¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 34 de 55

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¿En clases no?

Capítulo 33

TIEMPO

Enero 7 - Desesperación

La llamaste de nuevo? —Miré con recelo a Amy. Por supuesto que la había llamado como todos los días en ese último mes—. Es que no entiendo qué sucede.

Al igual que ella, yo también seguía buscando razones para comprender su distanciamiento. ¿Dónde estaba? ¿Por qué nadie nos daba información suya? Seguí preguntándome con la esperanza de encontrar respuestas.

—Mark, ha pasado un mes, tienes que parar un poco. No comes, no duermes, vives pegado al móvil esperando la llamada del investigador o de la policía. ¿Y si Rachel no quiere que nadie la encuentre? —El comentario de Steven heló la sangre en mis venas.

—No. Algo tuvo que pasar —musitó Amy y apoyé su comentario.

—Lo sé, Martins, y seguiremos buscándola, pero no voy a permitir que mi hermano se estanque de esta manera —habló Steven con seriedad y ella bufó malhumorada—. Cada día visitando hospitales, estaciones de policía y morgues. Esto tiene que parar ya, por eso contratamos al investigador que tu padre nos recomendó.

—Quiero estar solo —les pedí, ya estaba cansado de escucharlos discutir mientras mi corazón se rompía porque estaba convencido de que había un motivo para lo que estaba ocurriendo y no lo conocía. Estaba seguro de que yo no era el único que sufría con eso.

—Llamaré de nuevo a casa de su abuela y a sus vecinos. Quizá sepan algo esta vez. Te avisaré cualquier novedad —Asentí ante el comentario de Amy, quien también estaba destrozada por la ausencia de su mejor amiga.

Al quedarme solo en las jodidas cuatro paredes del departamento, donde no hacía más que recordarla, decidí ir por Dory. Ese pequeño hámster me hacía sentir cerca de ella.

—Hey —dije acariciándola. Mis labios se curvaron en una sonrisa al pensar en las razones por las que decidí regalársela a Rachel—. Vamos a esperar todo lo que sea necesario.

Suspiré con pesadez y mi mente volvió al constante interrogatorio.

Desde el primer día me planteé todos los escenarios y razones posibles para su partida.

—¿Hice algo mal, Rachel? ¿Huiste de mí… De lo nuestro?

Negué con la cabeza y mis ojos se llenaron de lágrimas. Dejé a Dory en su jaula y me recosté en la cama. Tomé el celular para enviarle un mensaje a Rachel, algo que no había dejado de hacer ningún día.

Ahora mismo podría decirte o preguntarte tantas cosas, pero me basta con recordarte que te amo.

Febrero 7 - Esperanza

Desde que ella se fue, mantuve la ilusión de que regresara, una esperanza que me hacía sentir como un idiota y que había empezado a odiar. Me estaba destruyendo.

—Mark —llamó Amy desde la puerta. Le había dado acceso a mi departamento porque cada día pasaba y hablábamos sobre Rachel—.

¿Tienes alguna novedad?

Negué decepcionado y le conté de mi travesía al visitar de nuevo el pueblo. Nadie atendió y los vecinos seguían sin saber nada. Fue difícil darme cuenta de cómo las ilusiones que tenía de verla seguían desvaneciéndose.

¿Por qué desapareció junto a su madre y su abuela? No lo entendía.

Aunque solo quedaba una semana de clases cuando pasó todo, estaba seguro de que Karla no apoyaría que su hija dejara los estudios sin una razón lógica. Un nuevo semestre había empezado y ella seguía sin aparecer.

Algo andaba mal, muy mal. Tuvo que pasar algo grave. El sonido del móvil interrumpió mis pensamientos. Un mensaje del Ildet.

—Debo responder —dije a Amy, ella asintió y fue hacia la cocina.

Imposible, Mark. Rachel Lombardo no presentó los exámenes ni los proyectos finales en ninguna materia, y tampoco ha remitido una excusa médica o de fuerza mayor.

Reprobará el semestre y no hay nada que podamos hacer.

Me llevé la mano al cabello y deslicé mis dedos por él, me sentía frustrado por lo que pasaba. Sabía lo mucho que ella se había esforzado durante todo el periodo y ahora iba a reprobarlo. No era justo y lo que más me molestaba era que Ildet no fuera capaz de ayudarle en lo más mínimo.

