El cardenal
Capítulo 13
–Sí, los tipos del Boeing que los han tuneado se pondrían hechos una furia.
–¿Acabas de usar el verbo «tunear» en una de tus frases? – preguntó Kilkenny.
–Sí, sí, tunear. Lo que hacen en Pimp My Ride, uno de mis programas favoritos. Siempre lo grabo, y también Monster Garage y Biker Build Off.
Es lo mejor de la televisión desde This Old House.[2]
[2] Todos son programas de la televisión estadounidense. En Pimp My Ride jóvenes insatisfechos con sus vehículos dejan que profesionales del tunning les sorprendan con una remodelación completa. En Monster Garage transforman en una semana automóviles de uso diario en máquinas monstruosas y extraordinarias, aunque completamente funcionales. En, Biker Build Off dos equipos liderados por dos reputados constructores de motocicletas compiten por confeccionar el mejor modelo (con estilos muy diferentes). This Old House consistía en el seguimiento de la remodelación completa de una casa. (N. de la T.)
Kilkenny se rió.
–Envíame todas las especificaciones de los B AT. Si vamos a usarlos, tendremos que idear el modo de entrar y salir de Mongolia de incógnito.
Capítulo 13
17 de octubre
–¿Puedo ofrecerles una copa de vino, caballeros? – preguntó Donoher al entrar en la sala de trabajo de las catacumbas-. La cena llegará en breve.
Grin alzó la vista del panel de monitores; tenía los ojos cansados pero brillantes.
–Solo bebo en compañía de amigos y, si lo que veo en su mano es una botella de tinto italiano, usted debe de ser un amigo.
Kilkenny despejó parte de la mesa; el cardenal dispuso allí tres copas y las sirvió con vino de una botella de Castello di Fonterutoli Chianti Classico Riserva. El color del vino rayaba en el negro; al inhalar el buqué, Grin detectó rastros de humo, varias frutas, regaliz y madera.
–Veo que ha dejado respirar un poco a esta joya -comentó Grin con aire de aprobación.
–Admito que los años que he pasado en Italia han tenido un efecto modestamente civilizador en mí -repuso Donoher.
Kilkenny sostuvo en el aire la copa unos instantes y contempló el que iba a ser su primer trago en una semana; enseguida comprendió que con una botella compartida entre tres no había muchas posibilidades de tener resaca.
Los hombres paladearon el primer sorbo de vino con pausa, sumergiendo sus papilas gustativas en aquel sabor complejo y delicioso.
–Y bien, ¿cómo están las cosas? – preguntó Donoher.
–Salvo por varios detalles menores, estamos preparados para ponernos en marcha -informó Kilkenny-. De hecho, Grin ha dado ya con un nombre para nuestra operación secreta.
–¿De veras? Oigámoslo.
–Operación Rolling Stone -anunció Grin.
Donoher se volvió hacia Kilkenny.
–¿Me estáis diciendo que habéis bautizado nuestro sagrado cometido con el nombre de un hedonista grupo de rock?
–En realidad, es una alusión a la piedra bíblica que cubrió la tumba de Jesucristo hasta que la apartaron la mañana de Pascua… haciéndola rodar -
explicó Grin-. Al igual que Jesucristo, Yin está sepultado en la prisión de Chifeng y nosotros vamos a «hacer rodar la piedra» y dejarle salir.
–Aaah, una alusión literal -concluyó Donoher, escéptico.
–Grin me ha asegurado que el nombre no tiene nada que ver con los varios megas de canciones de los Stones que guarda almacenadas en su iPod -añadió Kilkenny.
–¡Dios nos libre! – Donoher alzó su copa-. Muy bien, pues: por el éxito de la Operación Rolling Stone.
–¡Salud! – Kilkenny y Grin se sumaron al brindis y chocaron las copas con Donoher.
Kilkenny saboreó el trago de vino tinto y sintió cómo obraba su magia en él. Había trabajado con Grin en las catacumbas casi sin descanso desde la defunción del Papa, y sabía que lo mismo podía decirse de Donoher.
–¿Cómo te va todo por ahí arriba? – preguntó Kilkenny.
–Pues me va como cabría esperar teniendo que organizar un funeral de Estado y un cónclave en apenas dos semanas, pero me las arreglaré. A pesar del caos general, lo que estáis intentando hacer nunca se aleja de mis pensamientos y mis plegarias. Si Dios quiere, concluiréis el trabajo antes de que veamos la fumata blanca.
–Hablando de la elección del nuevo Papa… -intervino Grin-. He estado husmeando por la red y Paddy Power[3] ofrece una lista con los cardenales favoritos. Por lo visto son cinco.
