¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 37 de 55

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¿En clases no?

Capítulo 36

COMO UNA DESPEDIDA

Su hermoso rostro se ensombrece. Bajo la mirada para mitigar mis emociones.

—Creo que ya tuvimos esta conversación. Además, vengo a una reunión

—Vuelve a su actitud brusca y controlada. ¿Es una lucha perdida?

—Por mensaje me dijiste que aún seguías amándome —cambio el tema y la esquina de su boca se eleva formando una sonrisa amarga.

—¿Eso te enorgullece? Amarte no significa que acceda a que vuelvas a lastimarme. Que te quede clara una cosa, Rachel: Lo nuestro se acabó.

Sus palabras me hieren y el rostro de Samantha viene a mi mente con una molesta punzada de celos. Evito pensar en ella y me centro en desmentir la idea que tiene de mi supuesto regreso con Jackson.

—¿Hasta ese punto te perdí, Mark, que ni siquiera quedó un poco de confianza hacia mí? Sacaste tus propias conclusiones y quieres seguir aferrándote a ellas, sin darme la oportunidad de explicarte.

Me estremezco al darme cuenta de que él no hace ningún esfuerzo por contradecirme. No le importa lo que tenga por contarle.

—Mark —Es la voz que menos quiero escuchar en este momento, una que me lanza directo a los infiernos—, pensé que llegaría tarde.

Samantha se acomoda a su costado y toca su hombro en un gesto cariñoso. Pronto dirige su mirada hacia mí.

—Hola —dice con una sonrisa de oreja a oreja—. Nos volvemos a encontrar, creo que sería bueno presentarnos. Yo soy Sam, mucho gusto. Y

tú eres…

A pesar del esfuerzo que hago por mantener mi humor neutral, no puedo hacerlo.

—Ella es Rachel —Mark es quien responde.

¿Ya está? ¿Ella es Rachel? ¿Samantha sabrá que fui su novia? ¿Él le habrá contado que soy yo la que lo lastimé con mi ausencia durante todo este tiempo?

—Rachel Lombardo —agrego sin dejar de preguntarme por qué Mark está aquí. ¿Es una coincidencia? ¿Estarán juntos? ¡Carajo! Mi mente es un embrollo producto de los celos.

Un molesto silencio se forma en el ambiente. Samantha pasea su mirada de Mark hacia mí y luego vuelve hacia él. La confusión en su rostro es

evidente.

—¿Steven y Amy no han llegado? —inquiere ella y no sé si es por curiosidad o por intentar sacarnos de la incomodidad en la que estamos.

Mark niega, está a punto de hablar, pero su móvil suena. Me extraña cuando el mío hace lo mismo. Hay dos mensajes de Amy:

Amiga, Steven coordinó todo para que Mark fuera

quien asistiera a la cita.

Es hora de que hablen, lo necesitan.

Por cierto: ¡Estás contratada! Te amo.

No puedo evitar reírme. Por supuesto, debí imaginar que Amy tramaría algo. La repentina entrevista de trabajo no era el estilo de Steven. Sin embargo, ¿por qué está Samantha aquí?

—Steven y Amy no vendrán —informa Mark. Samantha hace pucheros y él le regala una sonrisa cálida. Odio el modo en que interactúan, la confianza que siento entre ambos. De hecho, detesto todo lo que tenga que ver con ellos.

—¿Pasó algo? —cuestiona Samantha.

—Nada, Sam. Solo se les presentó algo de última hora.

—Entonces, ¿te parece bien que llame a Brooks y le diga que sí iremos?

De nuevo me siento una intrusa.

—Sí, solo dame un segundo —le pide Mark a Samantha, quien saca su móvil y se aleja al darse cuenta de que hay algo pendiente por resolver entre nosotros—. ¿Sabías de este plan absurdo de Steven y Amy?

—No sabía nada —hablo ofendida. Él duda de mi palabra y no me sorprende su desconfianza.

—Por supuesto —replica irónico.

— Sí, por supuesto que no crees lo que digo, pero en Jackson sí,

¿verdad?

—No quiero escuchar nada de él ni de ti —espeta mucho más mal humorado que antes.

Una persona que está entrando al café se queda viéndonos y bufa ante nuestra disputa. Seguimos parados frente al lugar, discutiendo como si nada.

—Amy me contó lo que Jackson te dijo —Mi tono está lleno de frustración—. Eres un idiota si piensas que regresaría con él y que esa fue la razón por la que me marché.

—Siento interrumpirlos —dice Samantha—. Mark, el director Brooks nos está esperando. Creo que lo mejor será irnos cuanto antes.

