¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 25 de 55

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¿En clases no?

Capítulo 24

DISCUTIRLO EN LA CAMA

Mark

Piedra, papel o tequila. Ese es el nombre del gastrobar donde quedamos con Robert y Caleb. Al llegar, los encuentro en la barra bebiendo whisky.

Robert, el cumpleañero, se adelantó a la celebración pues noto que está muy alegre y se tambalea un poco cuando me acerco a saludarlos.

—¿Qué tal estás, hombre? Feliz cumpleaños —Le doy un abrazo.

—Gracias, Mark —Voltea a ver al mesero—. Tres whiskies más, por favor.

—Apenas se ha tomado dos y mira cómo está —refunfuña Caleb.

Sonrío. Al igual que Robert, yo tampoco estoy acostumbrado a beber.

De hecho, Caleb tampoco lo está. Por eso, el plan de reunirnos en este bar, un día entre semana y a esta hora, es la idea más loca que Robert cree haber tenido. Lo bueno es que parece estar disfrutándolo a lo grande, como el resto de las personas en el lugar.

La música es suave y el ambiente idóneo para que podamos llevar una conversación amena sin que tengamos gritar para escucharnos con claridad, sobre todo a Robert, que está más hablador que de costumbre. El mesero sirve las bebidas. Cojo el vaso, lo llevo a mis labios y doy pequeños sorbos.

—Trae otra, por favor —pide el cumpleañero unos minutos después.

Está completamente ebrio. Caleb y yo nos miramos cuando el bartender vuelve a llenar nuestros vasos.

—Creo que es mejor terminar la celebración y que te llevemos a tu departamento. Pediré un taxi —dice mi colega.

—Pero si Harvet recién llegó, no hemos celebrado nada. Mejor brindemos. ¡Salud!

—Salud —Levanto mi copa y en la hora que sigue el mesero vuelve a llenar nuestros vasos dos veces más.

Cuando no queda ni una gota de la bebida de Robert, Caleb paga la cuenta antes de que pueda pedir otra ronda.

—El taxi está por llegar. Vamos, Harvet.

—¿Te molesta si no los acompaño? Quiero quedarme un poco más.

—¿Estás seguro? —pregunta Caleb sin soltar a Robert, quien parece dormido.

—Sí, no pasa nada. Te ayudo a llevarlo a la salida —Me bebo lo que queda de whisky y Caleb niega con la cabeza al ver la cara que hago.

Sacamos a Robert como podemos y lo metemos al auto. La luz del día me hace consciente de que aún es temprano.

—Ni se te ocurra conducir, Harvet. Pide un taxi cuando te vayas a ir.

¿De acuerdo? —Sonrío por su tono autoritario. Es como el padre del grupo.

—De acuerdo.

—Nos vemos, cuídate.

Los veo alejarse y vuelvo a entrar al bar. Me siento en la barra y pido un trago más.

—¿Lo dejaron solo? —dice el mesero cuando trae un nuevo vaso con el licor—. Este va por cuenta de la casa —Me entrega la copa y se sirve una

—. Salud.

—Salud —respondo extrañado al verlo tomarse todo de un solo sorbo como si fuera agua.

—No acostumbro a beber con clientes —Suspira profundo y llena su vaso de nuevo—, pero hoy necesito despejar mis pensamientos. ¿Por qué el amor es tan complicado? ¿Hay una fórmula correcta para amar?

—No la hay —le contesto y bebo un poco de mi trago—. Ojalá hubiera una respuesta.

Una miríada de emociones me invade cuando el nombre de Rachel me atraviesa. Me gustaría verla y dejar atrás la incomodidad que quedó entre nosotros por la llamada de su exnovio. Entiendo su preocupación por él, sé que lo haría por cualquier persona y me gusta eso de ella, su bondad genuina, una que no exige ni espera nada. Ojalá pudiera decir lo mismo de Jackson Kozlov. Ojalá sus intenciones fuesen iguales.

—Salud —El mesero choca mi copa y vacía la suya—. Soy Nemo, por cierto.

Suelto una larga y destemplada carcajada ante lo que creo escuchar.

—¿Cómo el de la película? ¡El pez Nemo! No te preocupes por Dory, ella está bien en casa —Vuelvo a llevar el whisky a mis labios.

—Memo, no Nemo —me corrige entre risas.

—Nemo —insisto aun sin entender del todo el humor en mis palabras.

Me siento mareado—, tus problemas de amor ya se solucionarán. Ya lo verás.

—Me caes bien —Asiente y sonríe con amabilidad—. ¿Qué hay de ti?

¿Te va bien en el amor o tienes mala suerte como yo?

—Me va bien —digo convencido—. Muy bien.

