184

Iván Ledesma · Capítulo 80 de 96

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-Yuri-

 

Salió del lavabo donde se había refugiado dos minutos después de saber a ciencia cierta que Rafael ya no estaba en el pasillo. Tuvo que empujar la puerta con sus propias e inútiles manos, cosa que le provocó un intenso dolor.

Había estado a oscuras, esperando. El viejo era un jugador nuevo. No lo esperaba. No conocía su existencia, y no tenía un plan definido para él. Así que simplemente esperó a que desapareciera de la zona para poder evaluar la situación.

Aquel viejo estaba manipulado. Su mente había sido modificada. De forma caótica y absurda, sin sentido, sin una orden concisa y clara que obedecer, pero alguien lo había hecho. Yuri podía olerlo. Podía verlo. Sentirlo. Lo sabía porque él se dedicaba a eso. Y era sorprendente saber que no era el único que podía hacerlo. Lo había notado desde el lavabo, cuando el viejo estaba mascullando incoherencias sobre perros mientras esperaba el ascensor. Estaba oculto a apenas medio metro del viejo y pudo sentirlo como una corriente eléctrica. Cercana e incandescente.

Quizá fue el paciente 184.

Puede que no fuera la primera vez que se vieran… Puede que ni siquiera supiera lo que le había hecho. Que no fuera consciente de ello.

Aquel chaval estaba lleno de sorpresas.

Sus orígenes mutuos, tan similares: un accidente buscado y deseado. Yuri se había visto reflejado en aquello. Se sentía cercano a 184, hermanado con él de alguna forma.

Y ahora esto, el hecho de que fuera capaz de reproducir sus mismas facultades con una mente tan limitada, tan poco entrenada. Era un hito, un triunfo.

Debía salvarlo a toda costa.

En el pasillo había manchas de sangre, en la pared, en el suelo… Al girar se encontró a Babel apoyada contra la pared, tosiendo. En su pecho, el chaleco de kevlar había amortiguado gran parte del impacto del disparo, pero el golpe le había roto algo.

—¿Estás bien?

Ella lo miró con una sonrisa de medio lado, sacó la pistola y la recargó. Sospechaba que tenía algunas costillas rotas. Sobreviviría si no se le clavaban demasiado en el pulmón.

—Vete al hospital.

Ella negó con rotundidad. Su lugar estaba allí, defendiéndolo. Irse no era una opción.

—No quiero que te mueras. Vete al hospital. Ahora.

Ella lo taladró con la mirada. No quería dejarlo allí. Con aquel loco.

—Por favor. Hazlo. Yo me encargo.

Babel se incorporó y volvió a toser, doblándose de dolor. En realidad estaba peor de lo que pensaba.

—Sube. Déjame ser tu héroe motorizado…

Yuri le sonrió.

Entre terribles dolores, Babel se sentó sobre las inútiles piernas de Yuri y dejó que este la llevara en su silla de ruedas por el pasillo, hasta la recepción.

Tuvieron que sortear media docena de cuerpos caídos, varios de ellos guardias de seguridad. Las ruedas de la silla iban dejando una línea roja por todo el camino. Babel no se sorprendió de que Yuri sorteara los cuerpos con pericia a pesar de su ceguera. Lo conocía demasiado.

—Sabes que me encanta ver a través de tus ojos.

Ella sonrió.

—Oh, sí, y tú hablas por mi boca… Lástima que yo tampoco tenga lengua, ¿verdad?

Al llegar a la entrada, Yuri observó que no quedaba nadie con vida. El recepcionista estaba tumbado sobre el mostrador, el tiro de escopeta le había impactado en la cara, así que era completamente irreconocible. En el suelo frente al ascensor que subía del parking, había un doctor tumbado de espaldas sobre un charco de sangre. Por lo que podía ver, había incluso un guardia tirado en el suelo de la calle.

—Dios mío… —Yuri se giró al escuchar la voz de Marc Trías, que estaba saliendo del ascensor y observaba el dantesco escenario que era la entrada de Icarus—. ¿Qué coño ha pasado aquí?

—Hemos tenido una pequeña brecha en la seguridad. —Yuri llevó la silla frente a Marc—. Es su área, ¿me equivoco?

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