¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 45 de 55

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¿En clases no?

Capítulo 44

LA FAMILIA

Es que es un poco hombre —Por milésima vez, Amy empieza su ronda de insultos hacia Jackson. Pese a que sus palabras son bruscas, sus acciones son todo lo contrario. Sostiene mi mano con delicadeza—. No puedo creer que se atreviera a golpearte.

—Estoy bien —intento convencerlas a ella y a mi abuela, quienes están sentadas a mi lado, mientras Steven no deja de caminar por el salón sin hacer ningún tipo de comentario, aunque puedo ver el enojo y la indignación en sus ojos. No es mi cuerpo lo que más duele, sino saber que ellos sufren por mí. Mi nana fue la primera en llegar y darse cuenta de lo que pasó. Me entristece recordar la expresión de horror en su rostro al verme. Aunque me limpié la sangre, fue imposible ocultar el moretón en la mejilla, las garras de Jackson marcadas en el mi cuello, así como la hinchazón en mi labio inferior y mis nudillos.

—¿Y Mark por qué no ha llegado? —indaga Amy. Él fue la primera persona a la que llamó mi abuela—. Ya debería estar aquí.

Steven detiene sus pasos e inspecciona el reloj en su muñeca.

—Jackson dijo que lo lastimaría —comento con la tensión instalándose en mi voz. Sin dudarlo, tomo el móvil y lo llamo. No responde.

—Mi hermano está bien —asegura Steven—. Para ser sincero, me preocupa más lo que él pueda hacerle a Jackson —Me lleno de temor al pensar que Mark está cerca de una persona tan enferma como mi exnovio.

Eso me angustia.

—Y lo que yo le haría —brama mi abuela enojada. Tomo su mano para calmarla. Ha estado hecha una fiera desde que llegó a casa.

Alguien toca la puerta y Steven la abre. Mi corazón late con fuerza al ver a Mark. Se acerca con pasos largos y noto la furia en sus facciones.

—Rachel —musita y se arrodilla frente a mí. Nuestras miradas se encuentran y él acaricia mi mejilla con suavidad. Inspecciona cada parte visible de mi cuerpo, su acción se vuelve más intensa al detenerse en mis manos y descubrir que los nudillos están rojos y con pequeñas grietas en ellos.

—Lo golpeé. Duro —le comento con exagerado orgullo y rompo ese silencio indescriptible que envuelve el lugar. Mark me dedica una sonrisa,

cuya forma es más cercana a una mueca. Eleva la mirada y nuestros ojos vuelven a encontrarse—. Estoy bien.

—Ese miserable va a arrepentirse de esto, lo prometo —murmura iracundo.

—Pratt ya está tramitando la demanda y la solicitud de alejamiento —

comenta Steven con afán de mejorar el estado de ánimo en su gemelo—.

Seguro que hoy mismo lo detendrán.

—¿Detenerlo? ¿Cómo? Ni siquiera está en su casa y seguro no volverá ahí —gruñe Mark y todos nos quedamos callados ante su confesión implícita de haber ido a buscarlo.

Tomo su mano para tranquilizarlo. Amy y mi abuela se levantan del sofá para ir por algo para beber y Steven no duda en unirse a ellas.

—No debiste ir, Jackson puede ser peligroso —hablo apenas nos quedamos solos.

—¿Ya tomaste algún medicamento? —Ignora mi comentario y se levanta para sentarse a mi lado sin dejar de sostenerme la mano— ¿Te duele mucho? ¿Quieres que vayamos al hospital?

—Hablo en serio, Mark. Jackson está loco, hizo esto como una advertencia —Señalo mi rostro y mi cuello—. Prométeme que no lo buscarás, me aterra que pueda hacerte daño. Él sabe lo mucho que eso me lastimaría.

—Lo siento —replica con seriedad—. No voy a hacerte promesas que no podré cumplir, no cuando se atreven a dañar lo que más quiero.

—Amor, por favor —Le tomo el rostro—. Steven dijo que se estaban encargando. Tú eres bueno, no dejes que Jackson dañe tu mente con esos pensamientos —Le pido. En los ojos verdes de Mark brilla una sed de venganza que no es propia en él.

—Lo único bueno que hay en mi corazón en este momento eres tú, Rachel —Confiesa impulsado por la situación—, pero…

—Promete que no te acercarás a él.