En ningún momento le pedí que le regalara las notas, sino que mantuviera abierta la posibilidad de que, en su regreso, pudiese culminar el periodo.

No quería llegar a esto, pero si no permites que Rachel tenga la oportunidad de presentar sus exámenes y trabajos de cierre de semestre a su regreso, hablaré con mi familia para replantear la ayuda que le damos a tu

universidad. Un centro educativo que no piensa en el bien de sus alumnos no es un lugar al que la familia Harvet le interese apoyar.

Y no lo digo solo por el caso de Rachel, sino por lo poco amables que fueron las directivas con Theo Blaker.

Su abuela falleció y, en lugar de comprender la situación y darle el respectivo acompañamiento, decidieron reprobarlo.

Dejé el teléfono en la cama y volví a la sala.

—¿Desayunaste? —preguntó Amy al verme.

—Sí, con Romina y mis sobrinos —comenté y ella hizo un mohín al recordar las razones por las que me reuní con mi hermana—. Aman a Dory, estará bien con ellos.

Fue una decisión difícil, pero debía hacerlo. Dory necesitaba de cuidados y yo apenas podía conmigo. Mis sobrinos la amaban y eso me tranquilizaba. Era lo mejor. Además, tenerla en el departamento me hacía recordar a Rachel, lo que empezaba a doler cada vez más.

Marzo 7 - Nostalgia

Rachel, ¿dejaste de quererme? Aunque me dolería,

prefiero que me respondas cualquier cosa a la tortura de no saber nada de ti. Esto me está matando.

Me convencí de que, a partir de ese día, no volvería a tratar de contactarla. Aguardaría por ella en silencio, sin más llamadas o mensajes que no tendrían respuestas.

Te amo tanto, Rachel.

Esperaré el tiempo que sea necesario.

Tuyo siempre,

Mark Harvet.

Mi corazón insistía en recordarla, pero Steven tenía razón. Yo no estaba bien, debía parar de buscar respuestas.

Abril 7 - Cuando el amor duele

Alejarla de mis pensamientos era difícil. Aunque por mucho tiempo intenté mantener las esperanzas, ya no quedaba nada. Empecé a creer que ella no volvería. El último informe del investigador ya no parecía tan descabellado y quizá tenía razón. Rachel decidió irse y, si eso era lo que ella quería y estaba bien con su elección, debía aceptarlo así me matara hacerlo.

Pero ¿por qué? ¿Cómo pudo irse sin dar razones? Mi móvil sonó y, cuando el semáforo se puso en rojo, revisé la notificación. Era Amy

regañándome porque ella y Steven llevaban diez minutos esperándome en la cafetería en la que quedamos de encontrarnos. Le escribí para informarle que ya estaba por llegar.

—Media hora tarde, Harvet. ¿Qué pasó con la puntualidad? —Al entrar al lugar, Amy habló tan alto que llamó mi atención y la de todos en el sitio.

A nuestro alrededor se reían por lo escandalosa que resultaba y ella parecía divertirse con la situación—. Los llamo por su apellido porque no sé quién es mi novio, pero estoy sentada con uno igualito, así que no es traición, eh

—bromeó provocando más carcajadas por parte de los espectadores.

—Siéntate, Steven —dijo mi hermano ganándose un golpe de ella—.

Oye, solo te estaba siguiendo el juego.

—Ups, pensé que sí me había confundido —volvió a bromear y mi gemelo frunció el ceño en un gesto lleno de falsa indignación.

—Pero si es tan fácil reconocernos —reprochó Steven y yo sonreí negando con la cabeza.

No era del todo fácil, por eso me sorprendía cada vez que Rachel nos identificaba. Amaba la manera en la que ella notaba las pequeñas diferencias en nosotros. Suspiré y traté de alejarme de su recuerdo.

—Bueno, ¿por qué estamos aquí? —pregunté para cambiar de tema.

—Steven y yo queríamos contarte algo relacionado con la broma que hice hace un momento —Amy lucía nerviosa mientras hablaba. No se necesitaba ser un genio para saber que ellos al fin aceptarían que se querían y nada me alegraba más que verlos juntos.

—¿Al fin van a decirme que son novios? —Ambos me miraron sorprendidos—. Venga, es obvio. Me hace muy feliz que me lo hayan dicho… Esperen, fui yo quien lo dijo.

