¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 43 de 55

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¿En clases no?

Capítulo 42

POR CADA SEGUNDO

Amy

Hakuna matata, una forma de ser, hakuna matata, nada que temer. Sin preocuparse es como hay queee viviiiir, a vivir así, yo aquí aprendí. Hakuna matataaa.

Mientras espero que Rachel termine su entrevista con el director de la universidad a la que ha decidido cambiarse, tarareo la canción de mi película favorita. Es una manera de alejarme de toda la tristeza que vino con la muerte de la Karla. Mi padre también la ha sentido, pues ella era su mejor amiga. La vida ha dado giros inesperados y entiendo que Rach quiera empezar de cero, incluso en lo académico. Es bueno saber que Mark y ella estarán lejos de todo lo que un día quiso dañarlos.

Saco mi móvil para entretenerme, pero no puedo evitar comprobar si tengo mensajes de Steven, hace horas que no sé de él. Decido llamarlo.

—Mono —responde con dulzura—. Siento no responder antes, estaba algo ocupado.

—No te preocupes, solo quería saber si estabas bien.

—Sí, amor. Me desocupo y voy a verte. ¿Te parece si almorzamos juntos? ¿Sigues con Rachel? Puedes invitarla.

—Sí, estamos en la universidad.

—Steven, concéntrate en nosotras —Escucho la voz de una de las gemelas.

—Steven Harvet, puedes irte con pasos de merengue a la mierda —

espeto y corto la llamada. Pensé que habíamos superado todo el tema de sus ex. Cuando guardo el móvil en mi bolsillo, me doy cuenta de que las personas que pasaban por allí me miran fijo. No puedo evitar sonrojarme.

—Amy, me aceptaron —La voz emocionada de Rach me obliga a pensar en otra cosa.

—¡Felicidades, amiga! —Me acerco para abrazarla—. Estoy tan orgullosa de ti. Esto hay que celebrarlo.

—Gracias, Am. ¿Vamos a la heladería que queda cerca de aquí? —

Niego con la cabeza.

—¿Por qué mejor no vamos al bar por una cerveza? En la cita de ayer, la doctora te dio luz verde para beber de vez en cuando —Rach desaprueba mi

comentario—. Vamos, solo quiero que me acompañes. Te prometo que no voy a burlarme cuando pidas tus juguitos de colores.

Ambas sonreímos y ella acepta. Mientras vamos al lugar, mi amiga llama a Mark para avisarle que tardará un poco más. No puedo con el exceso de ternura con que ese par habla.

—Hola, Steven —Ruedo los ojos al oír ese nombre, aunque debo admitir que saber que está con su hermano disminuye mi enojo. Me acerco a Rach para escuchar la conversación.

—Hola, cuñada. Felicidades por tu ingreso a la universidad.

—Muchas gracias.

—Steven, Mark y yo te necesitamos —Ambas escuchamos esa voz al otro lado de la línea. La llamada se cuelga y nuestra sorpresa es aún mayor.

—Voy a marcar de nuevo —anuncia Rach. Niego, tomo su móvil y lo apago, al igual que el mío.

—Que se jodan. No más llamadas, tenemos que celebrar —insisto—.

Por cierto, ¿sabías que Mark se reuniría con Steven y las gemelas?

—No, pero debe haber una explicación. Tranquila.

Es probable que tenga razón. Aun así, necesito un trago. Mi amiga no protesta a mi sugerencia de seguir con nuestros planes de ir al bar. Y sé que, aunque intenta mantener el control, sus celos están jugando en la misma liga que los míos.

Olvidamos el tema de los Harvet y centramos la conversación en nosotras y el día de chicas que hace mucho no teníamos. Llegamos al bar y de fondo suena Play with fire de Sam Tinnesz. Como es día entre semana y es temprano, no hay muchas personas allí y la barra está libre. El barman nos da la bienvenida y pregunta lo que deseamos beber.

—Dos martinis y un jugo de menta, por favor —pido por ambas y él prepara las bebidas frente a nosotras.

—Cortesía de la casa —sonríe mientras nos entrega lo que ordenamos y dos cócteles adicionales. Dejo el vaso con jugo del lado de Rach y las cuatro copas junto a mí.

—Brindo por tu ingreso a esta nueva universidad y porque, cada vez que te visite, habrá un bar cerca.

—Yo brindo por nosotras y por nuestra amistad.

Bebemos y hablamos por un buen rato. Ella termina su jugo y yo ya he acabado con dos de los cócteles. Parece que no tienen tanto alcohol, por lo

que le ofrezco a Rachel probar el martini que, a decir verdad, está delicioso.