—Entonces tienes suerte —Alza el vaso y brindo con él. El sonido de nuestras copas al chocar es molesto y me provoca jaqueca.

—La tengo —Arrastro las palabras—. Estoy completamente enamorado de ella, aunque sea mi alumna.

—Espera, ¿estás saliendo con una estudiante? —Mi dolor de cabeza aumenta. No debí mencionar eso—. Vaya… Debe estar buenísima.

—Nemo —Lo miro mal—, los amigos no hablan así de las novias de sus amigos —Él asiente nervioso—. No te voy a mentir: Es preciosa, pero

¿sabes lo que más me gusta de ella? Eh... Cuidado con lo que vayas a decir.

—¿Su sonrisa? —Ríe al mencionarlo.

—Todo —Desato el nudo de mi corbata—. Esa es la respuesta correcta, mi querido Nemo. Ella es inteligente, dulce y...

—Está buenísima —suelta y se tapa la boca de inmediato—. Quiero decir, es la indicada.

Asiento y termino la bebida. Él solo demora unos segundos en volver a llenar mi copa.

—Es la indicada, tienes toda la razón —confirmo en voz alta.

—Brindemos por ella.

—¡Salud!

—¿Mark? —Escuchar la voz de mi exnovia me toma por sorpresa.

—Mishell —respondo indiferente. Me molesta ver que se sienta a mi lado y acomoda una mano en mi espalda cuando me saluda con un beso en la mejilla. Me pongo de pie de inmediato—. Nemo, la cuenta, por favor —

le digo y él se aleja.

—No te vayas, Mark. Quédate un rato conmigo —Un chillido estridente sale de la garganta de Mishell. Toma mi brazo para acercarme hacia ella—.

Como en los viejos tiempos.

—Aquí está tu cuenta —Nemo aparece para salvarme. Saco como puedo la billetera. Me doy cuenta de que no estoy nada bien —Muchas gracias por todo. Saludaré a Dory de tu parte —. Él me da la mano con buen humor y va hacia otras personas que acaban de llegar—. Adiós, Mishell.

Ella se queda molesta en la barra. Azorado por la poca estabilidad que me queda, me arrastro con esfuerzo a la salida del bar. Siento que todo se

mueve.

—Hermano —dice alguien cuando paso junto a una de las mesas de la entrada y siento alivio—. No puedo creer lo que estoy viendo. Mark Harvet ebrio a plena luz del día.

—Steven, no sabía que estarías aquí.

—¿Mark? —habla una pelinegra que reconozco enseguida: Amy Martins, la amiga de Rachel—. Oye, deberías dejar de vigilarme y mejor llevar a tu hermano a su departamento —le dice a Steven. ¿Vinieron juntos?

Pensé que no se soportaban.

—Yo me voy solo, no se preocupen. Ustedes quédense disfrutando —

Retomo mi camino y salgo del bar.

Le digo al valet parking que vendré mañana por el auto y saco mi celular para pedir un taxi. Trato de apuntar mi dirección, pero no sé qué estoy escribiendo.

—Mark, no tienes que pedir un taxi. Puedo llevarte en mi auto —

Mishell aparece de repente.

—Ya quisieras —escupe Amy y le pide las llaves al empleado—. Oye, idiota, sube al ebrio al carro. Yo me encargo de manejar.

Despierto sobresaltado y con un intenso dolor de cabeza. Me toma unos minutos darme cuenta de que estoy en el sofá de mi departamento.

—Eres un idiota —exclama una fina voz. Curioso, miro en la dirección de donde proviene. Es Amy quien está hablando. La misma Amy que me trajo ebrio a casa.

—Inmadura —agrega Steven. Con la sien latiendo con fuerza, me pongo de pie y camino hacia donde ellos están.

—¿Qué carajos? —digo sorprendido al verlos desnudos en mi cama.

Steven abre los ojos por completo y se apresura a cubrirse y también a Amy con una manta.

—Hola —saludan al unísono y se sonrojan.

—Con razón me dejaron en el sofá —reflexiono—. Ustedes son increíbles.

Asombrado, salgo de la habitación y voy a servirme un zumo de naranja a la cocina. Agarro el móvil y veo que son las ocho de la noche.

Amor, espero que todo esté bien con nosotros.

Rachel me envió mensaje justo después de que me fuera de su casa. Le escribo algo en respuesta mientras escucho a mi hermano y a Amy riñendo.

Al rato salen del cuarto entre empujones, me sonríen y se marchan. Vuelvo al celular y el mensaje sigue sin ser visto. Lo primero que pasa por mi cabeza es que su teléfono se ha quedado sin batería por lo que decido marcarle al fijo. Quiero hablar con ella antes de ir a ducharme y seguir durmiendo para matar la resaca.

