¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 47 de 55

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¿En clases no?

Capítulo 46

CULPABLE

Rachel

Dos meses después

Hoy es 22 de julio, cumpleaños de los gemelos Harvet o el día del dilema de Steven sobre quién es el mayor entre los dos. Estoy en mi habitación tratando de escribir con letra impecable la tarjeta que acompañará el regalo que le daré a Mark. Mi mente reproduce una y otra vez la película más bonita de todas: La nuestra.

Ansiosa, observo el reloj: Nueve de la mañana. Mark no tardará en pasar por mí para ir a su departamento. Me emociona poder estar toda la tarde con él y ayudarlo a organizar los últimos detalles de la reunión con nuestras familias. Vuelvo a concentrarme en el regalo para mi novio. Guardo en la pequeña y rectangular caja negra su libro favorito. Lo pedí hace semanas y llegó hasta ayer, pero la espera valió la pena. Es una maravillosa edición en

su idioma original y en tapa dura de Les misérables. Meto la novela en la caja y pongo encima de ella un sobre con notitas que sirven como vales por cobrar de los que Mark podrá hacer uso en el momento que quiera. Sonrío mientras repaso la lista en mi mente:

El corazón me late frenético, no puedo sentirme más a gusto y plena en este momento, la tranquilidad durante estas semanas no sé compara con

nada. Por primera vez, después de mucho tiempo, parece que la vida me vuelve a sonreír. Amo ver a Mark e imaginarnos cumpliendo cada uno de nuestros planes. Lo amo a él y a la manera en la que me hace creer en un

«para la eternidad».

Estar sumergida en mis pensamientos causa que el sonido del móvil, con una llamada entrante suya, ponga en alerta mis nervios.

—¡Feliz cumpleaños! —respondo felicitándolo por tercera vez en lo que va del día.

—Gracias, cariño, pero ¿por qué no vienes a decírmelo mientras me besas? —Su tono es cálido y alegre—. Estoy afuera de tu casa.

—Dame un minuto —Cuelgo y me apresuro a terminar de organizar su regalo, poniendo la tapa de la caja en su lugar. La aseguro con una cinta roja para luego poner sobre ella la pequeña tarjeta que le escribí.

Antes de salir, me miro por última vez en el espejo: Llevo el cabello suelto con ondas que caen con prolijidad natural, un maquillaje sutil y mi vestido rosa favorito, cuyo escote barco se aferra a mi silueta. Me gusta lo que veo, pero no se trata de lo físico, sino de mí, de la seguridad y felicidad que observo.

Tomo el regalo de Mark y la bolsa que lleva el detalle para Steven y me dirijo a la salida. Al abrir la puerta, lo veo apoyado sobre el capó de su coche, luce tan bien con esa camisa blanca semiabierta y el pantalón negro que definen su torso y sus piernas. Este hombre me hace tener malos pensamientos cada vez que lo veo.

—¡Qué preciosa estás! —dice acercándose a mí.

—Tú estás hermoso —Extiendo el brazo en el que sostengo su regalo al tiempo que me empino para darle un beso—. Feliz cumpleaños, profesor Harvet.

—Señorita Lombardo, debo decir que me fascina la envoltura rosada que eligió para mi regalo —bromea y baja la vista por mi vestido.

—Este también es tu regalo —lo miro con picardía y le entrego la caja

—. Espero te guste.

Él lo toma y empieza a leer la dedicatoria con seriedad y atención. Mis nervios aumentan cuando suelta un suspiro y voltea a verme.

—Siempre mía, Rachel Lombardo.

—Siempre —susurro en tono dulce y recupero el aliento.

—Soy el hombre más afortunado por tenerte.

—Somos, Mark, somos afortunados de tenernos.

Caminamos hacia su coche y emprendemos el camino.

—Amy invitó a mi abuela a hacerse manicura y esas cosas —le informo

—, irán al departamento junto a Steven en la tarde.

—Que oportuna es Martins —habla en aquel tono bromista y seductor que me hace sonreír—. Amo a tu abuela y respeto su decisión de que regresaran a su casa, pero extraño el buen despertar a tu lado. Mucho.

Su énfasis en el ‘buen despertar’ me arranca una carcajada.

—Yo también lo extraño —Estuvimos durante dos meses viviendo con él luego del incidente con mi ex. Aunque los primeros días Mark durmió en la sala para no incomodar a mi abuela, ella misma nos pidió que nos dejáramos de tonterías.

