Criptonomicon
Órgano
D urante aproximadamente una semana, el dolor y la hinchazón de la mandíbula suprimen la libido de Lawrence Waterhouse. Después, el dolor y la hinchazón en la entrepierna se hacen más intensos y comienza a rebuscar entre sus recuerdos del baile, preguntándose si ha hecho progresos con Mary cCmndhd.
Se despierta de pronto a las cuatro de una mañana de domingo, cubierto de sudor desde los pezones a los pies. Rod sigue durmiendo como un bebé, gracias a dios, por lo que si ha gemido o gritado nombres durante el sueño es probable que Rod no lo haya oído. Waterhouse intentar limpiarse sin hacer mucho ruido. No quiere siquiera considerar cómo va a explicar el estado de las sábanas a Quien Sea Que Las Lave. «Fue completamente inocente, señora McTeague. Soñaba que bajaba con el pijama puesto y que Mary estaba sentada en el salón ataviada con su uniforme, bebiendo, y al volverse y mirarme a los ojos no pude controlarme y ¡aaaAAAHHH! ¡OH!
¡OH! ¡OH! ¡OH! ¡OH! ¡OH! ¡OH! ¡OH! ¡OH! ¡OH! ¡OH! Y luego me desperté y mire lo que había pasado.»
La señora McTeague (y otras damas de avanzada edad en todo el mundo) hacen la colada sólo porque es su misión en la gigantesca Conspiración de Control de la Eyaculación que, como tardíamente empieza a comprender Waterhouse, domina todo el planeta. Sin duda tiene unos formularios en el sótano, junto a los rodillos de escurrir, donde apunta el volumen y la frecuencia de las eyaculaciones de sus cuatro inquilinos. Las hojas de datos se envían por correo a un centro similar a Bletchley Park situado en algún lugar (Waterhouse supone que está oculto tras la fachada
de un convento en el estado de Nueva York), donde los números de todo el mundo se tabulan en máquinas de la Electrical Till Corporation y los resultados impresos se acumulan en carritos que se llevan a las oficinas de las altas sacerdotisas de la conspiración, vestidas con ropas blancas muy almidonadas y grabadas con el emblema de la conspiración: un pene atrapado entre los rodillos de escurrir. Las sacerdotisas estudian los datos con sumo cuidado. Observan que Hitler sigue sin correrse, y se debate si permitírselo le calmaría un poco o por el contrario le daría alas para descontrolarse aún más. Pasarán meses antes de que el nombre de Lawrence Pritchard Waterhouse llegue a lo alto de la lista, y meses para que se envíen órdenes a Brisbane, e incluso así las órdenes podrían condenarle a otro año de esperar a que Mary cCmndhd se presente en sus sueños sosteniendo una taza de té.
La señora McTeague y otras miembros de la CCE (como Mary cCmndhd y básicamente todas las mujeres jóvenes) se sienten ofendidas por las chicas fáciles, prostitutas y burdeles, no por razones religiosas, sino porque ofrecen un refugio en el que los hombres puede tener eyaculaciones sin que sean controladas, medidas y seguidas de ninguna forma. Las prostitutas son renegadas, colaboradoras.
Todo eso llega a la mente de Waterhouse mientras yace tendido en la cama húmeda entre las cuatro y las seis de la mañana, meditando sobre su lugar en el mundo con la claridad cristalina que sólo puede obtenerse por medio de una agradable noche de sueño seguida de la emisión de varias semanas de producción de semen. Ha llegado a una encrucijada en el camino.
La noche anterior, antes de que Rod llegase, sacó brillo a los zapatos, explicando a los demás que la mañana siguiente tendría que estar guapo y despertarse pronto para ir a la iglesia. Waterhouse sabe bien lo que eso significa, habiendo pasado más de un sabbath en Qwghlm, encogiéndose y avergonzándose bajo la mirada de los lugareños, enfadados porque él parecía estar usando su equipo huffduff en el día del descanso. Les había visto los domingos por la mañana entrar arrastrando los pies en la enfermiza capilla de mil años y piedra negra para asistir al servicio de tres horas.
Demonios, Waterhouse incluso había vivido en una capilla qwghlmiana durante varios meses. Su penumbra bañaba todo su ser.
