¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 35 de 55

Páginas del PDF

¿En clases no?

Capítulo 34

TE QUIERO A TI, IDIOTA

Rachel

Se encuentra bien? —El abogado Müller vuelve a preguntar apenas nos instalamos en la oficina. Está sentado detrás de su escritorio, mirándome fijo.

—Así es —repito apartando las lágrimas que aún resbalan por mis mejillas a causa del encuentro con Mark.

—Podemos posponer la reunión si lo desea.

—No se preocupe —aseguro y él asiente. Por un momento se concentra en buscar unos papeles, lo que aprovecho para tomar aire y calmarme.

Conversamos y él menciona lo difícil que fue contactarme. Comenta que tenían registradas la dirección de mi casa y la de la abuela en el pueblo y que habían seguido enviando los oficios con las fechas de citación de manera periódica. Él asiente cuando le pido disculpas por lo ocurrido y me explica los pasos a seguir en el juicio sucesorio. Enumera los bienes que mi madre me otorgó en el testamento y menciona que, además, ella le dejó la instrucción específica de avisarme sobre unos objetos personales que yo debía recoger.

—Están en el casillero de mi padre, quien fue el notario del testamento de Karla. Él la apreciaba mucho, se conocieron en el hospital y ella lo atendió —Suspira y continúa—. Lamento que no hayamos podido ponernos en contacto con usted antes para cumplir con la promesa que mi padre le hizo a su madre de hacerle llegar las pertenencias que le dejó. Ha estado un poco enfermo.

—Lo siento —empatizo con él.

—Muchas gracias —añade, me toma la mano y yo la retiro de inmediato. Su mirada me incomoda—. Voy a entregarle las llaves del casillero en el que están las pertenencias, ¿de acuerdo?

Me extiende un pequeño sobre blanco. Lo tomo nerviosa y él se ofrece a acompañarme. Aunque me siento intimidada y deseo irme pronto, me animo a hablarle una última vez.

—Abogado, ¿puedo hacerle una pregunta?

—Lo que desee, Rachel. ¿Puedo llamarla así? —Frunzo el ceño.

Sosiego mi nerviosismo y lo miro fijo, espero que entienda que lo que dijo me incomodó, pero sus ojos de un marrón almendrado intentan acorralarme

sin pudor. De inmediato, centro mi atención en el sobre y continúo, ignorando su pregunta.

—Me comentó que su padre es el notario del testamento. Entonces, ¿el bufete no tiene nada que ver con el caso?

—No de manera directa. Como le dije, acepté involucrarme en el caso para ayudar a mi padre, aunque, a decir verdad, ahora estoy encantado de haberlo hecho.

Me remuevo incómoda en el asiento.

—Por favor, le pido que se mantenga así, no quiero más abogados o personas en esto —le solicito esmerándome por no sonar tan desesperada como me siento porque siga mi instrucción, al menos hasta que yo tenga la oportunidad de hablar con los Harvet y con Amy para explicarles los motivos de mi ausencia. ¿Me entenderán? ¿Me aceptarán de nuevo en sus vidas? Nuevas inseguridades llegan.

—No se preocupe, eso no pasará.

Suelto un suspiro lento y aliviado. Tomo el sobre mientras le agradezco la atención. Pese a que se ha dedicado a coquetearme en cada oportunidad, no puedo negar su amabilidad y buen trabajo.

—Estaremos en contacto —hace una pequeña pausa—. Para continuar con el proceso.

—Gracias —respondo y abandono la oficina deprisa. El recuerdo del encuentro con Mark vuelve apenas cruzo los pasillos del piso buscando la salida. Duele pensar que lo nuestro terminó.

—Rachel —Por un momento mi alma rebosa de alegría al escuchar una voz que creo es la de Mark, pero me llevo una gran decepción apenas volteo y veo a Steven—. ¿Puedes venir conmigo, por favor?

