¿En clases no?
Capítulo 13
¿HA TENIDO UN HÁMSTER,
SEÑORITA LOMBARDO?
Rach —La voz amable y calmada de mamá tranquiliza mis nervios.
Aunque es duro verla en una cama de hospital, adormecida por los efectos de los medicamentos, tenerla a mi lado me hace bien.
—¿Cómo te sientes, mami?
—Bien, mi amor —responde en casi un susurro, sus ojos siguen medio cerrados—. Con algo de sueño.
—Necesita descansar —informa Katty. Asiento.
—Te amo, extraña —le digo y deposito un silencioso beso en su frente.
—Tranquila, Rach, Karla es una mujer fuerte. Estará bien. La mantendremos en observación hasta mañana. Será mejor que vayas a casa y prepares todo para que puedas quedarte aquí con ella esta noche.
—Tienes razón. Iré por algunas cosas. No tardaré —Tomo sus manos—.
Por favor, cuídala.
—Así será.
Agradeciendo la firme promesa de Katty, me despido de ella y de Andrés y salgo de la habitación. Mark me ve y se pone de pie. Algo más animada, le comento sobre mamá, lo feliz que me hizo verla.
—Me alegra que todo esté mejor, Rachel —dice con calma y me acaricia el brazo con delicadeza. Es un gesto lleno de ternura que no hubiera imaginado del hombre serio y algo cortante que me dicta clases.
Ambos guardamos silencio y, por primera vez en las últimas horas, soy consciente de lo cerca que estamos. Una cercanía que no solo me altera a mí, sino también a él. Noto su respiración agitada y me alegra sentirlo tan nervioso como yo. Eso equilibra un poco la situación.
Ya no puedo resistirme más, así que me pongo de puntitas y lo beso.
Cierro los ojos y siento su mano derecha posarse sobre mi cintura, mientras que la izquierda se hace un camino para hundirse en mi cabello. Los latidos de nuestros corazones se encuentran cuando me aferro más a él, marchando al mismo ritmo. Saboreo los carnosos labios que tantas veces había observado y que ahora me roban el aliento. Todo dentro de mí se sosiega y no logro explicar la emoción que recorre mi cuerpo.
Me separo un poco de Mark y noto cómo su pecho sube y baja.
—¿Ha tenido un hámster, señorita Lombardo? —musita en mi boca.
Me alejo más y sonrío. Busco su mirada, esos ojos verdes que tienen un poder hipnótico sobre mí.
—Rachel… Oh, perdón si interrumpo —comenta Andrés sorprendido
—. No sabía que estabas aquí todavía, pero aprovecho para contarte que el estado de Karla es estable, pero la mantendremos en observación unos días.
—Muchas gracias, Andrés. Jamás podré agradecerles lo suficiente por todo lo que están haciendo por mi madre.
Él asiente y pone su mano en mi hombro.
—La estimamos mucho —dice con amabilidad—. Me alegra conocerte, por fin. Karla no para de hablarnos sobre ti y ahora entiendo el porqué —
Estoy apenada y no sé qué responder—. Nos vemos luego, Rachel. Permiso
—agrega y cambia por completo su expresión al hablarle a Mark y retirarse.
—Tiene buenos gustos el doctor —suelta él. Me río por su comentario y Mark hace lo mismo, mostrando sus simétricos dientes blancos, y luego se ofrece a llevarme a casa.
—Gracias, pero no quiero quitarte más tiempo. Seguro tienes muchas cosas que hacer.
—Lo único importante que tengo que hacer ahora es acompañarte.
Mi rostro dibuja una sonrisita tonta al escucharlo y, sin más, acepto. Me limito a seguirlo cuando vamos hacia el estacionamiento, porque no tengo la menor idea de dónde está su auto. Ni siquiera me acuerdo de cómo es.
Mark se detiene frente a un coche al que hace mucho no lavan.
—Es maravilloso, ¿no? —pregunta al darse cuenta de la manera atenta en que miro el auto.
—No —respondo sin pensar. Si la imprudencia fuese premiada, ahora mismo recibiría el más grande de los trofeos. Y con él mismo te golpearía, me riñe la vocecita de mi cabeza. No pretendía sonar grosera, pero creo que así me escuché.
Mi madre suele decir que mientras algo esté limpio siempre lucirá bien y eso es lo qué pasa con este carro: No es que sea feo, sino que está poco cuidado, lo cual me sorprende mucho siendo de Mark.
Su carcajada interrumpe mis pensamientos.
—Disculpa. No quise ser grosera —aclaro apenada.
—No voy a disculparte. Ofendiste a Mur —dice divertido y ve con molestia hacia el auto.
—¿Le pusiste nombre?
—Este desastre es de mi hermano. Lo adquirió hace poco como pago por parte de un cliente, es una larga historia —me explica mientras abre la puerta para dejarme entrar y luego él hace lo mismo.
—¿De verdad se llama Mur?
Asiente mientras busca algo en la guantera. Es un papel que me entrega de inmediato.
—Que considerado es él —digo entre risas.
—No te imaginas.
Por lo que hemos podido hablar, se nota que tiene una relación muy estrecha con Steven.
Durante el camino a casa, le indico a Mark las calles que debe tomar y aprovecho también para enviar mensajes a Amy sobre lo sucedido con mamá. Ella no tarda en responder, me informa que vendrá a verme pronto.
