¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 12 de 55

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¿En clases no?

Capítulo 11

CONFLICTOS

Que te dijo qué? —Amy casi grita de la emoción.

—Que le gusto —repito sin podérmelo creer aún.

—¡No! ¡Él dijo que el rumor real es que le gustas! —Agita sus manos, se cubre el rostro y vuelve a hacer lo mismo.

Suelto una carcajada. Es increíble que ella pasara tan tarde a mi casa solo para saber los detalles de lo que me había dicho el profesor Harvet.

—Pero ¿qué le respondiste? —continúa con su ronda de preguntas.

Llevo aire a mis pulmones, me armo de valor para responderle.

—Le pregunté si alguna vez había tenido un hámster.

Mientras vuelvo a lamentarme, Amy se esfuerza por no reír, pero fracasa en el intento.

—¿Un hámster? ¿De verdad? —Es incapaz de formular sus preguntas y expresar su desconcierto sin reír.

—¡Un hámster! ¿Te imaginas? Seguro ahora piensa que estoy loca.

—¿Qué te respondió?

—Que no había tenido uno —Bajo la mirada apenada.

—Ok —Ríe más fuerte— Pero ¿eso fue antes o después de decirle que también te gusta? — La miro con asombro—. Porque te gusta, ¿verdad?

—¡No!

—Ahora repítelo hasta que tú lo creas y yo lo acepte. Sé que te parece atractivo, te conozco.

—Es mi profesor.

—Uno que está buenísimo. Rach, ¿necesitas mi bendición para salir con él? Pues te la doy.

—Amy, no es correcto.

—Ambos son adultos —sentencia—. Lo de «no es correcto» y que «la sociedad no lo aprobaría» déjaselo a mi padre.

—No es el momento adecuado para mí —agrego, esa es la verdadera razón por la que no estoy interesada en salir con alguien ahora, debo aceptarlo. Suspiro al recordar mi mayor y única decepción amorosa.

—Lo entiendo. Tantos años de relación no se olvidan de repente, pero debes pasar la página. No quiero que sufras extrañando a alguien como Jackson. Tú le quedaste grande.

—Sí, lo sé.

—Eres como mi hermana y lo único que deseo es que estés bien —Su tono retoma la picardía—, y si el bienestar viene acompañado de un papucho de metro noventa, ojos verdes, cabello castaño y con una manera de hablar que hace que a media universidad se le aflojen las bragas, estaría perfecto. ¿No?

—Perfecto para problemas.

Sobre todo con Monique, quien con solo los rumores ya está histérica.

—Mira, Rach… Como decía mi abuela, sarna con gusto no pica.

—Sarna con gusto, ¿qué?

—No pica. Quiero decir que un desastre con ese bombón no es tan malo.

—¡Amy!

—Amy mis ovarios. Irás a clases, le dirás a Harvet que también te gusta y le comerás la boca —bromea, o eso creo—. Hazlo por las dos. Qué digo por las dos, ¡por todas en la universidad!

Ambas empezamos a reír.

—Disfrutas este drama, ¿no?

—La verdad es que sí, pero aquí la que va a disfrutar de verdad eres tú.

Charlamos un rato más y, cuando ella se marcha, me tiro boca arriba en mi cama, sin poder parar de pensar en lo que me dijo el profesor.

Me bajo del autobús y las piernas me tiemblan. Tengo clase de Cálculo Integral los lunes y los martes. Para mi desgracia, hoy es martes y el día iniciará viendo al profesor que ayer me dijo que yo le gustaba. Sosiego mis pensamientos y avanzo hasta el ascensor de la facultad.

—Buenos días —saludo al conserje.

—Buen día, señorita —responde alegre—. Profesor Harvet. ¿Cómo está?

¿Acaba de decir profesor Harvet o fue solo mi imaginación?

El hombre ladea la cabeza, observando hacia mi izquierda.

—Carlos, ¿cómo está? —Escucho su voz y sus pasos acercándose. Es él.

