¿En clases no?
Capítulo 17
LOS DOS
Algo que tengas que contarme, hija? —La pregunta acusatoria de mamá me inquieta—. No sé, quizá sobre el hombre que te acompañó en el hospital mientras estuve internada. Mis compañeras de trabajo dicen que es guapísimo.
Dejo el tenedor en la mesa. Estar sentada frente a mi madre, con su mirada fija en la mía, hace que mi apetito desaparezca. No cabe duda de que sus compañeras no perdieron el tiempo y tenían información reservada para ella. Llevo aire a mis pulmones, y me preparo para la conversación.
—Es un hombre inteligente y amable. Me hizo mucho bien su compañía durante esos días.
—Y te gusta.
—Sí —admito con las mejillas sonrojadas. Cuando le conté que conocí a Jackson no me sentí así.
—¿Cuál es su nombre? ¿Toma clases contigo?
Pues en la misma clase sí está, dice la vocecita en mi cabeza. Trago saliva.
—Su nombre es Mark Harvet y lo conocí en la universidad, pero…
—Los peros nunca faltan —bromea.
—No sé cómo vayas a tomar esto —le confieso. Su actitud risueña desaparece y ahora soy yo quien sonríe, aunque con nerviosismo.
—¿A tomar qué, Rachel? —Su mirada es acusatoria.
—Es... No es —La voz me tiembla—. Quiero decir, no es un compañero de clases.
—Está en otra carrera, entonces.
—Mark es… Mark es un profesor —admitir que salgo con él, delante de ella, hace que todo suene peor.
—Es una broma, ¿verdad? —Ríe estruendosamente.
—No —Bajo la cabeza al instante.
El silencio se alarga entre nosotras. Repiqueteo las uñas sobre la mesa.
Siento que me voy a desmayar.
—¿Qué edad tiene?
—Veintiséis años.
—¿Crees que merece la pena lo que estás haciendo? Es muy normal que hombres mayores quieran salir con chicas jóvenes solo para pasar el rato y
aprovecharse de ellas. Puede que él no sea taaan adulto, pero es tu profesor.
No quiero que sufras otra vez.
—Mamá…
—Además, ¿cómo se lo tomarán en la universidad? —inquiere con preocupación. Las dudas que plantea son las mismas en las que no puedo dejar de pensar.
—Lo único que sé es que me siento bien cuando estoy con él —susurro esperanzada.
Ella asiente y respira profundo.
—Cielo, me gustaría darte un consejo que resulte en lo mejor para ti —
El suave sonido de su voz me calma—, pero ya eres adulta y confío en tus decisiones. Sabes que estaré para apoyarte, siempre.
Mamá se acerca para abrazarme. En todas las cosas que me han pasado, los momentos difíciles y los de máxima alegría, su presencia siempre ha estado ahí para mí. Es la persona que más amo en el mundo.
—Gracias, extraña.
Ella limpia un par de lágrimas que lograron escapar de mis ojos y luego se cruza de brazos.
—Quiero conocerlo.
Exhalo con fuerza. Eso no me lo esperaba. Sé que cuando lo conozca y sepa cómo es Mark, mi madre se sentirá más tranquila. Asiento en señal de confirmación ante su petición y volvemos a sentarnos. Parece que el apetito está de vuelta para ambas.
—Nos veremos mañana, cielo. Cualquier cosa que necesites, no dudes en llamarme —dice una vez su plato está vacío y alista las cosas para ir al hospital a cumplir su único turno de noche de la semana. La acompaño hasta la puerta.
—Cuídate, extraña —Le doy un abrazo más fuerte que el de hace un rato.
—Adiós, hija. Te amo, nunca lo olvides.
Me quedo ahí, observándola entrar al garaje de la casa y salir en su coche. Me sonríe y hace un gesto de despedida con la mano antes de arrancar. Aunque Andrés autorizó que mamá podía retomar todas sus actividades con normalidad, sigo preocupada.
Antes de entrar, doy un rápido recorrido con la mirada al vecindario. Me parece una broma ver el auto que se detiene frente a la casa.
—Espera, Rach —Mi ex pide a gritos—. Por favor.
—No otra vez, Jackson.
—Te lo prometo. No habrá más peleas, ni reproches —Sus ojos se llenan de lágrimas, sorprendiéndome—. Me equivoqué, ¿de acuerdo? Te engañé, me victimicé, actué como un cretino por joder a otros. Voy a cambiar. Sé que podemos volver a empezar.
Me encantaría pensar que no estuve tan equivocada sobre Jackson en estos seis años.
—Ojalá pudiera creerte —le hablo con incredulidad.
—No sé qué hacer para que regreses —Él intenta acercarse.
—Detente, por favor.
Ya no siento lo mismo, ya no lo quiero en mi vida, pero tampoco lo odio como en algún momento llegué a pensar. Es solo que ya no hay nada. No existe ningún sentimiento por él.