Ir a la iglesia con Rod significa entregarse a la CCE, convertirse en uno de sus secuaces. La alternativa es un lupanar.
Aunque creció en iglesias criado por personas de la Iglesia, Waterhouse (como debe de ser evidente a estas alturas) no llegó a comprender nunca su posición con respecto al sexo. ¿Por qué les preocupaba tanto ese aspecto de la humanidad, cuando había otros como el asesinato, la guerra, la pobreza y la pestilencia?
Ahora, al fin, lo comprende: las Iglesias no son más que una rama de la CCE. Y lo que hacen, cuando atruenan contra el sexo, es intentar asegurarse de que los jóvenes siguen el programa de la CCE.
Por tanto, ¿cuál es el resultado final de los esfuerzos de la CCE?
Waterhouse mira el techo, que empieza a entreverse gracias a la luz del sol que se eleva por el oeste, o el norte, o por donde diablos se levante en el hemisferio sur. Realiza un inventario rápido del mundo y descubre que básicamente la CCE controla todo el planeta, países buenos y malos por igual. Que todos los hombres respetables de éxito son secuaces de la CCE, o al menos le tienen tanto miedo que fingen serlo. Las personas que no pertenecen a la CCE viven al margen de la sociedad, como las prostitutas, o han sido relegadas a la clandestinidad y deben invertir grandes esfuerzos en mantener una fachada falsa. Si te sometes y te conviertes en un secuaz de la CCE, recibes una carrera, familia, hijos, riqueza, una casa, puchero, colada limpia y el respeto de todos los otros secuaces de la CCE. Tienes que pagar en forma de una irritación sexual crónica que sólo puede ser aliviada por, y a la discreción y conveniencia, de la persona designada por la CCE: tu esposa. Por otra parte, si rechazas a la CCE y sus obras, no puedes, por definición, tener una familia, y tus opciones laborales se limitan a chulo, gángster o marinero de cuarenta años.
Mierda, en lo que a conspiraciones se refiere ni siquiera es tan mala.
Construyen iglesias y universidades, educan a los niños, instalan columpios en los parques. En ocasiones inician una guerra y matan a diez o veinte millones de personas, pero no es más que una gota en comparación con la gripe, que la CCE combate recordando continuamente a la gente que se lave las manos y se tape la boca al estornudar.
El despertador. Rod sale de la cama como si estuviese produciéndose un ataque aéreo nipo. Waterhouse contempla el techo durante unos minutos
más, titubeando. Pero sabe a dónde va y no tiene sentido malgastar más tiempo. Va a la iglesia, y no porque haya renunciado a Satanás y su obra, sino porque quiere follarse a Mary. Casi no puede evitar estremecerse cuando expresa (sólo para sí) ese hecho tan terrible. Pero lo extraño de la iglesia es que ofrece un contexto especial en el que es perfectamente correcto querer follarse a Mary. Siempre que vaya a la iglesia, puede querer follarse a Mary todo lo que quiera, puede dedicar todo su tiempo, dentro y fuera de la iglesia, a pensar en follarse a Mary. Puede incluso hacerle saber que quiere follársela siempre que pueda expresarlo de forma más indirecta.
Y si atraviesa saltando ciertos aros (aros de oro) puede incluso follarse de verdad a Mary, y será perfectamente aceptable, y en ningún momento tendrá que sentir el más mínimo rastro de vergüenza o culpa.
Sale de la cama, sobresaltando a Rod, quien (al ser una especie de comando de la selva) se sobresalta con facilidad.
—Voy a follarme a tu prima hasta que la cama se convierta en un montón de astillas —dice Waterhouse.
En realidad lo que dice es:
—Voy a la iglesia contigo. —Pero Waterhouse, el criptólogo, está usando un código secreto. Está empleando un código recién inventado, que sólo él conoce. Sería muy peligroso que alguien llegase a romper el código, pero es imposible porque sólo hay una copia y está en la cabeza de Waterhouse. Aún así, Turing es lo suficientemente inteligente para romperlo, pero está en Inglaterra, y pertenece al bando de Waterhouse, así que no lo revelaría.