—Hola —La madre de Rachel es quien responde.

—Buenas noches, Karla. ¿Cómo está?

—Bien, Mark. Preparándome para ir al hospital. ¿Y tú?, ¿todo en orden?

—Sí, señora. ¿Está Rachel?

—Se acostó temprano hoy. Estaba un poco afectada por lo que pasó en la universidad —Guarda silencio unos segundos y continúa—. Mark, voy a darte un consejo: Es mejor que hablen en persona y arreglen las cosas que tengan por aclarar. No permitan que las confusiones afecten su relación.

—Tiene razón, Karla. De verdad, muchas gracias por sus palabras.

—De nada, Mark. Pórtate bien —Su tono contiene una advertencia—.

No me gustaría golpear ese cuerpo tan trabajado que tienes —Sonríe y yo la imito.

—Por supuesto que lo haré. Y cuidaré a Rachel, se lo prometo.

—Lo sé, hijo. Lamento despedirme, pero voy a llegar tarde a mi turno.

Pasa buena noche.

—Igual usted.

La llamada termina y voy hacia el baño. Él agua tibia cayendo sobre mi cabeza y mi cuerpo me relaja y merma la jaqueca. Me lavo los dientes, me pongo una pantaloneta, tomo algo que Steven dejó sobre la mesa de noche para la resaca y permito que el sueño me venza.

—Buenos días —saludo al entrar al salón. El lugar de Rachel está vacío

—. Aprovecharé estos minutos para hablar con ustedes. Thomas Campbell fue un poeta escocés que decía que entender que existen otros puntos de vista es el principio de la sabiduría. Soy creyente de que, para estar bien con los otros, no necesitamos tener las mismas opiniones, pero sí saber respetar

las de los demás. El respeto es la base de toda sociedad. Lo que sucedió ayer con la alumna Lombardo no solo es un acto que me indigna, sino también me decepciona. Es triste ver cómo personas con deseos de formarse como profesionales se olvidan de que primero hay que ser humanos —Los veo uno por uno y me detengo en José. Escucho algunos murmullos—. Lo ocurrido ayer no es tolerable. Bajo ningún concepto. La universidad tomará las medidas del caso. Hay algo más que quiero aclararles: Mi vida personal no es algo de dominio público y no debería interesarle a ninguno de ustedes.

Doy por finalizado el tema e inicio con la clase.

Dos horas después, voy en el auto camino a casa de Rachel. Estoy preocupado por su ausencia en la universidad y quiero conversar sobre ayer.

—Cariño, me alegra verte —Me apresuro a hablar en cuanto ella abre la puerta.

—Hola, Mark —responde sin emoción.

—¿Estás bien? No fuiste a la universidad —Dejo un beso en su mejilla, la noto tensa.

—Estoy bien. Me desperté con dolor de cabeza y preferí no ir.

—Rachel, creo que nos debemos una conversación.

—¿De qué te gustaría que hablemos primero? ¿De la llamada de Jackson o de la foto que me envió ayer tu exnovia?

La miro confundido. Ella saca el móvil y pone la pantalla frente a mí.

Hay un mensaje de Mishell y una foto de los dos. ¿En qué momento la tomó? Estaba tan ebrio que ni siquiera lo noté.

—La vi unos segundos antes de irme del bar —Mi mente reproduce cada palabra que crucé con ella—. Rachel, lo que dice no es real.

—Lo sé, Mark. Y no estoy molesta, es solo que…

—Te incómoda, y lo comprendo —termino por ella. Me identifico con sus sentimientos. Es inevitable que nuestros pasados no intervengan en nuestro presente, pero no es más que eso, el pasado, uno que no tiene cabida en lo que tenemos hoy. Doy un paso al frente y cierro mis brazos en torno a su cintura. Una sonrisa aparece en su rostro—. No dejemos que esas cosas nos dañen.

—Prometo que haré mi mayor esfuerzo por nosotros —Baja la cabeza y se toma unos segundos para continuar—. Jackson estaba borracho, sus comentarios por hacerse daño me aterrorizaron. Sé que sus intenciones no

eran buenas, pero Ana necesitaba mi ayuda, por eso me quede en esa llamada.

—Rachel, en serio confío en ti —Dirijo mis dedos a su barbilla y la acaricio.

—Te quiero, Mark —añade con tal fervor que sus palabras parecen enviar cargas eléctricas a mi estómago.

—Yo más, cariño.

—¿Algo adicional sobre lo que debamos hablar, profesor Harvet? —

dice con dulzura.

—Sí, aún hay algo, pero lo discutiremos en la cama —bromeo mientras la beso—. Te quiero más, mucho más, Rachel.

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