¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 23 de 55

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¿En clases no?

Capítulo 22

NO HAY ROSAS SIN ESPINAS

Me dirijo al salón de clases. Mis pasos son lentos y siento que no avanzo. La sensación que oprime mi pecho aumenta cuando llego al aula.

Los ojos verdes que siempre me reciben hoy me miran diferente. Es el mismo hombre, pero hay algo distinto en él.

—¿Estás bien, Mark?

Mi novio sonríe con ironía. Se gira para darme la espalda, pero me muevo hasta quedar de nuevo frente a él y, de repente, otra mujer entra al salón. Mark me aparta y la toma entre sus brazos. La besa con decisión y eso me rompe por completo.

—¿Qué haces? —pregunto desconcertada— ¡Mark, respóndeme!

La chica le acaricia el rostro y luego se acerca a mí.

—No eres nadie para él —habla con total seguridad—. Ya se cansó de ti y me encontró. Mark no necesita a una niña a su lado.

El salón se llena de personas que sueltan carcajadas y me señalan con burla. Celebran extasiados lo que ella acaba de decirme.

—Mark —suplico y se me rompe el corazón.

Abro los ojos sobresaltada. Solo fue una pesadilla, reflexiono y trato de ignorar la amarga sensación. La hora en el reloj de la pared es lo primero que llama mi atención. Son las seis y veinte de la mañana.

—¡Mierda, llegaré tarde a clases! —Intento levantarme, pero es imposible. Mi cuerpo está siendo aprisionado por la persona a mi lado.

—Un minuto más —jadea Mark.

La desorientación termina. Empiezo a recordar la visita a almorzar que se extendió por muchas horas más hasta que caímos exhaustos en mi cama.

—Mark, despierta —le digo con dulzura.

—No —se queja, aferrándose más a mi cuerpo.

Río por lo curioso de la situación. Estoy tratando de despertar a mi profesor para ir a clases.

—Lamento decirle que usted es el maestro y que hoy tenemos un examen.

—¡La prueba! —Me suelta y se sienta de golpe.

—¿Sabes qué? Mejor volvamos a dormir —bromeo.

Me dedica una sonrisa traviesa y me abraza con entusiasmo. Intenta juntar nuestros labios, pero lo esquivo.

—Te vi besándote con otra —justifico mi arrebato.

—¿Otra vez seré confundido con mi gemelo? —habla divertido. Su conclusión me hace gracia.

—Tuve una pesadilla en la que besabas a otra —Mis palabras hacen que él suelte una carcajada.

—Solo en los peores sueños podría elegir otros labios que no sean los tuyos, Rachel —responde y se ubica encima de mí. Acerca su boca a mi cuello. Se pega ligeramente a mi cuerpo y puedo sentir su erección crecer, robándome un jadeo que silencio de inmediato.

—Seguro mi madre ya llegó —susurro, me aterra que ella pueda escucharnos—. Debemos ir a clases.

Mark deposita un beso en mi frente y le pido que vaya a ducharse mientras yo voy con mamá. Tener que decirle que él se quedó a dormir me pone nerviosa.

Camino a su habitación y un sentimiento de extrañeza me invade al ver su cama vacía.

—Mamá, ¿dónde estás? ¿Todo bien? Por favor, llámame —Le envío una nota de voz y la respuesta llega al instante.

Estoy bien, amor. Es el cumpleaños de Katty y decidimos desayunar todos juntos antes de regresar a nuestras casas.

No tardo. Te quiero.

Ahora más tranquila, le cuento que ya voy saliendo para la universidad y omito un pequeño detalle.

Los minutos pasan volando. Apenas tengo tiempo de ducharme y arreglarme. Salimos de casa y me preocupa que lleguemos con los mismos tres minutos de retraso, por lo que le propongo bajarme un par de calles antes para que no nos vea nadie.

La prueba empieza tan pronto entro agitada al salón.

