¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 26 de 55

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¿En clases no?

Capítulo 25

PLANES

Rachel

Es decir, en el método francés, cada año los intereses van disminuyendo, la amortización aumenta y los pagos serán iguales. En este caso, las cuotas son de 360 dólares en un periodo de cinco años —señalo mis apuntes, analizando el ejercicio que acabo de hacer.

—Correcto, ¡eso es! —exclama Mark con alegría.

Me descubro sonriendo de felicidad. Estoy contenta y agradecida con él por ayudarme a estudiar para el examen de mañana de Matemática Financiera. Todo es más claro con su explicación.

—Gracias, Mark —Tomo su mano y la estrecho—. Pensé que me entregarían el quiz y no respondería nada. Ahora sé que podré resolverlo o intentar tener la respuesta correcta.

—Te irá bien, cariño. Solucionaste todos los ejercicios que hicimos.

Seguro sacarás una buena calificación.

—He tenido al mejor profesor —hablo muy en serio. La paciencia con la que me ha guiado estas horas es increíble, al igual que él. No importaron las veces que tuvo que repetir algo hasta que lo entendiera, siguió hasta que pudimos lograrlo. ¡Estoy emocionada por dar una prueba que horas atrás me provocaba jaqueca!

—Iré a revisar cómo va la pasta —menciona. Miro el reloj en mi muñeca y veo que el tiempo se ha ido volando—. Almorzamos y después retomamos con el estudio, ¿te parece?

—Sí —Me levanto de la mesa junto a él—. Te ayudo.

—No te preocupes —Me rodea por la cintura—. Descansa un poco. No tardaré, espera aquí.

Asiento acercando mis labios a los suyos. Un beso corto pero que me deja suspirando. Vuelvo a tomar asiento y aprovecho para revisar el móvil.

No tengo mensajes de Amy. Desde ayer no sé de ella y ni siquiera ha respondido a lo que le escribí contándole lo sucedido con Mark y su hermanastra en el bar. Eso me sorprende sobremanera. Debe estar muy ocupada. Pero ¿y si no es así? ¿Si algo malo pasó? Niego y de inmediato la llamo.

—Rach, hola.

—Hola, Am. ¿Todo bien? Te escribí algunos mensajes y no contestaste.

—Perdóname, he estado un poco atareada —Suelta una risita y continúa

—. Te quiero decir un par de cosas —Su voz es cantarina y algo nerviosa

—: Primero, es obvio que mi hermanastra solo quería molestarte porque sabemos que el gemelo idiota y coleccionista de bragas es Steven, no Mark.

Amiga, ese mensaje es más falso que Mishell y su madre juntas.

—Lo sé.

—Lo otro que tenía que decirte… Es posible que mi fina lencería de las Chicas Superpoderosas sea parte de su colección. ¡Mis bragas parte de su maldita colección, Rach! —exclama en un acertijo que no logro descifrar

—. ¿Puedes regañarme, por favor?

—¿Por qué debería hacerlo? —cuestiono confundida. ¿Por qué pide ser reprendida como si hubiese hecho algo malo, algo de lo que está arrepentida? ¡Carajo! Sus palabras regresan a mí. El gemelo idiota y coleccionista de bragas es Steven. Eso es lo que quiere decirme, que su ropa interior hace parte de una colección. ¡La colección de Steven!

—Oh, mi Dios. ¿Tú y mi cuñado?

—Debo colgar. Hasta pronto —habla con rapidez y termina la llamada.

Mi boca se abre. Mark me había contado que vio a Steven y a Amy en el bar y que ellos lo trajeron al departamento ese día, pero no creí que fuesen tan cercanos. Me pongo de pie y camino hasta la cocina a toda prisa.

—¿Qué pasó, cariño? —Mi novio pregunta extrañado al verme en la puerta. No puedo dejar de sonreír.

—Creo que Amy y tu hermano tienen algo.

—Ah, sí —responde y vuelve a concentrarse en servir la pasta. Me intriga que no le haya sorprendido lo que acabo de decir.

—¿Sabías que estaban saliendo?

—Desafortunadamente, lo sé de primera mano. Los vi hace unos días.

—¿Dónde? —cuestiono entre inquieta y emocionada.

—En nuestra cama.

—Espera, ¿qué?

—Prefiero no ahondar en detalles —Agarra un poco de perejil y lo esparce sobre la comida.

—Yo tampoco quiero saber más —Sonrío y continúo con algo que se me quedó en la mente—. Mark, dijiste «nuestra cama».

—Porque es nuestra, cariño.

—Nuestra —repito emocionada.

Él se limpia las manos en el delantal y termina por completo con la distancia entre nosotros. Me pongo de puntitas y lo beso. Elevo las manos hasta su cabello, lo acaricio mientras continúa adueñándose de mi boca de manera lenta y dedicada. De pronto, algo parece inquietarlo.

—Me encantaría poder ofrecerte algo más que estar siempre en este departamento. Mereces más que esto, Rachel.

—Me gusta estar aquí —aclaro.

—Lo sé. También he visto lo mucho que te gustan las historias de amor de los libros y las películas y no sabes lo mal que me siento por no poder ofrecerte algo así. No mereces menos que eso —Sus palabras me llegan al alma.

—Valoro mucho lo que dices, Mark —Llevo mi mano a su mejilla y lo miro con detenimiento. Podría quedarme horas observándolo—. Tú también mereces más, nos lo merecemos y estoy segura de que lo tendremos pronto.

Falta poco para que acabe el semestre. Ya no seré tu alumna ni tu mi profesor.

—Eso es cierto, Rachel. Lo tendremos pronto —responde con dulzura junto a la comisura de mis labios.

Regresamos a la mesa. Yo me encargo de ubicar los cubiertos y de servir las bebidas. Son casi las tres de la tarde, estoy hambrienta y la pasta se ve deliciosa.

—Espero te guste —dice dejando el plato en mi lugar.

—Buen provecho —Le dedico una sonrisa. No puedo esperar más y me llevo un poco a la boca—. ¡Qué delicia! Está muy buena —Su expresión ante mis palabras es de pura alegría. Yo sigo comiendo y hablando de lo bien que se le da la cocina. Cada plato que he probado ha estado exquisito.

Me deleito con lo que prepara y con su compañía.

—En dos semanas será el congreso de Ciencias Económicas. ¡En dos semanas tendrás tu primera ponencia! —exclamo sin poder contener la emoción.

Sus ojos se iluminan y no es para menos, lleva meses preparando su investigación, sé lo mucho que esto significa para él. Hace unos días llegó al correo institucional la invitación al congreso. Como cada año, se realizará en la capital. La idea de viajar y hospedarme dos días en un hotel nunca me había gustado tanto.

—Me hace feliz saber que estarás ahí, acompañándome.

—Estoy tan orgullosa de ti —le digo.

—Gracias, mi amor.

Sonrío como una tonta. Escucharlo sigue causando el mismo efecto en mí.

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