¿En clases no?
Capítulo 39
PENSAMIENTOS Y MOMENTOS
La fría noche se cierne sobre mí y la necesidad de tenerla conmigo se agudiza.
«¿Te abracé, te dije que te amaba lo suficiente, extraña?», susurro siguiendo con las yemas de los dedos cada pequeña gota que se desliza por la ventana nublando la vista a la ciudad.
Escucho leves quejidos que ponen en pausa el hilo de mis pensamientos.
Volteo hacia Mark, quien sigue dormido. Regreso a la cama y él se remueve inquieto. Beso su frente y le acaricio un hombro. Sus ojos se abren y frunce el ceño, me observa atento como si dudara de mi presencia.
—Estás aquí —Lleva su mano a mi mejilla—. Pensé que todo había sido un sueño y que me despertaría en el infierno que he vivido sin ti durante estos meses.
—¿Qué nos hice, Mark? ¿Qué te hice? —pregunto meditando en las consecuencias de mis decisiones.
—Ven —dice con ternura y me guía para que me recueste en su pecho.
Me abraza y me hace sentir viva, segura—. No podemos retroceder el tiempo, pero sí pensar en el presente y en el futuro. Así que basta de disculpas, hagamos que esto merezca la pena.
—No dudes que eso es lo que más deseo.
—No lo hago —su tono es firme—. Ya no —Su respuesta me hincha el pecho de emoción.
—Te amo —pronuncio con convicción.
—Y yo a ti, Rachel.
Te amo más, siempre más. Recuerdo lo que solía decirme y experimento una alegría enorme al ser consciente de que Mark está expresando sus sentimientos. Sé que ya no es el mismo y que ha cambiado, pero lo está intentando.
—¿Qué haces despierta?
—He estado pensando en el viaje que haremos en unas horas —le confieso.
—Una preocupación a la vez. Trata de descansar —pide y cierro los ojos para disfrutar de su calor y de la manera en que me consiente. Tenerlo me reconforta. Me aterra la necesidad tan adictiva que siento por él, pero su
cercanía me hace bien. Suspiro y me dejo llevar por el cansancio acumulado.
—Qué curioso, ¿no? En mi búsqueda de razones para olvidarte encontré más motivos para seguirme enamorando de ti —Lo escucho decirme, o eso creo. Ni siquiera estoy segura si sus palabras son reales o parte de mi imaginación. Lo único que sé es que hacen que mi corazón lata con fuerza antes de rendirme y ganarle, al menos por hoy, la batalla al insomnio.
Siento que la alarma suena más fuerte y temprano de lo habitual, o al menos eso parece cuando abro los ojos desorientada. Con el cabello cubriéndome parte del rostro, ruedo sobre el colchón en busca del móvil y me doy cuenta de que estoy en la habitación de Mark. Incluso llevo puesta una de sus camisas y el celular que tomé es el suyo. No es un sueño.
—Olvidé dejar el celular en silencio —El hombre que me acelera el corazón sale recién duchado del baño—. Lamento que te despertara. Buenas tardes, Rachel —Se acerca y me da un beso. Huele y luce tan bien que no dejo de reprender mi aspecto desaliñado, pero no me detengo mucho en ello porque ahí cobra sentido lo que él acaba de decirme.
—¿Tardes? ¿Qué hora es?
—Casi la una.
—Dios, hace mucho no dormía tanto —le confieso. ¿Cómo es posible que haya descansado por casi nueve horas? Dejo atrás mi consternación al escuchar una risa discreta por su parte. Levanto la mirada hacia él.
—Me pasaba igual hasta ayer —Sus ojos verdes se fijan en mí y me encanta lo que percibo en ellos—. Supongo que los estudios sobre el insomnio son acertados: El ejercicio físico mejora la calidad del sueño.
—El buen cardio, ¿eh? Creo que necesitaré otra dosis —replico entrando en su juego. Él sonríe de manera tan provocativa que una ola de calor sube hasta mi rostro y termina por estallar cuando posa su mano en mi mandíbula. Su piel arde contra la mía. Muerdo mi labio ante las sensaciones. No deja de sorprenderme el poder que tiene sobre mí con solo tocarme. Sus caricias se detienen en mis labios.
—Extraño tanto esta boca —dice.
