda. Lo que está bien, porque Mori tiene mucho trabajo allá abajo. El capitán ha concedido a Ninomiya una dispensa especial para ver la Zona Especial de Seguridad.
—Las elevaciones son de gran importancia en este proyecto —le dice Goto Dengo al topógrafo durante el camino. Van cargados con el equipo de topografía y el agua dulce, pero Ninomiya trepa por el barranco rocoso del río medio reseco con tanta habilidad como el propio Goto Dengo—.
Empezaremos estableciendo el nivel del lago Yamamoto, que todavía no existe, y luego trabajaremos descendiendo desde ese punto.
—También se me ha ordenado que obtenga la latitud y longitud exactas.
Goto Dengo sonríe burlón.
—Es difícil... no hay forma de ver el sol.
—¿Qué hay de esos tres picos?
Goto Dengo se vuelve para ver si Ninomiya está de broma. Pero el topógrafo mira con toda intensidad valle arriba.
—Su dedicación es un buen ejemplo —dice Goto Dengo.
—Este lugar es un paraíso comparado con Rabaul.
—¿Le enviaron desde allí?
—Sí.
—¿Cómo escapó? Está aislado, ¿no?
—Ha estado aislado durante algún tiempo —dice cortante Ninomiya.
Luego, añade—: Vinieron y me metieron en un submarino. —Su voz es ronca y débil.
Goto Dengo permanece en silencio durante un tiempo.
Ninomiya tiene en su cabeza todo un sistema, que pusieron en práctica a la semana siguiente, después de haber realizado una exploración topográfica preliminar de la Zona Especial de Seguridad. Muy temprano, izan a un soldado a un árbol con una cantimplora, un reloj y un espejo. Ese árbol no tiene nada de especial exceptuando una estaca de bambú clavada hace poco en las cercanías con el texto TÚNEL PRINCIPAL.
Luego el teniente Ninomiya y Goto escalan hasta lo alto de la montaña, lo que les lleva unas ocho horas. Es terriblemente arduo, y Ninomiya se asombra de que Goto se ofrezca a ir con él.
—Quiero ver todo esto desde lo alto del Calvario —le explica Goto Dengo—. Sólo entonces tendré la visión adecuada para realizar bien mi tarea.
Durante la subida, comparan notas, Nueva Guinea vs. Nueva Bretaña.
Parece que el único punto positivo de esta última es el asentamiento de Rabaul, un antiguo puerto británico con campo de criquet y todo, ahora convertido en la pieza clave de las fuerzas niponas en el sudoeste asiático.
—Durante mucho tiempo fue un lugar genial para ser topógrafo —dice Ninomiya, y describe las fortificaciones que edificaron en preparación para la invasión de MacArthur. Posee el entusiasmo para los detalles de un dibujante y en cierto momento habla ininterrumpidamente durante una hora describiendo un sistema en particular de búnkeres y fortines hasta la última trampa y leonera.
A medida que la escalada se hace más difícil, los dos compiten entre sí menospreciando las dificultades. Goto Dengo cuenta la historia de escalar la cordillera montañosa cubierta de nieve de Nueva Guinea.
—Hoy en día, en Nueva Bretaña escalamos volcanes continuamente —
dice informalmente Ninomiya.
—¿Por qué?
—Para recoger azufre.
—¿Azufre? ¿Para qué?
—Para fabricar pólvora.
Después de eso no hablan durante un tiempo.
Goto Dengo intenta salir del bache en la conversación.
—¡Será un mal día para MacArthur cuando intente tomar Rabaul!
Ninomiya camina en silencio durante un rato, intentando controlarse, y fracasa.
—Idiota —dice—, ¿no lo comprendes? MacArthur no vendrá. No tiene que hacerlo.
—¡Pero Rabaul es la pieza clave de toda la zona de guerra!
—Es una pieza de madera blanda y dulce en un universo de termitas —
responde Ninomiya con brusquedad—. Todo lo que tiene que hacer es ignorarnos durante un año más, y luego todos estarán muertos por el hambre o el tifus.
La jungla se hace menos espesa. Las plantas luchan por sujetarse sobre una pendiente de ceniza volcánica, y sólo sobreviven las más pequeñas. Eso hace que Goto Dengo desee escribir un poema en el que pequeños y tenaces nipones prevalecen sobre enormes y torpes norteamericanos, pero ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribió un poema y no puede juntar las palabras.
Algún día, las plantas convertirán ese cono de escoria y escombros en tierra, pero todavía no es así. Ahora que Goto Dengo puede, al fin, ver más allá de unas pocas yardas empieza a entender la configuración del terreno.
Los datos numéricos que él y Ninomiya han recogido durante la última semana están sintetizándose, en su mente, en comprensión sólida de cómo funciona ese lugar.