Volvimos a casa hace una semana ya que no tuvimos nuevas noticias de Jackson. Al parecer, está cumpliendo con la orden de alejamiento. Sin embargo, extraño sobremanera amanecer junto a Mark. Me acostumbré a su calor, a la cotidianidad que se fue formando entre ambos y a lo protegida que me siento a su lado.

—¿Qué hay en la caja? —Su pregunta detiene mis pensamientos y me doy cuenta de que estamos frente a la caseta de su edificio.

—Descúbrelo por ti mismo —le digo con emoción en cuando llegamos a la zona de parqueo. Ansío ver su reacción ya que sé lo mucho que ama leer libros en los idiomas que está aprendiendo. Con especial cuidado, abre su regalo.

—Les misérables —pronuncia en un encantador acento francés y se detiene en los detalles del libro. Luego abre el sobre de las notitas y lee cada uno de los vales, los sostiene como si fuesen objetos frágiles y preciados. Noto la fascinación y el agrado en sus facciones—. Creo que usaré esta.

Leo «Vale por un beso» y me acerco para cumplir su deseo.

—Ese beso me encantó, pero el de «Vale por una vida juntos», es mi favorito. Gracias por hacer de este cumpleaños el mejor. ¡Te amo tanto! —

Sus palabras vuelan con fervor entre nosotros—. Rachel, ce que je ressens pour toi, les lèvres humaines ne peuvent pas l’exprimer.

—Y yo a ti, por si acaso —bromeo al no entender lo que dice.

—Significa: «Lo que siento por ti, unos labios humanos no pueden expresarlo» —menciona y me da un beso tierno—. Es que estoy jodido, en

el buen sentido de la palabra. Te veo, leo y suspiro en todo momento de mi vida.

—Creo que estoy enamorada de ese idioma —sonrío con timidez.

—¿Sabes? Esta novela me gusta más después de conocerte porque he podido vivirla de otro modo. Lo que sintió Marius al volver a ver a Úrsula después de tanto buscarla es lo mismo que experimenté cuando te vi ese día en el bufete de Steven. Recobré el alma —Toma aire y continúa—. Víctor Hugo decía en el libro algo como que cualquiera que haya estado enamorado entenderá todo lo que significa la persona que amas, como Úrsula lo era para Marius. Ella eres tú para mí. Tú regresando a mi vida.

De repente, saca su teléfono y comienza a buscar algo en él.

—Suelo tomar fotos a las frases que más me gustan de los libros que leo y de este tengo muchas, pero hay una cita en especial que me recuerda a ti.

¡Al fin la encontré! —Me muestra la pantalla por un momento y luego comienza a leer para mí—: «El amor es una parte del alma misma, es de la misma naturaleza que ella, es una chispa divina; como ella, es incorruptible, indivisible, imperecedero. Es una partícula de fuego que está en nosotros, que es inmortal a infinita, a la cual nada puede limitar, ni amortiguar».

—¿Me puedo enamorar más de ti? Todo lo que dices… Mark, yo quería darte un buen regalo, pero siento que has sido tú el que me lo ha dado —

Porque eso es lo que me ha dicho: Un regalo maravilloso. No se dedican frases de tu libro favorito a cualquiera; a eso es a lo que llamo entregar el corazón.

Mark vuelve a buscar mi boca con delicadeza. Luego sonríe, toma la caja y vuelve a poner todo dentro de ella.

—Aún no lo he leído, pero ya siento que es también mi libro favorito.

—Podemos leerlo juntos cuando lleguemos a nuestra casa —sugiere y ese ‘nuestra casa’ me emociona y sorprende.

Nos bajamos del coche con las manos entrelazadas. Avanzamos hasta el elevador, presiono los botones del panel y, cuando este se abre, Mark me rodea la cintura y me obliga a entrar.

—«Vale por lo que me pidas» —habla mirando la caja que trae en su mano—. Ahora mismo se me ocurren muchas cosas que podría pedir.

Me lleva hasta la pared del ascensor, arrinconándome a ella.

—Es su cumpleaños, señor Harvet —comento con complicidad—.

Usted pide y sus deseos se cumplirán.

—Lo usaré apenas lleguemos al departamento —dice mirando hacia arriba—. Empiezo a entender por qué Steven odia las cámaras de seguridad.

—Mierda, ¡Steven! —Miro mis manos—. Dejé lo que le traje en tu coche.