Ay, pero es un grano en el culo esta chica. Odio pensar esto sobre ella porque en realidad es tan amable como me dijo Amy. Si fuera más como Monique, no me sentiría tan mal. Uno. Dos. Tres. Respira, ten paciencia.

—Sam, tengo que hablar con ella de algo importante y que no da espera

—menciona Mark y yo suelto el aire que estaba reteniendo—. Discúlpame con Brooks. Estoy seguro de que tú podrás manejar la reunión a la perfección.

—Así será —dice comprensiva. Dios… Creo que la odio. No soporto que sea tan perfecta—. ¿Te veo mañana?

—Sí —Él se acerca y le da un beso en la mejilla—. Cuídate. Y, de nuevo, lo siento por todo.

—Está bien. Fue un gusto verte, Rachel.

—Igual —digo sin importancia.

Cuando ella se marcha, entramos al café, pedimos un par de capuchinos y ocupamos una mesa en la terraza.

—¿Qué quieres con todo esto? ¿Qué esperas después de tanto tiempo?

¿Hacer de cuenta que nada pasó? —habla bajo para no llamar la atención de las personas de las otras mesas como ya lo hicimos hace un rato.

—Quiero resarcir el daño que causé y explicarte las cosas —respondo mientras él me contempla con desprecio. Eso duele.

—Se terminó —Escucho atenta cada palabra que sale de su boca. Bajo la mirada y trato de calmarme. No quiero que me vea llorar.

—¿Sabes? Tenía la esperanza de recuperarte, pero... —Una vez más me quedo sin aliento. ¿Cómo aceptar que lo nuestro se acabó sin romperme?

¿Cómo podré ser capaz de soportar el dolor de perderlo a él también? Noto que una lágrima cae en la mesa.

—A pesar de todo lo que ha pasado, me duele verte así —Toma mi mano y termino por derrumbarme. Sus caricias son distantes, pero las siento mías y me hacen pensar que, cuando salgamos de este lugar, no habrá un adiós.

—Solo dime que aún queda algo, aunque sea mínimo —le pido. Él no comenta nada, pero tampoco se aleja—. Así no podamos recuperar lo nuestro, te debo una explicación.

—Te escucho —suelta mi mano y se acomoda en el asiento. Me lleno de fuerzas y comienzo a hablar.

—Para empezar, Jackson mintió al decirte que regresé con él. Durante estos meses solo lo vi una vez en el lugar donde yo estaba trabajando. Me besó a la fuerza y supongo que fue ahí cuando tomó esa foto que te envió

—Trata de ocultarlo, pero sé que se sorprendió con lo que acabo de decirle

—. Amy me lo contó, no te enojes con ella.

Tomo una bocanada de aire y me preparo para lo que sigue, pero Mark empieza a buscar algo en su blazer. Saca el móvil y lo lleva a su oreja.

—Hola, Sam… ¿Qué? ¿Estás bien?... ¿Dónde?... Voy para allá —

Cuelga y voltea a verme. No puedo evitar observarlo con recelo—.

Samantha tuvo un accidente, debo irme.

—¿Ella está bien? ¿Puedo ir contigo? Mi madre… Me enseñó algo de primeros auxilios y eso podría ser de ayuda —le digo alarmada y siento un dolor profundo al mencionar a mi extraña. Mark asiente, pagamos la cuenta y salimos del café.

Aunque su ex no sea de mis personas favoritas en el mundo, no deseo nada malo para ella y espero que lo poco que aprendí de mamá pueda servir.

Cruzamos un par de calles y nos encontramos con Samantha sentada en una de las bancas ubicadas en la acera. Su rostro luce pálido y llora desconsolada.

En la avenida hay dos autos estrellados y una mujer de unos treinta años en el suelo. Acelero el paso hacia ella.

—No, no la mueva —le pido a uno de los hombres que intentan ayudarla. Varias personas informan que la ambulancia debe estar en camino por lo que mis nervios disminuyen. Me agacho junto a la mujer y, aunque hay pequeños rastros de sangre, no parece ser algo muy grave—. Tranquila, todo estará bien —le aseguro, pero ella continúa alterada.

—Mami, mami, ven conmigo —Oigo gritar a una niña de unos cinco años a quien algunos de los presentes tratan de calmar a unos pasos de allí.

—Por favor, dígame que mi hija está bien.

—Lo está. Por favor, intente no moverse mientras viene la ambulancia

—le digo y me acerco a la niña—. ¿Quieres ir con mami? —Le ofrezco mi mano y, aunque parece dudarlo, acepta. En cuanto llegamos a donde yace su madre, la pequeña le habla.

—¿Te duele mucho? —pregunta y la señora le dedica una sonrisa cálida

—. Mami tiene sangre —Esta vez me habla a mí y noto su tristeza.

