¿En clases no?
Capítulo 27
TE AMO MÁS, SIEMPRE MÁS
Lo lamento —Se siente la culpa en las palabras de Theo, quien se aleja de nosotros. Me dispongo a ir tras él, pero Mark me detiene.
—Rachel, no creo que sea necesario.
—Lo es —Mi voz se quiebra—. Theo jamás me ha juzgado por los rumores ni ha creído en ellos. Me sentiré más tranquila al contarle la verdad. Y tú, regresa al congreso, por favor. No quiero que tengas más problemas —le respondo recordando lo que me dijo hace un rato. Nuestra relación no es ningún delito.
Me da un beso fugaz, pero lo suficientemente significativo como para brindarme la seguridad que necesito y la cual mantengo al ir a buscar a mi compañero. Voy a su habitación, a la recepción y al restaurante, pero no está. Como última opción, me dirijo a la terraza del hotel.
—Theo —Lo encuentro de espaldas mirando la ciudad.
—No tienes nada que explicarme, Rachel. Es algo que no me incumbe.
—No vengo a darte explicaciones. Eres mi amigo y quiero contarte algo
—hablo nerviosa e indecisa sobre cómo empezar. Las palabras se estancan en mi garganta.
—Señor Blaker, señorita Lombardo —Volteo a ver y me encuentro a uno de los Harvet. Su tono de voz, su postura erguida y hasta el traje que lleva son idénticos a los de Mark. De no ser por el color de los ojos, los hubiera confundido con facilidad. Ha llegado temprano para entrar en papel.
—Profesor, Rachel, yo no voy a decirle a nadie lo que vi. Ustedes no están haciendo nada malo.
—¿De qué está hablando, señor Blaker? —inquiere Steven.
—En serio, profesor. No tienen de qué preocuparse. El beso que vi queda olvidado —responde Theo intranquilo.
—Ah, ya veo —Steven niega con la cabeza y traga saliva. Analiza la situación—. Creo que al que vio con su compañera fue a mi hermano gemelo. Seguro el inmaduro se puso la misma ropa que yo para confundir a la gente. Lo hace desde que somos niños. Justo vengo a buscarlo —habla formal y despreocupado, sacando a relucir su particular habilidad de hacerse pasar por Mark—. ¿Acaso su compañera no le ha comentado que es novia de él? ¿Usted no sabía que tengo un gemelo?
—Yo... No —balbuceo.
—Bueno, ahora lo sabe. Si me disculpan, debo ir a buscar a Steven.
Tengan buena tarde —continúa su imitación mientras Theo y yo lo vemos marcharse.
—Rachel, ¡lo lamento! Llegué a pensar que tú y el profesor tenían algo
—Niega con la cabeza—. Discúlpame por caer en los rumores como el resto.
—Theo, las cosas no son...
—No debí llegar así, de imprevisto —me interrumpe—. Me enteré de la pelea con Monique y vine para asegurarme de que estuvieras bien.
—Gracias por preocuparte, pero hay algo que quiero contarte sobre lo que viste en la habitación.
En el momento justo en el que decido decirle a alguien la verdad, parece que todo conspira en mi contra. El teléfono de Theo suena y él contesta la llamada.
—Pero ella estaba bien, ayer en la mañana la vi —Sus palabras denotan desespero—. Iré ya mismo para allá… Charlie, trata de no alterarte, por favor. Llegaré pronto.
—¿Estás bien? ¿Sucedió algo? —le pregunto en cuanto cuelga. Se ve muy afectado.
—Es mi abuela. Lo siento, Rachel, tengo que irme.
La tristeza pesa sobre mi alma al verlo alejarse. Me apresuro y lo sigo.
—Todo va a estar bien, Theo.
—No, no lo estará —solloza. Llegamos deprisa a su habitación, él saca sus cosas y corre hacia el elevador.
Siento su dolor. Llega a mi mente la conversación que tuvimos ayer en el autobús en la que él me dijo cuánto amaba a su abuela. En medio de plegarias por el bienestar de ambos, me siento en su cama para tranquilizarme. La pantalla de mi móvil se ilumina. Como siempre que la necesito, mamá aparece.
—Hola, mami —la saludo tratando de disimular cómo estoy.
—¿Todo bien, cielo?
—Sí, extraña —miento. No quiero preocuparla—. ¿Tú cómo estás?