—No te preocupes, iré a recogerlo —menciona y me entrega su regalo.

Le doy un beso antes de salir del ascensor, camino hasta la puerta del departamento y coloco mi huella para abrirla. Entro y me dirijo hacia la sala. La caja se me cae de las manos al ver quién está sentado en una de las sillas del comedor apuntándome con una pistola.

—Rachel, ¿qué haces aquí? —Jackson baja el arma y me mira con sorpresa. Escucho unos pasos que provienen del área de habitaciones y el baño de invitados. Uno de los mejores amigos de mi ex en la universidad viene hacia nosotros con un arma en su mano.

No sé qué diablos está pasando. El pánico me invade y doy un paso hacia atrás.

—Si no te quedas quieta, voy a tener que dispararte. Tampoco se te ocurra gritar —amenaza Jackson y, en cuestión de segundos, lo tengo a mi lado—. Peter, quédate aquí. El imbécil de Harvet tiene que estar por llegar.

Debo arreglar un par de asuntos con Rachel.

—Ajá, lo que quieres es divertirte con ella. Es lo justo después de tanto tiempo.

—Cállate, imbécil —lo insulta Jackson.

—Están enfermos —Es lo único que logro pronunciar cuando las lágrimas empiezan a correr por mis mejillas. Mark, por favor, quédate donde estás. No vengas aquí, suplico en mi mente.

Jackson me arrastra hasta la habitación de mi novio y cierra la puerta tras nosotros. No entiendo lo que me pasa, él me maneja a su antojo, haciéndome sentir débil e incapaz de enfrentarlo.

—¿Qué piensas hacer? —le digo en cuanto me suelta.

—Yo te lo advertí, cielo, te dije que él lo pagaría.

—Por favor —Mis manos tiemblan, pero logro llevarlas a su chaqueta, empuñando la tela con vehemencia—, no lo lastimes.

—¿Eso es lo único que te importa? ¿Ese imbécil? —grita alejándome con un empujón que me hace retroceder hasta el pie de la cama—. Maldita sea, Rachel. ¿Te encanta recordarme cada puto momento que siempre lo elegirás a él? ¿Lo haces para humillarme?

—No elijo a Mark, no más —le aseguro entre sollozos. Jackson me mira incrédulo—. Te lo prometo, me alejaré de él.

—¡No me vengas con palabras que ni tú te crees!

Pese a que deseo convencerlo de olvidar lo que piensa hacer, mis palabras no dejan de ser reales. Fui muy inocente al creer que nada pasaría.

Jackson me lo advirtió y yo solo intenté convencerme de que todo estaría bien. Empiezo ahogarme de nuevo en aquellos sentimientos que me repiten de la manera más insensible lo egoísta que he vuelto a ser con alguien a quien amo.

—Por favor…

—¿Por favor? ¡Una miserable oportunidad fue lo único que yo te pedí muchas veces! —brama y acerca la pistola a mi rostro.

—Me alejaré de él —repito y él niega con la cabeza—. Te lo prometo por ella, por mi madre. Jamás la mencionaría si no fuese real lo que digo.

No volveré a acercarme a Mark, pero no lo lastimes. ¡No le hagas daño, por favor!

—Ya es tarde —asegura y mis latidos se detienen—. Lo va a pagar. Va a pagar por todo lo que ha hecho y todo lo que me ha quitado.

—Él no tiene nada que pagar, ¿no lo entiendes? —Me mira furioso sosteniendo el arma con más fuerza—. Si hay culpables aquí, somos tú y yo. No él.

—Deja de abrir la puta boca solo para defenderlo —espeta con frialdad y pone la pistola en mi frente—. Eres una perra por permitirle acercarse a ti, pero fue ese bastardo quien te alejó de mí con sus promesas baratas.

—Te odio, te odio tanto.

—Y yo te amo, Rachel, a mi manera, pero lo hago —La rabia que siento al escucharlo es irrefrenable.

—¿Amarme? Si me amaras no lo lastimarías a él, porque si él sufre…

—Tú también lo harás, ya me sé ese cuento. Una cosa es que te ame, otra muy diferente que me importe verte sufrir. ¿Acaso a ti te importó herirme, mi amor?

—Deja de hacerte la víctima —Me atrevo a decirle, los nervios empiezan a alterarme—. Creaste una mentira tan grande para sostener tu cobardía, que ahora eres incapaz de diferenciarla de la realidad.

