El cardenal
Capítulo 35
entre los cardenales electores. Le alentaba que un grupo de hombres conservadores, fuertemente arraigados a la tradición, llegaran incluso a considerar una opción tan osada como el obispo Yin. Donoher había estudiado la historia de Estados Unidos, y creía que Jefferson estaba en lo cierto al escribir en una carta dirigida a James Madison: «Una pequeña rebelión de vez en cuando es saludable».
Capítulo 35
Xiyuan (China)
Peng Shi respondió de inmediato al requerimiento y se presentó en la antesala del despacho del ministro Tian. El joven oficial llevaba un traje gris marengo y zapatos de vestir negros, camisa blanca almidonada y una corbata de seda estampada. Tenía todo el aspecto de un miembro del cuerpo diplomático, aunque en realidad era un oficial de los servicios secretos y el año anterior había destacado en el curso de la investigación de un ataque a una nave espacial tripulada china. Su nuevo prestigio tuvo el desafortunado efecto de tornar inútil su tapadera como miembro del personal de la embajada china en Washington, y le obligó a regresar a Pekín hasta que se le otorgara una nueva identidad. Cuando los ecos del espectacular recibimiento como héroe que le ofrecieron en el vestíbulo del Guojia Anquan Bu empezaron a desvanecerse, Peng se sorprendió añorando la emoción que le reportaba trabajar en una capital extranjera.
–El ministro le recibirá ahora -le anunció con cortesía el ayudante de Tian.
El hombre abrió la elaborada puerta de madera y cedió el paso a Peng al despacho del ministro. Tian le aguardaba sentado en un sillón de cuero, tras un escritorio grande de madera lacada en negro. En cuanto al mobiliario y la decoración, el espacio estaba dotado de todos los signos de distinción propios del cargo que ocupaba su inquilino y recordaba a los visitantes el poder que se destilaba desde aquella oficina. Más allá del ministro, a través de una gran cristalera, Peng vio los afamados jardines del palacio imperial de verano en todo su esplendor otoñal.
–¿Qué tal le tratan en el Tenth Bureau?[8] -preguntó Tian.
[8] Tenth Bureau: agencia clandestina de información científica y tecnológica. (TV. de la T.)
–No tengo queja, ministro.
–Bien. – Tian apuntó con un mando a distancia hacia una pantalla plana de pared-. Por favor, mire atentamente las fotografías y dígame si reconoce a este hombre.
Peng se acercó a la pantalla y escrutó las imágenes. Había transcurrido más de un año, pero aquel rostro se conservaba nítido en su memoria.
–Este hombre es Nolan Kilkenny -dijo Peng con firmeza, aunque su voz delataba cierta confusión.
–¿Está seguro? – insistió Tian.
–Del todo, pero estas fotografías… ¿Ha cometido algún delito en China?
–Varios, aunque el más grave es la extracción esta mañana de un criminal preso en el centro penitenciario de Chifeng.
–Pero Nolan Kilkenny destapó el asesinato de nuestros yuhangyuans a bordo del Shenzhou-7 y sentó ante la justicia a los criminales responsables.
Es un héroe nacional.
–Lo era -le corrigió Tian-. Hoy es un enemigo del Estado. Pero antes de entrar en detalles, quiero que vea varias fotografías más.
Las imágenes cambiaron. A la izquierda, Peng vio a Kilkenny en el vestíbulo de un edificio junto a una joven de pelo largo y negro. Una fotografía en blanco y negro de una mujer ataviada con uniforme de oficial ocupaba la mitad derecha de la pantalla. La impresión de la fecha y la hora al pie le informaron de que había sido tomada esa misma mañana.
–Hice esta fotografía en agosto del año pasado -dijo Peng-, en Washington. La joven fue identificada como Roxanne Tao; es colega de Kilkenny.
–Y también una espía estadounidense buscada en su país por espionaje.
Una vez averiguamos la identidad de Kilkenny, no nos costó descubrir la de ella. ¿Puede confirmar que la mujer de la derecha es Tao?
–La calidad de la fotografía no es suficientemente buena.
–Se hizo con una cámara de vigilancia en la prisión de Chifeng -se excusó Tian.
–No puedo confirmarlo con total certeza sin cotejarla, pero sin duda parece ella, y tiene lógica que lo sea. Ya han trabajado juntos en otras ocasiones.
–Eso mismo opinan nuestros analistas.