Niego a su invitación, no estoy dispuesta a soportar más acusaciones, no ahora que estoy a punto de derrumbarme y tengo tanto miedo de volverme a encontrar con la cobarde que me ha acompañado estos meses y que estoy intentando dejar atrás.

—Steven, nunca quise hacerle daño, te juro que...

—Lo sigues amando —me interrumpe. Ambos callamos y fijo mis ojos en el suelo porque no me siento capaz de sostenerle la mirada. Él se queda en silencio por un instante y luego siento sus brazos rodeándome y, con la inmensa tristeza que me abarca, dejó escapar un sollozo de mis labios.

—Lo siento —Me aferro a su abrazo, lloro en silencio mientras una de sus manos me acaricia la espalda y la otra se posa en mi cabeza. Siento su gesto como un consuelo necesario, uno que me invita a alejarme del dolor que reside en mí.

—Mi dulce Rachel, intenté hacerme el fuerte por ellos, pero no imaginas lo asustado que estaba de pensar que no volvería a verte.

—Perdóname —Es lo único que puedo decirle. Mi corazón termina de romperse al ser consciente de todo el daño que les causé.

—Sé que te dolió ver a Samantha y, si aceptas un consejo, ten paciencia, espera el momento indicado para hablar con Mark.

¿Dolerme ver a Samantha? No tiene idea de cuánto. Es algo que se suma a la larga lista de las cosas que me afligen.

—Eso haré, gracias.

—¿Por qué te marchaste? No quiero juzgarte y confío en que has tenido tus razones, pero…

La vida de mi madre se apagó y quise que la mía también lo hiciera.

Vivir en soledad fue, entre todas las opciones, la mejor, deseo confesarle lo que ni siquiera yo me atrevía a aceptar hasta ahora, pero solo sollozos y lamentos salen de las profundidades de mi garganta. Steven me abraza con más fuerza y no puedo dejar de observar a las personas del lugar viéndonos con lástima. ¿Esto es lo único que obtendré de ellos también, de las personas que quiero? ¿Lástima? No, eso no es lo que deseo. Me aparto de él y tomo aire en un intento de calmarme.

—Vamos a mi oficina —sugiere.

—Es mejor que me vaya.

Steven asiente y me acompaña al ascensor.

—Estoy saliendo con Amy —confiesa con ternura.

—Me alegra tanto por ustedes —digo sonriente. Por lo menos una buena noticia.

—Ellos te siguen amando, créeme —Sé que se refiere a Mark y mi amiga, ruego porque así sea. Me hace feliz saber que a Steven no lo he perdido del todo, puedo sentirlo por la forma en que me habla.

—Gracias —menciono insegura de si acercarme para abrazarlo de nuevo será precipitado y él se me adelanta como si supiera lo mucho que quería eso.

—Si necesitas ayuda, aquí estaré. No hace falta decirlo, ¿verdad? Quiero a mi hermano y a Amy, ellos te quieren a ti. Créeme, te aman —hace una pausa—. Solo te pido una cosa: Si vas a quedarte, lucha por ellos; pero si piensas marcharte, y estás en todo tu derecho de hacerlo, no los busques entonces, por favor.

En sus palabras no hay maldad. Intenta cuidar de Mark y de mi amiga y lo comprendo.

—Gracias por el voto de confianza, Steven —Mi voz refleja dolor y decepción. No me molesto en ocultarlo. Deposito un beso en su mejilla en señal de despedida.

—Soy Mark, cariño —bromea. He pasado meses sin verlos, pero recuerdo a la perfección todos y cada uno de los gestos de ambos y lo mucho que Steven disfruta imitar a su hermano—. ¿Sigues teniendo el mismo número?

Asiento y me despido. Apenas salgo del edificio tomo un taxi y me dirijo a casa. Aunque deseo ir por las pertenencias de mi madre, hoy no me siento capaz.

Mientras miro por la ventana, el móvil suena.

Este es el nuevo teléfono de mi hermano.

Papucho Harvet

Confío en ti, Superwoman.

