¿En clases no?
Capítulo 23
CUÑADA
Le cuento lo ocurrido hace un rato. Nuestra cercanía siempre logra que nos olvidemos de todo alrededor, pero hoy es diferente. Me siento nerviosa de que alguien nos vea. Mark parece descifrar mis miedos y se aleja un poco.
—Salgamos de aquí —sugiere. Lleva su mano al brazo que José sujetó con fuerza hace un rato y me remuevo por el malestar—. ¿Qué sucede?
—Nada —aseguro mientras camino hacia su auto lo más rápido que puedo para que no examine la piel de mi bíceps. Sin embargo, él alcanza a ver lo enrojecida que está y una mezcla de preocupación y enojo se nota en su rostro.
Empiezo a reunir las palabras necesarias para hacerlo olvidar el asunto cuando se oyen pasos acercándose a donde estamos.
—Mark, señorita Lombardo —El director de la universidad se sitúa frente a nosotros. ¡Lo que faltaba!
—Ildet, todo esto de los rumores ha llegado muy lejos. José Argent insultó a Rachel y la lastimó físicamente —espeta Mark de inmediato, señalando mi piel lastimada. Su expresión es aún más grave y dura que su voz—. Tiene que haber alguna sanción para sentar un precedente. La universidad no puede permitir esto.
—Seguro fue un accidente —señala Ildet y me sorprenden sus palabras.
¿Acaso no ve la marca en mi brazo?
—Fue un acto de violencia premeditado, director —lo contradigo.
—Ildet, debes tomar las medidas disciplinarias del caso —insiste Mark ofuscado.
—No lo tomes personal —responde el director. Cada comentario que hace me repugna más que el anterior.
—Sabes muy bien que intervendría en esto por cualquier persona. Aun si ella no fuese mi…
La respiración se me detiene.
—Profesor Harvet —susurro logrando interrumpir su confesión.
—Aunque no fuese mi cuñada y mi alumna —Termina la frase entre dientes.
—Mark, hablemos esto en privado —Ildet trata de excluirme de la situación.
—La universidad debe pronunciarse al respecto. Si no haces nada, ten por seguro que mi hermano sí lo hará —La advertencia implícita de Mark sorprende al director.
—No hará falta eso. Tomaré las medidas del caso —Ildet me mira molesto y ni siquiera se esfuerza en disimular su enojo—. Y usted, señorita Lombardo, aléjese de los problemas.
El director se dirige hacia su auto y sale del estacionamiento. Mark respira profundo, recuperando la calma, y me guía hasta su carro. En el camino a casa, ninguno de los dos vuelve a mencionar lo ocurrido. Él me brinda mimos e intenta evadir el desagradable momento por el que pasamos y yo sonrío mostrándome lo más tranquila que puedo.
Le escribo a mamá para avisarle que voy en camino y ella responde de inmediato diciendo que aún sigue en el hospital y que demorará un par de horas más. ¿Acaso sus superiores olvidaron el compromiso que hicieron al respecto de sus horarios?
—Seguro tu madre insistió en quedarse con uno de los pacientes a los que le tiene mucho cariño —comenta Mark tratando de calmarme y el hecho de que recuerde las conversaciones que ha tenido con la extraña me alegra—. Las mujeres Lombardo Evans son tercas y bondadosas.
—¿Eso es una queja o un cumplido, profesor Harvet?
—Dos cumplidos, señorita Lombardo —replica risueño.
Su comentario dulce y con una pizca de diversión termina por mejorar el ambiente. Al llegar a casa, me promete que se quedará conmigo hasta que mi madre llegue. Aún queda tiempo para que Mark vaya a reunirse con unos amigos.
Los minutos se pasan rápido entre besos, caricias y una película romántica que me encanta, la cual pauso cuando suena el teléfono fijo.
—Hola.
—¿Por qué, Rachel?
—¿Jackson? —Estoy segura de que es él, aunque su voz suena muy extraña. Mark frunce el ceño al escucharme decir ese nombre.
—Éramos nosotros, Rach. Nuestros planes, lo que hemos vivido juntos.
Ahora todo parece una basura para ti —Jackson arrastra las palabras. ¿Está borracho?
—Basta —lo interrumpo y, por alguna razón, un nudo se me arma en la garganta. Una pequeñísima parte de mí sigue preocupándose por él.
—Me matas, Rach. Yo te esperé con amor y paciencia y tú me pagas así, acostándote con ese cabrón —Su voz comienza a romperse—. Dime que solo lo has hecho por vengarte por lo que hice. ¡Dime que no te enamoraste de él!
—Adiós, Jackson.
—Te perdí. ¿Cómo hago para vivir con eso? —Cierro los ojos. Me hace daño pensar en lo que es capaz de hacer o decir para manipularme.
—No hay necesidad de seguir lastimándonos.
—Te esperé como un estúpido y te entregaste a un hombre que apenas conoces. ¡Fueron seis putos años, Rachel! —Solloza—. Seis años en los que me mirabas como ahora lo miras a él.
Aunque sus palabras me hacen sentir mal, no puedo quedarme en ellas.
Le cuelgo. Es momento de seguir adelante. Es hora de que ambos continuemos con nuestra vida.
Vuelvo a sentarme junto a mi novio. Él se limita a agarrarme de la mano para consentírmela. La paz que recupero al tenerlo cerca desaparece cuando mi móvil suena y veo el nombre de la madre de Jackson en la pantalla. Sé que Ana no llamaría si no fuese importante. Miro a Mark y él asiente.
—Ana, ¿ha pasa…
—Rach, por favor, ayúdame —suplica desesperada—. Jackson está borracho y fuera de control. Se encerró en su cuarto y no sé qué hacer.
