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-Zarko-
Empezó a sonar su móvil. Tanto Velasco como DeWilde permanecieron en silencio mientras Zarko contestaba:
—¿Sí?
—…
—¿Qué? ¡Espera! —Se giró hacia DeWilde—. ¿Con quién cojones hablaste ayer en el ayuntamiento?
—Con el teniente de alcalde… —DeWilde revisó su agenda—. Coromín se llama.
Zarko le hizo gesto de guardar silencio y volvió a hablar por el móvil.
—Sí, Coromín…
—…
—¡No me jodas! ¿Y por qué coño no sabíamos eso?
—…
—Bueno, pues trata de hablar con el alcalde, explícaselo con mucho detalle, y luego ven a las oficinas de Barcelona y me comentas.
Colgó el teléfono y se giró.
—Era Iván Veigas, mi abogado personal en Barcelona. Al parecer, nuestro querido teniente de alcalde es íntimo de Steffano Duroux, se ha pasado la petición por el culo y ha metido a la poli por medio. Ya han dictado orden de busca y captura contra nuestro hombre.
DeWilde tragó saliva, Zarko continuó hablando después de un largo silencio de fastidio.
—A estas horas, el señor Duroux estará enterado de que el único implicado vivo en el asesinato de su hija está fugado y en paradero desconocido. Y evidentemente no querrá que, si lo capturan, lo lleven a una bonita clínica en Toulouse.
—Es un problema —dijo DeWilde.
Zarko cogió el paquete de tabaco, pero ya estaba vacío. Lo lanzó con rabia contra el impoluto suelo.
—¡Menuda puta mierda!
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