Sonrío no solo al ver cómo Steven tiene registrado a Mark en sus contactos, sino también por los recuerdos que eso me trae. La primera y vergonzosa llamada que le hice. Decido registrarlo con su nombre y apellido teniendo en cuenta nuestra situación actual.

No tengo cómo agradecerte por tanto ❤

Después de escribirle a Steven, busco a Mark en la aplicación. No estoy segura de lo que quiero decirle y borro una y otra vez las palabras que escribo.

Hola, Mark. Soy Rachel.

Hay muchas cosas que tengo que contarte.

Necesito hablar contigo, por favor.

Salgo de la conversación y busco el contacto de mi mejor amiga:

¿Podemos vernos? Te quiero.

Llego a casa y le hablo a mi abuela del testamento de mamá y omito comentarle sobre el encuentro con los Harvet. Es algo doloroso y no quiero dejarme amedrentar por ello.

Las horas pasan y sigo sin que Amy o Mark me contesten. Cuando el reloj marca la una de la tarde, reúno valentía para escribirles de nuevo. Mi corazón late con una fuerza colosal al verlo a él en línea. Espero por varios minutos –muchos–, pero no me responde y se desconecta.

Sé que debes estar ocupado, pero no importa la hora, hazme saber cuando puedas hablar.

Te quiero.

Vuelve a ponerse en línea y mis nervios estallan al ver que está escribiendo. De pronto, aparece desconectado otra vez. Lleno de aire mis pulmones y, antes de que las dudas me acobarden, tomo una ducha. Salgo del baño y elijo ponerme un vestido negro con falda de vuelo, escote redondo y mangas largas. Busco también una pequeña cartera de mano que me regaló mamá hace un par de años.

Mark, voy a pasar por mi maleta.

Si quieres, puedes dejarla en portería.

No sé si es lo correcto, pero necesito hacerlo. El día que ocurrió lo de mi extraña salí su departamento sin pensarlo mucho y dejé mi equipaje allí, así que tomaré eso como excusa para buscarlo.

—Estás preciosa, cariño —dice mi abuela al verme—. ¿Vas a salir?

¿Hablaste con Mark?

—No, nana, pero iré a su edifico a probar algo de suerte.

—Todo saldrá bien.

—Gracias, abuela —Me acerco y la abrazo, aunque no estoy tan segura de que vaya a tener éxito—. Te quiero. Nos vemos luego.

Me despido de ella con la ilusión de que, al volver, pueda contarle una mejor versión de mi reencuentro con Mark. El taxi que pedí avanza rápido y mi corazón se acelera al mismo ritmo.

Si alguna parte de ti cree que merezca

la pena escucharme, estaría feliz de hablar contigo.

Acabo de llegar.

Me bajo del auto y camino a la portería en donde me encuentro con Julián.

—Señorita, qué gusto volver a verla.

—Igualmente, Julián. ¿Cómo está?

—Muy bien —El sonido de su celular lo distrae un momento, revisa la pantalla y regresa a verme—. ¿Y usted? Viene a ver al señor Harvet, ¿no?

—¿Está en su departamento?

—Sí, señorita. Pase —Me sorprende que no me anuncie, pero no quiero arriesgarme así que avanzo.

—Gracias, Julián. Y dígame Rachel, por favor —Sonrío.

Camino hasta el ascensor y con cada paso soy más consciente del tiempo que ha transcurrido desde la última vez que estuve aquí. «Nuestro departamento». «Nuestra cama». Son cosas que Mark solía decir, pero sé que hoy no existen. Yo cambié, él cambió, pero ¿nuestro amor también lo hizo? ¿De verdad ya no queda rastro de lo que vivimos? El elevador avisa su llegada y me invita a conocer las respuestas a aquellas preguntas. No estoy muy segura de querer saberlas.