Respiro profundo para recuperar el oxígeno que me ha robado su confesión. Estoy a punto de hablar, de mencionar lo mucho que quiero hacerlo, pero su móvil vuelve a sonar.
—Es Steven —informa al observar la pantalla del celular que está sobre la cama. Ni siquiera sé en qué momento lo solté.
—Contesta tranquilo. Iré a ducharme.
Él asiente y responde la llamada. Cuando salgo del baño, Mark ya está vestido y más guapo que nunca; peina su cabello ante el enorme espejo de su closet.
—Mientras te arreglas, voy a dejarle comida a Dory. La maleta con tus cosas está en el armario —Se acerca y toca mis mejillas con delicadeza—.
Y no te preocupes, porque me queda toda una vida para hacerte el amor todas las veces que queramos —recuerda lo que estábamos a punto de empezar un rato atrás y no puedo evitar empinarme para besarlo.
Mark sale y me invaden emociones contradictorias al darme cuenta de que iré con él al lugar donde yace mi madre. Al fin tendré que decirle la verdad.
Saco del armario el equipaje que dejé aquí el día que ocurrió todo. Me pongo un vestido blanco semiformal y no me toma mucho tiempo estar lista para reunirme con él.
—Te hice un sándwich para que almuerces —Señala la mesa y siento arcadas. El solo hecho de pensar en comer me asquea.
—Prefiero esto para el camino —le digo y agarro una manzana de la frutera sobre el comedor.
—Eso no es suficiente para un almuerzo —me regaña. Aunque insiste, termino por convencerlo de que no es una buena idea que coma tanto antes de un viaje.
Vamos hasta el estudio para despedirnos de Dory y me enternece mucho verla, en verdad la extrañaba. Decidimos no retrasarnos más y salimos de allí. Llegamos al estacionamiento y, mientras más cerca estamos de su auto, más nerviosa me siento.
Él arranca y enciendo el estéreo. Comienza a sonar Love me again de Katelyn Tarver.
There’ll be times we fight, they’ll be tears we cry, but it’s just you and I on this road. So will you know when to hold me and not let me be lonely when I won’t let you in?3
—And sometimes when I’m angry will you know how to face me, put me together again, and even when I need space and don’t mean the words that I say, please don’t go too far away4 —Con la mirada puesta en la carretera, Mark sigue la canción y la mezcla de su voz con la música es un verdadero deleite.
So when it feels like we’re breaking, will you know how to hate me and love me again? 5
—¿Te la recomendó Samantha, tal vez? —bromeo para molestarlo y que no se dé cuenta de todo lo que oí me provocó.
—No. Hace parte de una playlist que he escuchado todo este tiempo porque me recordaba a ti.
Sonrío ilusionada. Las canciones continúan y cada una habla por completo de nosotros. Son adecuadas y precisas. Disfruto del momento, del viaje y de tenerlo a mi lado.
Mi pie derecho empieza a moverse cuando veo un letrero que anuncia que hemos llegado al pueblo. Le doy indicaciones a Mark de hacia dónde debe dirigirse, hasta que arribamos a nuestro destino. Estacionamos el auto y él me toma con fuerza de la mano mientras caminamos hacia la entrada del cementerio, como si tuviera un presentimiento.
—Hay alguien aquí que —Siento un nudo en la garganta que no me deja respirar—… Ese día en tu departamento recibí una llamada de mi abuela informándome que mamá estaba mal —le confieso mientras avanzamos y no puedo hablar más. Me aferro a él para seguir adelante hasta que estamos frente a la tumba de mi extraña.
Ese nombre que tanto amaba pronunciar ahora duele. Me hiere verlo escrito en el frío mármol. Mark llora y yo acompaño su llanto en silencio, con el sosiego de un alma resignada al dolor y la ausencia.
—Se fue, Mark —digo y él no aparta su mirada de la tumba de mi madre. Su pecho sube y baja a un ritmo acelerado—. Ese día sus latidos se detuvieron y los míos dejaron de tener sentido.
—Lamento no haber estado contigo, Rachel. Lo siento mucho —logra articular. Su expresión es la más triste que le he visto.
—Quise morir cuando la perdí —hablo por primera vez de mis deseos en estos meses. Siento miedo de liberar esos pensamientos que tantas noches me convencieron de que mi vida no valía nada, de lo inútil que era intentarlo. Volver a esos instantes de oscuridad me quiebra.
