¿En clases no?
Capítulo 45
GEMELOS EN ACCIÓN
Mark
Hermano, el más sensato de los dos eres tú, por eso decidí contarte que Jackson está en casa de su mejor amigo. Recuerda, vamos a llegar antes para que le digas lo que tengas que decirle, pero llamaré a la policía en cuanto estemos allí para que se encarguen de todo. ¿Prometido? —Asiento ante la pregunta de Steven y continúo con la vista hacia el frente—.
Debemos regresar pronto porque seguro Rachel sospechará algo —dice y luego me da las indicaciones finales para llegar a donde está Kozlov.
—¿Lo has entendido de una maldita vez? —grito y lo tomo del cuello de la camisa, obligándolo a levantarse del suelo. Le doy un golpe en el mentón y lo veo chocar con la pared—. Si vuelves a ponerle un puto dedo encima a Rachel o tan solo acercarte a ella, me encargaré de arrancarte la cabeza con mis propias manos.
—Y la usaremos como pelota de fútbol —añade Steven con diversión, sentado en un sofá junto al amigo de Kozlov—. Aunque ese deporte no me gusta, prefiero el baloncesto. Ni para eso sirve este imbécil.
—Me las van a pagar, tú y tu copia barata —Jackson gruñe entre dientes, le cuesta cada palabra—. Rachel…
—¿No lo entendiste? —Lleno de indignación, pongo una mano en su cuello y lo llevo de vuelta contra la pared.
Jadeante y desesperado por la falta de oxígeno, él suplica porque lo suelte.
—¿Solo te sientes fuerte intimidando a una mujer? —bufo con más enojo al recordar lo que le hizo a mi novia. Deseo hacerle pagar todo el daño que le causo a Rachel con sus rumores, sus palabras y sus maltratos.
—Suéltame —insiste con dificultad. Intenta apartarme y disfruto del pánico en sus ojos.
—Mark —habla Steven y hay una advertencia clara en su mirada. Es suficiente.
Suelto despacio a Jackson y este se derrumba en el suelo. Veo que está pálido.
—¿Ahora sí lo entendiste? —hablo mientras él se esfuerza por recuperar el aliento—. No mencionarás su nombre, no la tocarás ni te acercarás a ella de nuevo si realmente aprecias tu miserable vida.
—Eso sería como un mandamiento: El mandamiento Harvet. Suena bien, ¿verdad, Kozlov? —comenta con gracia mi gemelo y se pone de pie junto a mí. El otro sujeto continúa impávido en el sillón—. ¿Necesitas ayuda? —inquiere y lo miro incrédulo—. Se lo estoy preguntando a él, eh
—aclara señalando a quien sigue en el suelo.
—Los voy a demandar —susurra Jackson y, con ironía, nosotros sonreímos.
—Qué casualidad —dice mi hermano y se pone en cuclillas para quedar a la altura de Kozlov—, porque justo era eso lo que veníamos a informarte: Tienes una demanda en proceso, una orden de alejamiento y, ahora, un diente menos. Espero que le hagas caso a Mark porque, la próxima vez, no me quedaré sentado. Y créeme cuando te digo que mi hermano es el más razonable de los dos.
—Lárguense de aquí y sigan con sus malditas vidas. Rachel ni siquiera vale tanto —Jackson replica entre risas, llevándose las manos a las costillas.
Esas palabras reactivan mi odio y quisiera volver a golpearlo, pero Steven se interpone.
—Basta, Mark. Fue suficiente. Es momento de irnos —exige y me guía hacia la salida—. Amigo, perdón por desordenar todo. No fue nuestra intensión —le habla al dueño del lugar, quien asiente aterrado.
—¿Lo disfrutaste? ¿Disfrutaste golpeándolo? —Steven habla mientras conduce.
—Sí —respondo sin reparos.
—¿Y te sientes mejor? —Frunzo el ceño, un poco perplejo por su pregunta. Quisiera responderla de manera positiva como la anterior, sin embargo, una duda llega. Sé lo que intenta y lo logra. Steven consigue involucrarse en mis pensamientos. ¿Que si disfruté golpearlo y ver su rostro lleno de sangre? Sí, muchísimo. Pero ¿eso me hizo sentir mejor?
—No —admito.
