¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 42 de 55

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¿En clases no?

Capítulo 41

COMPARACIONES

Rachel

Cuatro semanas después

PRUEBA

HCG SUB-BETA EN SANGRE

RESULTADO: NEGATIVO

Seremos solo tú y yo, por unos años más —besa mi frente mientras vemos el correo del laboratorio, ambos estamos más relajados. Dejo el móvil encima del sofá y busco sus labios. Segundos después el timbre de mi casa nos interrumpe.

—Debe ser Amy —informo. Apenas me llegó el resultado, se los reenvié a ella y a Steven. Mi amiga me dijo que vendría a casa, pero no imaginé que tan pronto.

—Iré a ver —Mark camina hacia la puerta y la abre.

—Hola hola. Estaba cerca y creí oportuno venir a celebrar con ustedes

—Amy aparece con una botella de champán. Se acerca para abrazarme y su emoción me confunde—. Me alegro tanto, Rach.

—Amy, el resultado fue negativo, Rachel no está embarazada —aclara Mark y mi amiga me suelta y lo mira.

—Lo sé, por eso los felicito —Su comentario me hace reír.

—¿Dónde dejaste a Steven? —pregunta Mark y Amy entorna los ojos.

Que no estén juntos es extraño y su actitud al escuchar el nombre de mi cuñado confirma que las cosas no están bien entre ellos.

—¿Stev...? ¿Qué es eso?, ¿se come o qué? —inquiere sarcástica mientras abre la botella de champán con una habilidad que me sorprende.

Mark va en busca de dos copas vacías y de un vaso con agua para mí, tal como la doctora que está atendiendo mis problemas de insomnio lo ha recomendado. Nada de bebidas alcohólicas por el momento. Amy le sirve a mi novio y luego lleva la botella a su boca y da un buen trago—. Salud, salud —Abro los ojos con preocupación.

—¿Discutieron? —le pregunto en voz baja, aunque la respuesta es obvia.

—Conversaremos sobre eso después. Mark sigue siendo su hermano y es imprudente de mi parte hablar aquí de lo idiota —me susurra y bebe otro trago de la botella—, muy idiota que es su gemelo.

Sin hacer más comentarios al respecto, brindamos por estar juntos y por la buena calificación que obtuve en los exámenes de fin de semestre que rendí hace unos días. La vida parece marchar mejor.

—Otro brindis —Amy levanta la botella y presiento lo peor—. Por lo cabrones que pueden ser los gemelos Harvet... Lo siento, Mark, no era para ti, es solo que tienen la misma cara. Mierda, es inevitable no querer golpearte.

Soltamos una carcajada que se interrumpe cuando escuchamos el timbre de nuevo. Mi amiga emite un bufido al ver que Mark se levanta del sofá para abrir.

—Debe ser mi abuela —le digo a Amy—. Fue a comprar unas cosas.

—¡Felicitaciones para ambos! —exclama Steven y su expresión se hace seria al ver a mi amiga.

—Es hora de irme —dice ella y se pone de pie.

—Am, no es necesario que te vayas.

—Es muy necesario, Rach —comenta viendo a Steven con fastidio, quien se acerca y le dedica una corta e intensa mirada.

—Los veo luego —Amy camina hacia la puerta.

—¿Llegas tarde al kínder, Martins? —dice Steven con ironía. Mark y yo nos quedamos al margen de la situación, observo cómo mi mejor amiga voltea a ver a mi cuñado.

—Al kínder no, pero sí a la cárcel —le responde al tiempo que estira su brazo en dirección a él, simula una pistola con sus dedos y le dispara con un gesto de sarcasmo. Todos reímos, incluido Steven, quien niega con la cabeza. Es Amy, no podemos esperar menos de ella.

—Eso significa que necesitarás al mejor abogado de esta ciudad, es decir, a mí. No pensé que requirieras mis servicios tan pronto, nena —

Steven se acerca a ella y todo pasa tan rápido que, cuando nos damos cuenta, Amy está colgando en la espalda de él.

—Bájame, grandísimo idiota —Ella lo golpea repetidas ocasiones, haciendo que Steven se queje.

—Cálmate, mono. Resolveremos esto ahora mismo.

—Ve y resuelve todo con tus gemelas fuego, no conmigo —señala mientras lo sigue golpeando, pero a Steven no parecen afectarle sus pataletas.

—Hermano, Rach, lamento el espectáculo, debo solucionar un pequeño asunto. Nos vemos luego —murmura mi cuñado antes de abrir la puerta y salir de la casa cargando a Amy.

—¿Esa es una afición de los Harvet? —le pregunto a Mark apenas nos quedamos solos.

—¿Tratar de domar fieras? —se burla.

—Señor Harvet, ¿insinúa algo? —chisto con diversión, él asiente y me rodea la cintura. Antes de distraerme por completo, le pregunto sobre el comentario de Amy—. ¿Sabes de cuáles gemelas hablaba Steven?