Me siento nerviosa ante los sentimientos que revolotean como un ciclón en mi interior cuando oprimo el botón del piso seis. Tengo miedo y mis piernas se hacen más pesadas al darme cuenta de que estoy saliendo del ascensor. Tomo una bocanada de aire, camino hasta su puerta y toco el timbre. Mierda. Mierda. Ahogo un grito al verlo.

—¿Qué haces aquí?

—Insistir —digo.

—Nadie te ha pedido que lo hagas.

—Yo quiero hacerlo —le aclaro—. Lamento si estás ocupado, pero hablemos, solo serán unos minutos, lo prometo.

—¿Eso hará que me dejes en paz? —Sus palabras me duelen. Abre la puerta por completo y me invita a seguir—. Adelante, te escucho.

—¿De verdad quieres eso?, ¿qué te deje en paz?

—Sí.

—Está bien —Me siento en la sala. Cierro los ojos y respiro profundo antes de continuar—. El día que regresamos del congreso pasaron muchas cosas. Sé que lo que te contaré no justifica las malas decisiones que tomé y que afectaron nuestra relación.

—Así, es. Tu explicación no cambiará nada entre nosotros —asegura mientras cierra la puerta y enfrenta mi mirada. Su móvil suena, él ve la pantalla y decide responder. Agradezco el tiempo que eso me da para calmarme—. Hola… Sí, cariño, está bien… Te lo agradezco, adiós.

Escucharlo hablarle a alguien más de esa manera causa un repentino y agudo dolor en mi pecho. Me arden los ojos.

—¿Era Samantha? —pregunto con falsa apacibilidad apenas termina la llamada. Lucho con la inseguridad que me causa la situación, mentiría si dijera que no me estoy muriendo de celos.

— Eso no te incumbe.

—«Te esperaré» —cito dolida sus palabras, aunque no soy quién para reprocharle nada.

—¿Qué esperabas? —Ríe irónico—. ¿Que pasara toda mi vida aguardando por alguien a quien no le importó alejarme de la suya?

—Sé que hice mal, pero…

—¿Te parece correcto abandonar a la persona que amas? —me interrumpe. No puedo contenerme más y el llanto aparece.

—Lo sé. Sé que soy una egoísta —Mi madre no merecía mi abandono y ellos tampoco.

—Para de llorar —pide exasperado—. Dime, ¿qué demonios signifiqué para ti en estos meses? ¿Qué esperabas al volver aquí?

—Aunque me haya alejado, siempre te llevé conmigo, Mark. No dudes de eso.

—Muy bonitas palabras, Rachel.

—Basta, tú no eres esto.

—No hables como si me conocieras.

—Conozco al hombre tierno, inteligente y comprensivo que eres. Volví porque te amo y quiero pedirte perdón —Doy unos cuantos pasos hacia él, quien continúa inmóvil cerca a la puerta.

—Llevo mucho tiempo viviendo de ilusiones, Rachel. Es algo horrible y no quiero que nadie pase por lo mismo, ni siquiera...

—Ni siquiera yo. Ni siquiera la mujer que solías amar —Hago una pausa y trago saliva—. Aunque quisiera, no puedo cambiar lo que pasó y no sabes lo arrepentida que estoy.

—¡Vete, Rachel! No continuemos con esto.

—Escúchame, por favor.

Su mirada se llena de furia y da algunos pasos hacia donde estoy. Posa una de sus manos en mi brazo y me quiebro por completo pensando que va a guiarme fuera de su departamento. Sin embargo, me acerca hacia él, logrando que la distancia entre ambos desaparezca.

—Te odio —musita antes de clavar su boca en la mía. El calor de sus labios deja huellas contundentes de desilusión en los míos, pero también de ansias y cariño. Sus dedos se aferran a mi cabello haciendo más intenso nuestro encuentro, provocando un placer inmenso que me da escalofríos en el estómago.

Me toma de la cintura y me obliga a seguir sus pasos hasta que me apoya en la puerta. Me aferro a él con desespero. Hay mucha pasión, deseos y recuerdos en este beso.

—Te amo.