—Porque tú no eres así, Mark. Cuando llegaste a casa de Rachel, vi el odio en tus ojos, el deseo de acabar con Jackson y lo entiendo porque también quiero a esa chica y, si me pongo en tu lugar, pensaría en hacer lo mismo si alguien lastima a Amy —hace una corta pausa—. Sé que ganas de
matarlo no faltarían, pero ¿sabes lo qué hay detrás de eso? Ser el causante de que una vida termine es jodido. Mucho más si hay personas que amas, personas a las que tus actos pueden herir. La vida real no es como en los libros o las películas, en la vida real las malas decisiones no duran horas o minutos, sino que tienen consecuencias que pueden acompañarnos para siempre.
El fervor de sus palabras me desconcierta, habla desde lo profundo de sus sentimientos y eso me inquieta. ¿Por qué parece que lo que dice no fuera un simple comentario?
—¿Hay algo que quieras contarme, hermano? —cuestiono.
—No —responde y sé que está mintiendo. Lo conozco—. Solo intento recordarte la persona que eres y la que no quieres ser. Mark, todos somos potenciales asesinos, llámalo instinto primario o de supervivencia, pero lo somos. La diferencia radica en la capacidad de controlar nuestras emociones. Pudiste ceder a tus instintos y me alegra que me hayas hecho caso de no hacerlo y de detenerte. No me equivoco cuando digo que eres mejor que yo y espero que nunca más vuelvas a pensar en acabar con alguien por más grave que sea la situación. Esa persona no eres tú, hermano.
Su sermón me toma por sorpresa, por primera vez los papeles se intercambian.
—Tienes razón en todo, Steven, excepto en algo —Pongo una mano en su hombro, él detiene el auto en una zona de parqueo y voltea a verme—: No soy mejor que tú. De hecho, para mí eres el mejor. Estoy muy orgulloso de ti, de todo lo que has madurado.
Él baja la mirada y su gesto carga un poco de melancolía.
—Intento ser una mejor persona para ella. Amo tanto a Amy, ¿sabes?
Amo la persona que soy a su lado. Y te debo una disculpa por las veces que me burlé de ti, de tu creencia en el amor. Ahora yo mismo tengo mi propia religión: Amy Martins.
Sus palabras llenas de ilusión y buen ánimo no hacen más que recordarme al Steven de hace años, un hombre que escondía sus sentimientos.
—Me alegra que así sea, hermano —le digo con sinceridad—. Amo verte feliz.
—Vale, basta de cursilerías o voy a decepcionar a mi familia y a mi novia, ellos piensan que soy una guillotina y no un sentimental que está a punto de echarse a llorar —respira profundo—. ¿Será que nos han escrito?
Estoy convencido de que sospechan que estuvimos buscando a Jackson.
Saco el teléfono para comprobarlo y encuentro algunos mensajes de Rachel:
Mark, no hagas ninguna locura. No vale la pena.
Le dije a tus papás y a tu hermana que me habías escrito para decirme que se vararon y que luego los llamarían.
Ellos se fueron tranquilos hace unos minutos.
Regresa pronto, por favor.
Mi corazón se encoge al pensar en ella y en lo preocupada que debe estar. La carcajada de Steven me distrae y volteo a verlo. Pone la pantalla de su móvil frente a mí:
Mono sexy de manicomio ❤🐒
Como te he enseñado a pelear, mi amor.
¡Denle duro a ese miserable!
Pd: Más vale que tú y tu hermano regresen completos a casa.
Ten cuidado.
—¿Así guardas el contacto de tu novia? ¿Ella sabía que vendríamos?
—Está loca, ¿verdad? —finge indignación—. Ella no me enseñó a pelear.
Niego con la cabeza y sonrío. Ellos son iguales, se complementan de maravilla.
Decidimos no responder los mensajes y seguir nuestro camino hasta la casa de Rachel. Ambos sabemos a lo que voy a enfrentarme, porque estoy seguro de que Amy estará más que complacida cuando le contemos lo ocurrido. Llegamos minutos después. Tocamos la puerta y Steven me da un par de palmadas en la espalda.
—Tranquilo, hermano. Lo peor que puede pasar es que Rachel te dé una golpiza más fuerte que la que recibió el idiota de Jackson —se burla y yo lo miro serio.
La abuela de Rachel es quien abre y nos deja seguir.
—Oh, hijo —exclama preocupada—, ¿y esa sangre? ¿Qué te ha pasado?
Iré a buscar algo para curarte.
—No hay problema, señora Grace. No me duele nada —termino de hablar y veo a Rachel y Amy acercándose. La preocupación y el enojo en el rostro de mi novia es evidente.
—Abuela, tal como lo hablamos, creo que lo mejor es que pasemos unos días en casa de Mark, al menos hasta que sepamos qué pasó con Jackson —
Rachel habla y, si las miradas mataran, yo ya no estaría en este planeta.