—No puedo aceptar que estés con Harvet —Su tono arrepentido ahora se torna frío. Sin embargo, no deja de llorar.
—Adiós, Jackson —Doy por finalizada la conversación. Cierro la puerta y él la golpea por varios minutos. Aunque escucho sus gritos y eso me asusta, no voy a abrirle. Tengo que cerrar este capítulo.
Un par de minutos después se rinde. Me asomo por la ventana y ya no está. Más tranquila, camino hasta el dormitorio. El corazón me late acelerado cuando mi móvil suena. Pensar que es Mark me arranca una sonrisita.
Veo en la pantalla que es un mensaje de un número desconocido.
Él te dejará, Rachel, y aquí estaré yo.
Esperando. COMO SIEMPRE.
Sabes que soy el amor de tu vida.
No merece la pena seguir pensando en él ni responder su mensaje, así que lo elimino y bloqueo el número. Apenas termino el proceso, me llega una notificación de Amy.
Amiga, mira lo que están diciendo en uno
de los chats de la universidad.
Los rumores dicen que Jackson Kozlov
y Rachel Lombardo regresaron. Qué romántico, ¿no?
Miro la pantalla con los ojos muy abiertos. Llamo a mi amiga y le cuento lo que acaba de pasar con mamá, omito hablarle de lo ocurrido con
Jackson para no pensar más en eso, y ella promete avisarme cualquier cosa nueva de la que se entere con respecto a los rumores que siguen inventándose.
—¿Mark sabrá todo lo que están diciendo? —hablo en voz baja solo para mí.
Hola. 🐹
Le envío un mensaje. Vuelvo a la conversación treinta minutos después y sigue apareciendo solo una flecha junto a lo que le escribí. Pasa una hora más y la situación no cambia. ¿Y si le ocurrió algo?
Rechazo varias veces la idea de visitar a Mark a su casa hasta que decido arreglarme e ir.
Es viernes. Quizá tenga planes, pienso mientras voy en el taxi y, cuando me arrepiento y quiero regresar, ya estamos frente a su edificio. Demonios.
Camino hacia la portería y pregunto por su apartamento. El guardia toma el citófono, dice mi nombre y me hace seguir.
—¿Recuerda el camino, señorita? —pregunta. Es obvio que me reconoce.
—Sí, muchas gracias —respondo y acelero el paso hacia el ascensor.
Tomo bocanadas de aire cuando camino hacia su puerta.
—Cariñito mío —dice la persona que abre.
Observo sus gestos y me centro en el color de sus ojos.
—Hola, Steven —saludo un poco avergonzada.
—Me encanta que nos reconozcas. ¡Dame esos cinco! —Alza la mano y, aun apenada por estar allí, accedo a chocar su palma contra la mía. No puedo dejar de sonreír ante la versión relajada y extrovertida de Mark. Me agrada—. Llegas en un buen momento, cuñada.
¿Llegar en un buen momento? ¿Cuñada? Sus palabras hacen que me altere. Mucho.
—Tío Steven, Camilo no quiere jugar conmigo.
Una pequeña de unos cuatro años aparece y él la alza. ¿Tío? ¿Es posible que Mark tenga una hija? La simple formulación de aquellas preguntas en mi mente me deja perpleja.
—Melissa solo quiere jugar cosas de niñas, tío —acusa otro pequeño.
¡Dos sobrinos de Steven! ¿Dos hijos de Mark?
Permanezco inmóvil, tratando de comprender la situación.
—Yo creo que mejor, eh… Me voy —anuncio. Steven se ríe.
—Chicos, cálmense, están asustando a Rachel. Además, no hay juguetes para niños y juguetes para niñas, simplemente juguetes y pueden divertirse con ellos —les explica a sus sobrinos con dulzura—. Sigue y ponte cómoda.
Apoya su mano en mi hombro. No muy segura, accedo. Una mujer rubia llega a la escena y le habla con autoridad a Camilo. ¿Y si los niños son hijos de ella y de Mark? Respiro hondo, debo ser razonable.
—Romi, ella es Rachel —menciona Steven dejando a la pequeña otra vez en el suelo—, la novia de Mark.
La osada presentación me alarma.
—¿Por qué apenas me estoy enterando que mi hermano el gruñón tiene novia? —Se acerca sonriente y me saluda con un beso. Mi cuerpo se relaja al saber que es su hermana—. Un placer conocerte, Rachel. Me alegra que Mark te haya invitado a nuestra reunión familiar.
¿Reunión familiar? Ay, no. ¿Cómo les explico que no estoy aquí porque él me invitó? Las palabras se me atoran en la garganta. ¿Puede existir algo peor que esto?
El timbre del departamento vuelve a sonar y Romina se acerca a la puerta para abrir.