Calvario es un viejo cono de ceniza. Comenzó como una fisura de la que salían expulsadas ceniza y escoria, fragmento a fragmento, durante miles de años, saltando hacia arriba y hacia fuera en una familia de curvas parabólicas como de mortero, variando en altura y distancia dependiendo del tamaño de cada fragmento y la dirección del viento. Aterrizaban en un anillo amplio centrado en la fisura. A medida que el anillo crecía en altura fue extendiéndose naturalmente en un cono ancho y truncado con un foso central cavado en la parte alta, con la fisura en el fondo de ese foso.
Los vientos allí tienden a venir del sur y ligeramente del este, de forma que la ceniza tendía a depositarse hacia el borde nornoroeste del cono. Ése
sigue siendo el punto más alto del cono de ceniza. Pero la fisura murió hace mucho tiempo, o quizá la taparon sus propias emisiones, y desde entonces toda la estructura ha sufrido mucha erosión. El borde sur del cono no es más que una barrera de colinas bajas perforadas por el río Yamamoto y los dos tributarios que se unen para formar el río Tojo. El foso central es un cuenco de jungla repelente, tan saturada de clorofila que desde arriba parece negro.
Los pájaros vuelan sobre la cubierta de árboles, con aspecto, desde allá arriba, de estrellas de colores.
El borde norte todavía se alza unos buenos quinientos metros sobre el cuenco de la jungla, pero su arco antiguamente liso ha sido dividido por la erosión para formar tres cumbres diferentes, cada una de ellas un montón de escoria roja medio oculto por rastrojos de vegetación. Sin discusión, Ninomiya y Goto Dengo se dirigen al de en medio, que es el más alto.
Llegan a la cima a las dos treinta de la tarde, e inmediatamente desean no haberlo hecho porque el sol les golpea casi verticalmente. Pero allí arriba corre una brisa fresca, y una vez que se han protegido la cabeza con protectores improvisados la cosa no está tan mal. Goto Dengo monta el trípode y el teodolito mientras Ninomiya usa el sextante para apuntar al sol.
Lleva un reloj alemán bastante bueno que ha puesto en hora esta mañana según la transmisión de radio de Manila, y eso le permite calcular la longitud. Realiza los cálculos sobre un trozo de papel apoyado en el regazo, luego va y lo hace de nuevo para verificar las cifras, recitándolas en voz alta. Goto Dengo las copia en su cuaderno, sólo por si se pierden las notas de Ninomiya.
A las tres en punto, el soldado subido al árbol comienza a destellar ¿1
espejo en su dirección: una chispa brillante entre una espesa alfombra de selva que carece de cualquier otro rasgo. Ninomiya centra el teodolito sobre esa señal y apunta algunas cifras. Combinándolo con otros datos sacados de los mapas, fotos aéreas y demás, debería permitirle estimar la latitud y la longitud del túnel principal.
—No sé qué precisión tendrá —dice con preocupación mientras bajan de la montaña—. Tengo el pico con exactitud... ¿cómo lo llamó?
¿Caballería?
—Casi.
—Eso significa soldados a caballo, ¿no?
—Sí.
—Pero la posición del pozo no la tendré con mucha precisión a menos que pueda usar mejores técnicas.
Goto Dengo considera la idea de decirle que realmente no hay ningún problema, que el lugar se eligió para perderse y olvidarse. Pero mantiene la boca cerrada.
El reconocimiento lleva otro par de semanas. Calculan dónde estará la orilla del lago Yamamoto y calculan su volumen. Será más un estanque que un lago —menos de cien metros de diámetro—, pero será engañosamente profundo y contendrá un montón de agua. Calculan el ángulo del pozo que conectará el fondo del lago con la red principal de túneles. Calculan dónde saldrán todos los túneles horizontales de las paredes del cañón del río Tojo, y marcan las rutas de las carreteras y líneas férreas que llevarán a esas aberturas, de forma que puedan sacarse los escombros y traer el precioso material bélico para su almacenamiento. Lo comprueban todo dos y tres veces para asegurarse que ningún fragmento de la operación sea visible desde el aire.
Mientras tanto, muy abajo, el teniente Mori y un pequeño destacamento de trabajo han plantado algunos postes y han tendido algo de alambre de espino, lo justo para contener a un centenar de prisioneros, que llegan metidos todos en un par de camiones militares. Cuando se les pone a trabajar, el campo se amplía con rapidez; los barracones militares se levantan en unos días y se completa el perímetro doble de alambre de espino. Allí parece que nunca faltan los suministros. La dinamita llega a camiones enteros, como si no se la necesitase con desesperación en lugares como Rabaul, y se la almacena cuidadosamente bajo la supervisión de Goto Dengo. Los prisioneros la almacenan en un cobertizo construido para ese fin bajo la cubierta de la selva. Goto Dengo no ha estado hasta ahora tan cerca de los prisioneros, y se sorprende al ver que son todos chinos. Y no hablan el dialecto de Cantón o Formosa, sino el que Goto Dengo oía con frecuencia cuando estaba destinado en Shanghai. Esos prisioneros son chinos del norte.
