El cardenal

Tom Grace · Capítulo 45 de 74

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El cardenal

Capítulo 45

–Caballeros -comenzó Grin-, tenemos mucho terreno por cubrir y no demasiado tiempo para hacerlo. Recuerden también que las estancias que estamos registrando pertenecen a los cardenales, de modo que traten sus pertenencias con el debido respeto. Y el respeto se suma a otro aspecto de este registro: nadie debe saber que hemos estado aquí, por lo que las dependencias deberán quedar tal como las encontremos. Para ser concretos, buscamos cualquier dispositivo capaz de enviar y recibir un mensaje. Si encuentran algo, notifíquenselo a los responsables de equipo o a mí, e iremos a inspeccionarlo. Los jefes de equipo y yo circularemos por el edificio en busca de dispositivos de escucha que pudiesen haber sido infiltrados. ¿Alguna pregunta?

No hubo ninguna.

–Bien -concluyó Grin-. Manos a la obra.

Capítulo 45

Delicados arcos de agua brotaban de los dieciséis cañones del galeón, un arco infinito que se abría desde el centro de la Fontana della Galera. El velamen de la nave de bronce, profusamente decorada y aparejada, estaba plegado de por vida en los palos, y en la proa la figura de un joven muchacho soplaba un penacho de agua por un cuerno.

Donoher dejó que sus pensamientos divagaran mientras la visión y el sonido del agua en movimiento mitigaban la tensión que le atenazaba.

Cerca de la una de la tarde de un día claro y frío, la sombra proyectada por el corredor de Bramante y el Palazzetto del Belvedere cubría el barco y la mitad de la fuente. En el transcurso de una hora, engulliría el resto del estrecho patio. Donoher se detuvo en la parte soleada, tratando de imbuirse de la calidez de la luz antes de regresar al cónclave.

Grin, ataviado aún con el hábito, salió del Palazzetto y se encaminó hacia el camarlengo con paso decidido.

–Un céntimo por sus pensamientos -le dijo antes de alcanzarle.

–Pobres ganancias obtendría de semejante inversión.

–Vaya.

–Solo recordaba una conversación que mantuve con Nolan antes de que todo esto comenzara. Me preguntó si ya me había acostumbrado tanto al esplendor de mi entorno que ya no reparaba en él. – Donoher señaló con la cabeza la fuente del siglo XVII-. De todo el Vaticano, este es uno de mis