¿En clases no?
Capítulo 43
RAZONES
Rachel
Why you got to be so rude? I’m going to marry her anyway ¿En serio le canté esa canción? Me siento de golpe en la cama. La cabeza me duele, todo da vueltas y creo que voy a desmayarme en cualquier momento.
—Fue solo un sueño, Rachel —me digo—. Sí, fue eso. Solo una pesadilla.
Tampoco estaba tan borracha, apenas bebí unos cócteles. ¡Eso no era suficiente para que fuera capaz de hablarle de esa manera a mi suegro! Ni mil copas bastarían para siquiera hablarle a Ethan Harvet. ¿O sí? No, claro que no.
¿Estás bien? Me tienes muy preocupado, así que creo que voy a tener que darte unas cuantas nalgadas cuando… Más voces e imágenes llegan a mi cabeza y me empiezo a sofocar.
—Buenos días, mi amor —La voz de Mark provoca que más escenas aparezcan. Elevo la mirada hacia él, quien está a los pies de la cama con un traje negro, camisa de cuello alto y su cabello castaño húmedo y desordenado hacia atrás. Me mira con expresión divertida—. ¿Dolor de cabeza? ¿Algunos recuerdos?
Y remordimientos, añado mentalmente.
—¡Le dije a tu padre que me darías nalgadas! —exclamo horrorizada, tumbándome de nuevo en el colchón. Mark se sienta en la cama con el ceño fruncido y estoy segura de que intenta ocultar lo divertido que esto le parece
—. No son buenos días.
Me cubro el rostro con las manos. Siento los labios de Mark en mi hombro, deja pequeños besos en él, al tiempo que sus dedos acarician mi cadera por encima de la tela de su camisa gris que llevo puesta. En otra ocasión lo hubiese disfrutado, pero hoy estoy dándome golpes de pecho y, además, siento que mi cabeza está a punto de estallar. Soy más alcohol y vergüenza que persona.
—Serán mejores si puedo cumplir con lo que dije —bromea en tono seductor y lo miro con falso enojo. No era necesario que mi suegro supiera que su hijo quería darme un par de nalgadas—. Venga, cariño, no pasa nada.
Ebria o no, eres una mujer encantadora.
Yo también lo quiero, señor Ethan. La sangre vuelve a bullir con fuerza y opto por cambiar el tema de mi penosa borrachera.
—¿Tus padres saben lo qué pasó? ¿Nuestra separación? —pregunto entre dientes. Solo hay silencio por parte de él y me intriga.
—Volvieron de un viaje cuando tú tenías tres meses lejos, no les comenté qué pasó, por lo que dedujeron que habíamos terminado. Mi madre estaba apenada y se alegró mucho cuando le dije que regresamos, y esta mañana llamó para saber cómo estabas. Aproveché para contarle todo. Por su lado, mi padre no tomó muy bien la ruptura… Por eso me sorprendió que accediera a traerlas aquí.
Me quejo otra vez y él comienza a hablar de café amargo y sopas calientes para alejar el malestar cuando yo solo puedo pensar en ducharme.
No sé cuántas horas he dormido, pero sé que son muchas –aunque no las suficientes–. Mark debe ir al trabajo y yo a casa de mi abuela. Con ese recordatorio, me obligo a levantarme de la cama, él informa que irá a preparar nuestro desayuno. Aprovecho para bañarme y cepillar mis dientes.
La refrescante ducha mejora mi estado de ánimo, pese a que también me recuerda que soy un desastre con el alcohol. ¡No volveré a beber jamás!, me repito cada vez que la jaqueca aumenta con la claridad de mis acciones.
—Hola —saludo avergonzada cuando me reúno con Mark en la cocina.
Le doy un beso antes de sentarme a su lado—. Lamento lo que pasó y entenderé si estás molesto.