—No, Rach, es mejor quedarnos aquí, no quiero ser una molestia para tu novio —dice la señora Grace.
—Usted siempre será bienvenida en mi casa. Somos familia y ese también es su hogar —Le sonrío y ella asiente.
—Steven, Amy, ¿podrían llevar a mi abuela mientras Mark y yo preparamos algo de ropa? Los alcanzaremos en un rato.
—Por supuesto, cuñada —Mi gemelo pasa sus brazos por los hombros de la señora Grace y de su novia y las guía hacia la puerta.
—Hija, ¿todo está bien? —pregunta la abuela con inocencia y Rachel asiente para no preocuparla—. No olvides mis medicamentos.
Ellos se despiden y sé que ha llegado la hora de hablar. Vamos hacia la sala y, cuando intento decir algo, ella toma la palabra.
—Espera aquí. Iré por algo para curarte —No me da tiempo a negarme o aceptar su ofrecimiento. Aprovecho para ir hasta la cocina a lavarme las manos. La sangre desaparece poco a poco con el agua y el ardor en mi piel se hace presente al igual que mi encuentro con Jackson.
«Abre de una vez, maldito cobarde», grité golpeando la puerta. En cuanto la abrió, descargué toda mi ira en él, impactando mi puño en su nariz primero y luego en su estómago. El golpe fue tan fuerte que lo mandó hacia el suelo.
«Déjame adivinar, ya Rachel te puso los cuernos y vienes por un consejo». Sus palabras encendieron la llama y lo castigué una y otra vez hasta cubrir cada parte de su cuerpo con mis puñetazos.
Tal como dijo Steven, ese no soy yo y no puedo dejarme llevar así nunca más.
—¿Mark? —La voz de Rachel me regresa a la realidad.
—Siento mucho haberte preocupado y haber actuado como lo hice —le digo y ella cierra el grifo. Miro su rostro que está tenso y con los ojos fijos en mis manos empuñadas. Tomo una toalla de cocina para secarlas y me
ubico a su lado—. Has llorado, mi amor —Toco su mejilla y desvío la conversación a lo que de verdad importa: Ella.
—Estaba asustada. Vivo con el miedo de tener que despedirme de otra persona que amo y sé que eso no es vida, pero no puedo evitarlo —Su voz se corta. La estrecho entre mis brazos—. Un día desperté y ya no la tenía conmigo. La terapia con la psicóloga me está ayudando a procesar todo de mejor manera, pero sé que jamás voy a estar preparada para perderte a ti también. Él lo prometió, prometió que iba a lastimarte.
—Cariño —La abrazo más fuerte, deseo absorber su dolor y sus miedos, los cuales también son míos. La entiendo por completo porque no concibo una vida sin ella—. Nadie nos va a separar, ¿de acuerdo? Hemos hecho muchos planes y tenemos que cumplirlos.
—¿Me lo prometes? —Pega su mejilla a mi pecho y la escucho sollozar.
—Como que me llamo Mark Harvet y estoy completamente enamorado de ti.
—Es una promesa, Mark —Su gesto se calma un poco—. Regresemos a la sala, dejé el botiquín de primeros auxilios allí.
Cuando ocupamos uno de los sofás, Rachel toma mi mano y empieza a limpiar los rastros de sangre en ella.
—¿Por qué fuiste a buscar a Jackson?
—Él te lastimó y sentí que debía hacer algo al respecto. Lo siento mucho.
—Ya había una orden de alejamiento y una denuncia en su contra.
Jackson puede ser muy peligroso y no sabes lo horrible que fue no saber nada de ti, no tener claro si él te había lastimado. Además, la violencia no es la solución en ningún caso —Me destroza ver la manera en que me mira.
—Tienes razón, Rachel.
—Mark, eres un hombre inteligente y te admiro por eso. Deja que sea la justicia la que solucione las cosas.
—No volverá a pasar. Tuve una conversación al respecto con mi hermano y él me hizo entrar en razón sobre muchas cosas —le confieso.
—¿Steven te hizo entrar en razón?
Ambos sonreímos y el silencio se vuelve a instalar entre nosotros mientras ella continúa limpiando mi mano. Me concentro en su rostro y veo que su labio y su mejilla están menos hinchados.
—¿Cómo sigue tu espalda? —le pregunto.
—Mejor. La abuela me dio una pastilla y el efecto ha sido increíble.
