¿En clases no?
Capítulo 0
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ROSAS MARCHITAS
Rachel
Sus manos recorren cada curva de mi cuerpo. Jadeo cuando el beso se intensifica y Jack invade mi boca con su lengua. Poco a poco, el inocente acercamiento que inició como un típico gesto de despedida –antes de bajarme del coche para ir a clases–, se acelera.
—Llegaré tarde, debo irme —le recuerdo.
Mi novio ignora lo que le digo. Continúa acariciando uno de mis muslos, lo aprieta con fuerza. ¡Por Dios! Estamos en el estacionamiento de la universidad. Aunque parece que la mayoría está ya en sus salones o dirigiéndose a ellos, alguien podría ser tan impuntual como yo y vernos.
Debí hacer caso a la alarma y no dormir esos diez minutos más.
—No entres a clase. Vamos a mi casa —sugiere.
—Es el primer día, no puedo faltar —Pongo mi mano en su pecho y lo alejo.
—Rach, ¡maldita sea! —En su tono de voz noto que está tan excitado como molesto. Lo veo reacomodarse en el asiento, alisar su camisa y arreglarse el cabello. Respira profundo un par de veces y su mirada se llena de frustración—. ¿De verdad vas a cursar esa materia sin mí? Qué egoísta eres, Rachel —Rebosando todo límite de cinismo e hipocresía, trae de vuelta el tema por el que hemos discutido los últimos días.
—¿Egoísta? Jackson, no es mi culpa que desaparecieras el día de las inscripciones y olvidaras matricularte en Cálculo Integral.
Tampoco es mi culpa que ahora él tenga que asistir a un curso intensivo asignado por la universidad. Si me hubiese dicho que le ayudara con la inscripción, yo lo habría hecho, pero desapareció por un par de días sin decirme nada.
—Se trata de eso, ¿no? Tu venganza porque me fui un fin de semana —
Hace énfasis en las cuatro últimas palabras—. ¿Es tan difícil de entender?
Necesitaba estar solo y descansar de las exigencias de mi padre.
—¿Venganza? ¿Qué dices? ¡Entendí tus razones! —le recuerdo—.
Ahora tú entiende las mías; no puedo anular mi cupo para ir a un curso contigo. Eso afectaría mis demás materias.
—¿Y cómo se supone que pasaré Cálculo Integral si estamos en clases diferentes? —Su reproche lleno de descaro hace que mi boca se abra.
Ahora lo comprendo. ¡Qué estúpida he sido! Su insistencia porque me cambie al curso con él no se trata de algo romántico, como me lo hizo creer días atrás. No me va a extrañar a mí, sino a la facilidad con la que –como todos los semestres– pasa sus materias sin tomar un solo apunte.
—Estudiando —respondo molesta. Jackson se burla, como si yo estuviese diciendo una locura.
—Sabes que los entrenamientos con el equipo de lacrosse no me dan tiempo para esas estupideces.
Suspiro, aún más enojada por su excusa. Sé que ama el deporte con la misma fuerza con la que odia estudiar, pero estamos por empezar el quinto semestre de carrera y ese no es un argumento suficiente.
—Está bien, Jackson —Mis palabras lo toman por sorpresa—. Anularé el cupo que logré conseguir después de una lucha de dos horas con la ineficiente página de la universidad —Hago una pausa y tomo aire, el suficiente para continuar hablando con la mayor calma posible—. Me inscribiré en el curso intensivo que no me permitirá ver las materias completas y me retrasaré un semestre. ¿Eso es lo que quieres oír? ¿Eso es lo que quieres que haga?
—Yo lo haría por ti.
—¡Pues yo no lo permitiría! —respondo esforzándome por controlar mis emociones y no hacer evidente la decepción que siento—. Jackson…
Debo irme. Gracias por traerme.
—Haz lo que te dé la gana —concluye mientras quita el seguro de la puerta del coche.
Lo miro y mi corazón se detiene por unos instantes. ¿Qué nos pasó? ¿En qué momento ese amor puro e incondicional que nos declaramos hace seis años se convirtió en esto? Ahora tenemos una relación que se sostiene con los recuerdos de lo que alguna vez fue, como un arreglo de rosas. Rosas marchitas y actitudes espinadas.
Jackson me observa con la expectativa rondando en sus intensos ojos azules. Lo conozco y sé que, detrás de esa mirada, espera que acceda a su petición. Pero no puedo hacerlo y, aunque titubeo unos segundos, salgo del coche.
Decido irme sin voltear a verlo, olvido que una decisión puede cambiar el rumbo de todo.
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