—Se ha golpeado un poquito, pero ya vamos a ir al hospital. ¿Te parece?

—Sí —Asiente repetidas veces y parece un poco más calmada hasta que la sirena de la ambulancia se hace escuchar con fuerza.

—Yo me encargaré de llevar a la niña al hospital si usted está de acuerdo —le propongo a la mujer y ella me mira con agradecimiento.

Los paramédicos la atienden y la policía hace los procedimientos del caso. Tomo de la mano a la pequeña y Mark se une a nosotras. Un agente se acerca para tomar las declaraciones del caso y logramos convencerlo de que es mejor que primero evalúen a la niña y a Samantha para descartar que no les haya pasado nada y luego sí hacer las preguntas que sean necesarias.

El policía se ofrece a llevarnos a mí y a la niña, y casi que me arrastra hacia la patrulla, mientras Samantha se sube al auto de Mark.

A medida que avanzamos, los nervios se apoderan de mí. No puedo creer que estemos yendo hacia el mismo hospital en que trabajaba mamá.

Llegar allí es revivir cada una de mis heridas, siento una pesadez abrumadora. Me ocupo en la pequeña para tranquilizarla y, en parte, también para controlar mi angustia.

Nos encontramos de nuevo los cuatro frente a la recepción mientras el policía habla con una de las enfermeras

—Mi nombre es Rachel —le digo—, ¿y el tuyo?

—Me llamo Karla Spina y tengo seis años —Me lleno de alegría y recuerdos con esta bonita coincidencia.

—¿Karla? Qué nombre tan lindo —comenta Mark y me mira. Noto que una de sus manos está en la espalda de Samantha.

Un rato después, el padre de la pequeña aparece y se hace cargo de ella.

Le digo a la niña que estaré ahí hasta que tengamos noticias de su mamá y recibo un abrazo como respuesta.

Tomo asiento y veo caras que reconozco. Enfermeras, enfermeros y doctores que trabajaban con mi extraña me observan con detenimiento.

¿Ella no es la hija de Karla? No puedo creer que se haya ido sin despedirse de nosotros. La extrañamos. Esas son algunas de las cosas que murmuran.

Samantha habla con un policía y Mark está a dos sillas de mí. Sé que también ha escuchado lo que la gente del hospital ha dicho, pero este no es

momento para contarle nada.

Hay algo que me inquieta y es pensar en que mi madre le ocultó su enfermedad a todo el mundo. ¿Katty tampoco lo sabía? Ella era su amiga y, por lo que he podido conocerla, sé que jamás hubiese permitido que mi extraña luchara sola contra lo que estaba enfrentando.

Pasados algunos minutos, el policía se despide de Samantha y ella se acerca a nosotros. Nos cuenta que iba en su coche y que tuvo que hacer un giro imprevisto pues otro auto se saltó el semáforo en rojo y ahí fue que golpeó a la mujer, quien logró empujar a su hija para salvarla.

Un médico sale y nos da un parte de tranquilidad sobre el estado de la señora. Con esa noticia, voy a donde está la pequeña y me despido. Su padre me agradece por lo que hice por las dos mujeres más importantes de su vida. Salimos de allí y vamos al estacionamiento.

—Mark, gracias por estar conmigo —dice Samantha ocupando el puesto del copiloto—. Y a ti también, Rachel. Muchas gracias.

—De nada. Me alegra que estés bien —respondo.—. Mark, ¿puedo hablar contigo un momento?

—Lo haremos camino a tu casa.

—Por favor —insisto.

—Está bien —accede—. Sam, no tardo.

—No se preocupen, esperaré aquí —responde amable y cada vez comprendo más por qué le agrada a Amy.

Mark avanza unos cuando pasos y lo sigo. Cuando estamos lo bastante lejos del auto para tener algo de privacidad, vuelvo a hablarle.

—Gracias por escucharme en la cafetería. No voy a molestarte más en este momento porque quiero respetar tu espacio, pero te pido que, cuando estés listo para escuchar el resto de mi historia, me avises. Me gustaría contártelo todo, por favor.

—No sé qué decir.

—No digas nada —tomo aire—. Ve con Samantha, se ve que es una mujer increíble y necesita descansar.

—Es una amiga —comenta arrancándome una sonrisa.

—Espero algún día también volver a serlo —confieso porque me niego a perderlo por completo en mi vida.

—Adiós, Rachel —su tono es apagado.

¿Por qué esto se siente como una despedida?

Porque lo es, dice la vocecita en mi cabeza. No tiene muchas esperanzas de que Mark quiera seguir escuchando mis explicaciones y quizá tenga razón.

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