—Les queda un minuto —informa Mark una hora después—. No olviden dejar su hoja sobre la mesa y salir en silencio.

Seguimos sus instrucciones y algunos nos reunimos en el pasillo para comparar las respuestas. Mi emoción aumenta al escuchar que las mías coinciden con las de varios de mis compañeros. Quizá si Theo hubiese asistido hoy, estaríamos celebrando la esperada calificación.

Salgo del edificio y le envió un mensaje a Mark para recordarle que iré a casa a ver a mamá. Trato de seguir mi camino hacia la salida hasta que

alguien me detiene.

—Rach, querida. ¿Cómo te fue en la prueba? —Escucho la voz chillona de Monique.

—Bien —respondo cortante y sigo mi camino. Sé que sus intenciones al hablarme no son buenas.

—Me lo imaginaba —suelta al tiempo que me sujeta del brazo.

—No me toques —Me zafo, enojada por lo que ha hecho.

—¿Sacando las garras tan pronto? Dime, ¿han pasado tres, cuatro meses y ya te crees la primera dama por revolcarte con el profesor?

—Monique, son los presidentes quienes tienen una primera dama —le respondo con sarcasmo.

La carcajada que emite me molesta.

—Quise decir dama de compañía —aclara cuando Crisna y José llegan a donde estamos—. ¿Se dieron cuenta de quién llegó con la misma ropa que ayer?

—Rach, ¿acaso tu prueba no fue escrita sino oral? —se burla José.

—Imbécil —murmuro. No estoy dispuesta a seguir escuchándolos.

Decidida a salir de allí, doy un paso al costado, pero esta vez es José quien toma mi brazo con más rudeza que Monique.

—Es bueno saber que ese culo tan bueno que tienes ha servido para que el profesor Harvet llegara tarde —Su agarre se hace más impetuoso.

—¡Suéltame! —grito.

—No hay nada de malo en ser una regalada, querida —habla Monique.

—Acéptalo, Rach. No hay nada de malo en aprovechar las oportunidades —agrega José. Lo miro asqueada—. ¿Será que por llegar tarde nos aprueba a todos? Te lo agradecería mucho.

Respiro profundo. No vale la pena sentirme mal por lo que digan. Estoy estudiando como cualquiera y no tengo la menor intención de usar mi relación con Mark para beneficiarme con una nota.

—Cálmate, José, tampoco lo tomes personal —dice Crisna, ganándose la mirada asesina de sus amigos—. Se meterán en problemas.

—Rach, tengo bajas calificaciones en Estadística —Él vuelve a centrar su atención en mí— ¿Puedes darle un buen polvo al profesor para que me pase? Te pago si quieres, aunque creo que tú lo harías gratis.

Como puedo, me suelto de su agarre y lo empujo. José maldice y se acerca a mí con una mano levantada. Me cubro el rostro por instinto al ver

sus intenciones de golpearme.

—¿Qué demonios te pasa? —El grito del hombre que identifico me paraliza—. Le pones un puto dedo encima y te arrepentirás.

—No te metas, Kozlov —grita José.

Observo a mi ex abalanzarse sobre el amigo de Monique y tirarlo al suelo. Me siento aterrorizada al ver que las pocas personas que pasan por el lugar observan con normalidad la situación. ¿Por qué nadie hace nada?

¿Desde cuándo estas situaciones se volvieron algo normal? ¿En qué momento la mejor postura hacia la violencia se convirtió en tomar un móvil y grabar o simplemente ignorar?

No puedo evitar empezar a llorar por la impotencia.

—No te metas con ella, cabrón —grita Jackson mientras lo patea.

—Hagas lo que hagas, no va a regresar contigo —se burla José, tratando de cubrirse con las manos.

El comentario desata aún más la furia de Jackson, quien se tira al piso para golpearlo con sus puños. Las súplicas de José no tardan en llegar.

—Detente —le pido a mi ex y, por fortuna, obedece.