—Vamos a ver —comenta y lleva la copa a su boca—. Esto sabe horrible —Su queja hace que el barman la mire con las cejas levantadas—.

Eh, perdón. Lo que quise decir es que está muy bueno.

En un intento por disculparse y rectificar sus palabras, mi amiga vuelve a beber, yo solo puedo reírme y el hombre eleva sus pulgares. Rach se sonroja y no sé si es por la situación o por su poca tolerancia al licor.

—La primera vez siempre es rara, pero después... —comento.

—Ahora que lo mencionas —Se echa a reír y me uno a su carcajada mientras ella da otra probada a la bebida—, ¿qué estarán haciendo Mark y Steven?

—Seguro divirtiéndose más que nosotras.

Pido dos martinis adicionales y me tomo uno sin espera mientras Rach da las gracias. Me sorprende que ella empiece a beber con menos dificultad, sin gestos en su rostro por el sabor de la bebida. Pido uno más para mí y Rachel le indica que otro para ella.

—Voy a llamarlo —anuncia mi amiga. Saca el móvil y, cuando lo enciende, su tono relajado cambia—. ¿No se cansará nunca?

Intentando explicarme, me muestra el teléfono. Es un mensaje de Jackson.

Dicen que, donde hubo fuego, cenizas quedan.

Aunque sea por el poco cariño que aún me tengas,

necesito que hablemos, por favor.

En verdad lo necesito. Te amo.

—Qué hijo de puta tan cínico —digo y Rach da un sorbo largo hasta que termina su martini.

—Sí, es un hijo de puta descarado —habla con una rabia que la consume, pero de pronto hace un mohín—. Ay, no. Pobre Ana, ella no tiene la culpa del idiota que tiene como hijo y no merece que la llame así.

Me siento enojada por el mensaje de Jackson, pero el comentario ingenuo y por completo alcoholizado de Rachel me hace reír.

—No es literal, amiga. Yo también aprecio a Ana, aunque su hijo sea un imbécil. Pero vamos a olvidarnos de eso —La animo a dejar el móvil y continuar con nuestro martini número... ¿Qué número era?

—¿Donde hubo fuego cenizas quedan, dice? —Rach se ríe a carcajadas, arrastra sus palabras y me doy cuenta de que está muy tomada. Mierda, creo

que se nos ha ido un poco la mano con la celebración— ¿Acaso sabe si quiera lo que es el fuego? Por supuesto que no, pero Mark sí que lo sabe.

Fuego podría ser su segundo nombre: Mark Fire Harvet. Me gusta.

Me echo a reír por sus ocurrencias y la forma tan liberal con la que habla, muy poco común en ella.

—Estás borracha —digo y me doy cuenta de que también se me están enredando las palabras y de que pronto mi estado será el mismo que el suyo.

—¿Borracha quién? Yo estoy bien —aclara y se toma el último martini que queda en la mesa—. Salud.

—Salud —replico, recordándome que ya deberíamos irnos. Levanto una mano y llamo al barman. Mientras pago la cuenta, Rachel se pone de pie y sus ojos se abren por completo.

—Shhh. Todo se mueve —Él y yo soltamos una carcajada ante el comentario de mi amiga.

—¿Quieren que les pida un taxi? Ella no se ve muy bien —ofrece el barman.

—Yo no estoy borracha —Rach coloca un dedo índice en sus propios labios— Escuchen, escuchen, sientan, algo se mueve.

—No escucho nada, Rach. Debemos irnos ya.

—¡Es mi móvil! —grita ella.

Bajo la vista al celular que se encuentra en la barra y veo que tiene muchísimas notificaciones de mensajes y llamadas de Mark.

—Hola, amor —contesta Rach con el ceño fruncido—… No me gustan tus ex… Pues porque los borrachos y niños son con sinceridad.

Arrugo la nariz. ¿Acaso está citando dos refranes en uno? El barman se ríe con timidez y me uno a su gesto.

—Estoy con Amy —arrastra las palabras—… Sí, en un bar.

Rach activa el altavoz y, atentos, escuchamos la conversación.

—¿Cómo se llama? —pregunta Mark.

—¿El mesero? —ella cuestiona con inocencia.

—¿Mesero? —gruñe Mark.

—¿Cómo te llamas? —mi amiga le pregunta al barman.

—Nath.

—Rach, creo que Mark quiere el nombre del bar —le digo en un intento de orientarla.

—Ah —murmura ella.

—Por favor, Rachel —Su novio empieza a desesperarse.

—¿Rachel? ¿Por qué no me dices cariño? ¿Estás enojado?

—No estoy enojado, cariño —Mark cambia su tono—. ¿Dónde estás?