Unos minutos después, Waterhouse y cCmndhd bajan, en dirección a la
«iglesia», que en el código secreto de Waterhouse significa «Cuartel general de la campaña de 1944 de follarse a Mary».
Mientras salen al frío aire de la mañana puede oír que la señora McTeague corre a su dormitorio para arreglar las camas e inspeccionar las sábanas. Waterhouse sonríe, pensando que acaba de quedar impune; las pruebas incriminatorias y abrumadoras en la ropa de cama quedarán casi por completo compensadas por el hecho de haberse levantado temprano e ir a la iglesia.
Espera la reunión de un grupo de oración en el sótano de alguna tienda de productos secos, pero resulta que a los qwghlmianos del interior los
enviaron a Australia en masa. Muchos de ellos se asentaron en Brisbane. En el centro consiguieron construir una Iglesia Eclesiástica Unida a partir de arenisca beige y basta. Tendría un aspecto inmenso, sólido y casi opulento si no estuviese justo frente a la Iglesia Eclesiástica Universal, que es el doble de grande y ha sido edificada con piedra caliza bien cortada.
Qwghlmianos del exterior, ataviados con los tradicionales grises y negros, y con frecuencia en trajes de la Marina, suben los amplios escalones ennegrecidos por el tiempo de la Iglesia Eclesiástica Universal, girando en ocasiones la cabeza para lanzar miradas de desaprobación al otro lado de la calle, a los qwghlmianos vestidos para la temporada (verano en Australia) y con uniformes del Ejército de Tierra. Para Waterhouse es evidente que lo que les molesta es la música que sale de la Iglesia Eclesiástica Unida cuando las puertas de esmalte rojo permanecen abiertas. El coro ensaya y el órgano suena. Pero comprueba a media manzana de distancia que algo le pasa al instrumento.
El aspecto de las mujeres de Qwghlm Interior vestidas con colores pastel y sombreros alegres le resulta tranquilizador. No parecen personas que se dediquen a realizar sacrificios humanos. Waterhouse intentar subir los escalones con vitalidad como si realmente quisiese estar allí. Luego recuerda que efectivamente quiere estar allí, porque todo es parte del plan para follarse a Mary.
Los parroquianos hablan todos en qwghlmiano, saludándose los unos a los otros y diciéndole cosas agradables a Rod, quien evidentemente está bien considerado. Waterhouse no tiene ni idea de qué están diciendo, pero le conforta la idea de que la mitad de ellos tampoco lo sabe. Penetra en el pasillo central de la iglesia, mira a lo largo hasta el altar, con el coro detrás cantando maravillosamente; Mary se encuentra allí, en la sección contralto, ejercitando sus propios órganos de emisión vocal, que están enmarcados de forma muy atractiva por la estola de satén de su uniforme del coro. Por encima y detrás del coro, un enorme y antiguo órgano de tubo extiende sus alas, como un águila disecada que llevase cincuenta años metida en un ático. Zumba y silba asmático, y emite tonos extraños y discordantes cuando se emplean ciertos registros; eso sucede cuando se abre una válvula, y se llama una cifra. Waterhouse lo sabe todo sobre cifras.
Dejando de lado el patético órgano, el coro es espectacular, y alcanza un conmovedor clímax en armonía de seis partes mientras Waterhouse recorre el pasillo, preguntándose si su erección será visible. Un chorro de luz penetra por el rosetón de cristal pintado por encima del órgano y sujeta a Waterhouse en su luz llamativa. O quizá sólo lo parezca, porque él acaba de comprenderlo todo.
Waterhouse va a reparar ese órgano de iglesia. Es seguro que el proyecto tendrá beneficios positivos en su propio órgano, un instrumento de un sólo tubo que necesita atención con igual urgencia.
Resulta que, como todos los grupos étnicos que han sido jodidos constantemente durante mucho tiempo, los qwghlmianos del interior tienen una música genial. No sólo eso, sino que además se lo pasan bien en la iglesia. El pastor tiene sentido del humor. La situación es tan soportable como podría serlo ir a la iglesia. Waterhouse apenas presta atención porque está mirando muy fijamente: primero a Mary, luego al órgano (intentado descubrir su construcción) y luego otra vez a Mary durante un ratito.
