El cardenal

Tom Grace · Capítulo 72 de 74

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El cardenal

Capítulo 71

de las melodías; los más jóvenes, excitados, alzaban los puños al aire como avivando las llamas del entusiasmo.

–¿Qué dicen? – preguntó Kilkenny a voz en cuello; el ruido engullía sus palabras.

–«¡Larga vida a Jesucristo!» -le respondió Peng casi gritando-. «¡Larga vida al papa Wenyuan!»

Kilkenny escuchó la cadencia, trató de memorizar las sílabas y se sumó a ella con el puño al cielo. Como una nube, el cántico fue desvaneciéndose lentamente a medida que las voces se agotaron. Tanto Kilkenny como Peng intercambiaban sonrisas con cuantos tenían a su alrededor, miembros ya de una vasta celebración de la dicha común.

–Parece muy satisfecho de sí mismo -opinó Peng.

–¿De mí mismo? No -contestó Kilkenny-. Estoy feliz por Yin y por cómo han cambiado las cosas. Todo esto… me hace albergar grandes esperanzas.

Capítulo 71

Pekín

–… y, por el momento, el gobierno chino no se ha pronunciado sobre la espectacular fuga del obispo Yin Daoming de la prisión, ni de su asombrosa elección como jefe espiritual de los aproximadamente mil millones de católicos que hay repartidos por todo el mundo. Pese a la falta de información por ambas partes, la noticia del primer Papa chino se ha propagado rápidamente por todo su país.

Una brisa tenue agitó la media melena negra de Lisa Gao mientras informaba desde el balcón de un hotel situado en el corazón de Pekín.

Desde su posición privilegiada, la plaza de Tiananmen y los tejados tradicionales de la Ciudad Prohibida quedaban claramente a la vista. La plaza y los principales bulevares que llevaban al centro de la capital china rebosaban de gente. Infinidad de pancartas ondeaban al viento y muchas personas llevaban carteles con la imagen del nuevo Papa.

–Se calcula que más de un millón de personas abarrotan a estas horas las calles de Pekín, celebrando de forma pacífica la elección del papa Wenyuan. Y se espera que la cifra aumente. Similares muestras de apoyo y afecto al nuevo pontífice se están viendo en Hong Kong y Shangai, ciudad de la que el Papa había sido obispo en la clandestinidad antes de ser