¿En clases no?
Capítulo 3
LAS PIEZAS DE UN PUZZLE
El viento me despeina. Disfruto de la bonita vista que da el mirador de la ciudad mientras Jack estaciona su auto.
Por primera vez desde que salimos de la universidad mi cuerpo se relaja.
Su mal humor regresó apenas cambié los planes. Vamos a estudiar y este es mi lugar favorito para hacerlo, pero él quería que fuéramos a su casa, donde era evidente que eso no pasaría.
Me acomodo bajo la sombra de un árbol y descanso las manos sobre mi regazo hasta que lo veo acercarse.
—Repasemos primero la teoría, ¿te parece? —Tomo mis apuntes. Nunca he sido la más aplicada, pero siempre me esfuerzo por hacer lo mejor que puedo.
—Me gusta más la práctica —dice y se sienta junto a mí.
El brillo de determinación que asoma en sus ojos me intriga.
—Te quiero, Rach, de verdad lo hago —susurra y lleva su mano a mi mejilla, me acaricia con ternura. El chico dulce que conozco desde que tengo catorce años está de vuelta.
—Yo a ti, Jack.
—Lo sé —responde y acerca su boca a la mía—. Lo sé, Rach.
Con desesperación, su mano libre se apoya en mi cuello, baja por mi espalda y mi cintura mientras sus labios toman los míos. Emito un pequeño jadeo ante lo tensa que me pone la situación.
—Jack, debemos estudiar. Además, puede llegar alguien en cualquier momento.
Él ignora mis palabras y continúa besándome. Aleja los cuadernos y pronto su cuerpo está encima del mío.
—Da igual —gruñe, se mueve entre mis piernas y le da más brusquedad a la forma en que me toca.
—Mi espalda —me quejo al sentir pequeñas ramas que se adhieren a mi vestido. Jackson baja su boca a mi cuello y mueve sus caderas contra mí.
Hoy, la sensación de nuestros cuerpos tocándose no es agradable.
—Jack, no… —Detengo el avance de su mano que empezaba a vagar por mis muslos.
—Maldita sea —Se suelta de mi agarre, alejándose—. Estoy tan cansado de ti.
Su confesión me entristece y enoja al mismo tiempo.
—Podría llegar cualquier persona y vernos. Además, quiero ayudarte a estudiar o, si lo prefieres, mejor me voy a casa a hacer las tareas que tengo pendientes.
Bufa y su expresión es de ira. Respiro hondo. Esto no está bien. No estamos bien. Aunque duela, tengo que aceptarlo.
—No me contaste cómo han sido tus clases con Harvet —Se sienta y luego acomoda su cabello.
—Bien.
—¿Bien? ¿Te parecen bien los comentarios fuera de lugar que te ha hecho?
—¿De qué hablas?
—De ese cabrón queriendo ligar contigo.
—No estaba ligando conmigo —refuto extrañada.
—Ahora entiendo por qué no aceptó mi solicitud y ya. No quiere tenerme ahí arruinando sus planes.
Sin poder evitarlo, en mi rostro se dibuja una sonrisa cansada.
—Estás bromeando, ¿no?
—¿Me estoy riendo? —pregunta con un tono lleno de reproches. No se esfuerza por mantener la calma—. ¿Crees que me da risa esta mierda?
Lo miro incrédula y, sobre todo, esperanzada en encontrar una pizca de arrepentimiento. Pero no hay nada de eso.
—Si continúas hablándome de esa manera, esta conversación se termina
—sentencio, pero él no responde—. Regrésame el móvil, por favor. Me voy a casa.
De forma tosca, va al auto por mi teléfono y me lo entrega. Niego, decepcionada.
—Nuestra relación es esto por tu culpa, Rachel.
—¿Sabes qué? Me voy de aquí —declaro y me pongo de pie.
—Pues vete. Y si es con el hijo de puta ese que tienes como profesor, adelante. Me da igual.
Es suficiente para mí. Estoy molesta, triste y decepcionada. Me marcho porque necesito estar sola. Camino varias calles hasta llegar a casa y encerrarme en mi habitación. Me tiro encima de la cama y las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas ante los recuerdos de nuestros años
juntos, del chico del que me enamoré, el mismo que ya no existe, lo que confirmo cuando recibo un mensaje de su parte:
Se acabó, Rachel, no puedo seguir con esto.