Se siente indignado y ofendido cuando, después del servicio, los poderes fácticos se muestran renuentes a permitirle a él, un extraño total y encima un yanqui, abrir el panel frontal de acceso y cacharrear con el mecanismo interno del órgano. El pastor es bueno juzgando a las personas, un poco demasiado bueno para lo que conviene a Waterhouse. El organista (y por tanto la autoridad final en todos los aspectos orgánicos) tiene aspecto de haber sido enviado a Australia con la primera carga de convictos después de ser condenado, en el Old Bailey —el Tribunal Criminal Central—, por hablar demasiado alto, tropezar con las cosas, no atarse bien los cordones de los zapatos y superar el máximo no escrito de caspa de la Sociedad de forma, lo que ofendía la dignidad de la Reina y del Imperio.
Todo ello conduce a una reunión tensa y complicada en un aula de la escuela dominical cerca del despacho del pastor, que se llama reverendo Dr.
John Mnrh. Es un tipo corpulento de cara roja que está claro que preferiría tener la cabeza metida en un tonel de cerveza a tener que aguantar todo esto sólo porque sea bueno para su alma inmortal.
La reunión se convierte en esencia en una oportunidad para que el organista, el señor Drkh, pueda descargar sus opiniones sobre la astucia de los japoneses, por qué la invención del sistema de afinación temperado fue
una mala idea y toda la música escrita desde entonces ha sido un mezquino compromiso, las excelentes cualidades del General, la importancia numerológica de las longitudes de los diversos tubos del órgano, cómo la libido excesiva de las tropas norteamericanas podría controlarse con ciertos suplementos en la dieta, cómo los modos asombrosamente hermosos de la música tradicional de Qwghlm no se adaptan especialmente bien al sistema temperado, cómo los sospechosos parientes germánicos del rey planean apoderarse del Imperio y entregárselo a Hitler y, primero y más importante, que Johann Sebastián Bach era un mal músico, un compositor aún peor, un malvado, un adúltero, y la cabeza visible de una conspiración mundial, con su centro en Alemania, que lentamente ha estado apoderándose del mundo durante los últimos siglos empleando el sistema de afinación temperado como una especie de frecuencia portadora para llevar sus ideas (que tienen su origen en los Illuminati bávaros) a las mentes de todos los que escuchan su música, especialmente la música de Bach. Y —por cierto— cómo la mejor forma de luchar contra esa conspiración es tocar y escuchar la música tradicional de Qwghlm, que, en caso de que el señor Drkh no lo haya dejado perfectamente claro, es totalmente incompatible con el sistema de afinación temperado, debido a su escala asombrosamente hermosa, pero numerológicamente perfecta.
—Sus ideas sobre numerología son muy interesantes —dice Waterhouse, en voz alta, sacando al señor Drkh de la senda retórica—. Yo mismo estudié con los doctores Turing y von Neumann en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton.
El padre John se despierta de pronto y el señor Drkh pone cara de haber recibido por la espalda un disparo de calibre cincuenta. Está claro que el señor Drkh ha disfrutado de una larga carrera siendo la persona más rara en cualquier habitación, pero está a punto de ser derribado envuelto en llamas.
En general, Waterhouse no es muy bueno en los vuelos de exhibición, pero está cansado, molesto y salido, y en medio de una puta guerra, y en ocasiones, simplemente, es preciso hacer una exhibición. Sube al podio, busca un trozo de tiza y empieza a escribir ecuaciones en la pizarra como si fuese un cañón antiaéreo. Utiliza el sistema temperado como punto de partida, de ahí avanza a las regiones más ignotas de la teoría de números avanzada, de pronto da un giro de regreso a la escala modal de Qwghlm,
sólo para que no se confíen, y luego regresa con brusquedad a la teoría de números. Durante el proceso, da con algún material interesante que no cree que haya aparecido todavía en la literatura, así que se aleja unos minutos de las chorradas estrictas para explorarlas y llega incluso a demostrar algo que probablemente podría publicarse en una revista de matemáticas si algún día lo pone por escrito como dios manda. El descubrimiento le recuerda que no es malo en matemáticas cuando hace poco que ha eyaculado, y eso a su vez da alas a su decisión de cumplir el plan de follarse a Mary.
