184
-Jules-
—¿Qué has hecho, mamá?
La pregunta flotaba en el denso ambiente del todoterreno. El coche estaba parado en un mirador. Muy abajo, en el valle, un río de aguas cristalinas y frías serpenteaba entre las montañas ajeno al pequeño drama que se vivía en el apartado camino forestal.
La puerta del piloto estaba abierta. Las luces de posición, encendidas. A Jules le daba miedo girarse. Todo se había vuelto bastante confuso desde que salieron de la pizzería. Las niñas habían llorado un rato. Incluso tenía la sensación de que habían vuelto a vomitar en el coche. Pero ahora todo estaba tranquilo.
¿Se había desmayado ella? No recordaba cuándo había parado.
Le daba miedo girarse y mirar en el asiento de atrás.
—No fue suficiente… —Jules trataba de parar la hemorragia nasal con un pañuelo, pero le temblaban las manos y apenas podía moverse. La sangre le había empapado la camiseta del peto. La migraña era brutal e iba en aumento.
—No te entiendo, mamá.
—Algo falló. Quise… —Al echar la cabeza hacia atrás, la sangre se le fue garganta abajo y tuvo que hacer un esfuerzo para tragársela y no vomitar—. Quise arreglarlo. Me equivoqué. No fue suficiente.
—¿Arreglar el que? Te hice los ingresos para abrir un nuevo lab, pero no has tocado el dinero. Lo he comprobado. El viejo es un inútil con esto y yo apenas he comenzado a seguir tus pasos. Te necesito de vuelta.
—¿No lo entiendes? —Jules lloraba—. El fugado ha provocado una pandemia. El contagio masivo es inminente. Todos vamos a morir.
—Eso no va a pasar, mamá. El TC113 es inocuo aunque se reproduzca. Necesita la programación base para actuar. Yo mismo diseñé la cepa en base a tu modelo. ¿No te envió Velasco el dossier de Toulouse? Llevo varios años administrándoselo a Zarko y no ha pasado absolutamente nada. Es totalmente seguro. Esto te va a hacer gracia: ¿sabes quién ha comenzado a tomarlo también sin saberlo? ¿Lo adivinas?
Una lágrima de sangre cayó por la cara de Jules. El llanto se hizo cada vez más nervioso e incontrolado; la visión del ojo izquierdo se le estaba volviendo borrosa. Odiaba que Yuri la llamara mamá. Y odiaba aquel olor a sangre y vómito dentro del coche.
—Ha sido un error. Oh, dios… Perdóname —dijo, y después comenzó a convulsionar.
—¿Qué has hecho, mamá? —La voz robótica sonaba fantasmal a través del manos libres del todoterreno—. Necesito que me lo digas. ¿Qué has hecho?
Pero Jules ya no podía escucharle.
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