¿En clases no?
Capítulo 2
OJOS VERDES
Me bajo del autobús y avanzo a pasos largos hasta una de las entradas laterales de la universidad. Siento mi cuerpo relajarse apenas veo la hora en mi reloj: siete menos veinte. Por fortuna, Jackson tuvo un entrenamiento importante y no pudo pasar a recogerme, sino otro sería el panorama.
Con el mejor ánimo, me dirijo hasta la facultad de matemáticas. Durante el recorrido dejo atrás algunas oficinas principales de la institución. Levanto la vista al pasar por el departamento más temido: el del director Ildet. Mi respiración se altera cuando, a lo lejos, identifico al hombre que va en dirección a esa oficina.
Verlo es como darme de bruces contra un muro invisible. Me detengo sobresaltada. El profesor Harvet se concentra en su móvil mientras camina.
El estilo de ropa que lleva es muy diferente al de ayer. Hoy luce una chaqueta de cuero negra, vaqueros del mismo color y camiseta blanca, además de unas gafas que se quita al llegar a la puerta y entrar al lugar.
No imaginé verlo vestido así alguna vez. Es decir, no se ve mal, pero no encaja con el estilo serio y estricto con el que lo conocí en clase.
Alejo esos pensamientos, acelero el paso y llego a mi destino cinco minutos después.
—Hoy sí está funcionando el ascensor —me dice el conserje.
—Menos mal —menciono risueña—. Buen día.
Marco el nivel al que me dirijo y mi sonrisa se mantiene intacta hasta llegar al piso seis.
—Diablos —Ahogo un grito cuando entro al salón y me reciben aquellos profundos ojos verdes. El profesor Harvet está sentado en su escritorio, vestido con un traje negro. Lo miro extrañada. ¿Cómo es posible?
—Buenos días para usted también, señorita Lombardo —comenta.
¿Qué le digo? ¿Qué me pareció verlo entrando a la oficina del director?
Creerá que lo he estado espiando o imaginando en otras personas. Estoy segura de que me sonrojé al verlo.
—Perdone. Buenos días —hablo rápido y entro al salón vacío. Tomo asiento, le echo un vistazo y él baja la cabeza hacia su computador portátil.
No puedo evitarlo y fijo mis ojos en su rostro, detallo cada una de sus facciones, hasta que noto que él se ha dado cuenta y me está observando.
Mierda. Trago saliva. Estoy tan nerviosa que ni siquiera puedo mirar hacia otro lado.
—Ha llegado temprano hoy. Me alegra —comenta, rompiendo el silencio entre ambos, uno que empezaba a hacerme ruido.
—Sí. Madrugué más que ayer —intento responder con serenidad.
No sé por qué le doy aquella información, pero me siento menos culpable de hacerlo cuando sus labios se curvan en una ligera sonrisa. Sus ojos verdes se clavan con más fuerza en los míos. Su mirada es…
hipnotizante.
—Buen día —saluda Susan, una de mis compañeras, al entrar al salón y ambos le respondemos. Agradezco que aparezca pues mis nervios se calman con su llegada.
Poco a poco, más personas se unen a la clase. A las siete en punto, el profesor Harvet inicia con un nuevo tema y nuevos ejercicios que, sin duda, provocan jaqueca a más de uno, incluyéndome.
Él se esmera en explicarnos de manera detallada, en repetir si lo necesitamos y en aclarar las dudas que tenemos.
—Bien. A sus correos llegarán los diez ejercicios de campo que deben traer resueltos para la próxima clase —menciona. Mis compañeros protestan y él sonríe con arrogancia—. De acuerdo. Serán quince ejercicios entonces. Tengan buen día.
Lo miramos boquiabiertos y no decimos nada más para evitar que la tarea se haga más grande.
Guardo la libreta en mi maleta y recibo un mensaje de Jackson.
Te espero afuera del salón. Necesitamos hablar.
¿No se supone que estaría en su entrenamiento toda la mañana?
Extrañada, salgo a su encuentro.
—Todo tiene una explicación, ¿vale? —Me aborda con comentarios que no termino de entender en cuanto me ve.
—¿De qué hablas, Jack? ¿Sucedió algo?
Su rostro, que antes lucía preocupado, parece volver a la normalidad.
—Pensé que estarías molesta porque no pude pasar por ti esta mañana.
Perdóname.
—No te preocupes por eso, tenías práctica. Además, llegué temprano —
Sonrío y me aparto un poco.
—Me alegra, preciosa —Toma mi mano y la acaricia—. Pero igual me siento mal. ¿Te gustaría que pasemos el día juntos? —pregunta con un ánimo que desaparece tan pronto mi móvil suena. Ambos miramos la pantalla: Es Amy—. Qué inoportuna es siempre tu amiga. Dame acá eso.
—¿Qué haces? —digo enojada cuando él me quita el celular. Intento recuperarlo, pero Jackson sube los brazos y bloquea la pantalla.
—¿En qué íbamos? —habla como si nada.
—¿Qué te pasa? Puede ser algo importante. Regrésamelo.
—Es Amy. Seguro se trata de alguna de sus payasadas, ya sabes cómo es. Puedes hablar con ella luego.
—¡No! Dame el móvil ahora.
—¿Pasa algo aquí? —La voz del profesor Harvet nos interrumpe.
—No pasa nada —comenta Jackson bajando las manos y guardando mi celular en su bolsillo.
—Está bien. Tengan buen día —se despide sin mirarnos. Lo veo caminar hasta el ascensor.
—Esta mañana su secretaria respondió a mi solicitud —dice Jackson—.
Necesito aprobar un estúpido examen para poder tener el cupo en su clase.
¡Cabrón!
Sus ojos estallan de furia y yo lo veo sorprendida.
—Jack, eso es genial. Te ayudaré a estudiar. ¡Vamos a hacerlo! —trato de animarlo.
Su expresión se suaviza, acerca su rostro al mío y me besa.
—Agradezco todo lo que haces por mí, Rach —comenta en mi boca—.
Vamos a mi casa. Estudiemos allá.
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