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-Rafael-
Lo relajaba conducir, sentir el aire frío de la noche en su brazo apoyado en la ventana del coche, mientras en el CD sonaba la banda sonora de El último hombre vivo, una película de Charlton Heston, un actor que siempre le había encantado; alguien duro, recio y amante de las armas. Como él.
A su lado, en el asiento del copiloto, una bolsa de basura con un montón de ropa ensangrentada, tanto la que hacía referencia a la clínica de Pharma Tex como la que había encontrado junto al bidón de agua.
Lanuza se había puesto pesado diciéndole que aquello eran pruebas, que podía meterse en un lío y que quería jubilarse con tranquilidad.
Que se hubiera largado a tomar por culo, a hacer sus puzles o lo que le diera la gana; nadie le había pedido que se hiciera cargo de aquello, lo había hecho porque había querido… O porque le había interesado.
Sonó el móvil.
Frenó en seco, apagó el motor, se puso las gafas y buscó el botón verde.
—¿Sí?
—Soy Lanuza.
—Dime.
—Más problemas; en ese sótano había otro cuerpo.
—¿Otro cuerpo?
—Sí, dentro de una de las bañeras, una mujer. Debe llevar medio año muerta, pero la mierda que hay en la bañera es algo parecido al formol. La ha conservado prácticamente intacta.
—Bien.
—¿Crees que esto tiene algo que ver con el chaval que buscas?
—No lo sé. De momento voy a la clínica de donde ha salido, a ver que me cuentan.
—No enseñes mucho la placa, si te la pillan me caerá un marrón. Esa placa en teoría está caducada, pero sigue estando a mi nombre.
—No te preocupes. Te llamo en cuanto me entere de algo.
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