—Eso me alegra, pero creo que falta mi medicina —comento y me emociona ver la forma en que me mira. Busco su boca y me pierdo en ella.
No deja de sorprenderme cómo hace que me sienta. Rachel me eleva a lo más alto, donde el tiempo se detiene y solo existimos los dos. La amo y la deseo tanto…
—Las manos —susurra en medio de nuestro beso. Con un poco de esfuerzo, dirijo mis palmas a su trasero, recorro sus nalgas con movimientos suaves y circulares sobre su vestido. Rachel ríe—. Hablo de que hay que vendarlas.
—No hay mejor medicina que tus labios, tu piel… Tú —le digo. Ella niega y se aleja un poco. Me quejo, Rachel suelta una pequeña risita y me empuja sobre el sofá para luego ponerse sobre mí. El calor que emana su cuerpo me quema.
Sus labios se acercan a mi cuello. Me siento y le quito el vestido con delicadeza. Paso mis manos por su espalda y confirmo que soy adicto a ella.
Mi pasión lleva su nombre. No hay palabras de amor, pero hay acciones.
Rachel busca mi boca y la ambrosía de sus labios hipnotiza mis sentidos.
Retomo el camino por su delicado cuello y me pierdo en su aroma.
—Mark —gime cuando bajo la mano hasta su sexo, cubierto aún por su braga. Froto y acaricio sus pliegues por encima de la tela. Me calienta ver lo mucho que la situación la enciende, tanto como a mí. Está húmeda y excitada.
Ella me baja el cierre y me inclino hacia adelante para que sea más fácil que me ayude a deshacerme del pantalón.
—Hazme el amor, Rachel —susurro y su respuesta es un nuevo gemido muy cerca de mi oído y eso me vuelve loco. Poso mis manos en sus nalgas y nos acerco. Respiro pesadamente cada que ella se mueve hacia adelante y atrás, frotándose contra mí y siento que voy a venirme, pero necesito más.
Deslizo los tirantes de su vestido hacia abajo para dejar expuestos sus pechos perfectos, los recorro con mis dedos y luego los saboreo con avidez.
—Te necesito —dice entre súplicas.
—Entonces toma todo lo que quieras, cariño. Soy todo tuyo —le recuerdo volviendo a poseer su boca—. Te necesito de la misma manera que tú a mí.
Sin titubear, Rachel mete una mano en mi bóxer y la beso hambriento mientras ella me toca. La respiración se me corta y echo la cabeza hacia atrás disfrutándolo, perdiéndome en sus caricias.
Se pone de rodillas frente a mí. Y aquí está, mi diosa de ojos marrones recorriéndome con su lengua. La miro y es todo lo que necesito para caer al abismo, pero respiro profundo porque deseo seguir disfrutando del placer que me da. Ella chupa y succiona cada vez con más ganas al escuchar mis jadeos, tan buena y hábil como siempre. Sabe cómo volverme loco.
—Dios, Rachel —murmuro y le acomodo el cabello que se le ha deslizado sobre el rostro para no perderme un solo detalle de su boca follándome. Su mamada es jodidamente buena. Trata de metérsela toda en su pequeña y dulce boca y eso me encanta.
—Quiero estar dentro de ti cuando me corra —le digo. Ella se acomoda sobre mí. Con una mano hace a un lado su braga y con la otra guía mi miembro a su entrada. Jadeo al sentir su intimidad envolviéndome. Ella me monta, amo el contacto natural de nuestros cuerpos. Rachel ha tenido el control desde el comienzo y eso se siente increíble.
—Oh, Mark —grita aumentando el ritmo progresivamente. Llevo mi boca a uno de sus pezones, ella se agarra de mis hombros y acelera los movimientos a lo cuales me acoplo, embistiéndola cada vez más fuerte—.
Sí… Así, por favor.
Su petición es una orden que complazco encantado. Conozco su cuerpo a la perfección, la manera en la que le exige al mío. Tomo sus nalgas entre mis manos y empiezo a mover mis caderas contra ella con celeridad, haciéndola gemir más mientras entro y salgo de su cuerpo. Rachel se tensa cuando me hundo profundo en ella y disfruto de su orgasmo al máximo, el cuál viene seguido del mío. Nos rendimos uno al lado del otro y sentirla recostada en mi pecho es todo lo que puedo desear.
—No importa cuánto intenten quitarnos la tranquilidad porque hay algo que jamás podrán tocar —comenta apenas recupera el aliento—. Esto que solo tú y yo entendemos y sobre lo que tenemos el control: Nuestro amor.
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