[3] Página web de apuestas. (N. de la T.)
–Los papabili-confirmó Donoher con exagerado floreo italiano-.
Obviamente, resulta arriesgado llegar a las elecciones siendo favorito. Un viejo dicho recuerda que más de un hombre ha accedido al cónclave como Papa y ha salido de él como cardenal. Confío en que ninguno de los dos estéis apostando.
–Jamás apuesto -contestó Grin-. Tirar el dinero no entra en mi concepto de diversión.
–¿Es pecado apostar en una elección papal? – preguntó Kilkenny.
–No, pero sí de muy mal gusto. Si yo fuera dado a las apuestas, creo que mi dinero estaría a salvo con los cinco favoritos. Cualquiera de ellos sería un Papa excelente.
–¿Quién crees que tiene la mejor baza? – se interesó Kilkenny.
–Todos los papables tienen puntos a favor y en contra. Si la Iglesia sigue poniendo en práctica la tradicional prudencia de no arriesgar dos veces seguidas, el cardenal Magni es el favorito incuestionable. Es el único italiano entre los papables, por lo que tiene garantizado el diecisiete por ciento de los votos. Es también muy conservador y disfruta de la simpatía del Opus Dei.
–¿No son esos a los que vapulea El código Da Vinci? -preguntó Grin.
Donoher asintió.
–Y con sesenta y nueve años de edad, es probable que su pontificado no fuera tan largo como el del papa León. El cardenal Magni es una opción muy segura. Si los cardenales europeos no lo apoyan, es probable que respalden a Ryff, un teólogo moral muy respetado, un hombre cortado por el mismo patrón que el difunto Papa, lo que le convierte en un aspirante fuerte. Es mitad europeo, algo que para muchos le acercará aún más al papa León, pero su principal inconveniente, que puede perjudicarle mucho, es la edad.
–¿Demasiado viejo? – preguntó Kilkenny.
–Demasiado joven. Solo tiene cincuenta y siete años, y una salud de hierro. En realidad, un hombre así podría gobernar muchos años.
–¿Qué hay de los otros tres? – siguió inquiriendo Kilkenny.
–Ah, ahí es donde la cosa se pone interesante -contestó Donoher con ironía-. La demografía de la Iglesia ha cambiado radicalmente a lo largo del siglo pasado, y la selección de cardenales que llevó a cabo León refleja este cambio trascendental. Por primera vez, cardenales de países del Tercer Mundo tienen una oportunidad real de llegar a ser Papa. Escalante, de Honduras, sería una opción alentadora. Es una persona amable, carismática y encantadora frente a las multitudes. Su elección sería el acontecimiento más trascendental en la historia de América Latina desde que Colón recaló en sus playas. Y también está el cardenal Velu, de Bombay.
–¿Un indio? – se sorprendió Kilkenny-. No sabía que hubiera católicos en la India.
–Unos veinte millones, y su Iglesia se remonta al apóstol Tomás. Velu también ha pasado cierto tiempo en el Vaticano y está muy bien relacionado aquí. Es teólogo y conservador, habla con fluidez más de doce idiomas y es muy admirado en África y el sudeste asiático. Y tiene una edad adecuada; no es ni demasiado mayor ni demasiado joven, pero es tan conservador que los cardenales moderados podrían tener ciertos reparos para votarle.
»Y cerrando el grupo d e papabili tenemos a Oromo, de Sudán -
prosiguió Donoher-, un hombre muy brillante y con muy buenos contactos en el mundo islámico. Organizó la primera visita de un Papa a una mezquita. La elección de Oromo podría resultar muy beneficiosa para tender puentes entre el Occidente judeocristiano y las naciones islámicas de África, Oriente Próximo y Asia. África alberga también a más de ciento veinte millones de católicos, y es uno de los pocos lugares donde la vocación sacerdotal está en alza.
–Entonces, ¿cuál es su punto débil? – preguntó Grin.
–Que depende del bloque de cardenales. Para algunos es aún más conservador que Velu. Otros podrían objetar que la Iglesia católica africana es demasiado joven, sobre todo si se compara con la latinoamericana. Por desgracia, algunos cardenales podrían oponerse a él por ser negro.
–Una postura muy poco cristiana -opinó Grin.
–Y que sin duda ningún cardenal admitiría públicamente, pero por desgracia existe. Dadas las necesidades de la Iglesia en este momento de la historia, rezo por que el Espíritu Santo nos guíe y nos libre de impedimentos como los prejuicios para seleccionar al hombre correcto.