—¿De las que tendremos tú y yo en un futuro, quizá?

—Muy buena respuesta, pero esa evasiva solo aumenta mi curiosidad.

¿Quiénes son las gemelas fuego?

—Salíamos con ellas —confiesa finalmente.

—Vale. Ni siquiera preguntaré por qué Amy las llama así —digo y Mark se echa a reír.

—No lo sé, supongo que por su apellido: Feuer. No tiene importancia, cariño.

Y tiene razón, eso es parte del pasado. Me pongo de puntitas y le doy un beso.

Aunque las ganas de quedarnos en casa son tentadoras, nos obligamos a continuar con nuestros planes e ir por las pertenencias que dejó mamá, aunque no estoy del todo segura aún. La melancolía pesa y me oprime el pecho. He estado evitando el momento, pero sé que el día ha llegado.

Durante el camino en el auto, dejamos que la música nos acompañe hasta que recibo un mensaje de un número desconocido.

Cada vez que respires, estaré ahí, observándote.

Con amor, J.K.

¿Qué demonios? Enojo, desconcierto e indignación es lo que siento al leer eso. Apago el móvil y respiro profundo. No voy a dejar que me afecte.

No quiero saber más de esa persona que logró jodernos tanto, no más del Jackson manipulador y siniestro.

Mark no pregunta nada y me toma de la mano, haciendo que la calma regrese a mí. Qué diferencia hay entre ellos, siempre la hubo y hoy no hago

más que confirmarlo.

Una caja amarilla y miles de recuerdos dentro de ella es lo que mamá dejó para mí. Llegamos al departamento de Mark, nos sentamos en el suelo de la sala y abro la caja de madera con torpeza. Imagino su dolor al preparar esto.

—Estoy aquí, Rachel. No te dejaré caer —Él toma una de mis manos, su gesto tierno me impulsa a continuar.

Hay un sobre blanco etiquetado con un dos y, escritas con perfecta caligrafía, las siguientes palabras: «Para mi querida extraña, mi pequeña Rachel». Debajo de este hay una fotografía de mi quinto cumpleaños en la que ambas sonreímos con efusividad mientras ella me carga en sus brazos.

Tomo la imagen y la volteo para inspeccionar el reverso: «Rachel y mami contra el mundo». Mis ojos se llenan de lágrimas. Él me acaricia la rodilla y eso me da la fuerza para seguir revisando el contenido de la caja. Ahora hay un sobre amarillo marcado con el número uno y con la siguiente dedicatoria: «Para nuestro querido extraño». Viene acompañado de una fotografía más reciente en la que estamos Mark, mi madre y yo. La tomamos durante su último cumpleaños.

—Bueno, creo que tu madre ha dejado algo para mí —menciona Mark sorprendido.

—Así es, extraño. Tiene el número uno. Parece que ella sabía que estaríamos juntos para abrir esta caja y quería que leyeras tu mensaje primero —comento y me alegra que sea así. Él abre con cuidado el sobre y extrae la carta que mamá le dejó. Me mira y asiento como señal de que estoy lista. No hay mucho texto en ella.

Mark lee en voz alta y derramo algunas lágrimas al ver la confianza que mi madre tenía en lo nuestro. Él lleva su mano a mi rostro para secarlas. En sus ojos verdes hay tristeza y dolor, pero también una alegría que contagia.

—Ella creía en nosotros, en lo que estamos construyendo —le digo.

—Y no se equivocó. Hemos tenido que enfrentar muchas cosas, pero confío ciegamente en lo nuestro, de la misma manera en la que tu madre, nuestra extraña, lo hacía.

Lo abrazo por varios minutos, ambos nos tomamos el tiempo para asimilar todo y, cuando creo sentirme lista, tomo el otro sobre. Tiemblo mientras lo abro y sé que no seré capaz de leer la carta sin derrumbarme.

Mark nota esto y se ofrece a hacerlo por mí.

—Cuando tú digas —me dice con ternura.

—Estoy preparada —Exhalo lentamente y entrelazo los dedos de mis manos para llenarme de fuerza.

—Hola, extraña —Mark empieza a hablar y mi corazón se detiene unos segundos—. Me escucho algo masculina, ¿no? —Su comentario distiende la situación. Amo que, incluso en los momentos más difíciles, quiera hacerlo todo más llevadero.

Mark hace una corta pausa, admiro su valentía de seguir leyendo aun cuando su voz se rompe con cada palabra.

Mark termina de leer la carta y, de inmediato, me abraza con delicadeza, como si tuviese miedo de lastimarme. Me aferro a él y libero mis sentimientos. Las palabras de mamá quedan impresas en mi mente. Me duele no haberme despedido de ella como hubiese querido. No será fácil seguir adelante, pero su carta me reconforta y, ahora más que nunca, sé que ella está y estará conmigo en todo momento.

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