—Más que molesto estaba preocupado, Rachel —deja su desayuno para concentrarse en mí, me toma de la mano—. No saber de ti, que estuvieras bebiendo…
—No estuvo bien —lo interrumpo y suspiro profundo. Aunque la doctora me ha animado a llevar una vida normal y me dijo que podía ingerir licor en cantidades equilibradas, no ha sido correcto.
—Al menos sé que te divertiste —sonríe.
—Me divertí mucho, la verdad.
—Y me encantaría que pudiéramos divertirnos juntos ahora mismo, pero debo ir al trabajo.
Es su primer día de clases en una nueva universidad. Hace poco me contó todo sobre su renuncia al lugar en el que nos conocimos por varios motivos, entre los que estaba el dilema ético que lo nuestro representaba
para él. Eso me hace admirarlo muchísimo más como hombre y como profesional.
—Profesor Harvet, nuevo semestre, nuevos corazones ilusionados al verte —Mark suelta una destemplada carcajada.
—Y este mismo corazón latiendo únicamente por usted, señorita Lombardo —afirma con seriedad y me lanzo para abrazarlo. Amo a este hombre, amo la confianza que me transmite y me brinda—. Te amo, cariño, siempre más.
Termino mi desayuno y me bebo el café amargo y caliente que Mark preparó para mí, está delicioso y seguro ayudará con mi jaqueca, la misma que toma fuerza al escucharlo hablar sobre la reunión que tenemos Amy y yo con su padre.
—No tienes que ir si no quieres —me recuerda.
¿Negarme es una opción después del desastre que ocasioné?
—Le debo una disculpa —afirmo y, aunque no parece convencido, deja la decisión en mis manos. El resto del tiempo que nos queda lo aprovechamos para hablar de su cumpleaños, del trabajo, de mi próximo ingreso a clases y de lo mucho que me gusta que mi nuevo horario se adapte al trabajo en el bufete con Steven. Es el inicio de una nueva vida y me anima ver cómo las cosas se van acomodando.
Me despido de Mark con un beso antes de tomar aire y entrar a casa.
Estoy nerviosa porque es la tercera ocasión que duermo fuera desde que volví a la ciudad.
—Nana, siento no haber pasado la noche contigo —le digo apenas la veo en el sofá de la sala.
—Sí que estabas pasada de tragos —exclama con un tono fingido de horror y suelta una carcajada—. Estás repitiendo lo mismo que me dijiste ayer, cielo.
Ay, no. ¿Hablé borracha con ella?
—Lamento lo que sea que dije, nana.
—¿Sientes haberme dicho cincuenta veces seguidas que me quieres? —
Lleva las manos a sus caderas, su buen humor me hace olvidar todo.
—No, eso no. Porque es real, te quiero mucho —La estrecho entre mis brazos—. Admiro tu fortaleza y te agradezco lo qué haces por mí.
No hacen faltan las palabras para expresar todo lo que siento por ella, basta con nuestro abrazo lleno de gratitud y un millón de recuerdos, de
memorias de la mujer que extrañamos y que nos ha unido como nunca.
—Y yo a ti, mi pequeña. Estaba pensando que podríamos preparar un almuerzo para todos: Amy, Mark, el encantador Steven —Me alejo un poco para verla, sé que adora a mi cuñado luego de todo lo que le he contado sobre él—. A la familia Harvet, en conclusión. Creo que es tiempo de conocerlos.
—¡Eso es! —apruebo su idea. ¿Qué mejor manera para escapar del almuerzo a solas con mi suegro?—. Tenía una cita con Amy y el señor Harvet, pero creo que tu idea es sensacional.
¿Será correcto cambiar los planes del padre de Mark así? Para mi salud mental y la de Am, lo es.
—He quedado con Karina, la vecina, en ir al mercado —me dice—.
Aprovecharé para comprar lo que necesitamos para el almuerzo. ¿Algún menú que desees, hija?
—Lo que decidas está bien, nana. Iré a cambiarme y las acompaño —Mi abuela niega.
