184
-Susana-
Eran las 4 de la madrugada y Ernest volvió a darle al Play tal como le exigía su jefe. Había secuenciado toda la salida del intruso. Volvieron a mirar la pantalla una vez sincronizadas las cámaras. Todavía sin dar crédito.
En la imagen en blanco y negro, aquel tipo salía tambaleándose de la puerta de las escaleras al pasillo de la décima planta. Parecía alienado, observaba las habitaciones, miraba en el office de enfermeras y se metía en el vestuario.
Allí no había cámaras, pero por lo que sabían, se había vestido con el uniforme de Marcos Tito y había cogido también todo el dinero de la cartera y el pase de seguridad que aquel idiota se había dejado en la bata mientras dormía a pierna suelta en el despacho contiguo.
Luego salía de nuevo al pasillo y parecía mirar directamente a la cámara, con una expresión de horror en los ojos. Entonces sucedía algo curioso: la imagen sufría una interferencia y aparecía todo bañado de nieve y estática; cuando se recobraba la imagen, el sujeto estaba entrando en el ascensor.
Luego la cámara de conserjería lo seguía hasta la puerta, donde se cruzaba con Susana, saludaba al conserje y desaparecía por la salida.
Susana estaba junto a Velasco y Marta. El doctor seguía mirando las imágenes mudas en busca de una explicación. ¿Qué coño hacía un tipo desnudo deambulando por su laboratorio? ¿Un ladrón de patentes? ¿Un enajenado?
—No lo entiendo.
—Velasco, yo… —Susana, que estaba con los brazos cruzados, parecía querer decir algo.
El viejo doctor la miró irritado.
—¿Qué pasa?
—Creo que sé quién es…
Velasco le hizo un gesto para que continuara.
—Me cruce con él a la salida, y estoy convencida de que es el paciente 184.
Velasco puso cara de absoluta extrañeza.
—¿Paciente 184? ¿De los nuestros? ¿Los que están abajo?
—Sí.
—Eso es imposible; lo sabes, ¿no?
—Sí, lo sé, pero me lo crucé en la entrada… Y luego, al pensarlo, lo reconocí.
—No puede ser… ¿Habéis comprobado eso? ¿Está en su habitación?
—Es que hay más…
Marta suspiró, todo aquello no le gustaba nada. Velasco parecía muy enfadado y Susana estaba contando una película que nadie en su sano juicio iba a tragarse. Entre sus manos, y por petición de su amiga, llevaba el informe sobre el paciente 184. Sus dedos regordetes estaban dejando manchas de sudor por toda la carpeta de cartón sin darse cuenta.
—¿Qué más hay? ¡Sorpréndeme!
—El paciente 184 fue…
—Murió ayer por la mañana —sentenció Marta; le entregó el informe a Velasco—. Aquí está su historial.
Velasco bufó indignado mientras se ponía las gafas y revisaba la documentación.
—¿Y se puede comprobar? ¿Alguien ha hablado con Xavi? ¿Está confirmada la incineración?
—Tiene la bolsa, me ha dicho que va a comprobar si ha rellenado el formulario de Exitus y ahora nos llama —dijo Susana en voz baja.
—¿La bolsa? ¿No sabe si lo ha quemado o no? ¿Qué mierda de protocolos se están siguiendo aquí? ¿Queréis que me dé un infarto?
Susana le pidió con un gesto a Ernest que volviera a poner la parte donde salía a la recepción.
—Fíjate. —Señaló la nuca del sujeto en la imagen—. Se ve el tatuaje en la nuca…
—Solo veo un borrón, podría ser cualquier cosa. —Velasco se ajustaba las gafas y forzaba la vista cerca de la pantalla, tratando de darle veracidad a lo que ella decía.
Susana lo miró fijamente.
—En serio, es él; le he estado viendo la cara cada día durante semanas y semanas, lo he lavado, cambiado de postura, puesto la medicación tres veces cada noche; lo conozco, estoy segura: es 184…
Velasco, que seguía mirando el historial del paciente mientras Susana hablaba, decidió interrumpirla en ese momento para leer un par de párrafos en voz alta:
—Tuvo un accidente de moto. Fractura craneal, perdió gran cantidad de masa encefálica y tenía un agujero en la cabeza del tamaño de un puño. Su actividad cerebral fue nula en los cuatro meses que estuvo en el hospital; lo justo para respirar por sí mismo, pero su cerebro estaba muy dañado. Hace cinco semanas lo trajeron aquí, pero no creo que mejorara con el tiempo, era un vegetal. Ayer por la mañana le dio un paro cardíaco, y las del turno de mañana no pudieron revivirlo. Certificaron su muerte a las dos y cuarto. A las cinco, Marcos Tito firmó el informe, declinó hacerle la autopsia y lo envió al crematorio. Supuestamente, si no había mucha actividad, deberían haberlo incinerado antes de las nueve de la noche… —Velasco cerró el informe—. Creo que podemos descartar que ese tipo se ha levantado y se ha marchado, ¿no?
—Todo eso ya lo sé. —Susana parecía enfadada—. Yo soy quien se encargaba de hacerle las curas, ¿crees que no he leído su informe? Piensas que esto me es fácil de creer… Pero te juro que lo he visto, era él.
Todos quedaron en un incómodo silencio. Hasta que sonó el teléfono con una llamada interna:
—Creo que deberían bajar. —Era Xavi desde el crematorio, parecía alterado—. Creo que alguien se ha llevado el cuerpo. Y el informe. Hay huellas.
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