—Bien, hija. ¿Seguro que todo está en orden? —insiste.
—Seguro, mamá. Ya pronto nos veremos —Me aclaro la garganta, recuperando el tono animado—. ¿Sabes qué? Tal vez el sábado salga directo
para el pueblo y pase el fin de semana en casa de la abuela con ustedes.
—Rachel, ¿qué sucede? —Puedo engañarme a mí misma, pero no a ella.
—Es una larga historia —admito—. Te la contaré cuando llegue al pueblo, ¿te parece?
—Está bien, amor. Ahora estamos en el mercado, solo quería saludarte.
—Cuídense mucho y envíale saludos a mi nana —Guardo silencio unos segundos. El recuerdo de Theo vuelve y la melancolía se instala en mi interior al imaginarme en una situación como la suya—. Te amo mucho, extraña. Nunca lo olvides.
—Yo a ti, mi niña —responde alegre. Su buen humor es contagioso—.
Avísame cuando vengas en camino. Nos vemos pronto.
Me pongo de pie y camino hacia mi habitación.
—Rachel — Mark sigue aquí. Se acerca a mí en cuanto entro y yo me aferro a su cuerpo. Es doloroso pensar en mi amigo yendo en busca de su abuela—. ¿Le dijiste la verdad?
—Steven apareció y le hizo creer a Theo que él eras tú y que yo estaba saliendo con su gemelo. No sé si fue bueno que llegará para cubrirnos.
Estoy cansada de todo esto —le confieso. Las mentiras crecen y la carga pesa cada día más.
—Ven —Rodea mi cintura y apoyo mi rostro en su pecho—. Quiero que sepas que renunciaré a Wens Ildet. Ya envié mi CV a otra universidad.
—Mark, no tienes por qué hacerlo. El próximo semestre ya no serás mi profesor. Hemos esperado meses, podremos esperar un poco más.
—Sí, pero quiero sentirme tranquilo y allí jamás lo estaré, ni tú tampoco. Es algo que llevo meditando unas semanas y quería contártelo en la cena que teníamos planeada para esta noche, la cual creo que es mejor cancelar luego de todo lo que ha pasado —Asiento a lo que dice—. Quiero que podamos vivir lo nuestro sin problemas ni rumores.
—No tienes que hacerlo —repito—. Tú amas Wens Ildet.
—Pero te amo más a ti, Rachel.
«Te amo». Su confesión me toma por sorpresa.
—Mark —susurro casi sin aliento. Miro sus ojos y, en ese preciso instante, reconozco que no hay alguien que me haga sentir como él lo hace.
No hay otra boca a la que quiera besar, ni otros brazos en los que desee despertar cada día—. Yo también te amo como nunca había amado a nadie.
La molestia se borra de su rostro y une sus labios a los míos.
—Debo regresar al congreso, cariño. Y también decirle a Steven que todo se canceló. Prométeme que me llamarás si necesitas algo.
—Te lo prometo. Vamos, profesor Harvet —Tomo su mano y lo guio hacia la puerta—. Y no enamores a tantas personas, ¿quieres? —Bromeo en mi intento de mejorar el ambiente.
—Cuando vean mi cuello se alejarán, señorita Lombardo. No se preocupe —Sonríe con picardía.
—Ya no tienes nada, Mark. No digas mentiras.
Lo beso y nos despedimos. Quisiera que se quedara a mi lado en este momento, pero sé que es necesario que vuelva al congreso.
Me quedo sola en la habitación. Después de una larga espera, Amy responde mi mensaje. La llamaré luego, necesito un momento para mí. Me tumbo en la cama y veo pasar las horas. Reflexiono sobre lo que ha ocurrido hoy y me agobio. Voy al baño y tomo una ducha para despejar mi mente. Veo la hora y sé que los demás ya deben estar por regresar al hotel, así que alisto mis cosas, incluyendo la llave que me dejó Mark, y subo hacia su piso. Es una habitación grande y con una vista increíble de la ciudad. El horizonte me da un poco de paz.
Prendo el televisor para distraerme y ocupo un pequeño sofá que hay allí. Le escribo a Theo un mensaje de ánimo y luego llamo a mamá. Trato de que sea ella quien más hable y me cuente cómo está el pueblo, qué han preparado para cenar y cada detalle de su día. Escucharla me llena de vida.
Nos mantenemos en la línea hasta que el sueño me vence.
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