—Mejor descansa. Aunque no lo creas, en mis tiempos me gustaban las fiestas, las buenas fiestas —habla con gracia—. Sé lo terrible que debes sentirte ahora, así que no te preocupes. Además, también irá el hijo de Karina. Él nos llevará en su coche.
Mi abuela no se equivoca. Todavía me siento extraña y, aunque el dolor de cabeza se ha ido, el malestar en mi estómago continúa. Decido tomar otra ducha.
Salgo del baño veinte minutos después, elijo una camisa holgada y un pantalón corto. Les escribo a Mark y a Amy para informarles sobre la reunión de hoy, no tardan en aprobar la idea. Mientras me peino, pienso en lo que le diré a mi suegro y también en lo que le dije mientras estaba borracha. No puedo evitar sentir vergüenza de nuevo.
Miro el reloj. No he escuchado la voz de la abuela y me preocupa que aún no haya llegado pues el mercado no está lejos. Estoy a punto de llamarla cuando el timbre suena y voy rápido hacia la puerta.
—Justo iba a marcarte, nana —comento mientras abro y mi buen humor se esfuma al ver a la persona frente a mí.
—Hola, mi amor —dice. En su rostro se dibuja una sonrisa irónica.
—Jackson —hablo consternada y trato de ocultar la impresión que me causa su presencia. Hay algo en la forma en la que me mira que me
aterroriza y, por impulso, trato de cerrar la puerta de golpe.
—Qué mal educada te has vuelto —añade y logra entrar. Escucho cuando pone el seguro.
—¡Ayuda! —grito. Él me toma del brazo y me lleva hacia la sala. Trato de que me suelte, pero mi fuerza no se compara con la suya—. Suéltame —
exijo.
—¿Me tienes miedo, Rach? No entiendo por qué, si sabes cuánto te amo y que nunca te lastimaría —Hace un puchero.
—Vete de aquí. Déjame.
—¿Dejarte? ¡¿Para qué?! —vocifera—. ¿Para qué te vayas con ese cabrón de Harvet? ¿Cómo te explico que eso no pasará? —Me pega a su cuerpo y yo elevo mi rodilla intentando golpearlo. Por evitar el impacto, Jackson retrocede y me suelta.
—Es mejor que te vayas, en cualquier momento llegarán mi abuela y Mark —le imploro tratando de suavizar mi voz para calmarlo. Él suelta una carcajada.
—¿Por qué mientes? —Arruga su rostro y se acerca—. Sabes que tu
‘querido’ profesor está en la universidad, seguro escogiendo a la próxima alumna a la que se llevará a la cama. Una zorra más que se dejará envolver con sus palabras.
Lo que dice me da igual, lo único que hago es pensar en cómo escapar y no encuentro mejor idea que correr hasta la cocina. Intento cerrar la puerta a mi paso, pero Jackson no me lo permite.
—Ayuda. ¡Ayuda! —grito de nuevo esperando que algún vecino pueda escucharme. De repente, siento un envión inesperado y la puerta me empuja, haciéndome caer al suelo y mi espalda impacta con fuerza en el mesón de la cocina.
—Ven —Me obliga a ponerme de pie. El dolor empeora cuando me acorrala contra la pared—. ¿Por qué haces que te lastime? ¿No entiendes?
¡No quiero hacerte daño, maldita sea!
—Ya lo has hecho, lo sigues haciendo —le recuerdo entre quejidos, la molestia en mi espalda es insoportable—. ¿Qué quieres? —La furia se apodera de mí y lo empujo con toda la fuerza que puedo, pero Jackson se resiste y consigue pegar de nuevo nuestros cuerpos.
—Todo. Quiero todo —Una de sus manos va hasta mi cuello, lo siento más cerca, respira con pesadez. La escena lo excita y eso me asquea.
