¿En clases no?
Capítulo 8
NOS VEMOS PRONTO
Rachel
Debes aceptar la ineludible y cruda realidad, Rachel —me exijo, recostada en la cama.
Hace unos días estaba tranquila, disfrutando de mi propio cuento de hadas y hoy… hoy soy el cuento en la boca de otros. ¿El profesor Harvet y yo saliendo? ¿Quién ha sido capaz de crear estos rumores que, además, aparecen con detalles extras cada día?
Durante esta semana no he prestado mucha atención a aquellos chismes, pero el último ha sido el más retorcido: Jackson dejó a Rachel porque ella estaba saliendo con el profesor de Cálculo, a quien han despedido.
Sonrío sin ganas y el enojo que circula en mis venas es remplazado por la culpa. ¿Hay algo de cierto en ese rumor? ¿Despidieron injustamente al profesor? ¿Por eso no asistió a las clases del lunes y el martes? Eso es imposible. Aún si todo fuera real, las relaciones consentidas entre dos personas mayores de edad no son un delito, no tienen justificación para despedirlo. ¿O sí?
¡Carajo! ¿Debería escribirle y averiguarlo de una vez?
Como una respuesta divina a mi pregunta, recibo un mensaje de Amy.
Rach, ¡hazlo ya!
Envíame la tarea de financiera, porfa.
La coincidencia me divierte. Ella parece estar presente siempre en mis decisiones. Le envío el archivo para que pueda comparar las respuestas y la tentación de buscar ese contacto se hace más fuerte.
Buenas noches, profesor.
Al cabo de unos segundos, su respuesta llega.
Señorita Lombardo, ¿cómo está? ¿Puedo ayudarle en algo?
Leo el mensaje y debo estar alucinando porque en mi cabeza se forma su imagen pronunciando mi nombre. Eso me pone nerviosa.
Quería disculparme por los rumores en
los que nos han involucrado.
No es necesario.
Quien debería disculparse es su novio, y no conmigo, sino con usted.
¿Jackson? ¿Disculparse conmigo? ¡Mierda! Parece que hasta el profesor se enteró de los maravillosos cuernos que llevo. Suspiro y recibo un nuevo mensaje.
No me pida disculpas, por favor.
Lamento lo que está sucediendo. Espero esté bien.
No tengo intenciones de responder. Ya estoy bastante avergonzada como para seguir con la conversación, así que abro la novela que me recomendó Amy.
«—Abre las piernas para nosotros, muñequita —Le pide él».
—¡Oh, mi Dios! ¿Ellos tres van a…? —hablo en voz alta, viviendo la escena a través de las letras—. ¡Amy Martins!, ¿qué clase de libro me prestaste?
—Rach —Mamá llama desde la puerta, así que me apresuro a cerrar el libro. Por fortuna, la portada es más discreta que su contenido—. ¿Puedo pasar?
—Sí, adelante.
—¿Con quién hablabas, cielo? —Lleva su uniforme celeste de enfermera, mi favorito, pues resalta su piel blanca y el color marrón de sus ojos. A sus 36 años, mamá luce como si apenas tuviera treinta.
—Estaba leyendo en voz alta una novela que Amy me recomendó —
explico y, de inmediato, cambio de tema—. ¿Otra vez turno de noche? Creo que tu jefa está abusando con los horarios, mamá.
—Cielo…
—Lo sé. Debes regirte a sus órdenes, pero puedes pedir una licencia por unas semanas. Ayer hablé con Paul y accedió a dejarme trabajar en la cafetería medio tiempo —Me levanto de la cama en busca de mis notas financieras y se las enseño—. Será por la mitad del salario, pero sumado a la pensión que te dejó papá, podremos salir adelante.
Mamá se acerca y toma mi mano.
—La pensión que Jhon te dejó —me corrige—. Yo la recibo porque lo acordamos, pero es tuya, Rach. Tu padre trabajó muy duro para que pudieras estudiar sin pensar en otras cosas.
Niego con la cabeza, resignada. No hay manera de hacerla cambiar de opinión.
—Ya me lo compensaras con los doce viajes que me regalarás por año cuando te gradúes —me recuerda.