—Hijos, lamento llegar tarde —Como si la vida intentara darme una respuesta, observo a la mujer mayor y elegante que, con alegría, se une a nosotros. Todos comienzan a abrazarse efusivamente, hasta que los ojos de la recién llegada se fijan en mí.
Mierda. Que Steven no me presente como novia de Mark, por favor, suplico en silencio. Que Steven no me presente como novi…
—Madre, ella es Rachel, la novia de Mark —habla Steven. Lo miro alarmada. Se ve tan cómodo y despreocupado.
—Mucho gusto —Le brindo una sonrisa y ella me responde de la misma manera—. Soy Rachel, pero… —Me callo. Me causa mucha incomodidad tener que aclararlo.
—Yo soy Eleanor, hija. Me alegra que Mark te haya invitado.
Si supiera que la invitación me la he hecho yo misma. Quiero salir huyendo. No debería estar aquí conociendo a la familia de Mark y mucho menos sin él. Busco la manera adecuada de despedirme, pero la pelea que empiezan los pequeños en la sala llama la atención de todos.
—Niños, basta —Romina se acerca a ellos.
—Mark me ha hablado maravillas de ti, cielo —Eleanor toma mis manos, que están sudorosas y frías.
Mi corazón vuelve a latir con rapidez y la vida parece resurgir de entre los muertos. Saber que Mark le ha hablado de mí a su mamá disminuye la culpa que siento por aparecer así en su departamento.
—Es un gusto conocerla, señora.
—Eleanor. Llámame Eleanor. Vamos a sentarnos, estás en tu casa.
—Creo que ella solo quiere ir con el ogro —interrumpe Steven—.
Vamos, yo te llevo.
Me guía en dirección a la habitación de Mark, mientras musito disculpas para Eleanor y Romina.
—Steven, ¡Mark y yo no somos novios! —comento frustrada mientras detengo el paso y lo miro.
—Lo sé —responde con total tranquilidad.
—Y él ni siquiera sabía que yo vendría.
—Lo sé —repite, lo que por algún motivo me estresa aún más—. Lo deduje por la expresión de sorpresa en tu cara.
¿Y aun así decidió presentarme como novia de su hermano? ¿Y por qué, aún después de esto, sigue agradándome?
—No debí venir sin avisar, pero Mark no respondía a mis mensajes y estaba preocupada.
—Fue buena idea que vinieras —su tono es amable—. Creo que eres la única persona que podría quitarle el mal humor que lleva. Ve y habla con él sobre esos rumores. ¡Solo hablar, eh!
Siento mi rostro arder, aunque una sonrisita se me escapa por el humor tan familiar que tiene. Es igual al de Amy.
Steven se aleja y me deja sola. Reflexiono en lo que dijo, parece que Mark se enteró de los últimos rumores y siento decepción al pensar que ha podido creer en ellos.
Toco su puerta y esta se entreabre. No estoy preparada para lo que veo.
Me quedo inmóvil cuando Mark, quien solo lleva puesta una toalla rodeando su cintura, nota mi presencia. Es la primera vez que veo su torso marcado y la V que se le insinúa en la parte baja del abdomen. Su pecho es amplio y sus brazos fuertes.
—¿Rachel? —Frunce el ceño.
—Lamento haber venido sin avisar. No pensé que estaría tu familia —
hablo con timidez. Todavía pienso en lo que comentó Steven, aunque tenerlo así frente a mí me nubla la razón.
—No te preocupes por eso —Su actitud seria me resulta intimidante.
Deseo preguntarle muchas cosas, desmentir los rumores que están circulando y, sobre todo, decirle que me hizo muy feliz que su madre me dijera que él le había hablado de mí. En su lugar, permito que el silencio se aloje entre nosotros hasta que él me invita a pasar.
Apenas doy unos pasos al interior del cuarto, escucho el crujido de la puerta cerrándose.
—¿Estás enojado? —Giro hacia él y me lleno de nervios.
—No, no lo estoy —Su expresión es distante.
—Mark, sé que has leído lo que están diciendo y espero que no creas en nada de eso. Espero que confíes en mí —Destellos de amargura invaden mi voz.
—No creo en los rumores, Rachel —menciona y comienza a caminar por la habitación. Volteo a ver hacia la puerta, tratando de borrar la imagen de su cuerpo de mi cabeza—. Sin embargo, hay cosas que son evidentes.
Regresa con el móvil en la mano y me lo entrega. Hay un mensaje que le enviaron desde un número desconocido.
Ella me ha elegido a mí. Ha preferido rescatar seis años de relación que seguir con una aventura. ¿Y sabes qué? No la culpo por dudar un momento. Porque tú y yo no somos diferentes. Hay rumores que dicen que ella está obteniendo beneficios académicos por estar contigo y no has hecho absolutamente nada al respecto.
—Jackson solo quiere fastidiarte, por eso te envió ese mensaje.
—Sí, pero hay algo en lo que él tiene razón.
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