¿En clases no?
Capítulo 49
TAN JUSTO A MI VIDA
De hecho, son muchas cosas. No es lo que Mark dijo lo que me roba el aliento, sino su actitud nerviosa y la zozobra en su rostro.
—Amor, ¿qué sucede? —La preocupación se apodera de mí.
—Rachel, sé que hemos planeado muchas cosas para nuestro futuro, que algunas se destruyeron en el camino y otras parecen no pertenecernos ya —
comenta y me desconcierta. Trago, intentando soltar el nudo que se forma en mi garganta. No hay bromas, palabras cargadas de diversión o algo por el estilo. Él está hablando en serio, completamente en serio—. Al menos para mí, ya no parecen encajar del todo y es de eso de lo que te quiero hablar.
—No lo entiendo, Mark. ¿Se trata de Mishell y Jackson? ¿Los liberaron?
—No. Esto se trata de nosotros.
Al menos para mí, ya no parecen encajar del todo. Sus palabras resuenan en mi mente y él detiene el coche en una calle que no reconozco.
Posa con delicadeza una mano sobre la mía.
—Todo está bien, cariño.
—¿Lo está, Mark?
—Siempre que se trate de nosotros estará bien —Aunque sigue habiendo cierta tensión en su rostro, sonríe amable y eso me da seguridad.
Lo que dijo es sobre él y sobre mí, sobre ‘nosotros’, así que empiezo a creer que solo estoy analizando todo de manera exagerada. Merezco un premio Oscar por las películas que inventa mi mente—. Rachel, lamento si mis confesiones a medias te hicieron pensar otra cosa, pero es que estoy nervioso.
—No voy a negar que activaste mi paranoia, así que puedes declararte culpable —Río y él se contagia por unos segundos para luego pasarse la otra mano por el cabello. Nunca lo había visto así de intranquilo—. Mejor sigamos hacia tu departamento o vamos a morir de hambre.
—Rachel, estamos en casa, en nuestra casa —exhala suave y me mira fijo—. No quiero terminar con nuestros planes, sino empezar a hacerlos realidad y lo primero que deseo saber es si quieres que vivamos juntos.
Entonces, cada pieza encaja en este puzzle de actitudes nerviosas y confusas. Estamos detenidos frente a una casa blanca que se ajusta a la
perfección a la imagen del hogar que creamos en las tantas conversaciones que hemos tenido sobre el futuro. Es de un estilo contemporáneo, en su estructura de dos niveles luce un juego simple y elegante de volúmenes con tres elementos, combinando con el precioso jardín que la rodea en donde hay un par de arbustos de peonías.
—Mark, ¿estás bromeando? —hablo con apenas un hilo de voz. Regreso la mirada hacia él y me contengo para no gritar de emoción.
—Esta es nuestra casa, cariño.
—Por supuesto que quiero que vivamos juntos. Todo si es contigo.
—Todo si es contigo —repite y acuna mi rostro con sus manos—. Eres la mujer de mi vida, Rachel. Quiero construir un camino a tu lado, vernos crecer, superar los momentos complejos y construir los mejores recuerdos.
Lo abrazo fuerte. Hay tantas palabras que quiero pronunciar, pero no sé cómo empezar. Yo también quiero formar un hogar junto a él. Me siento la más afortunada teniendo conmigo un amor recíproco, un amor completo.
Echo la cabeza hacia atrás y busco sus labios que me reciben con ternura y pasión al mismo tiempo.
—Será mejor que entremos a nuestra casa —comenta divertido y le doy la razón. Mark sale del coche y lo rodea para abrirme la puerta. Me ofrece su mano y, por la forma en que me mira, diría que me está entregando su corazón y su vida en ese gesto.
Mientras caminamos, estudio cada detalle exterior de la propiedad y del espacio a su alrededor. Mis ojos se llenan de lágrimas al ver las letras grandes qué hay escritas en una placa de mármol sobre la puerta: HL.
—Harvet Lombardo —digo invadida por una cúspide de amor y emociones. Mark detiene el paso y hace que mi cuerpo gire hasta quedar frente a él.
—Un día desperté con esta idea y no pudo ser en aquel momento.
Quiero creer que ninguno de los dos estaba preparado entonces, pero que hoy lo estamos —Su voz lleva una chispa de anhelo y melancolía—. Por eso, antes de entrar, me gustaría preguntarte algo —Me centro en su sonrisa devota y sus brillantes ojos verdes llenos de incertidumbre—. Pensé muchas veces en cuál sería la mejor manera de hablar de esto, no podía decidirme.
Luego descubrí que no había dilema: Cualquier momento y cualquier lugar son perfectos para decirte que te amo, que amo cada parte de nuestra historia —Hace una pausa y seca la humedad en mis mejillas—. Así que
decidí hacerlo aquí, donde deseo compartir el resto de mi vida contigo. Es por eso que, frente a nuestra casa, quiero decirte que...
Hinca una rodilla en el suelo y yo me llevo las manos a la boca, ahogando un grito por la sorpresa. Oleadas de nervios me recorren el cuerpo cuando Mark saca del bolsillo interno de su traje una cajita pequeña de color negro. Hay un par de letras plateadas sobre ella, las mismas iniciales de la puerta: HL.
—Quiero que cada noche sea tu rostro lo último que vean mis ojos, tus susurros soñolientos lo último que escuche. Quiero despertarme abrazado a ti. Cuidarte, hacer el amor contigo por el resto de mis días. Quiero luchar por tu felicidad, que también es la mía —susurra lo último y río entre sollozos—. Rachel Lombardo Evans, ¿aceptas compartir tu vida junto a mí?
—Por supuesto que sí, Mark —Asiento repetidas veces mientras continúo sollozando y riendo a la vez—. ¡Acepto!