Todos nos reímos en complicidad. Amy tomó mi mano y le di un apretón en aprobación.

—¿Mark? ¿Steven? —Una voz familiar se escuchó a mi espalda, giré para comprobar de quién se trataba.

—Samantha —respondí y me esforcé en contener mi asombro al verla.

¿No estaba viviendo fuera del país?

—Sam —le habló Steven igual de extrañado que yo.

—Que gusto verlos —Ella avanzó hacia nosotros, en su boca se dibujaba una sonrisa genuina. Lucía diferente. Su cabello ya no era castaño,

sino de un tono negro que la hacía ver más joven. Sus ojos se fijaron directo en mí—. Mark, cuanto tiempo.

—Ejem. Hola, soy Amy Martins.

—Un placer conocerte, Amy. Mi nombre es Samantha. ¿Les importa si los acompaño? —preguntó y un silencio incómodo reinó en el lugar hasta que asentí. Ella ocupó el lugar a mi lado.

Pese a que al principio fue un encuentro raro, poco a poco mejoró. Sin indagar en temas amorosos, formamos una plática amena. Incluso Steven le contó con total confianza sobre su relación con Amy.

—No venía a esta ciudad desde que… Ya sabes —Samantha sonrió nerviosa y me miró—, desde que fui a hacer mi maestría.

Asentí y la recordé pidiéndome que la acompañara en ese viaje. Ildet tenía razón cuando me dijo que yo estaba dispuesto a dejar muchas cosas por Rachel, pero no por la chica con la que estuve por años. Quizá todo lo que me estaba pasando era un tipo de karma por haber sido así con Samantha.

Steven y Amy se enfocaron en ellos, reían y discutían cada tres segundos.

—Jamás pensé verlo enamorado —Mi ex comentó muy bajo. Sonreí porque también me sorprendía—. ¿Y qué hay de ti? ¿Estás con alguien?

—Sí —respondí sin pensarlo. Aunque... ¿Realmente lo estaba? A pesar de su ausencia, mi corazón seguía perteneciéndole, pero ¿para Rachel que significábamos?

—Ya veo —murmuró y la decepción que noté en su tono me hizo sentir paranoico. Seguro era producto de mi imaginación.

—Discúlpame, pero tengo que irme —le dije mientras Steven y Amy seguían en lo suyo, sin prestar mucha atención.

—No quería incomodarte —comentó Samantha con dulzura y negué con la cabeza—. ¿Alguna vez podríamos tomar un café?

—Claro —mentí. No tenía interés en salir con ella, pero no quería ser descortés. ¿Qué pensaría Rachel si supiera que estás saliendo de nuevo con Samantha, tu primer amor, en su ausencia?, cuestionó la voz en mi cabeza.

—¿Tu teléfono sigue siendo el mismo? —preguntó y sacó su móvil.

—Así es.

—Bueno, me quedaré un tiempo en la ciudad y, si algún día te apetece de verdad ir a tomar un café, solo escríbeme o llama —dijo y recibí al

instante un mensaje suyo.

Mayo 7 - Olvidar

—Qué casualidad verte, Harvet —habló Jackson. Sonreí irónico porque era obvio que no se trataba de un accidente encontrarnos en el estacionamiento de mi residencia. Aunque no me quedaba del todo claro cómo había llegado hasta ahí—. Me pregunto si has tenido noticias de Rachel.

Quise borrar la estúpida fascinación en su rostro. Sin embargo, decidí ignorarlo y seguir el camino hacia mi coche.

—Por supuesto que no —comentó y escuché sus pasos detrás de mí—.

Bueno, pensé que al menos su madre te daría las razones por las que Rachel decidió irse de la ciudad. Solo vine a decirte que me gusta esta nueva versión de ella, más apasionada, experimentada y caliente. Debo admitir que hiciste un buen trabajo quitándole lo mojigata —comentó entre risas—.

¿Sabías que ella y yo nos seguimos viendo?

En un arrebato de ira provocado por sus palabras, me detuve en seco y giré hacia él. Pensé que mi puño terminaría en su cara, pero Jackson pareció intuirlo y dio dos pasos hacia atrás. Deseaba golpearlo, quería hacerlo y no existía nada que lo impidiera, ya ni siquiera era profesor de la universidad a la que él asistía, pero no caería en el juego de un niño estúpido que trataba de aprovecharse de la ausencia de Rachel para jodernos.