Al fin, se da la vuelta, por primera vez desde que ha empezado. Tanto el padre John como el señor Drkh están atónitos.
—¡Dejen que se lo demuestre! —suelta Waterhouse, y sale con grandes zancadas de la habitación sin molestarse en mirar atrás. Ya en la iglesia, se dirige a la consola, sopla la caspa de las teclas, le da al interruptor principal.
Los motores eléctricos se encienden, tras el panel, y el instrumento comienza a gemir y a quejarse. No importa, puede ahogar el sonido.
Examina la fila de registros: ya sabe de qué dispone este órgano, porque lo ha escuchado y lo ha deducido. Comienza a sacar tiradores.
Waterhouse se dispone a demostrar que Bach puede sonar bien incluso tocado en el órgano del señor Drkh, si elige la clave correcta. Justo cuando el padre John y el señor Drkh están a medio camino por el pasillo, Waterhouse se lanza a esa vieja favorita Tocata y fuga en re menor, excepto que la transporta a do sostenido menor mientras toca, porque (según un cálculo muy elegante que ha realizado mentalmente mientras corría por el pasillo) así debería sonar bien al tocarla en el mutilado sistema de afinado del señor Drkh.
Al principio transportar le resulta incómodo y da algunas notas falsas, pero luego le sale con naturalidad y realiza la transición de la tocata a la fuga con tremendo brío y confianza. Bolas de polvo y salvas de cagadas de ratón saltan de los tubos cuando Waterhouse invoca filas enteras que no se han usado en décadas. La mayoría son potentes registros de lengüeta difíciles de afinar. Waterhouse siente que la maquinaría de presión lucha por mantenerse ante esas pretensiones tan poco habituales. El espacio del coro se llena de un resplandor brillante a medida que el polvo salta de los tubos y llena el aire, reflejando la luz que entra por el rosetón. Waterhouse se equivoca con un pedal, rencoroso se quita los terribles zapatos y comienza a
golpear los pedales como solía hacerlo en Virginia, con los pies desnudos, la trayectoria de los graves marcada sobre los pedales de madera por líneas de la sangre que le sale de las ampollas. Ese organillo tiene unos desagradables registros de lengüeta en los pedales, capaces de provocar un terremoto, probablemente instalados deliberadamente para irritar a los qwghlmianos del exterior que rezan al otro lado de la calle. Ninguna de las personas que visitan esa iglesia han oído esos registros en acción, pero ahora Waterhouse los está usando muy bien, disparando acordes potentes como salvas desde los poderosos cañones del acorazado Iowa.
Durante todo el servicio, durante el sermón, la lectura de las escrituras y las oraciones, cuando no pensaba en follarse a Mary, pensaba en cómo iba a arreglar ese órgano. Pensaba de nuevo en el órgano con el que había trabajado en Virginia, en los registros que permitían que el aire fluyese a distintas filas de tubos y en las teclas que activaban todos los tubos libres.
Ahora tiene ese órgano completamente visualizado en la mente, y mientras toca el final de la figura, se abre la parte alta de su cráneo, la luz filtrada en rojo penetra en su interior, ve por completo la máquina en su mente, como en la visión ampliada de un dibujante. Luego se transforma en una máquina ligeramente diferente, un órgano que funciona con electricidad, con filas de tubos de vacío aquí y un entramado de relés allá. Ya tiene la respuesta a la pregunta de Turing: cómo tomar una estructura de datos binarios y enterrarla en la circuitería de una máquina pensante para que pueda recuperarse posteriormente.
Waterhouse ya sabe cómo crear una memoria electrónica. ¡Debe ir de inmediato a escribirle una carta a Alan!
—Perdónenme —dice y sale corriendo de la iglesia.
Por el camino, roza a una joven que ha permanecido sentada boquiabierta durante toda su actuación. Cuando está a varias manzanas de distancia, se da cuenta de dos detalles: que camina por la calle descalzo y que la joven era Mary cCmndhd. Tendrá que volver más tarde para recuperar los zapatos y quizá follársela. ¡Pero lo primero es lo primero!
OceanofPDF.com