Ese Bundok es un lugar cada vez más extraño.
Sabe que los filipinos se muestran particularmente hoscos sobre su inclusión en la Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental. Están
bien armados, y MacArthur les ha estado incitando. Muchos miles han sido hechos prisioneros. A medio día de camino de Bundok hay prisioneros filipinos más que suficientes para llenar el campamento del teniente Mori y completar el proyecto del teniente Goto. Pero sin embargo los mandamases han enviado cientos de chinos desde Shanghai para realizar ese trabajo.
En momentos como ese comienza a dudar de su propia salud mental.
Siente la necesidad de discutir el asunto con el teniente Ninomiya. Pero el topógrafo, su amigo y confidente, ha desparecido después de que se completase su tarea. Un día, Goto Dengo va a la tienda de Ninomiya y se la encuentra vacía. El capitán Noda le explica que el topógrafo ha sido enviado a realizar un trabajo importante en otro sitio.
Como un mes más tarde, cuando ya está muy avanzada la construcción de la carretera en la Zona Especial de Seguridad, algunos de los obreros chinos que excavan comienzan a gritar. Goto Dengo comprende lo que dicen.
Han encontrado restos humanos. La jungla ha hecho su parte y prácticamente no queda nada más que los huesos, pero el olor, y la legión de hormigas, le indican que el cadáver es bastante reciente. Coge la pala de uno de los obreros y recoge una paletada de tierra y la lleva hasta el río, dejando caer montones de hormigas. La hace descender con cuidado en el agua corriente. La tierra se disuelve en un rastro marrón en el río y pronto aparece el cráneo: la bóveda de la cabeza, las cuencas oculares no del todo vacías, el hueso nasal del que todavía cuelgan fragmentos de cartílagos, y finalmente la mandíbula, marcada por viejos abscesos y de la que faltan la mayoría de los dientes, excepto un diente de oro en medio. La corriente hace girar el trozo lentamente, y Goto Dengo ve un agujero perfecto en la base del cráneo.
Levanta la vista. Una docena de chinos están reunidos junto a él en la orilla del río, observándole impasible.
—No habléis de esto con ninguno de los otros nipones —dice Goto Dengo. Sus ojos se abren como platos por el asombro al oírle hablar con el acento preciso de las prostitutas de Shanghai.
Uno de los trabajadores chinos está casi calvo. Parece rondar los cuarenta, aunque los prisioneros siempre envejecen con rapidez, por lo que
es difícil estimarlo. No está asustado como los otros. Mira a Goto Dengo valorándole.
—Tú —dice Goto Dengo—, coge a otros dos hombres y sígueme. Traed las palas.
Les lleva a la jungla, a un lugar en el que sabe que no se excavará más, y les muestra dónde poner la nueva tumba del teniente Ninomiya. El calvo es un buen líder así como un trabajador fuerte y consigue que caven pronto la tumba, luego transfiere los restos sin quejas o remilgos. Si ha superado el Incidente Chino y ha sobrevivido hasta este momento como prisionero de guerra, probablemente ha visto y hecho cosas peores.
Goto Dengo hace su parte distrayendo al capitán Noda durante un par de horas. Suben y repasan el trabajo en la presa del río Yamamoto. Noda está impaciente por crear el lago Yamamoto tan pronto como sea posible, antes de que la Fuerza Aérea de MacArthur examine con detalle la zona.
Probablemente no pasaría desapercibida la súbita aparición de un lago en medio de la jungla.
El emplazamiento del lago es un cuenco de roca natural, cubierto por la selva, que el río Yamamoto atraviesa por el medio. Cerca de la orilla, los hombres ya trabajan con perforadoras de roca colocando las cargas de dinamita.
—El pozo inclinado empezará aquí —le dice Goto Dengo al capitán Noda— e irá directamente... —dándole la espalda al río y convirtiendo una de las manos en una hoja y hundiéndola en la selva— directamente al Gólgota. — El lugar del Cráneo.
—¿Gargotta? —dice el capitán Noda.
—Es una palabra tagala —dice Goto Dengo con autoridad—. Significa
«claro oculto».
—Claro oculto. ¡Me gusta! Muy bien. ¡Gargotta! —dice el capitán Noda
—. Su labor se está desarrollando muy bien, teniente Goto.
—Sólo aspiro a trabajar con los mismos niveles de calidad que el teniente Ninomiya —dice Goto Dengo.
—Era un excelente trabajador —dice Noda con calma.
—Quizá, cuando termine mi trabajo aquí, pueda ir con él... adónde se le enviase.
Noda sonríe.
—Su labor sólo está empezando. Pero puedo decirle con toda seguridad que cuando termine se reunirá con su amigo.
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