Vuelvo a forcejear y su expresión se hace más agresiva. Rodea con más firmeza mi cuello y me quita el aliento por unos segundos. Le suplico entre sollozos que me suelte.
—Maldición, Rachel. No quiero lastimarte, pero me obligas —repite como si intentara convencerse de ello—. Amor, yo te necesito, quiero todo de ti. Todo lo que merezco y por estos malditos seis años que estuve esperando.
—Fuiste tú quien terminó con lo nuestro, ¿y ahora quieres obligarme a que te acepte de vuelta en mi vida? ¿Después de todo lo que hiciste?
Inventaste rumores y no te importó lo que los demás pensaran de mí, me engañaste, jugaste conmigo y, lo peor, le mentiste a Mark sobre el motivo por el que me alejé cuando tú sabías muy bien la razón real por la que lo hice. Mi madre murió y eso no te importó.
—Lo hice porque te amo —Río consternada ante su cinismo.
—¿Me amas? Mírate ahora, convirtiéndome en tu presa.
—Rach, ¿hasta cuándo tendré que repetirte que no quería alejarte?
Terminé contigo porque sabía que igual tú ibas a hacerlo cuando vieras esas fotos, pero esperaba que volvieras —Se inclina un poco, lleva sus labios cerca de los míos y giro el rostro para evitarlo. Temo por sus acciones—.
Amor, por favor...
Siento su aliento y, aunque trato de alejarme, él me acorrala con más vigor. Sigue moviendo ligeramente la pelvis contra mí y me lleno de pánico.
—¿Con qué clase de persona estuve tantos años? —hablo desconcertada y con el miedo a flor de piel.
—No voy a obligarte, necesito que tú lo quieras —pide en casi una súplica—. ¿Tienes idea de las veces que me toqué imaginándote encima mío? —habla con frustración—. ¿Tienes idea de las veces que te imaginaba a ti mientras me cogía a otras? Te esperé. ¡A mi maldita manera, te esperé!
Porque jamás quise obligarte.
«Si prefieres, podemos ver otra película», le dije al ver su mal humor apenas el video se reprodujo.
«Me da igual la película», vociferó antes de subirse encima de mí.
«Rach, ya llevamos dos años». Me besó y abrió mis piernas con las suyas.
Sus labios recorrieron mi cuello. Me sentía extraña, las sensaciones que experimenté cada vez que él movía sus caderas contra las mías me ponían
nerviosa, pero se sentían bien. Enredé mis dedos en su cabello, tiré de él cada vez que nuestros cuerpos se encontraban por encima de la ropa.
«Rachel», se quejó al tiempo que me tomó del brazo y lo alejó de su cabello. «Estás halando muy fuerte».
«Lo siento», le contesté avergonzada, no quería lastimarlo. Él no dio mucha importancia a mis palabras. Me quedé ahí, recibiendo sus besos, sus caricias. El miedo por volver a hacer algo mal a causa de mi inexperiencia me mantuvo paralizada.
«Ahg, muévete un poco, por lo menos», se quejó mal humorado. Llevé mi mano a su pecho y lo alejé. «Déjame adivinar, no quieres, no estás lista, bla bla bla».
«Será mejor que me vaya», dije y él chistó: «Está bien, Rachel. Esperaré hasta que estés lista. Vamos a ver la película y te llevo a tu casa, ¿de acuerdo?»
—¿Sabes lo bonito que era para mí escucharte decir que esperarías hasta que estuviera preparada? Cada vez que me lo decías, me enamoraba más de ti —Niego con la cabeza—. Ahora sé quién eres en verdad, cómo jugaste conmigo y me manipulaste.
—Soy un hombre y tengo necesidades —habla con desespero y es la excusa más estúpida que he oído—. Yo debía ser el primero, no él. ¿Por qué fue tan fácil entregarte a un hombre que recién conocías y no a mí, que estuve tantos años esperándote? Dame una maldita explicación.
