¿En clases no?

Jam Walker · Capítulo 36 de 55

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¿En clases no?

Capítulo 35

—¿Le pido un taxi, señorita? —ofrece Julián apenas me ve.

—No se preocupe, gracias. Lamento si Mark llega a enojarse con usted por haberme dejado pasar sin avisarle —le digo apenada.

—No lo creo. Cuando usted llegó, él mismo escribió a mi celular para pedirme que la dejara entrar —confiesa y una emoción inusitada me invade.

Una esperanza se enciende.

Me despido y empiezo el camino hacia mi casa a pie. Paso junto a una librería muy parecida a la que visitamos en aquella cita durante el congreso.

Entro a la agenda de contactos de mi celular y cambio el nombre con el que lo tengo registrado.

Amor 💜🐹

Así que Julián me dejó entrar porque tú se lo pediste.

¿A qué juegas, Mark?

Envío el mensaje y me sorprendo al obtener una respuesta rápida: A fingir que no te amo.

35

ROMA NO SE CONSTRUYÓ

EN UN DÍA

Por qué no le cuentas todo? Por lo que dices, aún te ama. O pierden el orgullo o se perderán ustedes —La abuela continúa opinando sobre mi encuentro con Mark. La sola idea de perderlo me hace daño.

—Lo sé, pero me siento enojada, confundida. ¡Y débil! —exclamo y tomo aire—. Cuando estuvimos frente a frente fue como si cada palabra que salía de su boca me advirtiera que era mejor no contarle la verdad. No por ahora.

¿Cómo podría hablarle de dolor al hombre al que yo le había roto el corazón, el mismo que ahora me lo estaba rompiendo a mí? ¿Era correcto querer hablarle de mis heridas cuando él estaba trabajando en curar las suyas? Por supuesto que no.

—Rach, ambos están dolidos, han sufrido y necesitan sanar. Lo superarán, mira que te lo digo yo. Recuerda que más sabe el diablo por viejo que por diablo —dice con tanta seguridad y entusiasmo que me arranca una tímida sonrisa.

Sí, Mark y yo habíamos superado muchas cosas en nuestra relación, pero jamás nos hemos enfrentado a nosotros mismos y ahí está el detalle.

Nos estamos hiriendo al intentar ganar nuestra propia batalla.

—Ojalá, nana —Me acomodo a su lado en el sofá para abrazarla. Ruego porque tenga razón. Deseo recuperar lo que tenía con Mark.

—Ambos necesitan tiempo, pero no separados, sino acompañándose el uno del otro para superarlo. Eso se dará poco a poco. Total, recuerda que

«Roma no se construyó en un día».

—Roma no se construyó en un día —repito y me aferro a ella—.

Abuela, hay algo más por contarte: Mañana tengo una entrevista de trabajo.

—¿Cómo?

—Cuando decidimos volver aquí, busqué ofertas y envié un par de currículos. Esta mañana, mientras iba a ver lo del testamento, se comunicaron conmigo de uno de los lugares para citarme. El salario no es grande, pero estará bien mientras consigo algo más rentable.

Ella me anima y empieza a contarme de sus experiencias laborales.

Escucharla me tranquiliza y seguimos hablando hasta que llega la hora de dormir. Doy vueltas en la cama, sigo cuestionando la manera en la que me permití depender de medicamentos para conciliar el sueño. Antes me ayudaban a escapar de la realidad y hoy me recuerdan una etapa que me atormenta.

—Rach, despierta —Me quejo al escuchar la voz de mi abuela. Siento como si no hubiera dormido nada—. Se hará tarde para tu entrevista de trabajo.

Me enderezo de inmediato. Reviso el celular para ver la hora y encuentro un correo electrónico en el que se disculpan conmigo y me comunican que la cita se pospuso hasta mañana a la misma hora. Le aviso esto a la abuela y vuelvo a meterme entre las cobijas, abrazando con fuerza la almohada. Me duele la cabeza y, como cada mañana, el cansancio me pide veinte o treinta minutos más de sueño.

Pasa un rato y ella vuelve a la habitación.

—Hija, levántate. Tengo una sorpresa.

—Me dijeron que estás buscando trabajo y tengo un novio que necesita secretaria.

