¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 11 de 55

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¿En clases no?

Capítulo 10

EL RUMOR REAL

Rachel

El sonido rítmico y constante de la alarma me despierta. Abro los ojos, destruyendo en mi mente aquel artefacto que no para de emitir el más molesto ruido. Pienso en volver a acurrucarme junto a la almohada, pero sé que en esa pizca de deseo hay una terrible consecuencia: Llegaré tarde a clases.

Me levanto con desgano y me toma más o menos veinte minutos el alistarme y quince más el llegar a la universidad.

—Buenos días —saludo al entrar al salón. El profesor Caleb, quien remplazó al profesor Harvet la semana pasada, no ha llegado.

—Los rumores de hoy dicen que… —Monique deja al aire ese comentario cuando paso a su lado.

—¿Qué edad tienes? ¿Cinco? —cuestiona uno de mis compañeros al fondo del salón, haciéndole frente.

—A ver, Theo. No vienes nunca a clases y cuando lo haces es solo para meterte en lo que no te importa. Ya cállate.

Él guarda silencio y el resto del curso voltea a vernos. Me acomodo en mi puesto. Trato de hacer de cuenta que nada pasó.

—Rachel, ¿sabes cuándo regresa el profesor Harvet? —inquiere Monique de manera amenazante—. Dicen por ahí que son muy íntimos.

Su pequeño grupo de amigos ríe a carcajadas ante el comentario.

—¿Debería haber informado mi regreso a su compañera, señorita Anderson? —dice una voz firme que reconozco al instante—. Siendo así, la próxima vez lo haré. Buenos días.

Ella palidece al ver al profesor Harvet entrar al salón, quien se ve enojado ante la situación.

—Tomen sus lugares, la clase ha empezado —nos pide y todos obedecemos—. Señorita Lombardo, usted será la coordinadora de esta materia. Indíqueme, por favor, los temas que vieron con el profesor Caleb en mi ausencia —Se gira para ver de nuevo a Monique—. Señorita Anderson, ahora sí podrá preguntarle a su compañera por mí cuando tenga dudas.

—Uuuh —dice José, uno de los amigos de Monique, pero la mirada seria del profesor lo hace callar de inmediato.

—Si tienen algo que comentar, háganlo ahora —articula mientras ve una a una a las personas que están en el salón, como desafiándolas—. ¿Nadie?

Bien, alumna Lombardo, ¿los temas?

—Sucesiones convergentes, series y criterios de convergencia, series alternantes —respondo con rapidez.

—Gracias. Series y sucesiones. Denominamos serie a la suma de una secuencia de términos, es decir, una serie es una lista de números con operaciones de suma entre ellos —Haciendo acopio de su elegancia y arte de enseñar, empieza con la clase.

Monique y Crisna aprovechan uno de los ejercicios para ir a su escritorio a hacerle preguntas, en un intento por coquetearle. Me pregunto si eso es lo único en lo que han pensado durante lo que va del semestre.

Alejo la mirada de ellas y me encuentro con la del profesor. Volteo hacia mi cuaderno y empiezo a escribir en él, tratando de disimular.

—Bien. Eso es todo por hoy. Pueden retirarse. Tengan un buen día —

nos dice al terminar la clase.

Apenas comenta eso, varios abandonan el salón mientras yo termino de guardar las cosas. Me acomodo la maleta en la espalda, dispuesta a salir, cuando un mensaje aparece en mi teléfono.

Me gustaría hablar con usted.

Por favor, quédese un momento.

Los nervios sacuden mi estómago. Muevo las cosas en la maleta, hago algo de tiempo mientras solo quedamos él y yo en el aula.

Vamos, Rachel, no eres una adolescente a punto de ser regañada.

Cálmate, me digo.

—Gracias por esperar. Aunque no es una buena idea. Por los rumores, quiero decir. Esto se puede malinterpretar —habla mientras se acerca a donde estoy. Es curioso verlo así, conflictuado.

—Sí… Lamento los rumores.

—¿Por qué lo hace? —Su pregunta me toma por sorpresa.

—¿Hacer qué?

—Disculparse por rumores que no creó. ¿Intenta justificar a su novio?

—No, él no tiene nada que ver aquí.

—No es necesario que se disculpe por él o que intente cubrirlo. Yo lo escuché hablando sobre las razones por las que inventó los rumores.

Arqueo las cejas con sorpresa.

—Ya no somos novios —le explico sin tener idea de por qué lo hago—.

¿Y cómo es eso de que él inició con los rumores sobre usted y yo?

Un escalofrío me recorre el cuerpo al formular la pregunta.

No. Jackson no sería capaz, no de esto.

—¿No lo sabía? —Luce confundido.

Menuda estúpida debo parecerle. ¡Menuda estúpida soy!

—Debo irme.

—No. Espere, por favor —Sus palabras denotan frustración—. Creí que con sus disculpas intentaba justificarlo.

Mi ceño se frunce ¿Qué clase de persona cree que soy? Parpadeo un par de veces, en un intento por evitar que los ojos se me llenen de lágrimas a causa del enojo.

—Rachel, por favor, no llore. No quise que… —El tono de su voz desciende, se convierte en un susurro grave que interrumpo.

—No se preocupe, era mejor saberlo —Respiro profundo, recupero así un poco de calma.

—El rumor real debería ser que su exnovio es un idiota.

Su comentario me hace sonreír. ¿Idiota? Es poco para lo que Jackson Kozlov merece.

—El rumor real debería ser que el profesor de Cálculo no es tan gruñón

—digo y él suelta una pequeña carcajada. Su risa es contagiosa.

—¿Eso dicen de mí?

—Seguro que algunos lo pensarán —contesto apenada.

Él asiente y da un paso más en mi dirección.

—El rumor real debería ser que… —habla con seriedad— que usted me gusta, señorita Lombardo.

Carajo. ¿Qué acaba de decir? Su confesión me roba el aliento.

—¿Ha tenido un hámster, profesor? —Las palabras salen de mi boca y él me mira extrañado. Muy extrañado.

Ay, no.

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