No hasta que entiendas lo mucho que merezco y
lo poco que me das.
Te quiero, pero eres una niña y yo necesito una mujer.
Se terminó. De cualquier forma, iba a suceder.
Los ojos se me encharcan. Ni siquiera puedo creer que esté terminando con lo nuestro de esta forma y con esas palabras, haciéndome sentir insuficiente.
Lo he intentado, me he esforzado por nosotros.
Lloro con más fuerza. Carajo. ¿Por qué si estoy tan enojada con él me siento más triste que molesta? Me acomodo, trato de calmarme para que el nudo en mi garganta desaparezca.
—Hola. ¿Hay alguien aquí? —Escucho la voz de Amy proveniente de la sala de la casa—. Rach, la puerta estaba abierta. ¿Estás bien?
—Estoy en mi habitación, Am —hablo fuerte y los sollozos regresan.
—Es un miserable —comenta apenas entra—. Yo creí que Jackson era un buen hombre. Llevaban tantos años…
Amy se sienta a mi lado y me rodea con sus brazos.
—¿Cómo te enteraste? —Trato de apaciguar mi llanto.
—Las fotos están circulando por diferentes chats desde las nueve de la mañana. No puedo creer lo que te hizo. ¡Es un cabronazo!
—¿Fotos? —Me alejo de ella, confundida—. ¿De qué estás hablando?
—Las que te envié, ¿no las viste?
—No, no pude. Jackson fue a buscarme al salón y me quitó el celular cuando vio que me escribiste. No quería que nos interrumpie… —Me detengo y sonrío incrédula. Todo empieza a encajar como las piezas de un puzzle—. ¿Qué había en las fotos?
Amy no habla, pero su silencio es una respuesta a gritos.
—Dilo —le pido.
—Jackson con la tipa esa de intercambio en los vestidores.
Aunque no debería sorprenderme, lo hace y duele.
—Me dijo que esta mañana tenía entrenamiento —Muerdo mi labio inferior en un inútil intento por parar mis sollozos—. Apareció en mi salón, aun cuando casi toda la universidad sabía de esas fotos, ¿y ni siquiera pudo
decírmelo a la cara? —Niego con la cabeza, escéptica—. Hasta me reclamó por el comentario que hizo el profesor Harvet el otro día. ¡Es un cínico!
—Es un imbécil. ¡Ah! Qué ganas de… —Se calla y aprieta los puños.
Su expresión está llena de furia.
Puedo sentir su indignación, una que apenas se acerca a la mía cuando recuerdo que me invitó a pasar el día con él porque sabía que yo me ofrecería a ayudarlo con su examen. ¡Quería que fuéramos a su casa!
Maldita sea. ¿Qué buscaba? ¿Un ‘regalo’ de despedida?
Consumida por la rabia, lloro con más intensidad.
—¿Qué he estado haciendo, Am? —le pregunto cuando ella toma mi mano—. ¿Cómo pude permitir que me hiciera sentir que no valgo? ¿Cómo permití que nuestra relación llegara a esto?
—Tú vales mucho, Rachel Lombardo. Es él quien no te merece. ¿Lo entiendes? —habla con firmeza.
—Me esforcé, Am. Me esforcé inútilmente para que lo nuestro funcionara.
—Lo sé, Rach, pero Jackson ya no es el mismo que conocimos en el colegio.
Ella tiene razón. No quise ver las señales que estaban ahí y eran tan claras.
—Venga, olvídate un rato de ese idiota. ¿Pizza y nuestra temporada favorita de Friends? —pregunta con su ánimo usual. Aunque trato de contagiarme de su energía, no puedo evitar que mis ojos vuelvan a llenarse de lágrimas—. Ven aquí. Todo estará bien, ¿vale? Entiendo que no debe ser fácil, pero lo haremos juntas. Ya verás que mañana ni lo recordarás. Es más,
¿de quién estábamos hablando?
Río. Ojalá olvidar fuera así de fácil. Sin duda, la mala memoria como cura para el desamor evitaría muchos corazones rotos.
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