Oh mi... Me levanto de un salto y me aseguro de que su presencia no es producto de mi imaginación. Ella me dedica una leve sonrisa.

—¡Amy! —chillo y me acerco para abrazarla.

—Te extrañé tanto —asegura entre sollozos a los cuales me uno.

—Y yo a ti.

—Las dejo solas. Permiso —añade amable mi nana.

No tengo noción del tiempo. De lo único que soy consiente es de que tener aquí a mi mejor amiga me reconforta. Ruego porque esto no sea un sueño. Siento que las piernas me fallan y agradezco que Amy me acerque a la cama para que nos sentemos.

—Rach, he esperado tanto para volver verte —suspira—. ¿Qué pasó?

Sabes que puedes confiar en mí.

—Yo no pude —hablo y las lágrimas me interrumpen—... Ella se fue de manera tan inesperada que no me sentí capaz de seguir, pensé que no había razón para hacerlo.

—¿Ella? Rach, ¿de quién hablas? —Amy frunce el ceño.

—De mi extraña —El pecho me duele. Es tan difícil decirlo en voz alta que me quiebro—. Ella murió, Amy.

Mi amiga se lleva las manos a la boca y niega con la cabeza.

—Dios, no —comienza a llorar y me abraza de nuevo—. Rach, ¿Cómo es que… No, Rach. No puede ser.

Nos consolamos la una a la otra como siempre lo hemos hecho.

—Quería estar sola, lo necesitaba —continúo en cuanto me siento capaz.

—Debiste llevarme contigo.

—Debí haber hecho muchas cosas —confieso. Fui una cobarde.

—Lo siento tanto —Lo que dice me ayuda a calmarme y a liberar la angustia que me invade—. Tienes que contárselo a Mark.

—Ayer fui a su departamento y lo intenté, pero fue muy difícil. Él me odia.

—Rach, Mark te ama. Estoy segura de eso.

—Pero está con Samantha...

—Ellos no están juntos. Samantha ha intentado acercarse, pero ella misma me contó que Mark siempre le ha dicho que está enamorado de alguien más. Esa chica me agrada, Rach, no voy a mentirte, pero tú sigues siendo mi mejor amiga y quiero que lo tuyo con él se solucione.

—Yo solo espero poder hablar con Mark y contarle todo. Lo extraño.

—Ya verás que así será —Se limpia los ojos y sonríe, se esfuerza por estar más tranquila—. Hablé ayer con tu abuela y me dijo que estabas buscando trabajo. Steven necesita una secretaria, él te podría dar el puesto y

—Guarda silencio mientras hace algo en su teléfono—… Listo, hablé con él y, por supuesto, aceptó. Solo necesita que se reúnan hoy mismo, a las tres de la tarde, en la cafetería frente a su bufete. Ya sabes, para conversar del contrato y esas cosas.

En su estado de nerviosismo, Amy no para de hablar y me cuenta lo sucedido en los últimos meses y me hace dar cuenta de todo lo que me perdí.

—Siempre estaré contigo, Rach —Me mira con tristeza—. Mark sufrió mucho, no saber nada de ti lo destrozó y eso le hizo creer en las palabras de Jackson. Ese mentiroso. ¡Por supuesto que tú no regresarías con él!

—¿De qué hablas? —pregunto por completo confundida.

—Jackson le enseñó una foto a Mark donde parecía que te estabas besando con él. Le dijo que ustedes se seguían viendo.

—Así que ese era su plan —analizo indignada lo empecinado que está mi ex en arruinarme la vida. No puedo creer que haya sido capaz de jugar tan sucio. Y no sé qué me enoja más, si sus acciones o la desconfianza de Mark. Intento alejarme de lo que siento y le hablo a Amy de lo que pasó el día de la foto que Jackson tomó sin que yo me diera cuenta.

—Ahora mismo agradezco que Mark lo haya golpeado —Suelta orgullosa y yo la miro horrorizada.

—Aunque lo ame, me molesta que haya creído que ese era el motivo por el que me fui. ¿Acaso no me conoce un poco? Además, no tenía por qué golpearlo, eso es lo que Jackson buscaba.