Él me abraza con fuerza. El corazón me duele como el primer día que empezó esta pesadilla.
—La jodida vida me enseñó lo cruel que puede ser. Me convertí en una persona cobarde y egoísta. Me odié por meses.
—Lo siento, cariño —habla entre lágrimas—. Lo siento tanto...
Perdóname.
—No tengo nada que perdonarte —digo y Mark me acuna el rostro con sus manos e intenta secar la humedad en mis mejillas.
—Te juzgué y te empujé a decirme cosas para las que no estabas preparada —Esto lo desborda y yo no puedo decir nada para reconfortarlo
—. Fui un miserable y te traté de la peor manera posible.
—No, Mark. Tú no sabías nada de lo que había pasado y luego estuvo la foto que te envió Jackson. La que tiene que pedir perdón soy yo por no haberte contado esto antes.
Él suelta un suspiro lleno de rabia e impotencia y vuelve a abrazarme.
—Entiendo tu decisión —Respira profundo y se aparta un poco para que pueda verlo a los ojos—. Rachel, estoy dispuesto a juntar cada pedazo de tu corazón, a sanar tus heridas. Prometo que, cada día de mi vida, estaré ahí para recordarte que vales toda la pena. Tu madre me habló muchas veces de lo orgullosa que estaba de ti y estoy seguro de que se fue en paz sabiendo el gran trabajo que hizo contigo.
—Pero no me di cuenta de su enfermedad, de lo que estaba sufriendo sola y en silencio.
—Escúchame, por favor. Esa fue la elección de Karla y no hay nada que pudieras hacer. Sé que no es fácil de entender, pero así es la vida —Toma mis manos y continúa—. Tu mundo se derrumbó y aquí estás, tratando de
reconstruirlo y de seguir adelante. Tu madre, donde quiera que esté, debe sentirse complacida de ver la mujer fuerte que eres.
—¿En verdad lo crees, Mark?
—Estoy seguro. Yo también me siento feliz por eso. Estoy muy orgulloso de ti.
Nos agachamos para estar más cerca del lugar en el que mi extraña descansa y me permito sentir. Aunque temo estarme acercando de nuevo a un precipicio en el que no quiero volver a caer, lloro sin restricciones o miedos porque sé que ahora soy capaz de estar en pie y seguir adelante, y porque Mark está mi lado para sostenerme y ser mi compañía en este proceso.
—A pesar de lo que he avanzado, creo que necesito ayuda de alguien profesional para poder sanar por completo y entender todo lo que estoy pasando —Hablo con sinceridad porque mis problemas con el sueño, el apetito y la mente me superan a veces. Quiero seguir trabajando en ser la mujer que siempre he querido y sé que, en este momento, no puedo hacerlo sola.
—Eso haremos en cuanto regresemos a la ciudad. Cuando estés preparada, buscaremos a alguien, ¿te parece?
—Gracias por estar aquí, por escucharme. No imaginas la cantidad de veces que pensé que ni siquiera eso merecía.
—Y tú no imaginas cuánto te admiro —Lleva sus suaves labios a mi frente—. Gracias a ti por apostar por lo nuestro y por permitirme acompañarte en el camino. Te amo, Rachel Lombardo.
—Te amo, Mark Harvet. Mucho.
La tarde se torna fría y gris y una suave llovizna empieza a caer sobre nosotros.
—Mi madre decía que la lluvia nos obliga a ver que hay algo más allá del sol. Quiero pensar que hablaba de una eternidad donde volveremos a encontrarnos en algún momento —Sonrío ante ese pensamiento.
—Así será, mi amor —Se pone de pie y me ayuda a levantarme cuando el agua empieza a caer con más fuerza—. ¿Te parece bien que vayamos al auto? No quiero que te resfríes.
Tomamos la mejor decisión porque la tormenta no tarda en arreciar sobre el pueblo. Nos dirigimos hacia la casa donde pasé tanto tiempo junto a mi abuela y en la que me sentí perdida por completo. Estoy aterrada de
tener que reencontrarme con el lugar en el que me torturé durante estos meses.
Mark me toma de la mano y me invita a correr hacia la entrada. Allí, resguardados de la lluvia, me besa con un amor inmenso y que me aleja de la oscuridad. Ese gesto es una promesa: Él estará conmigo, aun cuando las cosas vayan mal.