—¿No te da pena defender a esta zorra que te traicionó, Jack? —

inquiere Monique. En lo único que piensa es en lanzar su veneno.

—Mejor cállate y vete de aquí si no quieres que la vergonzosa sea tu cara después de lo que te voy a hacer —sentencia Jackson.

Crisna ayuda a José a ponerse de pie mientras Monique se retira gritando que borren los videos filmados.

—Eres patético —José murmura y, antes de que Jackson vaya hacia él, lo detengo.

—No vale la pena —le digo conteniendo las lágrimas.

—Vámonos de aquí —Jackson pone una mano en mi espalda y me guía hasta la entrada del estacionamiento. No puedo dejar de sentirme incómoda por su cercanía—. ¿Quieres que te lleve a casa?

—Gracias por lo que hiciste, pero no es necesario. Puedo irme sola.

—Es por ese imbécil, ¿verdad? —cuestiona con enojo—. ¿Cuándo entenderás que no te conviene?

—Estoy agradecida porque me defendiste, en serio lo aprecio, pero…

—No lo dejarás —interrumpe con furia—. ¡Maldición, Rachel! ¿Qué tengo que hacer para que regreses? ¿No puedes entender que te quiero?

—Adiós, Jackson —Me doy la vuelta para salir del lugar y él me toma del brazo que ya está bastante lastimado gracias a José para detenerme. Me suelto como puedo.

—¿De verdad vas a irte así? ¿No piensas agradecerme?

—Ya lo hice, Jackson.

Niega con su cabeza y el miedo regresa a mí cuando me doy cuenta de que el estacionamiento está vacío.

—He intentado olvidarte, te lo juro que lo he intentado —confiesa—, pero no puedo.

Doy un par de pasos hacia atrás y me tropiezo. Jackson logra sostenerme, pero su cercanía solo me causa rechazo.

—No —chillo al ver su intención de besarme.

Sus manos me sujetan con fuerza. El hombre que llegó hace unos minutos para defenderme, se convierte en mi nuevo verdugo. Me duele reconocer esto en la persona en la que confié por tantos años, en la persona a la que amé.

—Por favor, no —sollozo, pero hace caso omiso a mi súplica y me besa.

—¡Suéltala! —La voz de Mark sorprende a Jackson y logro alejarme de él.

—Tú, de nuevo —gruñe, centrando su atención en mi novio—. ¿Y

dónde estaba el héroe cuando un imbécil maltrató a Rachel? ¿Ocupado con otra alumna?

—¿Qué te hicieron? —pregunta Mark con preocupación.

—Vámonos ya. Por favor —le ruego al ver que su mirada se dirige hacia Jackson.

—Tranquila. Aunque desde el momento en que escuché a este idiota hablando sobre los rumores que había creado sobre ti quise golpearlo, no voy a darle el gusto —Respira profundo y continúa—. Es más, debería agradecerle.

—¿Agradecerme por qué? —grita—. ¿Porque gracias a mí te la follas?

¿La haces disfrutar tanto como yo lo hacía? —Observo a Jackson horrorizada. ¿Por qué está haciendo esto?

La calma en Mark comienza a desaparecer y da un paso hacia mi ex.

—¿Te pide más como lo hacía conmigo? —Jackson sigue provocándolo.

—Basta, Kozlov. No permitiré que hables de mi mujer, a la que nunca le pusiste un dedo encima.

—Vete ya. No hagas las cosas más difíciles —Le pido a Jackson, quien parece desconcertado y nos ve con ira antes de marcharse.

—Perdóname por no estar contigo. Salía de la universidad, vi todo el alboroto y escuché a algunos alumnos hablando del altercado —me dice al tiempo que limpia la humedad de mis mejillas—. Lamento que tengas que pasar por cosas así. Lamento que todo esté tan lleno de espinas, pero prometo ayudarte a quitarlas del camino.

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