—¿Sabes por qué no te ha dado la cara? —continuó hablando e intenté no hacerle caso. Fue imposible—. Porque ese día, después del congreso, hablamos. Dicen que donde hubo fuego cenizas quedan y es cierto porque terminamos acostándonos. ¡Qué bien estuvo!

—¡Cállate de una vez! Jamás confiaría en lo que dices —Quise alejarme porque no merecía la pena, pero Jackson retomó.

—¿Acaso pensabas que había otra razón? Eres muy idiota si crees que Rachel regresará. Le avergüenza mirarte a la cara y tener que admitir que disfrutó mientras me la cogía y que todavía lo goza porque seguimos viéndonos.

—¿Lo dices para convencerme o para convencerte?

—Acéptalo, nuestra chica con carita de mosca muerta es una perra y nos encanta.

Todo sucedió tan rápido que no tuve tiempo de negarme a caer en sus provocaciones. Cegado por la rabia, le di un puño en la mandíbula y lo

envié directo al suelo.

—Mientras tú la buscabas, yo me la follaba —exclamó sonriente, mientras trataba de ponerse de pie—. ¡Dale, vuelve a golpearme! ¿Sabes quién me cuidará después?

Hice lo que me pidió y, sin intención de detenerme, dejé algunos puñetazos en su rostro. La sangre manó del labio de Jackson y me detuve.

¿Qué me estaba pasando? ¿En qué clase de persona me había convertido?

—Vas a pagar por esto, Harvet —me amenazó en voz baja y entrecortada antes de marcharse.

Negué con la cabeza y me dirigí hacia el departamento. Estaba desconcertado por esa persona llena de odio que no era yo. Al tomar el ascensor y presionar los botones, sentí mis nudillos palpitar. Dolían, pero eso no se comparaba a lo que mi corazón estaba padeciendo. El móvil vibró por un mensaje de un número desconocido.

Te lo dije, ella regresaría a mí.

Seis años jamás competirán con meses.

No lo olvides, estimado e ingenuo profesor.

En la pantalla también había una imagen de Rachel junto a Jackson. Ella estaba de perfil y él la presionaba para acercar sus cuerpos. Llevaba el cabello corto, lucía más delgada. Me extrañó lo diferente que se veía, incluida su ropa. ¿Ese era un uniforme de mesera? Dejé de inspeccionar su aspecto y me centré en lo cerca que estaban, como si fueran a besarse.

Seguro era un montaje, Rachel no me haría eso.

Busqué el contacto de Danes Martins y lo llamé. Estaba cansado de esperar, habían pasado meses y el investigador que, según él era el mejor del país, seguía sin darnos información útil. Insistía en que ella no dejó rastro y que todo indicaba que no quería ser encontrada. Entonces, ¿cómo fue que Jackson logró dar con su paradero? El nudo en mi pecho se hizo más grande.

—Harvet, ¿qué sucede? —contestó el padre de Amy.

—Algo no está bien con la investigación que está haciendo Marcelo. No es posible que otra persona haya encontrado a Rachel y él siga sin darnos una pista.

—¿Otra persona? ¿De quién hablas?

—De su exnovio, él sabe dónde está —Respiré profundo e intenté calmarme—. Solo llamaba para informarte que contactaré a otro

investigador.

—Mark, la hemos buscado por cielo y tierra. Sé que esto puede dolerte, pero si Jackson ha visto a Rachel es porque ella así lo quiso.

—No, eso no puede ser.

—Si fue así, debes respetar su decisión. No la busques más.

Terminé la llamada y volví a ver la foto en mi galería. Lo que Danes dijo tenía sentido. ¡Maldita sea! Arrojé el celular al suelo y me prometí que cambiaría de número ese mismo día como señal de dejar atrás el pasado.

Vi mi reflejo en las paredes del elevador. Frente a mí estaba un completo imbécil que esperaba por alguien que ni siquiera se había dignado a darle una explicación. Más allá de lo que Jackson dijo, lo que más me dolía era darme cuenta de lo poco que yo le importaba a ella porque me alejó de su vida y desapareció sin pensar en los días llenos de oscuridad que tendría. Se fue llevándose de manera egoísta mi corazón y mi calma con su partida.