—Tienes que entenderlo, él no sabe lo que ahora yo sé. Ese imbécil jugó con su mente, no tengo idea cómo lo hizo, pero lo convenció.

—Nos hemos equivocado tanto —reflexiono sobre mi relación con Mark.

—Todo lo que está pasando es solo falta de comunicación. Tienes que contarle las verdaderas razones por las que desapareciste.

—Lo haré, Am —aseguro, aunque ahora mismo me sienta molesta con él. No puedo creer que haya pensado que yo regresaría con Jackson.

¡Estúpido Harvet! Y estúpida tú, comenta la vocecita en mi cabeza. Tiene razón.

Mi móvil comienza a vibrar en la mesita de noche y Amy me anima a revisarlo mientras se despide pues tiene un compromiso que cumplir.

—Hola —contesto una vez me encuentro sola en la habitación.

—Buenos días, ¿Rachel Lombardo? —Aquella voz me es familiar.

—Sí, soy yo —Me sorprende su llamada.

—Le habla el director Wens Ildet. Me informaron que regresó a la ciudad y hay temas académicos que quedaron pendientes de su semestre.

Necesito reunirme con usted.

—¿De mi semestre? Creí que estaría suspendido.

—Así es como debería ser —habla entre dientes—, pero el profesor Harvet intercedió, fue él quien me avisó que usted está de vuelta. ¿Puede venir mañana a mi oficina?

—Antes que nada, me gustaría aclarar algunas cosas con usted.

—Mañana podrá hacerlo. La espero a las tres. Tenga buen día —dice y corta la llamada. Pensar en que Mark se haya preocupado por mí, por mi futuro, me alegra y revitaliza la ilusión de arreglar las cosas.

¿Era en la cafetería o en el bufete?, me pregunto. Volteo para ver al edificio donde queda la oficina de Steven y me encuentro de frente con mi ex compañero de clase.

—Theo, qué bueno volver a verte.

—¿Rachel? —Él abre su boca en un gesto lleno de sorpresa—. Ha pasado mucho tiempo.

—Así es —le respondo y miro al suelo.

—¿Estás bien? Cuando hice mis exámenes finales en plazo extra, el director me comentó que tú también debías presentarlos y me pareció extraño. ¿Ocurrió algo?

—¿Plazo extra? ¿Por qué tuviste que hacer tus exámenes así? —

pregunto. No quiero hablar sobre los motivos de mi ausencia. En pocos minutos me veré con Steven y no deseo que mis ojos estén rojos e hinchados.

—Sucedieron varias cosas que no me permitieron regresar a la universidad —Su semblante cambia por completo—. Mi abuela… Ella murió.

Theo me cuenta cómo su vida oscureció desde aquel día en el congreso y se llena de melancolía. Todo comenzó cuando su hermana lo llamó para contarle que su abuela había entrado en cuidados intensivos. Ese fue el

inicio de una vida triste y vacía. Su relato me afecta y entiendo por completo su situación. Me acerco para abrazarlo y él me estrecha con fuerza.

—Sé que las palabras no son suficientes, pero lamento mucho tu pérdida.

—Gracias, Rachel —susurra nostálgico mientras una de sus manos va hasta mi cabeza y me acaricia el cabello—. No llores porque entonces yo voy a hacer lo mismo y mi abuela siempre decía que me veía fatal así.

—Vale —respiro hondo y sonrío. Theo me toma de la mano.

—Me alegra haberte encontrado aquí —comenta y de repente, su expresión se transforma.

—Buenas tardes —saluda de manera fría alguien que logro identificar.

Mierda. Mierda. ¿Estoy confundiendo la voz de Steven? Suelto la mano de Theo y me giro para confirmar que es Mark quien dijo eso.

—¿Es el profesor Harvet o su gemelo? —me pregunta mi compañero en un susurro.

—Es el profesor Harvet —respondo igual de sorprendida que él.

—Buenas tardes —saluda Theo y se sonroja—. Bueno, tengo que irme.

Me alegró volver a verte, Rachel, y a usted también, profesor. Con permiso.

Mark le hace un gesto amable y Theo se aleja deprisa. No sé qué hace aquí, pero lo aprovecharé porque necesito que aclaremos las cosas.

—Es hora de hablar, Mark —Hago uso de todo mi coraje.

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