No fue solo mi imaginación.

—Madrugando como siempre, señor.

—Me alegra —le responde. Trago saliva, trato de parecer tranquila—.

Señorita Lombardo.

—H-hola, profesor —saludo, pero fracaso en el intento de demostrar calma. Me debato entre voltear a verlo o mejor salir corriendo. Las puertas del ascensor se abren y entro sin pensarlo, seguida por él y por una chica que llega apurada.

¡Santo cielo! ¿Por qué me duele tanto el estómago?

—Buenos días —habla ella y se sitúa frente a nosotros. Ambos le devolvemos el saludo a quien parece ser una estudiante.

Cada segundo aumenta mi zozobra. La chica marca el sexto piso, el mismo hacia el que nos dirigimos, y luego se concentra en su teléfono.

Aprovecho para guiar mi mirada hacia el espejo, donde me encuentro con el reflejo del profesor que me observa. La incomodidad desaparece, aunque no puedo decir lo mismo de mis nervios que no hacen sino ir en aumento.

El elevador se abre, ella se despide y ahora solo quedamos él y yo. No sé si es su cercanía o el que nos encontremos uno al lado del otro, pero algo

–todo– de mi tranquilidad se evapora.

—Rachel, es la segunda vez que tendré que disculparme con usted. No ha sido correcta, ni mucho menos ética, mi manera de actuar ayer. Lamento si la incomodé.

Intento descifrar su expresión mientras salimos al pasillo y la seriedad con que habla me hace pensar que es sincero. Sus ojos verdes lucen más claros ahora. Son preciosos, como los demás rasgos de su rostro.

—Más que incomodarme… Me sorprendió.

—Es una mujer inteligente, amable y guapa, ¿Por qué le sorprendería?

—Usted es mi profesor.

—Uno que se ha dejado llevar por la situación —Ahora no luce tan seguro y formal como siempre, sino más auténtico y vulnerable.

—¿Se arrepiente de lo que dijo? —Me atrevo a preguntarle.

Los latidos acelerados de mi corazón me retumban en los oídos.

—Sus compañeros no tardarán en llegar, será mejor que entremos al salón.

—Sí, claro —digo, pero cuando me dirijo hacia mi lugar, él me detiene.

—Y no, Rachel. No me arrepiento... Ese es el problema —Hace una pausa, me pongo aún más inquieta—. Todo lo que dije es real. Usted… Me gusta, pero creo que tenemos el mismo conflicto. Soy su profesor.

Incapaz de poner en orden al caos de mis emociones, continúo mi camino. Tomo asiento y veo lo calmado que parece, a pesar de lo que acaba

de decirme. Saco el teléfono y le escribo un mensaje.

¿Cómo puede ser tan seguro de sí mismo?

Él mira su móvil y voltea hacia mí, con los ojos llenos de sorpresa.

A veces las apariencias engañan.

Pero creo que he vivido lo suficiente

para saber lo que quiero y lo que no en mi vida.

Hay cosas que es mejor decirlas.

Eres una niña y yo necesito una mujer. Las palabras de Jackson regresan a mí. Qué irónico, ¿no? Él exigiendo una mujer, cuando ni siquiera sabe lo que quiere.

Escucho voces aproximarse al salón, haciendo que todo vuelva a la normalidad. El profesor saca su computador del maletín y saluda a quienes van entrando.

La clase empieza. El tema de hoy es importante porque es la base de uno de los trabajos principales del curso, pero no puedo dejar de concentrarme en la manera tan hábil en que él habla ni en lo inteligente que es. Esas son las cosas que más me llaman la atención.

Vuelvo a pensar en Jackson y en los rumores –que ahora no son tan rumores– que inventó. La furia me invade al recordar su última visita a mi casa.

Y algo más se queda dentro de mí al recordarlo: ¿Es posible que, al igual que mi exnovio, el profesor solo este jugando conmigo?

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