Presente

Mayo 26 – Inesperado reencuentro

El tiempo no cura y las heridas no sanan, no si se trata de un corazón a medias, un corazón que se niega a dejar ir lo que lo lastima, uno que ama por encima de su dolor.

Aunque no fue sencillo, me obligué a avanzar y seguir adelante o al menos a intentarlo por Steven, quien ha luchado junto a Amy para que mi estado de ánimo mejoré. Incluso por Samantha, que insistió en quedarse a mi lado y ayudarme en cuanto se enteró de todo. Aprecio mucho ese gesto.

—Si prefieres, podemos cancelar la comida. No hay problema —sugiere Samantha por décima vez, algo triste por el cambio de planes.

—No creo que lo que quieran decirme tarde demasiado —Sonrío animándola a entrar al ascensor del bufete de Steven. Él y Amy me citaron de manera repentina porque querían consultarme algo sobre uno de los casos que está llevando mi gemelo—. De hecho, prometo que no tardaré y no perderemos la reservación.

Llegamos al piso y, mientras avanzamos hacia la oficina, ella me comenta lo buena que es la comida en el restaurante al que iremos. Llamo a la puerta un par de veces y el rostro enrojecido y poco animado de mi gemelo nos recibe. Amy sonríe de manera forzada, lo que me asegura que algo no marcha del todo bien. Steven se disculpa por tener que salir un

momento y mi cuñada me invita a ir tras él con una excusa extraña. Miro a Samantha y ella hace un gesto de comprensión antes de tomar asiento.

—No sabíamos que Sam vendría contigo —dice Steven apenas estamos solos.

—Quedamos en ir a desayunar —respondo y sigo sus pasos cruzando el pasillo.

—Luego hablaremos con más calma. Ve a tu cita tranquilo.

—No es una cita —aclaro y él se ríe—. De hecho, Samantha y yo pensábamos en invitarlos a que fueran con nosotros.

—¿Ahora es una cita doble? —Suelta una carcajada.

—Muy gracioso. Entonces, ¿nos acompañan?

—Está bien, solo déjame darle unas indicaciones a Pratt y nos vamos.

—Te acompaño. Voy a saludarlo, hace mucho no lo veo.

Entramos a la oficina de Pratt y dejamos que pasen los minutos. Steven me dice que tiene que ir con la secretaria por un informe y que ya regresa.

Lo veo salir y detenerse de inmediato. Frente a él está una mujer delgada y de cabello corto que me recuerda a la Rachel que vi en la foto que me envió Jackson y un escalofrío me recorre. Es parte de mi imaginación, me repito al tiempo que avanzo hasta donde ellos se encuentran.

—¿Qué haces aquí? —le pregunto cuando confirmo lo que sospechaba y mi corazón se descontrola. Es ella, de vuelta, después de tanto tiempo. Sus facciones se tensan al verme y sus ojos se ponen llorosos.

—Mark, ¿podemos hablar? —La voz le tiembla y da un paso hacia mí.

No eres real, me esfuerzo en convencerme de ello y retrocedo. Las palabras se estancan en mi garganta—. Por favor.

—No, Rachel. No es el momento.

No quiero escucharla y me doy vuelta para alejarme de allí. Quiero pensar que esto no está pasando, pero ella toma mi mano y sentir la electricidad de su piel me altera. Steven le susurra algo que no logro escuchar.

En ese momento, Samantha aparece, mi gemelo la llama por su nombre y Rachel me suelta. Veo tristeza en su mirada y estoy seguro de que sabe de quién se trata, alguna vez le hablé de ella cuando quiso conocer de mi pasado. Pero ¿qué es lo que le duele? ¿Pensó que podría regresar cuando se le diera la gana y yo estaría con los brazos abiertos? Sé que se lo prometí

muchas veces, pero eso se rompió cuando entendí que a ella no le importó alejarme de su vida.

Muchas veces deseé que, cuando volviera a verla, ya estuviera todo superado y que lo que tuvimos me hubiera dejado de interesar como a Rachel. Sin embargo, no es así, no puedo mentirme de esa manera. La amo, maldita sea. Y no creo poder dejar de hacerlo nunca.

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