184
-Jules-
Había improvisado una ducha de seguridad en la caseta de las herramientas. Con la manguera colgada del techo y directamente enchufada por la ventana al agua caliente de la cocina.
Se puso dentro del barreño que usaba Alex para poner hielo y cerveza cuando hacían barbacoas y se tiró por encima las botellas de lejía y amoníaco que había preparado a un lado. Frotó el traje con fuerza mientras el agua hirviendo llenaba la diminuta caseta de vapor ardiente.
Se estaba mareando. El traje llevaba minutos pitando, y estaba empezando a sentirse enferma. Sin oxígeno. Siguió a toda prisa, y cuando la visión le empezó a fallar aguantó la respiración, se quitó a toda prisa el traje, salió de la caseta y cerró la puerta de golpe. Los ojos le picaban intensamente debido a los vapores venenosos que la habían tocado por unos segundos, pero esperaba que si algún resto biológico del TC110 había salido del lab hubiera quedado destruido con aquella ducha tóxica.
No sabía si eso era suficiente, pero era todo lo que podía hacer.
Sin descansar un segundo cogió la lata de gasolina que aún quedaba sin abrir (había vaciado cuatro en el Lab y dos en el comedor donde yacía el cadáver del abogado de su marido) y roció con ella la caseta.
Luego subió al cuarto de baño de su habitación y volvió a ducharse. Se vistió con un peto y unas botas de jardinería que hacía años que no usaba y se colocó la pistola en el bolsillo trasero del pantalón. Luego cogió la maleta que había preparado y bajó hasta el garaje, donde la dejó en el maletero del enorme todoterreno familiar.
En el asiento trasero del coche, sus hijas seguían profundamente dormidas.
OceanofPDF.com