—Cásate conmigo, por favor —Habla con su voz llena de pasión y seguridad, en su boca se dibuja un gesto de emoción cuando abre la cajita.
La imagen del hombre que amo pidiéndome compartir una vida a su lado me supera.
—Sí. Mil veces sí. No importa si es ahora, en siete días, siete meses o siete años, por supuesto que acepto —digo extendiendo hacia él la mano que me pide. Mi corazón se oprime al verlo dejar un dulce beso en mis nudillos.
Toma el anillo de diamantes y lo rueda por mi dedo anular. Me agacho para unir mis labios a los suyos, nos sumergimos en un beso especial y único. Los inexplicables sentimientos que él provoca en mí no dejan de sorprenderme. Nada ha cambiado desde el primer encuentro, la primera declaración de amor; la electricidad que nos rodea cuando estamos juntos sigue siendo la misma. Su boca, su sabor y su piel continúan haciéndome sentir viva.
Mark se levanta y me estrecha entre sus brazos, nos aferramos el uno al otro con necesidad.
—Te amo tanto, Mark. Agradezco todos los días que nuestros caminos se cruzaran.
—Te amo más, cariño, y hoy te entrego por completo mi corazón, me entrego a ti, a nuestra familia, a nuestros futuros tres hijos…
—Y tres hámsteres —termino por él y ambos reímos.
—Así es, cariño. Bienvenida a casa, futura esposa.
Su tono firme se mezcla con la ternura de sus palabras. Marca un código numérico de seis cifras en el aparato junto a la puerta que coincide la fecha en la que nos conocimos y luego pone su huella digital. Si el exterior de la casa es maravilloso, el interior lo es aún más. No hay nada que se le compare, incluidas las personas que nos reciben llenas de alegría.
—Familia, les presento a mi prometida —informa Mark emocionado.
—¡Felicidades! —exclaman al unísono sus padres, su hermana, sus sobrinos y también mi abuela. Recibimos con alegría los buenos deseos.
—¿Cómo que en una celebración de compromiso se dan felicitaciones y no pésames? —inquieren después Steven y Amy, burlándose. Todos nos divertimos con sus palabras, excepto el señor Ethan, quien reniega lo que han dicho.
—Mi pequeña —Se acerca mi nana y me abraza. Sé en qué piensa o, mejor dicho, en quién. Y hoy, después de tanto tiempo y de la ayuda de la psicóloga y mis seres queridos, puedo recordarla sin culparme, sino llena de la paz que siempre me regaló. Sé que mamá estaría muy feliz por la decisión que he tomado—, estoy tan contenta por ustedes. Mark, bienvenido a nuestra familia.
—Gracias, Grace —la abraza mi prometido—. Significa mucho su aprobación para nosotros.
—Tendrás la mejor despedida de soltera que puedas imaginar, amiga —
Ahora es Amy quien se acerca a nosotros, seguida de Steven.
—Y yo prometo enseñarte mis mejores técnicas como stripper para que estas mujeres realmente tengan la mejor despedida de solteras —dice el gemelo de Mark palmeándole el hombro con diversión.
—Ah, no, ustedes no van a estar ahí. Ni lo piensen —los regaña Amy.
Mi suegro se escandaliza y todos soltamos una carcajada.
Eleanor propone un brindis y, aunque me ofrezco a ayudar, ella me dice que organizarán todo junto a Romina y Steven.
—¿Me acompañas? —pide Mark en un susurro. Ni siquiera sé a dónde vamos, pero lo acompañaría hasta el otro lado del mundo—. Te prometo que no tardaremos.
Nos disculpamos con el resto y subimos las escaleras. El segundo piso resplandece con el color blanco de las paredes y me encantan los adornos
que hay en los corredores. Es una casa moderna, elegante y, sobre todo, familiar.
—Estoy ansioso por mostrarte cada rincón, pero empezaré por nuestra habitación —Marca en la puerta el mismo código de hace un rato.
—La fecha en la que nos conocimos, el inolvidable primer día de clases con el profesor Harvet.
—El mejor día de mi vida —asegura inclinándose para alzarme y entrar.
—Creo que este no es el protocolo para los prometidos —suelto risitas.
—Siempre hemos mandado a la mierda las reglas y los protocolos, señorita Lombardo.
—Esto es hermoso —hablo cuando me deja en suelo y me abraza por detrás. Sobre la cama hay peonías de diferente tipo y color. Juntas forman las iniciales de nuestros apellidos. Mis letras favoritas.
Me siento dichosa, pero debo ser sincera conmigo y con él.
—Mark, hay algo de lo que me gustaría hablar —Giro para verlo de frente. Respiro profundo y noto que me observa atento—. Deseo casarme contigo y formar una familia; estoy convencida de ello, pero quisiera terminar primero la carrera y hacer un posgrado. Siempre he soñado con ser una gran profesional y honrar todos los planes que hice con mamá.
—Lo que dices me hace amarte más —Se inclina para darme un beso y veo sus ojos resplandecer.
—¿No te molesta que tengamos un compromiso tan largo? —pregunto apenada.
—Me hace feliz que pienses en ti y en tus metas. Te esperaría toda la eternidad si fuese necesario —Sus palabras me hacen suspirar de felicidad.
Lo envuelvo en mis brazos y pongo mi mejilla en su pecho—. Gracias, cariño.
—¿Por qué?
—Por llegar tarde a mi clase y en el momento indicado a mi vida.
—Gracias a ti por dejarme entrar a tu clase y a tu corazón. Después de todo, el rumor sí era real: el profesor de cálculo no es tan gruñón.
—El rumor real debería ser —sonríe y me da un beso tierno—… Que usted es el amor de mi vida, señorita Lombardo.
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