—Prometo que no haré nada que perjudique lo nuestro, nada que afecte nuestro futuro, nuestra familia —comenta en un tono más calmado.

—Mark, por favor. No quiero que las cosas terminen peor —le suplico mientras llevo una mano a mi cuello para acariciarlo.

—Rachel, ¿ese cretino intentó… —La rabia vuelve a él y sé a lo que se refiere.

—No. Dijo que no quería obligarme —repito las palabras absurdas de Jackson y Mark frunce el ceño, incrédulo—. Lo sé, después de todo lo que ha hecho... ¡Es un hipócrita! Pero no vale la pena seguir hablando de él.

Me acerco para besarlo; aunque mis labios aún están hinchados y duelen un poco, disfruto de nuestro contacto que aleja todo lo malo que he vivido en las últimas horas.

—Ahg, ya entiendo por qué las hormigas nos están invadiendo —Steven aparece y nos giramos divertidos hacia él—. Lamento interrumpir su momento empalagoso, pero quiero informarles que mamá me llamó, le dije que el almuerzo se aplazaba, le hablé de lo que pasó, pero insistió en venir.

—Está bien —hablo no muy segura. Me apena que me vean así.

—Si prefieres cancelar la reunión, puedo llamarlos para decirles que no vengan —Mark ofrece y yo niego con la cabeza.

—No tenemos que cambiar nuestros planes por culpa de Jackson. Con un poco más de hielo y algo de maquillaje, todo puede mejorar.

—Rach, eres un poco suicida, ¿no? Mira que, teniendo oportunidad de escapar a una reunión con mi padre y no hacerlo… —Steven comenta divertido y se sienta a mi lado—. ¿Estás mejor? —No dejo de sentirme afortunada de tener a los Harvet en mi vida, incluido a su padre, aunque no haya sido del todo amigable conmigo ni con Amy.

—Sí, ya estoy mejor, Steven. Gracias por estar aquí.

—De nada, mi superwoman —Me pasa una mano por el cabello y lo revuelve de forma lenta y dulce—. La familia se ama, protege y defiende, y tú eres nuestra familia, Rachel, no lo olvides —Lo que dice me enternece y la forma en que Mark asiente me da a entender que está de acuerdo con su hermano. Ellos me hacen sentir segura y, sobre todo, feliz de tenerlos.

Dejando atrás todo lo malo de esta mañana, disfrutamos de nuestro tiempo juntos. Amy, mi abuela y Mark ayudan en la cocina; Steven y yo simplemente nos dedicamos a observarlos, envidiando las habilidades culinarias que ellos tienen y nosotros no.

—Mírala —susurra Steven al ver que Amy está salteando unas cebollas en la sartén, el orgullo en su voz me roba pequeñas sonrisas—. Hasta cocinando unas verduras se ve tan sexy.

Los ojos de mi cuñado brillan y me pregunto si ese también es mi aspecto cuando veo a su hermano. Centro la mirada en Mark y en su manera tan hábil de manejar el cuchillo, cortando en perfecta proporción el lomo de

cerdo que mi abuela le indicó. De vez en cuando él me explica sobre cortes y, aunque no entiendo del todo, lo escucho encantada.

—Estamos mal, nos tienen mal —le confieso a Steven y él asiente en complicidad.

—Cuñada, ¿sabías que a Amy no le gusta la carne? —comenta entre risas.

—Claro, soy su amiga hace años.

—Pero hay una excepción a la regla. ¿Te lo contó? —suelta una carcajada y, al segundo, lo imito. Su comentario lleno de doble sentido hace que me ría más fuerte y todos dejan sus actividades para mirarnos.

—¿Ustedes dos que traman? —indaga mi amiga.

—Hablábamos del cincuenta-cincuenta qué hay en esta relación —

Steven responde de forma amorosa—. Ustedes cocinan y nosotros comemos.

—Al paso que vamos, la comida salada se volverá dulce y tendremos un colapso de azúcar —bromea mi abuela y mi cuñado celebra su comentario, muy similar al que él suele hacer.

—Grace, la amamos —Steven se acerca a ella para abrazarla.

La alegría se adueña de la cocina y parece que han pasado años desde lo ocurrido con Jackson.