—Hola, Mark —tomo la palabra—. Estamos bien, vamos para tu departamento.

—Mierda, ¿también estás borracha, mono? —Ahora es Steven quien habla y Rach ríe estruendosamente al ver mi reacción.

—¿Mono? —comenta el barman y lo asesino con la mirada.

—Llamando a la operadora, el número que marcó no está disponible —

le respondo a Steven y cuelgo.

Tambaleándome, me levanto y ayudo a mi amiga, Nath nos entrega la cuenta y Rachel se despide efusiva luego de que pago lo que bebimos.

—Todo se mueve —exclama ella cuando estamos afuera. Es difícil mantenerme de pie, pero debo ser fuerte para sostener a Rach, quien recuesta su cabeza en mi hombro mientras esperamos que llegue el taxi que pedí.

—Vamos, no te vayas a dormir —suplico al ver sus intenciones. Ella se reincorpora y me zarandea el brazo.

—Ese señor de ahí, lo conozco —Señala al hombre que sale de la óptica al otro lado de la calle. Ethan, el papá de Steven y Mark.

—Rach, no te muevas, no respires, no nos ha visto aún.

—¡Suegro! —grita para llamar su atención y este se gira hacia nosotras.

—¿Qué hiciste? —la regaño.

—Am, hace mucho no lo veía, tengo que saludarlo.

Con su rostro ceñudo, el señor Harvet cruza la calle. Hay cosas que mi amiga no sabe. Pese a que Mark nunca se atrevió a mencionárselo a su familia, sus padres dedujeron que ella le había roto el corazón a su hijo.

Eleanor estaba apenada por la separación, pero mi suegro se mostró incrédulo. Estoy segura de que siempre creyó que Rachel no era suficiente para Mark.

—¿Qué hacen aquí? Y así —dice cascarrabias y nos observa de manera despectiva.

—Primero que nada, buenos días, suegro —dice Rach. Admiro su valentía, aunque sé que luego se arrepentirá.

—Buenos tardes, querrá decir —replica él con molestia. Sí, ya no son días.

—Suegro, suegro —Rachel se suelta de mi agarre y se acerca al señor Harvet—. Ya sé que nos odia, pero dígame por qué.

Definitivamente, está muy borracha. La sangre se me sube a la cabeza ante la incoherencia que acaba de decir y al caos que habrá. Estoy inquieta y nerviosa, no estamos en las mejores condiciones para enfrentarnos a esto.

—Amiga, debemos irnos. El taxi ya llegó —llamo la atención de Rach y le sonrío al padre de mi novio.

—Yo puedo llevarlas —ofrece él.

—No, no —titubeo por la sorpresa—. No se preocupe.

—Por el contrario, aceptamos su oferta —comenta Rachel emocionada

—. Señor conductor, tome esta propina y discúlpenos, pero ya tenemos chofer —Se acerca al taxi, le da un billete al hombre y yo no puedo hacer más que pedir que la tierra se abra y nos trague. Nuestro suegro nos pide que lo sigamos al otro lado de la calle para subir a su coche. Mientras caminamos detrás de él, mi amiga se tambalea todo el tiempo y yo me siento más mareada e inestable que antes. Al llegar al auto, Rach abre la puerta del copiloto y entra, yo ocupo la parte trasera. Me siento como una niña a la cual han regañado y castigado y lo peor de todo es que el padre de Steven apenas ha mencionado unas palabras. Respiro hondo, en un débil intento por ocultar lo borracha que estoy.

—Señor Ethan, ella es mi mejor amiga, es un tesoro —Rach interrumpe el silencio en el camino.

—También te quiero, Rach —replico nerviosa. Aunque me cueste un poco, no la dejaré sola en esto. Incluso, puede que sea el momento de hablar con él y aclarar las cosas—. Eres una mujer increíble y estoy segura de que Mark no puede tener una novia mejor.

Nuestro suegro carraspea y mantiene la vista fija hacia adelante.

—Yo sé que usted quería otras mujeres para ellos; doctoras, ingenieras, abogadas, pero le tengo una mala noticia —añade Rachel y los efectos del alcohol se marcan cada vez más en su voz. Se echa a reír con fuerza—: No es usted el que elige, por fortuna.

—¿Por qué quieren tener esta conversación? —habla entre dientes el cascarrabias.

—Como diría Magic: Why you got to be so rude? I’m going to marry her anyway6 —Rach se pone a cantar y creo que voy a desmayarme—.

Usted, señor Ethan, no debería odiarnos.

¡Carajo! ¿Ella acaba de decir eso?

—Si desean hablar, lo haremos cuando estén sobrias —él responde firme.

