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Iván Ledesma · Capítulo 75 de 96

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-David-

 

Hay cosas que no verás porque desaparecieron, la información está rota. A trozos, las imágenes son solo momentos. Las voces, los ruidos… Tu cerebro intentará mostrar algo que entiendas, pero no tiene por qué ser coherente, no tiene por qué tener sentido. Incluso puede que tu imaginación rellene los huecos. Pero tú eres quien eres. Aunque no lo sepas. Aunque no lo recuerdes.

La voz de Yuri desapareció.

Y yo estaba en una gran casa, llena de muebles de caoba, de puertas con manetas de marfil. Decorada de forma recargada y ostentosa. Y había sangre en el suelo. Y había un hombre mayor herido. Y había dos hombres jóvenes discutiendo, pegándose. Y uno de ellos tenía una pistola. Y eran mis amigos. Y había luces azules intermitentes que se filtraban por las ventanas.

Yo no quería estar allí. Me habían arrastrado. Y ahora me sentía atrapado.

Había una chica que me miraba. Y yo tenía una navaja en la mano.

Me entró el miedo.

Había luces fuera. Pero no había sonido. Eso había desaparecido.

El corazón se me aceleró.

Estaba subiendo unas escaleras, arrastrando a la chica. Al llegar arriba, el sonido volvió. Había gritos en la casa. Un montón de policías gritaban. Y de repente comenzaron a sonar disparos. Y supe que habían matado a mis amigos, y sentía pánico; arrastré a la chica a una habitación. Cerré la puerta. Traté de abrir la ventana, y cuando iba a saltar por ella, la chica me agarró, no me dejaba ir.

Y le clavé la navaja. Dos veces. Muy rápido. En el cuello. Sin pensarlo.

Y no quiero verlo. No quiero sentirlo. La hoja entrando en la carne. La sangre manchando mi mano. Quiero llorar pero no puedo. Estoy atrapado en un cuerpo que me es extraño, que hace todo eso sin tener en cuenta lo que yo quiera.

Al volver la vista ya no estaba en la casa, me vi arrancando una moto. Mi moto.

El Chato y Antonio habían ido en el coche del Chato, pero yo había ido en mi moto. Por si acaso.

Lancé la navaja a una alcantarilla, lejos. Me lavé las manos en una fuente pública. Llorando.

Luego estaba en una casa. Con ella. La había visto en el parque. Había hablado con ella, me quería. Y me tenía el mismo miedo. Yo casi no podía hablar. El tartamudeo era horrible. Me frustraba.

En la televisión hablaban de tres personas muertas. Dos atracadores y la hija del famoso diseñador de joyas.

Ella me preguntó quién la había matado. Y yo mentí. Fue él. Fue el Chato. Ese cabrón quería violarla. Yo la salvé. Y él la mató.

Y ella no me creyó, pero no dijo nada.

Luego estaba en mi casa. Cogiendo ropa. Cogiendo drogas. Dinero. Temblando. Sin pensar. Corriendo.

Y de nuevo sirenas.

Aceleré la moto. A todo gas. Había un coche patrulla en la intersección. Realmente lo vi. Pude esquivarlo. Pero no quise. No quería que me cogieran.

Preferí morir.

No fue un accidente.

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