—No digas nada —Muerde mi labio inferior y continúa besándome.

Pega su cuerpo al mío. Se mueve, gruñe y me arranca gemidos.

—Mark... Mi Mark —susurro.

—No quiero que sigas hablando —dice con enojo y vuelve a buscar mi boca, esta vez con más necesidad. Una de sus manos se desliza por mis carderas, me agarra con fuerza. Lo siento entre mis muslos y disfruto la sensación que nuestra cercanía me provoca.

De repente, el citófono hace que nos detengamos. La infinita tortura se vuelve más pesada al separarnos. Él va a contestar y veo cómo toma aire mientras se peina con sus dedos. Se ve frustrado y no estoy segura si es por lo que estaba sucediendo o por la interrupción. Camino hacia el sofá, me acomodo el vestido que se me ha subido y quito varios mechones que se encuentran en mi rostro. Esperamos en silencio un par de minutos hasta que suena el timbre. Antes de abrir, Mark me mira, analizando mi aspecto.

Asiento y me emociono al comprobar que el hombre que me cuidaba y se preocupaba por mí sigue ahí.

—Sam —saluda tenso, quedándose en el marco de la puerta. Me alarmo al escuchar ese nombre.

—Aquí están los papeles de —Samantha no parece entender y entra sin ser invitada. Se sorprende al verme—… Si estás ocupado puedo volver después.

—Ella ya estaba por irse —comenta Mark.

¿¡Que ya estaba por irme!? Lo asesino con la mirada.

—Hola —la recién llegada me saluda amable y luego vuelve a Mark—.

No te preocupes, perdona por la interrupción. Aquí están los papeles. ¿Nos vemos esta noche?

Me duele escucharla y ver que él asiente. Samantha le entrega un sobre amarillo y luego se marcha. ¿No hay reclamos de su parte? ¿Por qué no se ha puesto histérica al verme con él? Lo que estaba pasando aquí es evidente. El cabello de Mark sigue un poco desordenado y su piel enrojecida.

—Idiota. Soy una idiota —susurro.

—Rachel, no regreses más, por favor.

—No es lo que parecías querer hace unos minutos —hablo con amargura. No sé en qué estaba pensando al venir.

—Eso no significó nada —suelta y sus palabras me lastiman—. ¿Creías que todo este tiempo sin respuestas de tu parte se iba a borrar? ¿Qué querías?

Te quiero a ti, idiota, muero por gritarle.

—¿Sabes qué? Tenías razón cuando dijiste que no te conocía. No sé quién es el hombre al que tengo al frente.

—Tú mataste al Mark que solía ser cuando te largaste —Me mira con dolor. Está siendo sincero y lo entiendo, he tenido mucho que ver con su cambio. Soy la única culpable de su desprecio hacia mí. Desaparecí sin explicación. No lo culpo por odiarme, pero es duro aceptarlo. Aunque en sus mensajes recalcaba que me esperaría, comprendo que ahora esté con Samantha y que ella haya ocupado mi lugar. Es claro que ya no tengo espacio en su vida ni en su corazón.

—Lo siento, Mark.

—Dímelo, Rachel. Admite en mi cara la razón por la que te fuiste con

—Se detiene de inmediato. Veo que no quiere dejar que la rabia le gane.

Odio ser la causante de sacar la peor versión de un hombre maravilloso—…

Vete y no regreses, por favor.

Estoy molesta con la vida y no puedo evitar seguir hablando.

—Hubiese sido más fácil que respondieras al mensaje que te envié y dejaras mis cosas en la portería. Nos habríamos evitado todo esto —miento porque sé que igual hubiese insistido. ¿Cómo renunciar al amor que creamos juntos?

—No sé de qué hablas. No he visto ningún mensaje. De ser así, habría dejado tus cosas con Julián y negado tu entrada a mi departamento.

Ya no soporto esta batalla de quién hiere más al otro, así que salgo del lugar sin mirar hacia atrás.