—Su hijo es taaan lindo —Rach vuelve al ataque, mirando su móvil con detenimiento— ¿Quieren que les lea lo que me escribió?

—Amiga, no creo que sea una buena idea —trato de detenerla.

—No, no, no. Déjame, Amy. No me interrumpas —habla en voz alta mientras niega con la cabeza—. Miren este: «Cariño, voy a quedarme con Steven un rato más, me pidió que lo acompañara a una reunión. ¿Nos vemos en mi departamento más tarde? Termina de pasar un buen rato con Amy». ¡Ay, este está mejor!: «Amor, ya estoy en casa. ¿Estás bien? Me tienes muy preocupado, así que creo que voy a tener que darte unas cuantas nalgadas cuando…»

—Qué romántico —digo sin poder ocultar la gracia que me hace, pero tratando de detener la situación.

Para nuestra suerte, el edificio donde vive Mark está frente a nosotros.

El portero se da cuenta del estado en el que estamos y nos saluda risueño.

Bajo del coche como puedo mientras mi suegro sostiene a Rach. Él nos guía hacia el ascensor y, una vez estamos dentro de este, los ojos de mi amiga se cierran y los míos amenazan con hacer lo mismo. El alcohol y cansancio nos pasan factura.

—¡Vamos, despierten! —grita el señor Harvet haciendo que me ponga firme del susto. El elevador anuncia su llegada.

—Shhh. No hable tan fuerte que me duele la cabeza —ríe Rach— Yo sé que usted es un amor, pero quiere hacerse el malo.

Esta mujer querrá morir mañana mismo. Tomo una bocanada de aire al salir del ascensor y pierdo la calma cuando veo la puerta del departamento abierta. Mark no está solo.

—Nosotros aquí, preocupados, y ustedes de fiesta. ¿Por qué no nos invitaron? —Steven camina hacia mí.

—Rachel, me tenías preocupado —Mark la abraza con ternura y todos miramos en su dirección, incluido su padre.

—Mono, hay algo que quiero decirte —habla Steven y yo me cruzo de brazos—. He tenido que verlas para anular el contrato que tienen con el bufete.

—¿En serio? —pregunto incrédula.

—Te quiero y prefiero evitar cualquier cosa que entorpezca nuestra relación. Además, ese par es insoportable.

No sabía cuánto necesitaba aquellas palabras hasta que sus labios las pronunciaron.

—Ahg, odio las escenas melodramáticas —interrumpe mi suegro.

—Gracias por traerlas, papá —dice Mark mientras deja a Rachel en el sofá. Luego se acerca al señor Harvet para abrazarlo—. Sabes lo importantes que son ellas para nosotros.

Los demás nos quedamos impresionados, incluso mi suegro, quien corresponde el gesto.

—Gracias, papá —Steven se aleja de mí, va hacia su padre y repite la acción de Mark—. Ya, admite que las aceptas y que te agradan.

—¿Ves, Amy? Steven también sabe que esa seriedad solo es una fachada. El señor Ethan es un amor —Parece que Rach no puede guardar silencio cuando está borracha.

—Niñas inmaduras —responde él sin una pizca de humor.

—Suegro, suegro —Mi amiga se levanta y camina hacia el señor Harvet. Siento pena por la Rachel sobria que mañana despertará con un cargo de consciencia más grande que la resaca. La situación se pone peor cuando ella se abalanza sobre él y lo abraza. Mark y Steven miran sorprendidos la escena—. Yo también lo quiero, señor Ethan —Todos reímos, incluido mi suegro.

—Bueno, es suficiente —dice él y suelta a Rachel—. Mañana que estas señoritas estén sobrias, recuérdenles que tenemos una reunión pendiente.

Espero estén igual de parlanchinas que hoy, en especial usted, Lombardo —

Hace un gesto de despedida y se lleva mi calma con él.

—Creo que es mejor dejarlos solos, mono —me dice Steven al oído y asiento a su petición.

—Rach, me iré ya. Te quiero. Mark, perdóname por emborracharla.

—Pero si yo no estoy borracha, yo estoy feliz. Es más, hasta podría cantarles una canción que me enseñó mi abuelo cuando era niña y que les queda perfecta a los papuchos Harvet… Qué bonitos ojos tienen, debajo de

esas dos cejas —Rach señala a Mark y a Steven, quienes se lo toman con buen humor—. No me acuerdo qué sigue, pero se las dedico a los dos.

Al escuchar esto último, no podemos evitar reírnos muy fuerte. Amo a mi amiga, borracha o sobria. Amo verla feliz y quiero que esté así por siempre.

6 Extracto de la canción Rude de Magic! «¿Por qué tienes que ser tan grosero? Me casaré con ella de todos modos».

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