La familia es el mayor refugio, la brújula que nos guía, un equipo con amor infinito. Las palabras de mamá llegan a mi mente y se instalan en mi corazón. Cuánta razón tenía.

Mientras el resto termina lo suyo, Steven y yo organizamos la mesa porque sus padres, hermana y sobrinos no tardarán en llegar. Termino la tarea y voy a mi habitación a cambiarme. Los recuerdos de Jackson y sus manos sobre mi cuerpo me provocan arcadas, por lo que primero tomo una nueva ducha y tomaría miles si con eso pudiera borrarlo no solo de mi cabeza, sino también de mi piel. El agua me recorre y me da algo de paz.

Salgo de prisa del baño para concentrarme en estar lista para cuando llegue la familia Harvet.

—Amor, ¿hace cuánto estás aquí? —Le pregunto a Mark, quien está sentado en la cama.

—Hace poco. Tu abuela decidió ir a arreglarse, Amy y Steven se apropiaron de las hormigas en esta casa y yo ya te extrañaba —Se acerca, pone sus manos en mi cintura y yo las mías sobre sus hombros—. Quédate

hoy en mi departamento, no estaré tranquilo sabiendo que estás aquí, sola con tu abuela. Ella también es bienvenida. Permíteme cuidar de ustedes, asegurarme de que nadie pueda hacerles daño —pide no solo con la voz, sino también con su mirada sobre mí.

—Qué bonito que la incluyas en esto —le digo pegando mi rostro a su pecho.

—Tu familia es la mía, Rachel —puntualiza mientras sube las manos hasta mi espalda y me estremezco con su contacto y ante el recuerdo del golpe que me di contra el mesón de la cocina por culpa de mi ex —. ¿Qué sucede? —pregunta al darse cuenta de mi cambio de actitud.

—No es nada —aseguro y veo la intriga en sus ojos. Quiero evitar el tema, pero sé que es inútil.

—Rachel —pronuncia mi nombre casi en una súplica. Lo conozco tanto que comprendo lo que hay detrás de esa petición. Le doy la espalda y un silencio arrollador se apodera de la habitación. En un gesto delicado, delinea mis hombros con las yemas de sus dedos. Sus labios repasan las zonas que hace unas horas estuvieron llenas de dolor y que ahora sus besos y una serenata de caricias ayudan a sanar. Confirmo lo que le dije a Jackson: Elegiría a Mark una mil veces.

—Llegas tarde otra vez —canta Steven con diversión cuando su padre entra a la casa. El señor Ethan enarca una ceja por la burla de su hijo.

—Te ves perfecta, amiga. No te preocupes —me susurra Amy al oído y asiento en señal de agradecimiento pues ella fue quien me ayudó con el maquillaje para ocultar los moretones en mi mejilla, boca y cuello. Mark sostiene mi mano y me brinda seguridad.

—Buenas tardes —les digo y Eleanor se acerca y me envuelve en un abrazo. Hago todo lo posible para que no note que mi espalda está resentida.

—Rach, qué hermosa. El cabello corto se te ve espectacular —Ella responde a mi saludo y luego respira profundo—. Siento muchísimo no haber estado contigo en esos momentos difíciles.

—Gracias, Eleanor.

Los siguientes en saludarme son Romina y sus hijos, me contagian de su energía y buen humor.

—Te admiro, Rachel. Para ser sincera, yo no sé qué habría hecho en tu lugar. Sabes que puedes contar con nosotros en todo momento —comenta Romina.

El último en acercarse es el padre de Mark. No sé qué decirle, me siento cohibida.

—Creo que usted y yo tenemos una conversación pendiente, ¿verdad?

—habla con seriedad. Pese a su actitud agria, me sorprende cuando extiende la mano para saludarme—. Me alegra que esté bien.

—Buenas tardes, señor —hablo nerviosa—. Le debo una disculpa.

—Charlaremos luego —aclara antes de reunirse con su esposa.

—Ella es Grace, la abuela de Rachel —dice Mark.

—Un gusto conocerla, Grace —Eleanor la saluda amable y el resto la imita.