—Claro que sí, extraña. Doce viajes —repito sonriente y la abrazo con fuerza—. Te amo.
—Yo a ti, cielo —Echa la cabeza hacia atrás, reclamando mi mirada—.
Debo ir al trabajo. ¿Estarás bien?
Asiento. Sé que sigue preocupada por la ruptura con Jackson. Mi respuesta no parece convencerla.
—Estaré bien, lo prometo.
—Llámame si necesitas algo —Deposita un beso en mi mejilla antes de irse.
Al quedarme sola, retomo la lectura por unos minutos, pero el sonido de la puerta principal me interrumpe.
—Se le quedaron las llaves, muy típico de mamá —reflexiono y salgo de la habitación.
Frunzo el ceño al llegar a la sala y no ver las llaves colgando en el lugar de siempre.
—Extraña, ¿qué se te quedó esta vez? —pregunto y, al abrir, todo se viene abajo.
—Hola, amor.
—¿Qué haces aquí? —cuestiono a Jackson.
—Pasas de mis mensajes. Pasas de mis llamadas —explica con un ligero tono de reproche—. Quería saber cómo estás. Escuché los rumores. No sé quién pudo inventar esas cosas.
—Alguien sin escrúpulos y con una vida de mierda, seguro. Da igual.
—No, Rach, no da igual. Sabes que ambos la jodimos, pero no significa que hayas dejado de importarme.
—¿Perdona? ¿Ambos la jodimos?
—Por supuesto. Permitiste que el cabrón ese te hiciera comentarios fuera de lugar. Además, entraste al ascensor sola con él. Lo único bueno de todo es que lo despidieron.
—Entonces es verdad —Jackson se ríe—. ¿Cómo puedes alegrarte por eso? ¿Qué clase de persona eres?
—No, no me alegro, es solo que… Me enoja que estés involucrada en chismes por su culpa, amor —Intenta tomar mi mano, pero retrocedo—.
Rach, empecemos desde cero.
—¿Qué pasó con la de intercambio, Jackson? ¿Un polvo y te cansaste de ella? ¿Se cansó ella de ti? —Veo sus intenciones de hablar, pero no se lo
permito— ¡Eres tan cínico!
—Te prometo que no significó nada. Fue un error, no volverá a pasar.
—¿Crees que soy tan estúpida?
—Ahg. Rach, no seas dramática.
—Vete.
—Mi amor…
—¡No soy tu jodido amor!
—No digas estupideces, Rachel. Siempre actuando como una niña. ¿No lo ves? Soy el único hombre que te soporta.
—Pero yo no soy una mujer que pueda soportarte —digo y él me observa con semblante serio—. Terminaste nuestra relación con un mensaje y ahora yo termino con esto en persona. Se acabó, Jackson. No quiero saber nada de ti, no pienso estar con un hombre como tú.
—¡Rachel, maldita sea! —exclama enojado. Doy un paso hacia adelante y sujeto la puerta—. No puedes terminar conmigo. No es lo que quieres.
—Lo único que quiero es que te vayas.
—Amor, escúchame.
—¡Vete! —grito, conteniendo las lágrimas.
—Está bien. Cuando se te pase lo dramática, hablaremos.
Me lanza un beso antes de dar media vuelta y marcharse.
—Yo a ti no te conozco. ¿Quién eres y qué hiciste con el chico del que me enamoré? —concluyo sin saber si me escuchó. La vista se me nubla mientras cierro la puerta con seguro. Lloro y me limpio las mejillas con el suéter. Basta, Rachel. Basta, me regaño, recuerdo la promesa que le hice a mamá de estar bien.
Regreso a la habitación y me recuesto en la cama. No solo es la situación con Jackson lo que me genera malestar, sino también el despido injusto del profesor Harvet. Tomo el móvil y le escribo en un impulso.
Puedo hablar con el director y explicarle que todo es falso.
De verdad, lamento mucho que lo hayan despedido
por culpa de los rumores.
No me han despedido, ni me despedirán.
No se preocupe por eso.
Aun así, es muy amable de su parte, muchas gracias.
Lo aprecio.
Nos vemos pronto.
Su respuesta hace que mis mejillas ardan. Siento un estremecimiento en todo el cuerpo.
Nos vemos pronto.
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