¿En clases no?
Capítulo 9
¿QUÉ ME ESTÁ PASANDO?
Mark
Yo no creo en los rumores.
El tema me incomoda sobremanera. Mirella, profesora de Auditoría, es quien termina con el silencio en la sala. Días inoportunos en los que Ildet decide citarnos y llegar tarde.
—¿De verdad existe alguien que piense que esos chismes son ciertos?
—la pregunta de Samuel, profesor de Estadística, es lo que termina despertando la curiosidad de todos en el lugar, incluso la mía. Dejo de prestar atención a las hojas que sostengo entre las manos y lo miro. Él continúa— Sabemos que Mark jamás saldría con una alumna. ¿No es así, Harvet?
—Por supuesto —respondo, forzando una sonrisa.
—Exacto. Y no creo que Rachel Lombardo se preste para salir con un docente —interviene Mirella. La seguridad en sus palabras me intriga.
Parece conocerla bien.
—Es una buena muchacha, muy amable —habla Janeth, directora de Pasantías Profesionales—. Y su amiga, la pelinegra, ¡tan divertida! El semestre pasado necesitaban que les firmara los documentos de las prácticas y…
Desconecto su voz. No quiero escuchar más del tema. Regreso a los informes de investigación hasta que el director llega con diez minutos de retraso.
—Lamento la demora —empieza con la reunión—. Será una junta rápida. Por favor, vamos a la primera hoja del documento en sus manos.
Ildet explica cada pequeño cambio en la normativa de la institución.
Sucede lo mismo con nuestras actividades académicas. No da muchas vueltas y, en veinte minutos, la reunión termina.
—Ha sido un placer verlos. Gracias por asistir. Tengan un buen día —
finaliza el director.
Al contrario que mis colegas, quienes se despiden de inmediato, yo me quedo en mi asiento. Es momento de tener esta conversación. Los días anteriores pensé que los chismes en los pasillos se calmarían, pero solo han aumentado cada vez más.
—Harvet, cuéntame, ¿qué necesitas? —Una vez nos quedamos solos, Wens cuestiona con interés.
—No hemos tenido oportunidad de hablar sobre los rumores…
—Oh, eso. No te preocupes, es una estupidez. No creo que alguien pueda creérselos.
—Sé quién comenzó con esto.
—Jackson Kozlov vino a quejarse de que no lo habías aceptado en tu clase y sus amigos inventaron historias que no tenían sentido.
—Fue él quien lo empezó todo, no ellos.
—No te preocupes, Mark. Yo me encargaré.
Trago saliva intentando disminuir la tensión de mi cuerpo. Me sorprende lo relajado que se ve, pero estoy seguro de que él sabrá qué hacer.
—Gracias, Wens. Ten un buen día.
—Que estés bien, Mark.
Tomo mi maletín y abandono la oficina. En el camino me encuentro con varios estudiantes, unos sonríen con apatía, otros susurran y a todos les dedico una mirada inexpresiva. Mantengo aquella postura hasta que llego a la entrada de la biblioteca de la facultad de matemáticas.
—Buenas tardes —saludo a la encargada.
—Buenas tardes, profesor Harvet. ¿En qué puedo ayudarle?
—Vine a devolver esto —Saco del maletín el libro Calculus de James Stewart. La mujer lo toma en sus manos y me entrega el formato que, por protocolo, debo diligenciar—. Gracias.
—Jenny, ¿no vas a almorzar? —Una mujer se acerca.
—Voy en unos minutos. Aún queda una estudiante por marcharse y no ha llegado la persona que me cubre.
—¿Estudiantes al mediodía? ¡Pero si es hora del almuerzo!
La queja interrumpe mi concentración. Volteo para ver a la recién llegada y le sonrío.
—Profesor Harvet, buenas tardes —saluda con timidez.
Por la sorpresa en su rostro puedo deducir que no me había visto. Le devuelvo el saludo y regreso a lo que estaba haciendo.
—Mírala, está allá sentada —comenta la encargada y hace un gesto con su boca hacia la izquierda—. Es muy aplicada. Seguro estará por un buen rato, la conozco del semestre pasado y viene a hacer trabajos aquí. Mejor espérame en el restaurante, ¿vale?
Ellas se despiden mientras yo termino el formato y lo dejo sobre la mesa. Por curiosidad, volteo hacia donde señaló la encargada hace un rato y me sorprendo al reconocer a la alumna Lombardo revisando unos libros y tomando apuntes en su libreta.
—Está tratando de solucionar algunos ejercicios que parecen en chino
—me dice Jenny y ambos nos quedamos viendo a la chica levantar sus brazos en señal de triunfo para luego volver con su bolígrafo a la libreta—.
Es igual a su padre, Jhon Lombardo. No creo que lo haya conocido, profesor Harvet, eran de generaciones distintas.
—¿Qué sucedió con él?
—¿Alguna vez escuchó del accidente afuera de la universidad donde murieron varios alumnos a causa de un conductor ebrio? Él fue uno de ellos.
—Estoy seguro de que lo vi en las noticias cuando estaba en el colegio y recuerdo que mis padres hablaron de lo ocurrido.
—Pasó hace diez años ya. Debió ser muy duro para ella —Voltea a ver a la alumna Lombardo, quien está sonriente en lo suyo—. Su padre era el mejor estudiante de su promoción. Estaría orgulloso de ver a su hija en estos momentos.
—Seguro que sí. ¿En cuál carrera estaba él?
—La misma que Rachel: Administración de Empresas.
La observo con detenimiento. Sus labios se entreabren mientras escribe algo. Recuerdo su mensaje de ayuda, ofreciéndose a hablar con el director sobre los rumores.
No puedo apartar la vista de ella y la culpa se intensifica cuando alza la cabeza y dirige sus ojos marrones en nuestra dirección. De inmediato, las mejillas se le enrojecen, un efecto que empieza a ser característico y que me gusta.
Mierda. Mi respiración se detiene cuando la veo ponerse de pie.
—Jenny, gracias por el libro —Tomo el maletín intentando huir no solo del lugar, sino también de mis pensamientos. Veo a otra persona que se acerca apurada. Debe ser quien ocupa el puesto de encargada en la hora de almuerzo.
—Muchas gracias, Jenny —dice Rachel. Escucharla hace que me ponga nervioso, por lo que apuro el paso y me alejo de allí. Voy directo al
estacionamiento y conduzco camino a mi departamento, sin poder dejar de pensar en lo mismo.
¿Qué me está pasando?
OceanofPDF.com