—Estoy diciendo la verdad —gruñe.

—¿En serio crees que hubiera regresado con alguien como tú? ¿Después de que me fuiste infiel, me insultaste, jugaste conmigo y te atrevieras a golpearme? ¿Crees que hubiese perdonado los rumores que empezaste?

Estás muy mal de la cabeza si piensas que fue Mark el que me alejó de ti.

¡Fuiste tú!

—Lo sé, maldita sea —habla entre dientes, dando pequeños golpes a mi frente con el arma—. Sé que soy culpable, pero él también lo es. Lo odio por quitarme lo que es mío.

—Cumpliré con mi palabra, me alejaré. Te lo prometo.

—Llevo mucho tiempo planeando esto, Rachel, y no hay marcha atrás

—Respira profundo y retrocede un poco—. ¿Recuerdas a Mishell? ¿La ex de Harvet? —Mis ojos se abren por completo ante sus palabras—. Ella tiene cuentas pendientes con él y con su familia y eso fue de gran ayuda. Gracias a ella supe que hoy era el cumpleaños de ese hijo de puta y pude entrar al edificio, pues una de sus amigas vive aquí. Llevaba horas en su departamento esperando a que ese idiota saliera para poder entrar, sentarme a esperar a que volviera y al fin cobrarme todas y cada una de las cosas que me ha hecho. Quiero darle un último regalo.

—Me iré contigo, Jackson. No cometas una locura —imploro.

—Rachel, cielo, ¿no te das cuenta de quién es en verdad ese tipo?

Mishell, su exnovia, decidió ayudarme con esto. ¿Por qué crees que lo hizo?

No será porque Harvet fue bueno con ella —Sonríe y niega con la cabeza

—. El mismo Peter se ofreció a participar porque el ‘profesorcito’ lo reprobó el semestre pasado. Ya ves la joya de hombre a quien te entregaste.

Eso último lo dice con un enojo que lo hace respirar de manera más pesada e impregna de odio su mirada. Lo escucho, pero no creo en sus palabras. Amy me ha hablado mucho de Mishell y Peter es un patán igual a Jackson.

El sonido de la puerta principal provoca que un dolor desmedido atraviese mi pecho, dejándome sin aliento. Me preparo para gritar y avisarle a Mark lo que está ocurriendo, pero Jackson tira de mi cabello y me lanza de bruces contra el suelo.

—No intentes jugar conmigo porque vas a arrepentirte —habla en voz baja y vuelve a apuntarme—. Todo esto es tu culpa, te lo advertí muchas veces.

—Profesor Harvet, tiempo sin vernos —Es la voz de Peter.

—¿Dónde está Rachel? ¿Qué demonios haces aquí? —El grito agudo de Mark estremece todo mi cuerpo.

Suena un disparo que termina por arrebatarme el aire.

—¡No, Mark! —sollozo. No me importan las amenazas de Jackson ni lo que pueda pasarme. Forcejeo con él por salir de la habitación, pero mis esfuerzos son inútiles.

—Vas a hacer todo lo que digo, ¿lo entiendes? —ordena ubicándome de espaldas frente a él y rodeando mi cuello con su brazo. Con la otra mano apunta la pistola a mi sien.

Salimos de la habitación y recupero la tranquilidad al ver a Mark intacto.

—¿Por qué carajos disparaste? —Jackson regaña a su cómplice.

—Harvet intentó acercarse —Peter responde nervioso.

—Vuelves a hacer una estupidez y te juro que el próximo disparo va a tu cabeza o… A la de Rachel —exclama Jackson y dirige su arma hacia mi novio—. ¡Arrodíllate!

Mark obedece. Nuestros ojos se encuentran y percibo su impotencia.

‘Todo estará bien’, logro leer en sus labios.

Jackson me deja junto a Peter, quien me agarra con fuerza la nuca y pone la pistola en mi mejilla.

—Nos volvemos a ver las caras, profesor —habla mi ex de pie frente a Mark—. Quiero que repitas lo que dijiste el otro día, que me matarías si me acercaba a mí chica. ¡Repítelo! ¿No que eras tan valiente? Parece que, sin tu copia barata, no eres nada.

Mark le sostiene la mirada y temo lo peor.

—Vamos, defiéndete —grita Jackson, le da una patada en el torso y luego un par más en el estómago.