—Muchas gracias. Por todo —comento cuando Mark se estaciona frente a mi casa.
—Para lo que sea que necesites, Rachel —Su tono determinante no deja espacio a dudas.
¿Este hombre es real?, me pregunto. Y, como si de alguna manera Mark deseara ayudarme a encontrar la respuesta, toma mi mano y la besa.
Sí. Es real. Se siente real.
—Hasta pronto, señorita Lombardo —añade risueño.
En un movimiento leve, se acerca. Nuestros labios se rozan y las mágicas cosquillas en mi estómago vuelven. Lleva su mano hasta mi nuca, acentuando nuestro beso, uno más corto, pero igual de apasionado al anterior.
Los latidos de mi corazón deben oírse por encima del ruido de la calle.
—Mark…
—Lo mucho que me gusta mi nombre en tu boca —musita contra mis labios.
Ve con calma, Rachel, aconseja la vocecita en mi cabeza. Ella conoce mis sentimientos y también el temor que me consume. Lo perfecto que parece todo, hasta el momento puede convertirse en un bonito para siempre o en la peor desilusión amorosa en un abrir y cerrar de ojos.
Una desilusión amorosa que besa de maravilla.
—¡Qué carajos! —Ese es el inicio de una ráfaga de insultos que me sobresalta, haciéndome separar de Mark. Miro por la ventanilla trasera y ahí está Jackson, acercándose enfurecido—. Baja del maldito auto, Rachel.
Ahora está justo frente a la puerta del copiloto, tratando de abrirla.
Cuando se da cuenta de que lleva seguro, comienza a golpear la ventana.
Por impulso, temerosa de que en cualquier momento los vidrios estallen, deslizo mi cuerpo y lo acerco al de Mark.
—Tranquila, espera aquí —me dice él. Antes de poder siquiera responderle, se baja del auto.
Jackson abandona su intento por abrir la puerta y dirige su atención a Mark, quien rodea el coche para enfrentar a mi exnovio.
—Vamos, golpéame a ver si te echan de una puta vez —vocifera Jackson.
Las piernas me tiemblan, pero la adrenalina me impulsa a salir del carro.
—Rachel —mencionan los dos cuando me paro frente a ellos. Mi ex da un paso hacia mí y Mark lo sujeta del brazo, deteniéndolo.
—Ella no quiere que la toques —enfatiza, lo que provoca que Jackson forcejee para soltarse.
—¿Y qué vas a hacer si la toco? —brama y empuja a Mark—. No sabes con quién te estás metiendo. ¡Voy a hacer que te saquen de la universidad!
—Basta, Jackson —le pido. Él, más enojado que antes, trata de acercarse de nuevo, pero Mark lo detiene otra vez.
—¡Te dije que no la tocaras! —Sus palabras salen como una bala en explosión. Parece que está perdiendo el control.
—Mark, no le sigas el juego. No vale la pena —le hablo para tratar de calmarlo.
—Es mi novia y la toco cuando se me dé la maldita gana —agrega Jackson.
—¡No soy tu estúpida novia! —Lo que dice me asquea y hace que le responda con enojo.
—Así que los rumores son ciertos, tú y este salen… Eres patética, Rachel. No puedo creer que te estuvieras besando con este imbécil.
—No vuelvas a hablarle de esa manera —Mark habla fuerte, pero parece reflexionar y baja el tono—. Y sí, ahora los rumores son reales.
Cuidado con lo que deseas, ¿no?
Jackson ríe con amargura.
—Seguro que esta te va a dejar por el primero que se le cruce, como me lo hizo a mí.
¿Pero qué demonios está diciendo? ¡No me lo puedo creer!
—Los tres sabemos la realidad de la situación y, si fuera cierto, no la culparía por dejarte.
—Ya veremos quién sonríe al final cuando toda la universidad se entere de esto —Jackson fija sus ojos en mí—, y cuando este cabrón te deje porque encontró a otra que le guste más.
Niego con la cabeza y suelto una risa irónica. Me parece muy familiar el comentario.
—Otra que le gusta más —espeto, molesta por su cinismo—. Jackson,
¿cuándo vas a aprender a no referirte a las personas como si fueran un juguete que se puede desechar fácilmente? Deja de comportarte como un niño.
Permito que la rabia fluya y le devuelvo las palabras que él me entregó cuando cortó conmigo. Jackson me mira con indignación. Está ofendido y eso se siente genial.
—Lo vas a lamentar, mi amor —amenaza, dibujando una sonrisa a medias en su rostro—. Te vas a arrepentir de haber elegido a este idiota que solo quiere jugar contigo.
Se aleja al terminar de hablar. Aún en su ausencia, lo que dijo sigue en el aire, muy presente en mi mente… Y las inseguridades regresan.
—¿Valdrá la pena esto, Mark? —pregunto sin vacilar, en mi intento de cuidar un corazón con miedo de volver a sentirse traicionado y roto.
—No lo sé, Rachel. Ojalá tuviera una respuesta positiva e invariable para ti. Lo que sí te puedo asegurar es que no eres un juego para mí, nunca lo serás y me esforzaré para que esto valga más que la pena.
Me animo a confiar en sus palabras, a creer en la sinceridad que veo en sus ojos y al modo en que me hace sentir el saberlo cerca. No sé en qué me estoy metiendo, pero creo que ya no puedo detenerlo.
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