Porque, a pesar de que te quería tanto y tenía miedo a perderte si no lo hacía contigo, no me sentía segura. Insinuaste muchísimas veces que el sexo era lo más importante en una relación y tuviste tantas quejas sobre mí durante el tiempo que estuvimos, que me llené de miedos y no pude dejar de imaginar que no te gustaría cuando hiciéramos el amor e ibas a dejarme.
Quiero decírselo, pero él ya no me importa. Mis sentimientos han cambiado, yo he cambiado y entiendo que no merece la pena tener esa conversación. Mi amor por Jackson fue inmenso y él no supo valorarlo.
—No, tú no me esperaste. Solo seguías conmigo porque, a escondidas, podías hacer lo que se te daba la gana —respondo y estiro mi brazo para apartarlo—. ¿Qué te duele? ¿Te hiere tanto que mi primera vez no haya sido contigo? ¿Lo que te jode es no haber podido cumplir con lo que te propusiste? ¿Tan grande es tu ego?
Rach, quiero ser tu primer hombre, tu único y primer amor. Por favor, acepta ser mi novia, recuerdo lo que me dijo aquel día. Jackson da un paso hacia atrás, aprieta los puños y veo cómo su respiración se acelera.
—Sé que fuiste sincero cuando me pediste que fuera tu novia. Me dijiste que querías ser mi todo, mi único amor, pero jamás pensaste en mí de la misma manera, jamás creíste que yo fuera suficiente para ti —Suspiro y tomo fuerzas para continuar—. ¿Sabes por qué me entregué a Mark y no a ti? Porque mientras tú me enseñabas a amarte, él me enseñó a amarme; mientras tú me hacías pensar en lo inexperta que era, Mark se preocupaba por mí y me hacía olvidar hasta de mi jodido nombre. Mientras tú estás aquí, lastimándome, yo solo puedo pensar en lo feliz que él me hace.
—Cállate —grita totalmente histérico. Mis palabras lo han alterado. Me aprieta de nuevo el cuello, busca lastimarme y lo logra—. Repítelo, vamos.
¡Repite que prefieres a ese hijo de puta antes que a mí! O pídeme perdón y te soltaré —Ríe tan cínico e hipócrita que me niego a caer en su juego.
—Elegiría a Mark una y mil veces.
Jackson bufa y se aleja. Se pone de espaldas a mí y, por un instante, pienso que se va a marchar. Sin embargo, voltea para encararme, alza su mano y me da una cachetada.
—¡Golpéame de nuevo si quieres! —le grito, devolviéndole las palabras que Mark me dijo que Jackson le había dicho—. ¿Sabes quién estará para curarme las heridas? El mismo hombre que ha estado siempre. Mi primer y único amor.
Me da otra bofetada y, esta vez, siento el sabor de la sangre que empieza a salir por la comisura de mi labio.
—Mierda —Se acerca y toma mi rostro entre sus manos—. ¿Por qué me obligas a hacerte daño? No es lo que quiero, pero me provocas.
—A mi madre nunca le gustaste y ahora veo muy bien por qué —
comento y él se aleja furioso.
—¿Dónde está ‘mami Karla’ ahora? —inquiere, me hala del brazo y, a pesar del dolor en mi espalda y en mi rostro, me muevo y logro soltarme.
Reúno la fuerza que me queda y hundo mi puño en su rostro.
—¡No la menciones! —le grito y vuelvo a golpearlo. La rabia me consume—. ¡Saca su nombre de tu maldita boca! —Jackson logra contenerme y me hala fuerte del cabello.
—Vas a pagarlo, Rachel. Tú y ese cabrón se arrepentirán —Me toma del mentón con brusquedad—. Esto solo es una pequeña advertencia: Sigue con él y no será a tu madre a la única que visitarás en el cementerio.
Me empuja contra la pared y sale de la cocina. Las manos me tiemblan y me es imposible no romper en llanto a causa de la situación y de su amenaza.
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