—Tranquila. Voy a llamarlo —le digo antes de colgar y marcarle a mi ex al fijo.
—Amor, sabía que ibas a recapacitar —contesta en un susurro.
—¿Por qué no le abres la puerta a tu mamá?
—Yo solo quiero verte a ti, ¿no lo entiendes? Nada tiene sentido sin ti.
¡Nada en esta puta vida vale la pena!
Tiemblo. Escucharlo hablar así me aterra. Mark pone una mano en mi pierna y me mira con inquietud. Lamento mucho que tenga que ser parte de esto.
—Jackson, ábrele la puerta a tu madre.
—Solo si prometes que vendrás.
—Está bien, iré a tu casa —le miento.
Mientras Jackson continúa con su retahíla, Mark va hacia la cocina y lo veo salir con un vaso con agua. Camina lento por la sala con cada sorbo que
da. Es evidente que la situación le incomoda y sé que debo terminar con el juego de Jackson, pero pensar en que Ana necesita mi ayuda me lo impide.
—De acuerdo, Rach. Te esperaré aquí. No olvides que te amo —
concluye mi ex al otro lado de la línea y termino la llamada. La facilidad con la que cambió su tono vulnerable por uno victorioso me enoja. Tomo una bocanada de aire antes de levantarme del sofá.
—Discúlpame por esto, Mark. Su madre necesitaba ayuda y por eso le dije que iría, pero no es verdad.
—Lo sé, Rachel.
Quiero romper con la distancia entre nosotros, pero mis intenciones se ven interrumpidas cuando la puerta se abre. Mamá entra y la sonrisa que adorna su rostro desaparece. Estoy segura de que puede notar la tensión en el lugar.
—¿Está todo bien? —nos pregunta.
—Sí, mami. No te preocupes. ¿Tú cómo estás?
—Feliz de verlos. Traje comida mexicana —Nos enseña la bolsa en su mano izquierda—. ¿Te quedas a comer con nosotras, Mark?
—Me encantaría, pero tengo una reunión con unos amigos. Muchas gracias.
—Para la próxima será, entonces —La extraña responde amable y sigue la dirección hacia la cocina—. Fue un gusto verte.
—Igualmente, señora Evans.
—Mark… —Me acerco a él y le susurro cuando mamá sale de la escena
—. Tenemos que hablar.
—Luego —Presiona sus labios en mi frente—. Tu madre está esperándote y se hace tarde para mi compromiso.
—Ve con cuidado, por favor.
—Lo haré, nos vemos después —responde con prisa y poco expresivo.
La presión en el estómago se nivela con la incertidumbre cuando lo acompaño a la puerta y él se marcha.
—¿Sucedió algo? —Mamá habla apenas me reúno con ella. Busco su cercanía y la abrazo—. ¿Quieres contarme?
Asiento y le hablo de lo ocurrido con José. Cada detalle de la historia la enfurece más y más.
—Luego llegó Jackson y me defendió.
—Menos mal estaba ahí.
—Sí, aunque después me siguió hasta el estacionamiento y me besó a la fuerza.
—¿Qué? —Tiene la mirada vidriosa de indignación.
—Ya pasó, extraña —Sujeto su mano y el enojo que la atenaza se disipa un poco, sus músculos se relajan. Le cuento también sobre la llamada y ella ríe con ironía.
—¿Qué pretendía después de traicionarte e inventar cosas sobre ti? ¿De verdad pensó que regresarías con él?
—Creo que se sintió herido al enterarse de que… —Lo medito unos segundos y, aunque siento que voy a tener un colapso nervioso, decido contarle la verdad a mamá—. Estuve con Mark.
—Jackson es muy inmaduro —suelta como si nada. La miro sorprendida al ver que no hace comentario alguno sobre lo que acabo de confesarle—.
¿Qué? Rach, ya eres adulta y lo único que espero es que seas responsable contigo y con tu futuro, nada más que eso. No sé si con Jackson te cuidaste, pero…
—Con él nunca pasó nada —la interrumpo y esta nueva confesión sí parece sorprenderle, así que continúo para evitar ahondar en el tema—.
Extraña, no sé si Jackson está haciendo esto para que regresemos o tenga otro objetivo.
—Pienso que lo hace para crear discordia en tu relación y, por cómo vi a Mark hace un rato, creo que lo consiguió.
—Sí, mamá. No fue una situación cómoda, ni la llamada ni lo que ocurrió en la universidad. Debo hablar con él sobre todo esto.
—Eso es muy importante, cielo. Hay que hablar de esas cosas para evitar malentendidos —dice comprensiva. Me alegra haber tenido esta conversación con ella. La necesitaba.
Vamos hacia el comedor más animadas. Los tacos al pastor están deliciosos y pasamos un par de horas hablando del viaje que hicimos hace años a México con papá y de la ilusión que tenemos de repetirlo pronto.
Estaba muy pequeña en esas vacaciones y hay algunas cosas que no recuerdo bien, pero tengo presente la imagen de los tres corriendo en el bosque de Chapultepec. Nos quedamos sin aliento y terminamos en una de las bancas del sitio tomando un agua fresca y sonriendo como locos. No he vuelto a ver a mi extraña reír de esa manera. Fuimos muy felices ese día.
—Hija, tu celular está sonando —Mamá me avisa y voy por mi teléfono.
Tengo un mensaje de un número desconocido.
Como en los viejos tiempos.
El texto viene acompañado de una foto de Mark junto a una rubia. Es Mishell. Sus rostros están muy cerca. Un nudo de incertidumbre me estruja el estómago.
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