—El gusto es mío. Todos los que quieran a mi nieta siempre serán bienvenidos en casa. Es un placer tenerlos aquí —El tono hospitalario de mi nana me enternece. De pronto, una pequeña risita en el fondo me distrae de su emotivo discurso. Es Amy, quien arruga la frente y aprieta los labios tratando de ocultar su diversión. Ella me mira un milisegundo y gesticula algo que logro entender: Que el señor Harvet no es bienvenido, dice. Me llevo una mano a la boca, pero no logro reprimir la risa que sale como un chillido de mi garganta. La abuela me pregunta si estoy bien y yo me limito a asentir, invitándolos a ocupar un lugar en la mesa familiar.

Aunque parezca increíble, la reunión es cómoda, todos hablamos animados a excepción del señor Ethan, quien no dice mucho, pero tampoco hace comentarios fuera de lugar como cuando lo conocí. Me alegra que, pese a los acontecimientos de esta mañana, las cosas estén saliendo bien.

Mark y Steven se ofrecen a llevar los platos y lavarlos. Mi abuela guía a Eleanor, Romina y sus hijos hacia la sala.

—Ya es hora de que hablemos, señoritas —dice mi suegro y la sonrisa que Amy y yo teníamos se evapora. Me pongo de pie y los invito a él y a mi amiga al porche de la casa—. ¿Creen que lo que hicieron ayer estuvo bien?

—Los nervios se salen de control al escucharlo.

—Señor Harvet, nosotras no... —Intento hablar, pero él me interrumpe.

—¿Qué creen que hubiese sucedido si no las encuentro? ¿No ven que la calle está llena de peligros? —La mirada fija de nuestro suegro hace que Amy tome la sabia decisión de dejarlo hablar—. Con tantos desalmados como el canalla que le hizo eso —Señala mi mejilla—. ¿Saben lo que pudieron sentir mis hijos al no saber dónde estaban ustedes?

—Espero que se sintieran mal —responde Amy.

—Jovencita.

—Vale, lo sentimos mucho —ella continúa—. La situación se nos fue de las manos, no pensamos...

—Claramente no pensaron.

—Tampoco es para tanto —replica Am y yo le doy un codazo para que se calle.

—¿No lo es? ¿Creen que es bonito imaginar lo que les pudo pasar?

—Entonces sí nos quiere —Mi amiga vuelve a hablar.

—¿Por lo menos un poquito? —comento con timidez y ellos se sorprenden.

—Que quede claro algo, señoritas: Al principio no me gustaban, pero...

—Dijo al principio, ¡vamos bien! —lo interrumpe Amy mostrando sus dientes y mi suegro la mira mal—. Perdón, continúe.

—El amor que mis hijos les tienen es muy grande. Steven, quien nunca ha tomado nada en serio, hoy parece tener todo claro. Lo mismo pasa con Mark, quien hace unos meses no quería conocer a nadie —sus palabras me emocionan—. No las odio, no podría odiar la felicidad de mis hijos.

Aunque es claro que a nuestro suegro poco le gustan las personas afectuosas, nos dejamos llevar por el momentáneo estado de seguridad y lo abrazamos.

—Por favor, la próxima vez que beban...

—¡Lo invitamos! —Amy y yo bromeamos al unísono.

—Nada de eso —habla horrorizado y se aparta—. Sean responsables, su bienestar es el bienestar de mis hijos. Si ellos sufren, también lo hago yo.

—Qué bonito lo que dices de nuestros hijos —Eleanor está en la puerta y su voz sale cargada de ternura—. Lamento interrumpir, pero venía a asegurarme de que todo marchara bien y veo que así es. Sé que han pasado muchas cosas complejas en estos meses y que vendrán otras más, pero estoy convencida de que sabrán cómo superarlas. Además, el que Ethan haya

dicho lo que acabo de escuchar no hace más sino llenarme de felicidad por el futuro.

Entramos a la casa y todos están en la sala conversando. Amy insiste en ir por el postre y me pide que la acompañe por uno a la pastelería que queda cerca. Mi abuela se ofrece a atender a la visita.

En el camino pienso en lo sucedido esta mañana. Compramos un pastel y, cuando volvemos a casa, notamos que el auto de mi cuñado no está.

—¿Y Steven y Mark? —nos pregunta Romina apenas nos ve.

—¿Qué sucede con ellos? Estaban aquí cuando salimos —respondo.

—Salieron al poco tiempo que ustedes. Dijeron que iban a alcanzarlas.

Mierda.

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