—Vinieron a mi departamento —La voz de Mark es asolada por la desesperación y la falta de aire ante los golpes que recibió—, están aquí por mí, ¿no? Dejen en paz a Rachel y hagan conmigo lo que quieran.

Jackson suelta una carcajada y continúa con su misión, arremetiendo con más fuerza contra Mark. Le suplico que se detenga. Me duele ver a la persona que amo retorcerse en el suelo sin poder defenderse. Me duele no saber cómo ayudarlo, cómo solucionar todo esto.

—Te dije que me las pagarías, una a una —habla mi ex. Peter se ríe ante la escena y tomo su distracción como una oportunidad. Le doy un codazo

en el estómago y, cuando suaviza su agarre, lo empujo con toda la energía que tengo.

Corro hacia Jackson para detenerlo, pero él logra esquivarme y me tira al suelo junto a Mark, quien se prepara para ponerse de pie y hacerle frente.

—¡Te dije que te quedarás quieto, hijo de puta! —Las palabras de Jackson vienen seguidas de un sonido seco como el que escuché hace unos minutos. Siento que el mundo se derrumba ante mis pies. Un nudo en la garganta amenaza con asfixiarme.

Esto no puede ser real, lo nuestro no puede terminar así. No. Veo el dolor en la mirada del hombre de mi vida, quien enseguida me sostiene contra su pecho.

—Mi amor —susurra Mark angustiado.

—Mierda, Rachel. Yo no quería… —dice Jackson y lo veo tratando de acercarse.

—¡Aléjate! —Mark le grita y me mira—. Vamos a estar bien.

Sus ojos están llenos de lágrimas, su voz rota me suplica y la sensación de dolor se propaga por todo mi cuerpo. Al bajar un poco la mirada, veo la sangre instalada en mi abdomen. Oigo pasos. Alguien toca con premura a la puerta.

—Señor Harvet, hemos escuchado disparos, ¡abra, por favor! —Es la voz de Julián. Sonrío adolorida— La policía está aquí.

Me siento perdida de lo que sucede a nuestro alrededor. El rostro de Mark empieza a ser borroso frente a mí. Las manos arriba, no se muevan, me parece oír.

—Han llegado por nosotros —sollozo débil.

—Así es, cariño —Él posa su mano en mi mejilla. Está llorando también

—. Vamos a salir de esta.

—Mark… —Quiero decirle lo mucho que lo amo y lo importante que ha sido conocerlo y tenerlo a mi lado.

El miedo y el dolor aceleran los latidos de mi corazón.

—No hables, mi amor —Su llanto se intensifica—. ¡Necesito una ambulancia, maldita sea!

—Gracias por cambiarme la vida y por acompañarme cuando más lo necesité —Logro hablar a pesar de que las energías me abandonan. El calor también escapa de mi cuerpo.

—Ya tendrás tiempo para decirme eso y mucho más, tranquila.

—Mark, mírame —le pido con la respiración entrecortada, él niega con su cabeza y cierra los ojos—. Te amo.

Si este es el final, quiero recordárselo. Lo necesito.

—¡No! No acepto tus te amo de esta manera, ¿lo entiendes? ¡No los acepto!

Sus desgarradores sollozos son lo último que escucho con claridad.

Rachel, por favor.

Amor, no puedes dejarme.

¡Despierta!

Vale por una vida juntos, me lo prometiste.

No me dejes, no puedes hacerlo.

Ya no me quedan fuerzas para seguir y me desvanezco entre sus brazos, donde siempre encontré un refugio.

Era Ella. Cualquiera que haya estado enamorado captará todos los significados radiantes que caben en las cuatro letras de esa palabra: Ella.

Era ella, efectivamente. Marius apenas si la divisaba a través del vapor luminoso que le había inundado de pronto los ojos. Era aquella dulce criatura ausente, aquel astro que lució para él durante seis meses; eran aquellos ojos, aquella frente, aquella boca, aquel hermoso rostro que se desvaneció y, al irse, trajo la oscuridad de la noche. ¡La visión se había eclipsado y volvía a aparecer! ¡Volvía a aparecer entre aquella sombra, en aquella buhardilla, en aquel tugurio informe, entre aquel espanto!

Marius temblaba como un azogado. ¡Cómo! ¡Era ella! Los latidos del corazón le enturbiaban la vista. Se notaba a punto de romper en llanto.

Pasaje de Los miserables de Víctor Hugo.

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