—Creo que dejé un par de toallas en el baño, iré por ellas —digo y Mark niega.
—Iré yo —me detiene—. Sé que puedes cuidarte sola, pero déjame hacerlo por ti esta vez.
Su confianza en mí me regocija.
—Es al fondo a la derecha —Sonrío al indicarle. Él regresa unos segundos después y lo primero que seco es la humedad en mi móvil, en el cuál veo algunos mensajes sin revisar.
Sabes que te amo, ¿no?
Eres mi hermana y tu dolor es mío.
Estoy aquí, Rach, como Joey y Chandler,
siempre la una para la otra.
Te amo, ¿ya te lo dije?
Me siento feliz cuando termino de leer lo que mi amiga me escribió.
—¿Quién hace que la novia más preciosa del mundo sonría de esa manera? —cuestiona Mark con dulzura. Solo lleva el bóxer puesto y tirita por el frío. Aunque está un poco más delgado, su cuerpo sigue conservando aquella contextura musculosa y fascinante.
—Amy —le informo y él se acerca a mí.
—¿Te parece si tomamos un baño caliente?
—Sí, porque me estoy congelando.
Él me alza y un gesto de diversión se dibuja en su rostro al ver mi sorpresa. Cuando estamos en el baño, comienza a desvestirme lento y entramos juntos a la ducha. El agua tibia nos reconforta. Mark pasa con dedicación el jabón por mi cuerpo, recorre mi cuello, mis senos y baja con suavidad hacia mis piernas. No puedo evitar estremecerme y el calor en la entrepierna me sofoca tanto que dirijo una mano hacia ella y veo cómo su erección comienza a crecer. Jadeo al sentir su miembro en mi entrada. Sus ojos verdes se fijan en los míos mientras me acaricia la cintura. Me doy la vuelta y me apoyo en una de las paredes de la ducha, invitándolo.
—Oh, cariño —Se pega a mí y gruñe cuando su sexo se introduce poco a poco en el mío. La sensación de nuestros cuerpos acoplándose de forma tan natural, con su calor invadiendo mi intimidad, piel a piel, es insuperable.
De mi boca solo salen gemidos que llevan su nombre. Recibo las estocadas lentas y profundas que me da junto con su respiración acelerada en mi cuello, disfruto la manera en que me hace suya. Mark me muerde el lóbulo de la oreja y me permite disfrutar en pleno de sus jadeos ligeros y roncos que son el acompañamiento perfecto al sonido de nuestra unión. El deseo nos consume.
—Eso es. Disfruta conmigo y para mí —pide aumentando el ritmo de sus embestidas y lo hago, gozo cada uno de sus movimientos. La intensa oleada de placer que me invade me deja sin aliento mientras él se hunde en mí una y otra vez. Nos hacemos el amor con el cuerpo y con el alma.
Mark acuna mis pechos con sus manos y los aprieta mientras se desliza en mi interior. Balanceo las caderas cuando toma el control y termino. Él sale de mí y se masturba observándome con morbo hasta que llega al orgasmo.
Nos lavamos sin dejar de sonreír como un par de tontos y nos secamos con la toalla que él me había llevado antes, la única que sigue seca.
—¿Recuerdas cuando te hablé de que siempre hay espinas en el camino?
—Su voz es cálida—. Pues quitarlas sigue siendo una misión en mi vida.
—Te amo —Ese par de palabras van cargadas de todo lo que siento por él.
—Nunca dudes que fuiste, eres y serás lo mejor que ha llegado a mi existencia —Me envuelve en sus brazos—. Te amo más, cariño, y no está en mis planes dejar de hacerlo... Nunca.
3 Habrá momentos en que peleemos, lágrimas que lloraremos, pero somos solo tú y yo en este camino. Entonces, ¿sabrás cuándo abrazarme y no dejarme sola aunque no te deje entrar?
4 A veces me enfadaré, ¿sabrás cómo enfrentarme y ponerme de nuevo junto a ti? E incluso, cuando necesite mi espacio y te diga cosas que no quiero, por favor, no te vayas demasiado lejos.
5 Así que, cuando se sienta como si estuviéramos rompiendo, ¿sabrás cómo odiarme y amarme otra vez?
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